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domingo, 23 de diciembre de 2018

La pequeña Vera.- María Jmelik (1961)


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Cartas del saco

«Cuando la película Pequeña Vera fue estrenada en los cines de la Unión Soviética, en los tres primeros meses de exhibición la vieron cuarenta y tres millones de espectadores. Una pequeña parte de esos millones se sentó a escribir cartas al Comité Estatal de Cinematografía, a organismos jurídicos, a estudios de cine, a redacciones de periódicos y de revistas, tanto de aquellos que tenían algo que ver con el cine como de los que no, a los artistas que habían participado en el reparto de la película, a su director, a mí.
 Las cartas dirigidas a mi nombre llegaron a llenar poco a poco un gran saco de celofán. En casa no había sitio para él y lo tuve que meter detrás del armario. De ese saco he escogido las cartas más típicas; algunas otras me fueron enviadas por los intérpretes de los papeles protagonistas y por el director de los estudios cinematográficos.
 Se diría que las habían escrito mis personajes: los padres de Vera, indignados por la amoralidad; sus compañeros, algunos de los cuales se atormentan tratando de descubrir su sitio en la  vida y otros que, por el contrario, están perfectamente seguros de sí mismos; la propia Vera, Serguei y, naturalmente, los vecinos, todos aquellos que viven en la misma casa de cinco pisos que Vera, en los mismos apartamentos-panales: obreros, jubilados, maestras eméritas, médicos, veteranos cubiertos de condecoraciones, chóferes y amas de casa. Incluso ese aficionado al yoga, el amigo fuerte de Chistiakova, también me ha mandado una carta.
 Al leer todas esas misivas me di cuenta de la terrible soledad de muchos de ellos. No tienen absolutamente a nadie con quien compartir sus vivencias, nadie hace caso a nadie, y ellos no cesan de escribir a gente desconocida y lejana, procurándose de esta manera un desahogo... Aparte de eso, resulta sobrecogedor el analfabetismo general. Unos giros lingüísticos del todo inimaginables, una ortografía... Así, por ejemplo, el autor de una carta en lugar de los puntos ponía guiones. En otra, por el contrario, no había ni un solo punto, sólo comas. Hasta donde era posible, he procurado conservar la ortografía y la puntuación originales, confío en que las cartas sean publicadas y en que el traductor conserve el estilo de cada una de ellas.
[...]
FISCALIA GENERAL DE LA URSS
Copia: Estudios Cinematográficos Centrales de Películas Infantiles y Juveniles M. Gorki
AL DIRECTOR
 Se recomienda que en las escenas cargadas del barato sensacionalismo de la patología sexual presentada de una forma perversa, participen personalmente el director y la guionista (y mejor sería que hiciesen una película sobre sí mismos, ya que para ellos no existe nada sagrado, y que la divulguen por el mundo entero, sin meter en juegos de esta índole a una principiante).
 En resumen, por lo que tienen de publicidad indisimulada de la pornografía y de las aberraciones sexuales, deben ser juzgados como culpables de complicidad e incitación a la reincidencia criminal.
 Es obligación de la Fiscalía General de la U.R.S.S., como organismo dedicado a la vigilancia del cumplimiento de las leyes, promover una querella criminal contra los autores de la película con arreglo al art. 120 del CP de la RSFSR, ya que la víctima del crimen (publicidad abierta del libertinaje) no es un espectador en particular, sino toda la Sociedad Soviética.
          A.I., coronel en reserva. Moscú.

 Somos mujeres casadas, hemos vivido de treinta y cinco a cuarenta años de vida matrimonial, somos de la ciudad de Gorki. Hemos ido a ver su película "P.V." y queremos que sepa que es una vergüenza, una obscenidad, que condenamos su film y que condenamos todo su estudio cinematográfico. No sólo es deshonrosa para el director sino también para el que había autorizado su rodaje. Nos daba vergüenza mirarla, así que dijimos al diablo con las entradas y nos marchamos en la primera parte. Nunca antes en nuestro país se había visto semejante porquería.
 Hemos sabido que los autores nacieron en el sesenta y uno, así que todavía no han tenido tiempo de comprender la vida en profundidad, no se han enterado todavía a quién, durante el acto sexual, le corresponde estar abajo y arriba, y qué es lo que mejor resulta, por lo que no se han parado en barras al representar a la pequeña Vera (una prostituta) montándole a él, mientras que él, un auténtico gandul, está tumbado, y que ella lo folle.
 Así que déjense ustedes de distorsiones y de ponzoñas, ¡no nos corrompan a nuestra juventud! Que ya de por sí lo está suficientemente... pero allá ella, la juventud. Nosotras, como mujeres mayores, nos avergonzamos del pasado de nuestro país...
     Siete firmas
[...]
 Os escribo en nombre de tres personas. Hoy hemos ido a ver la película "P.V." Por cierto, todos hemos rebasado la cincuentena, tenemos hijos que ya son mayores e incluso nietos en edad preescolar. Al salir del cine, a mi marido la película le había gustado porque la película representa una borrachera continua, pero yo y mi amiga no encontramos palabras que dirigiros, y si vosotros dos hubieseis sido mis hijos, os habría estrangulado o envenenado, tan asquerosa, vacía y depravada es la porquería que habéis filmado. Y encima se encontraron botarates que han consentido en que tamaña sinvergonzonería llegase a las pantallas. Vosotros seguro que lo que os proponíais con esa película era ganar un pastón, embaucar al mayor número posible de espectadores tontos. Pero muchos, al salir del cine, os ponen a parir, nadie va a escribiros. Ahora se está combatiendo el alcoholismo, mientras que en vuestra película no hay más que cogorzas y broncas, y eso que de broncas ya tenemos suficientes sin que os metáis vosotros. Hay broncas en Karabaj, hay broncas en Crimea, en Lituania, en Letonia, en Estonia y, en general, en toda la Unión Soviética no hay más que broncas, drogas y prostitución. No parece que se debe luchar con todo eso y que sólo se ha de mostrar los lados buenos y si alguien da un paso en falso, pues entonces se debe enseñar cómo se castiga a esa persona por todos los medios, o cómo le ocurre algo trágico, para que el espectador lo vea y reflexione sobre las consecuencias que pueda tener para él.
 Si sois jóvenes los dos, es que sois ambas personas vacías y perversas, y si sois viejos, pues estáis desvariando. Tendríais que haber pensado en que también la gente seria podía ir a ver vuestro film, además de los alcohólicos y las prostitutas.
 Yo personalmente hacía muchos años que no iba al cine, ni yo ni mi marido y ¿cómo creéis, por qué? Pues porque una vez fuimos a ver Un hombre y una mujer y el final de la película lo encontramos repulsivo. Y aquí nos tiene, hoy hemos visto esta película vuestra, que incluso es "mejor", así que hemos tomado la resolución de no gastar más dinero en vano.
 En resumen, tal como yo me imagino, vais con los morros sin afeitar, los ojos os miran cada uno por su lado,  uno hacia el vaso y el otro debajo de la falda, vais con melenas largas y desgreñadas, tan contentos con vosotros mismos por haber sido capaces de un numerito así. En resumen, esperamos veros un día en la pantalla de la televisión. Hasta la vista,
             Sin firma. Provincia de Crimea, Feodosia.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Círculo de Lectores, 1990, en traducción de Elena Panteleeva. ISBN: 84-226-3353-1.]

lunes, 11 de septiembre de 2017

"La venganza de don Mendo: caricatura de tragedia".- Pedro Muñoz Seca (1879-1936)


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Jornada primera

«Magdalena: ¿Cómo no quieres, di, que te idolatre?
Apóyate en mi brazo, ocupa el catre
y cuéntame tu mal, que ya te escucho.
(Ocupa  don Mendo un catrecillo de cuero y Magdalena se arrodilla a su lado. Pausa.)
Ha un rato que te espero, Mendo amado,
¿por qué restas callado?
 Mendo: No resto, no; es que lucho, / pero ya mi mutismo ha terminado;
vine a desembuchar y desembucho. / Voy a contarte, amor mío,
una historia infortunada: / la historia de una velada
en el castillo sombrío / del Marqués de la Moncada.
Ayer... !triste día el de ayer!... / Antes del anochecer
y en mi alazán caballero / iba yo con mi escudero
por el parque de Alcover, / cuando cerca de la cerca
que pone fin a la alberca / de los predios de Albornoz,
me llamó en alto una voz, / una voz que insistió terca.
Hice en seco una parada, / volví el rostro, y la voz era
del Marqués de la Moncada, / que con otro camarada
estaba al pie de una higuera.
 Magdalena: .¿Quién era el otro?
 Mendo: El Barón / de Vedia, un aragonés
antipático y zumbón / que está en casa del Marqués
de huésped o de gorrón. / Hablamos... ¿Y vos qué hacéis?...
Aburrirme... Y el de Vedia / dijo: No os aburriréis;
os propongo, si queréis, / jugar a las siete y media.
 Magdalena: ¿Y por qué marcó esa hora / tan rara? Pudo ser luego...
 Mendo: Es que tu inocencia ignora / que a más de una hora, señora,
las siete y media es un juego.
 Magdalena: ¿Un juego?
 Mendo: Y un juego vil / que no hay que jugarle a ciegas,
pues juegas cien veces, mil... / y de las mil, ves febril
que o te pasas o no llegas. / Y el no llegar da dolor,
pues indica que mal tasas / y eres del otro deudor.
Mas !ay de ti si te pasas! / ¡Si te pasas es peor!
 Magdalena: ¿Y tú... don Mendo?
 Mendo: Serena / escúchame, Magdalena,
porque no fui yo... ¡no fui! / Fue el maldito cariñena
que se apoderó de mí. / Entre un vaso y otro vaso
el Barón las cartas dio; / yo vi un cinco, y dije “paso”,
el Marqués creyó otro el caso, / pidió carta... y se pasó.
El Barón dijo “plantado”; / el corazón me dio un brinco;
descubrió el naipe tapado / y era un seis, el mío era un cinco;
el Barón había ganado. / Otra y otra vez jugué,
pero nada conseguí, / quince veces me pasé,
y una vez que me planté / volví mi naipe... y perdí.
Ya mi peculio en un brete / al fin me da Vedia un siete;
le pido naipe al de Vedia, / y Vedia pone una media
sobre el mugriento tapete. / Mas otro siete él tenía
y también naipe pidió... / y negra suerte la mía,
que siete y media cantó. / Ay me ganó en la porfía...
Mil dineros se llevó, / !por vida de Satanás!
Y más tarde... ¡qué sé yo! / de boquilla se jugó,
y me ganó diez mil más. / ¿Te haces cargo, di, amor mío?
¿Te haces cargo de mis males? / ¿Ves ya por qué no sonrío?
¿Comprendes por qué este río / brota de mis lagrimales?
(Se seca una lágrima de cada ojo.)
Yo mal no quedo, !no quedo! / !Quien diga que yo un borrón
eché a mi grey, que alce el dedo!... / Y como pagar no puedo
los dineros al Barón, / para acabar de sufrir
he decidido... partir / a otras tierras, a otro abrigo.
 Magdalena: (Ocultando su alegría.)¿Que me dices?... ¿Vas a huir?
 Mendo: Voy a huir, pero contigo.
 Magdalena: ¿Perdiste el juicio?
 Mendo: No tal. / Resuelto está, vive Dios.
Y si te parece mal, / aquí mesmo, este puñal,
(Saca un puñal enorme.)
nos dará muerte a los dos. / Primero lo hundiré en ti,
y te daré muerte, sí, / ¡lo juro por Belcebú!,
y luego tú misma, tú, / hundes el acero en mí.
 Magdalena: (Ocultando su miedo.) Es que tú puedes pagar
con algo... que alguien te preste.... / y luego para medrar
puedes partir con la hueste / que organiza el de Melgar.
Y yo aquí te aguardaría / y al Conde prepararía,
y al volver de tu cruzada / nuestra unión sancionaría.
 Mendo: ¡Calla!
 Magdalena: ¡Sí!... ¿Qué piensas?
 Mendo: ¡Nada!
 Magdalena: ¡Salvado, don Mendo, estás! / Pagas las deudas, te vas,
luchas, vences, y al regreso / loca de amor me hallarás
aquí.
 Mendo: ¡Nunca!... ¡Nunca!...
 Magdalena: ¿Y eso?
 Mendo: Porque... ¿cómo a pagar voy? / ¿Cómo?
 Magdalena: (Se dirige a un mueble y saca un estuche de orfebrería.)
Si ya tuya soy / y lo mío tuyo es...
(Le da el estuche.)
este collar que te doy / has de aceptarlo, Marqués.
 Mendo: ¡Dios santo!
 Magdalena: Ve mi intención, / de rodillas te lo ruego,
véndelo, paga al Barón, / tu honor salva, y parte luego
a unirte al rey de Aragón.
 Mendo: (Dudando.) Es que...
 Magdalena: Todo está arreglado.
 Mendo: Pero mi honor...
 Magdalena: No comprendo...
 Mendo: Temo que algún deslenguado / lo sepa, y diga: don Mendo
es un vil y un desahogado, / que sin pizca de aprensión
aprovechó una ocasión / que él creyó propicia y obvia
y pagó a cierto Barón / con alhajas de su novia.
Y me anulo y me atribulo / y mi horror no disimulo,
pues aunque el nombre te asombre / quien obra así tiene un nombre,
y ese nombre es el de... chulo.
 Magdalena: ¡Basta, don Mendo!
 Mendo: ¡No!... ¡No!...
 Magdalena: (Trágica.) ¡O aceptas ese collar / que mi mano te donó,
o tú no me has de matar, / pues he de matarme yo!
(Ruido de espadas que chocan dentro.)
 Mendo: ¡Calla!
 Magdalena: ¿Qué es eso?... ¡Dios santo!»