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domingo, 7 de junio de 2026

La Europa de Hitler.- Arnold J. Toynbee (1889-1975)

   Parte VI: Los países ocupados y satélites de Europa oriental 
     VI.- Ucrania bajo la ocupación alemana, 1941-44  

  «Aunque el avance militar alemán por Ucrania fue rápido y espectacular (alcanzó Karkov el 29 de agosto de 1941), pasó muy poco tiempo hasta que se cambiaron las tornas. El 24 de noviembre de 1941 el Ejército Rojo lanzó su primera contraofensiva al oeste de Rostov. En febrero de 1943, el sexto ejército había sufrido un desastre en Stalingrado y los alemanes se encontraban en retirada. Así, aunque el Comisario del Reich, podía presumir de que "dos meses después de haber sido disparado el primer tiro los administradores alemanes habían entrado en el país", no habían de pasar más de dos años antes de que las autoridades civiles de puntos situados tan al oeste como Cazatin tuviesen que trasladarse otra vez. A principios de noviembre de 1943 los rusos estaban de nuevo en Kiev y en el mes de febrero siguiente la Comisaria del Reich, según había reconocido Göring, se había convertido "casi exclusivamente en zona militar nuevamente". Medio año después los rusos habían vuelto a ocupar todo el país.
 Según han confesado los mismos alemanes, nunca dominaron totalmente Ucrania durante su ocupación relativamente breve. Al principio, los soldados alemanes fueron bien recibidos, como libertadores, por la población, cuyos representantes les saludaron con el pan y la sal tradicionales, a la entrada de ciudades y aldeas. Pero cundió rápidamente la desilusión cuando se hizo el traslado de la autoridad de la Wehrmacht a la Administración Civil, y no pasó mucho tiempo sin que empezase a manifestarse una franca resistencia. Ya en marzo de 1942, Heydrich se vio obligado a reconocer que la actividad de las bandas partisanas estaba causando ansiedad y terror entre la población rural. En el mes de junio de 1943 se encontraban controlados por los partisanos "aproximadamente 1.400.000 hectáreas de bosques, o sea, el 80 por 100 de la zona de bosque" y "aproximadamente el 60 por 100" de las tierras cultivadas del Distrito General de Zitomir en el noroeste de la Comisaría del Reich. Los partisanos se encontraban en condiciones de suministrar regularmente simientes a los campesinos, obteniendo así una parte de las cosechas al terminar el año. Por lo tanto, no era envidiable la suerte del administrador alemán enviado a las zonas rurales más remotas, y muchos jefes agrícolas, según el periódico NS-Landpost, "murieron como héroes" a manos de los grupos de resistencia, mientras que a otros muchos les fueron concedidas Cruces de Hierro por luchar contra los partisanos.
 En ningún momento de la ocupación las comunicaciones fueron adecuadas a las necesidades del ejército ni a las de la administración civil. En los últimos meses de la ocupación, especialmente, el transporte por carretera fue totalmente desorganizado por los partisanos, ya que, por ejemplo, en el Distrito General de Zitomir sólo había una carretera importante (la de Zitomir a Vinnitsa) que pudiese ser recorrida sin escolta. El sistema de correos estaba sometido a frecuentes interrupciones y, a partir de 1943, tuvo que ser suspendido el servicio de paquetes postales para las personas civiles. La única red telefónica de confianza era la que estaba en manos de la Wehrmacht y el mismo comisario del Reich, Koch, se veía obligado a quejarse de que después de 18 meses en el cargo sólo podía comunicar por telégrafo con tres de sus seis Comisarios Generales (los de Nikolaev, Dnepropetrovsk y Melitopol).
 Ni siquiera habían sido bien precisadas las fronteras de la Comisaría del Reich. A medida que el frente avanzaba o retrocedía, las regiones fluctuaban entre el control civil y militar, de tal modo que cuando la prensa alemana publicaba notas con las fronteras del territorio, había que indicar que sólo servían para dar una "orientación". Rosenberg, que desde abril de 1941 había estado prestando servicio como "Delegado para el Estatuto Central de las Cuestiones Relativas al Espacio Europeo Oriental", aunque no fue nombrado oficialmente Ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este hasta el 17 de julio, parece que tenía intención de que la Comisaría del Reich incluyese la totalidad de "la zona actual colonizada de Ucrania" con excepción de Crimea (que según parece iba a quedar en manos de los alemanes para controlar la zona del mar Negro). O sea que sus fronteras se iban a extender hasta Kursk, Voronesh, Tambov y Saratov, incluyendo, por tanto, un pedazo de la Antigua República Alemana del Volga, que el gobierno soviético había liquidado al empezar la guerra y dar a la Comisaría del Reich un área de 1,1 millones de kilómetros cuadrados aproximadamente y una población de 59,5 millones de habitantes.
 En la práctica, sin embargo, la Comisaría del Reich probablemente nunca abarcó más de la mitad de esa zona, mientras que la población sometida a su control nunca rebasó los 30 millones. Los mapas publicados por los periódicos alemanes a principios de 1943 sugieren la idea de que en el Este, Poltava, Kremenchug y Zaporozhe se encontraban (por lo menos en ese momento) dentro del área de la administración civil, aunque Stalino se encontraba aparentemente bajo control militar (lo que se llamaba rückwärtiges Heeresgebiet, o zona de la retaguardia del ejército) lo mismo que Karkov y Crimea. En el Oeste, las fronteras fueron trazadas mucho más allá de la frontera soviética de 1939, para abarcar el antiguo distrito polaco de Volhynia. Con gran decepción por parte de los nacionalistas ucranianos, sin embargo, no incluía la Galizia ni el gran centro cultural ucraniano de Lwów, que Hitler personalmente insistió en que quedase incorporado al Gobierno General. Tampoco incluía la zona de la antigua Ucrania soviética comprendida entre el Bug y el Dniester, que fue asignada a Rumanía con el nombre de "Transnistria". En el Norte, la frontera con la Comisaria del Reich de Ostland fue llevada, según parece, algo más al norte del río Pripet, de tal modo que se encontraba muy dentro de las fronteras de la antigua República Socialista Soviética de Rusia Blanca.
 [...]
 En gran parte, la historia de la administración civil alemana en Ucrania es la de un largo conflicto y una prolongada intriga entre los dos funcionarios responsables principales de este territorio: el Ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este, que se encontraba en Berlín, y el Comisario del Reich en Równe, nominalmente subordinado suyo. Las diferencias entre ambos, según se vio obligado a señalar Lammers en Nuremberg, llegaron a llenar "volúmenes y volúmenes de expedientes".»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Sarpe, 1985, en traducción de Pablo Uriarte, pp. 427-428. ISBN: 84-7291-738-X (tomo 2º).]
                               

miércoles, 18 de enero de 2017

"Historia de Roma".- Indro Montanelli (1909-2001)


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 Capítulo XXXIX: Su capitalismo

 «Roma no era una ciudad industrial. Como grandes establecimientos había tan sólo una importante papelería y una fábrica de colorantes. Desde los antiguos tiempos, su verdadera industria era la política, que ofrece, para las ganancias, atajos mucho más rápidos que el trabajo verdadero. Y esta vocación no ha cambiado tampoco en nuestros días.
 La principal fuente de riqueza de los señores romanos era la intriga en los pasillos de los ministerios y el saqueo de las provincias. Gastaban mucho dinero en hacer carrera. Mas, una vez llegados a algún alto cargo administrativo, se resarcían con pingües intereses, aplicando las ganancias a la agricultura. [...]
 Pero entre Claudio y Domiciano comenzó una lenta transformación. El largo período de paz y la extensión de la plena ciudadanía a los provincianos interrumpieron el aprovisionamiento de esclavos, que comenzaron a escasear y, además, a ser más caros. La mejora de los cruzamientos condujo a una sobreproducción de ganado, el cual, falto además de los piensos que necesitaba, bajó de precio. Muchos ganaderos juzgaron más conveniente volver a la agricultura, dividieron las fincas en predios y los dieron en explotación a arrendatarios, o colonos, que fueron los antepasados de los campesinos de hoy, que mucho se les parecen si es verdad lo que Plinio cuenta de ellos: tenaces, testarudos, avaros, desconfiados y conservadores.
 Éstos entendían de agro y estaban interesados en su rendimiento. De golpe comenzó el uso de abonos, la rotación de cultivos y la selección de semillas. Los fruticultores importaron y trasplantaron, tras experimentos racionales, la uva, el melocotón, el albaricoque y el cerezo. Plinio enumera veintinueve clases de higos. Y el vino fue producido en tal cantidad que Domiciano, para impedir una crisis, prohibió plantar nuevos viñedos.
 En torno a esos microcosmos agrícolas, y para completar su autarquía, nacieron, sobre una base artesana, las industrias. Una granja era considerada tanto más rica cuanto más se bastaba a sus propias necesidades. En ella había matadero donde sacrificar las reses y embutir sus carnes. En ella estaba el horno donde cocer los ladrillos. En ella se curtían las pieles y se confeccionaban los zapatos. En ella se tejía la lana y se cortaban los vestidos. No había asomo de esa "especialización" que hoy en día hace insoportable el trabajo y transforma en autómata a quien lo ejecuta. En aquellos tiempos, una vez desuncidas las bestias del arado, el industrioso campesino se convertía en carpintero o se ponía a forjar hierro para convertirlo en ganchos u ollas. La vida de aquellos agricultores artesanos era más plena y varia que en nuestros tiempos.
 Las únicas industrias llevadas con criterios modernos eran las extractivas. Teóricamente, el propietario del subsuelo era el Estado, pero arrendaba su explotación, conforme a modestos cánones de arriendo, a los particulares. El interés estimuló a éstos a descubrir el azufre en Sicilia, el carbón en Lombardía, el hierro en el Elba y el mármol en Lunigiana, así como su empleo. Los costos de producción eran mínimos porque el trabajo en los pozos se confiaba exclusivamente a esclavos y a forzados, a los cuales no había que pagar ningún salario ni era necesario asegurar contra ningún accidente. Dadas las condiciones de las minas, catástrofes como la de Marcinelle debían de ocurrir cada semana, con millares de muertos. Los historiadores romanos olvidaron decirlo porque, para ellos, esos episodios no "eran noticia" como se dice en jerga periodística. Otra gran industria era la construcción, con sus especialistas, desde leñadores a fontaneros y vidrieros. Mas no pudo desarrollarse un verdadero capitalismo sobre todo por la competencia que el trabajo servil hacía al mecánico. Cien esclavos costaban menos de lo que hubiera costado una turbina, y el maquinismo habría creado un problema de paro insoluble.
 Sin embargo, muchos servicios públicos estuvieron mejor organizados entonces que, pongamos por caso, en la Europa del siglo XVIII. El Imperio tenía cien mil kilómetros de autopistas; Italia poseía ella sola cerca de cuatrocientas grandes arterias, sobre las que se desenvolvía un tránsito intenso y ordenado. Su pavimentado había permitido a César recorrer mil kilómetros en ocho días, y el mensajero que el Senado mandó a Galba para comunicarle la muerte de Nerón empleó treinta y seis horas en recorrer quinientos kilómetros. El correo no era público, por bien que se llamase cursus publicus. Organizado por Augusto según el sistema persa, debía servir solamente como valija diplomática, o sea, para la correspondencia de Estado, no pudiendo los particulares utilizarla sin un permiso especial. El telégrafo era sustituido por señales luminosas a través de faros instalados en las alturas y permaneció sustancialmente idéntico hasta los tiempos de Napoleón. [...]
 Empalmes y postas estaban magníficamente concatenados. A cada kilómetro, un mojón indicaba la distancia de la ciudad más próxima. Cada diez kilómetros había una estación con restaurante, habitaciones, cuadra y caballos frescos en alquiler. Cada treinta, había una mansión que además de lo anterior, más espacioso y mejor organizado, se añadía también un burdel. Los itinerarios eran vigilados por patrullas de policía, que no consiguieron jamás, empero, hacerlos del todo seguros.»