miércoles, 20 de octubre de 2021

Autobiografía de un espantapájaros. Testimonio de resiliencia: el retorno a la vida.- Boris Cyrulnik (1937)


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II.-Para felicidad de los pervertidos

¿Western o success story?

 «Por lo tanto, la resiliencia no es, de ningún modo, un relato de éxito. Es la historia de la lucha de un niño empujado hacia la muerte que inventa una estrategia para retornar a la vida. Está más cerca de un western que de una success story. Lo que crea el suspense en una historia de vida resiliente no es el fracaso que se produce al comienzo del filme sino la pugna interior, es decir, el devenir imprevisible que ofrece soluciones sorprendentes, a menudo novelescas.
 En 1944, Georges llevaba una vida tranquila como un niño escondido  en una familia de laboriosos campesinos de la región de Corrèze cuando los soldados de la división Das Reich entraron en casa de los Lagier. No tuvo miedo cuando los de la SS le exigieron comida. Les dio los huevos que sus padres dejaban en el gallinero para incitar a las gallinas a poner más. Esos huevos gardeniou (guardanidos) siempre están podridos. Los soldados deberían haberse dado cuenta de ello al cascarlos antes de comerlos. El niño estaba orgulloso de su acto de resistencia, hasta el día en que oyó hablar de Oradour-sur-Glane, cuyos habitantes fueron encerrados en la iglesia que luego los de la SS furiosos incendiaron. Por más que le explicaron que quien había cometido aquel crimen había sido otro grupo de la Panzerdivision llegado de Montauban, durante años Georges estuvo convencido de que era responsable de la enorme masacre por haber encolerizado a los soldadazos dándoles huevos podridos. Se volvió un niño triste, con menos entusiasmo por estar con sus compañeros y dolorosamente amable: “Siempre tenía miedo de hacer daño. Ya había hecho demasiado en mi infancia”. Recuerdos como éste configuran la culpa y explican los comportamientos de expiación, pero impiden descubrir otros recuerdos inconscientes. Hablábamos de esto en Hanói con una joven vietnamita que había perdido un apierna como consecuencia de la explosión de una mina. Para ella el culpable era, sin duda, el gobierno estadounidense, que había hecho colocar las minas en el momento en que retiraba sus tropas. Consideraba que aquel terrible accidente no era un trauma porque su personalidad nunca había sufrido el desgarro ni la agonía propios del trauma ni siquiera en los peores momentos de su sufrimiento. Para ella, la cuestión era más sencilla: había un agresor y una inocente mutilada.
 Un acontecimiento adquiere significaciones muy diferentes según la red relacional en que se inscriba: “El papel que cumplen los otros es fundamental en la respuesta de las víctimas”. En 1942, Hélène tenía 13 años y vivía en París. La felicidad de su infancia en el seno de una familia judía cultivada e integrada se ensombreció súbitamente el día en que su madre empezó a coserle una estrella de seis puntas en el vestido. Hélène se opuso vivamente diciendo que se negaba a someterse a los dictados de los alemanes. Una noche, un policía vestido de civil llegó para advertirles que había recibido la orden de hacer una redada. Tenían que huir. Hélène, muy angustiada, tomó en sus brazos a su hermanito y se adelantó a refugiarse en casa de una vecina mientras su madre preparaba la maleta. Pero cuando bajaba las escaleras se encontró con el policía que subía a arrestarlas. Al principio pensó que debía volver a prevenir a su madre, pero ya era demasiado tarde. ¿Gritar, entonces? Si lo hacía sería arrestada, junto con el bebé. Su vestido no tenía la estrella. Sin decir una palabra, Hélène continuó bajando la escalera y se escabulló con el bebé en brazos. Pero a lo largo de toda su vida esta escena se impuso en su memoria: “Si yo hubiera gritado, mi madre no hubiera muerto […] yo despreciaba a mis padres porque usaban la estrella […] y luego los abandoné […]”. Las condiciones en que se había salvado adquirían en su memoria la significación de una traición, de un abandono por egoísmo: “Nunca podré confesar lo que hice para sobrevivir”. La vergüenza la obligaba a callar y la culpa la obligaba a expiarla. Las circunstancias de su sálvese quien pueda le daban una representación repugnante de sí misma: “Sobreviví porque fui cobarde, por pensar sólo en mí dejé morir a mi madre”. Durante años, Hélène se mantenía apartada de los demás. Hablaba poco, evitaba las miradas y declinaba cuanta invitación se le hacía, sobre todo las que le habría gustado aceptar. Y encontraba la explicación de su temor a la felicidad, de sus estrategias de fracaso y sus comportamientos punitivos en aquella escena fundadora en la que, al no gritar para advertir a su madre, se había hecho cómplice de su muerte. Hasta el día en que, treinta años después, una vecina le devolvió los muebles que el gobierno de Vichy le había permitido comprar a un precio irrisorio en el marco de la política de “pasar de a manos arias los bienes judíos”. Detrás de un cajón halló la libreta donde de pequeña escribía su diario íntimo. Treinta años más tarde Hélène pudo leer estupefacta que, desde los 9 años, era una niña divertida que hacía reír a todos, que inventaba sainetes para entretener a la familia y que ¡soñaba con sacrificarse! Cinco años antes del arresto de su madre y de la vergüenza que ese episodio desencadenó en su espíritu, Hélène ya sentía vergüenza “de querer ser feliz”. En ese momento comenzó a recuperar algunos recuerdos olvidados de su infancia cuando, siendo una niña bien educada, tocaba muy bien el piano pero se negaba a hacerlo en público por temor a humillar a quienes no sabían tocar. Ya entonces había comenzado a desarrollar una tendencia masoquista estructural cercana a la melancolía. Probablemente Hélène se habría sentido culpable y avergonzada de aspirar a la felicidad aun cuando no hubiese habido guerra. Se habría castigado por miedo a lastimar a los otros, aun cuando su madre no hubiese sido deportada “por su culpa”.
 El pequeño Georges se sentía culpable de la masacre de Oradour, como muchos niños que, en su pensamiento mágico, creen ser la causa de la enfermedad de su madre o del rayo que incendió el granero porque desobedecieron una orden paterna. Hélène se castigaba por haber sido cómplice de la muerte de su madre, como ya antes de la guerra se castigaba por ser feliz cuando otros sufrían.
Resultado de imagen de autobiografia d eun espantapajaros El trauma es demasiado explicativo. Cuando uno le atribuye todo lo que sucede ulteriormente, cuando uno insiste demasiado en un acontecimiento trágico, deja en la sombra el desarrollo estructural que ya se estaba preparando antes. En los dos casos citados, la culpa consciente creó versiones autopunitivas que, de alguna manera, aliviaron a los niños. Pero en el caso de Georges el masoquismo coyuntural fue momentáneo e incluso desapareció años más tarde cuando, experto en la tragedia de Oradour, Georges se dedicó a investigar en los archivos de la Shoah. En cambio, Hélène organizó su vida siguiendo una estructura relacional que, ya antes del trauma, erotizaba el sufrimiento.

 El sufrimiento está allí. ¿Hay que amarlo?

 El problema está planteado así: frente a la pérdida, la adversidad y el sufrimiento que todos debemos abordar tarde o temprano en el curso de nuestra existencia, podemos adoptar diversas estrategias. Uno puede abandonarse al sufrimiento, tratar de ser indiferente o dedicarse a ser una víctima. Estas tres soluciones son antirresilientes porque todas significan un obstáculo para un proyecto de desarrollo. En el extremo opuesto, hacer algo con ese sufrimiento, utilizar la necesidad de comprender para trascenderlo y convertirlo en un proyecto social o cultural constituyen actitudes que impulsan a la resiliencia.
 El masoquista estructural buscará el sufrimiento para erotizarse, cuando en realidad podría no sufrir. Mientras que el masoquista coyuntural hace algo con el sufrimiento que le toca en suerte. Georges no tenía miedo de la felicidad cuando la tragedia de Oradour le llenó de culpa. Hélène, en cambio, ya experimentaba esa curiosa inversión que le daba permiso para alcanzar la felicidad con la condición de sufrir primero. En realidad, son dos estrategias emparentadas para abordar el sufrimiento pero, mientras Georges experimenta el placer de superarlo, Hélène ya tiene la costumbre de amarlo.
 Ya se trate de masoquismo sexual o de su primo hermano, el masoquismo moral, siempre se observa una estrategia del mismo tipo:
§         Es una estrategia interactiva que se nota en las actitudes menores de la vida cotidiana. Se trata de borrarse frente a los demás, de callarse cuando el otro habla, de afanarse por obedecer el menor gesto sin necesidad de que el otro pida nada.
§         Es relacional: todo se decide teniendo únicamente en cuenta los deseos del otro: dónde quiere vivir o adónde quiere ir de vacaciones.
§         Es existencial: el masoquista sólo puede dar sentido a su vida mediante la felicidad del Otro, lo único que cuenta es el placer del Otro.»
  
   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Gedisa, 2009, en traducción de Alcira Bixio, pp.125-129. ISBN: 978-84-9784-352-2.]

sábado, 16 de octubre de 2021

Mejillones para cenar.- Birgit Vanderbeke (1956)


Resultado de imagen de birgit vanderbeke  «Cuando mi padre empezaba algo quería tenerlo acabado al instante. De esta manera había llenado el aparador del cuarto de estar, al que odiábamos entre otras cosas porque desde él amenazaba con caer encima de nuestras cabezas toda la historia de Alemania. Sucedía cada vez que queríamos saber algo de historia, mi padre cogía el Ziegler y buscaba la respuesta, primero la leía para sí mismo y buscaba en otros volúmenes, al final conseguía tener tres o cuatro tomos abiertos y estudiaba a fondo en esos tres o cuatro tomos del Ziegler todo lo que queríamos saber. Entretanto nosotros nos poníamos nerviosos, porque no sabíamos qué hacer en el cuarto de estar y porque mientras observábamos a mi padre cómo estudiaba nuestras preguntas en el Ziegler nuestros deberes no se hacían solos. Al cabo nos daba una profunda explicación histórica, porque en la escuela no nos enseñaban suficiente historia, decía mi padre, nos enseñaban una visión de la historia demasiado superficial y frívola, no era un formación profunda, completa y desde el principio como en el Este, sólo que allá por desgracia era una visión falsa, por eso habíamos huido y por eso mi padre nos leía sobre todo el Ziegler, pero no sólo éste. Para cubrir nuestras lagunas históricas nos leía muchas páginas antes de llegar a nuestra pregunta, a veces ni siquiera llegaba a ella porque hubiera tenido que leer demasiadas páginas. Nosotros no lo entendíamos todo, ni podíamos recordarlo todo, porque nuestras escuelas no nos transmitían un saber amplio y profundo sino puntual y superficial y por nuestra expresión, cuando nos leía el Ziegler mi padre se daba cuenta de que no habíamos aprendido otra cosa que a seguir la ley del mínimo esfuerzo. El sistema escolar y nuestra madre habían hecho de nosotros unos partidarios de la ley del mínimo esfuerzo y así, en lugar de escuchar con alegría e interés lo que nos leía en respuesta a nuestra pregunta, lo mirábamos impacientes y con aire de no entender nada, sólo queríamos una fecha o una breve explicación para un trabajo escolar, algo que pudiéramos aprender luego de memoria, no algo completo y desde el principio, tal como él nos lo buscaba en el Ziegler. Pero a nosotros nos traía sin cuidado ese saber enciclopédico del Ziegler, y en general no nos interesaba lo que contaban las enciclopedias porque nos habían educado sistemáticamente en la ley del mínimo esfuerzo y no habíamos aprendido a reflexionar de manera sistemática, que era lo que él quería enseñarnos cuando buscaba las respuestas a nuestras preguntas, porque sentía el deseo de cubrir una laguna que era nuestra, pero que era evidente que nosotros no estábamos interesados en cubrir. Nosotros sólo queríamos respuestas escuetas, cuando no existen ni pueden existir respuestas escuetas, sólo hay respuestas amplias y profundas, y si yo conseguí salir adelante en la escuela con mis conocimientos puntuales y superficiales fue sólo gracias al hecho de que hoy en día se premia el mínimo esfuerzo con sobresalientes, mientras que antes esa actitud sólo obtenía suspensos porque interesaban otras cosas. Mi padre decía, este sobresaliente que has tenido hubiera sido antes un suspenso, eso en el mejor de los casos, quizá ni eso, en el fondo mi padre pensaba que mi sobresaliente era un insuficiente. De lo que nosotros teníamos que hacer para conseguir un aprobado, decía, hoy no tenéis ni una vaga idea. Mi padre había sido un estudiante excelente y cuando nos daban las notas mi hermano ya ni se atrevía a volver a casa. A mí, me decía, aparentemente no está mal, sólo que estas notas de hoy en día no valen nada, entonces sacaba sus notas del escritorio y las comparaba. Si las mías eran mejores, eso era una prueba más de la desvalorización de las notas y evidenciaba todo lo que él ya sabía a mi edad y yo ignoraba casi por completo porque prefería tocar el piano y leer, cosas que están muy por debajo de los logaritmos, y mi padre decía siempre, eso no hace funcionar ningún motor. También decía, todo eso no sirve de nada si no se conoce la diferencia entre lo necesario y lo suficiente, y por desgracia en eso tenía razón, porque yo no comprendía esa diferencia que en nuestra familia era muy importante, tan importante como en la lógica, porque un sobresaliente era condición necesaria para no poner de mal humor a mi padre, pero no era suficiente, y en general sucedía que yo cumplía casi siempre las condiciones necesarias, pero nunca las suficientes, mientras que mi hermano no cumplía ni las necesarias. Si bien era necesario llevar sobresalientes a casa, como ese sobresaliente no era más que un pseudosobresaliente, es decir, no tenía ningún valor porque había sido concedido a unos conocimientos puntuales y superficiales, mi padre se ponía de mal humor. No soportaba la incultura ni la frivolidad en su familia, así que la condición necesaria nunca era la suficiente. Todas las condiciones necesarias se caracterizaban por no ser suficientes. Yo tocaba el piano y leía, con lo cual desperdiciaba mi inteligencia para disgusto de mi padre, porque en aquella época se daba por hecho que yo seguiría sus pasos y estudiaría una carrera científica. No iba a estudiar piano, como fue mi deseo durante un tiempo, porque mi padre no soportaba su sonido, deja de hacer ruido, me decía muchas veces cuando llegaba a casa cansado y me encontraba sentada al piano. Con todo, insistía implacablemente en que nosotros dos, mi hermano y yo tocáramos por lo menos un instrumento y practicáramos durante una hora cada día, y mientras que mi hermano no practicaba durante una hora, yo solía tocar el piano más de una hora y muchas veces me pillaba tocando el piano cuando llegaba a casa, lo que provocaba su cólera y lo ponía de mal humor. Para disculparme le decía que con una hora de práctica diaria no llegaría a ser una pianista, pero mi padre era alérgico al piano, se trastornaba cuando escuchaba mis ejercicios, yo tenía que saltar inmediatamente del taburete, guardar las partituras y cerrar la tapa del piano, mi padre era alérgico al más leve indicio de mis ejercicios de piano, por lo que poco a poco lo fui dejando y me dediqué a leer día y noche. Cuando me sentaba a ver la televisión solía quedarme dormida y tenían que llevarme a la cama. Entonces me despertaba y cuando cerraban mi puerta me ponía a leer. Estaba siempre pálida de pasar noches en blanco. Mi padre decía, esta niña parece enferma. Eso era de tanto leer. Sacaba los libros de la biblioteca sin que él se enterara y los escondía, pero siempre tenía miedo de que mi padre los descubriera. En una verdadera familia los secretos están de más, decía mi padre, y cada uno de nosotros tenía siempre mucho miedo de que le pillara algún secreto y sólo ahora que se estaba haciendo cada vez más tarde y que habíamos vaciado la botella de vino, nos habíamos liberado de nuestros miedos y temores, los tres estábamos algo achispados y sólo un resto de respeto nos impedía mirar el reloj. No miramos el reloj hasta más tarde, después de decir, seguro que ha tenido un accidente con el coche. Pero un accidente de coche puede ser cualquier cosa, hay accidentes y accidentes, eso nos decíamos, aunque en ese momento ya habíamos descartado la posibilidad de que hubiese tenido una avería, en ese caso hubiera llamado por teléfono, porque ya era muy tarde. Si uno tiene un accidente de coche, lo mínimo es que lo lleven al hospital, dijo mi hermano, y yo dije, lo mínimo. Mi madre cambió de tema y dijo, un domingo sin ese pesado de Verdi, ¿qué os parece? Porque cada domingo por la mañana se escuchaba en nuestra casa por lo menos un disco de Verdi, por lo menos uno, y mi padre silbaba la melodía y entretanto teníamos que guardar el más absoluto silencio, tan absoluto como durante la información deportiva, teníamos que quedarnos en el cuarto de estar y escuchar como mi padre silbaba Rigoletto o Aida mientras mi madre preparaba el asado, así hasta la hora de comer. Mi madre no soportaba ese eterno Verdi, como ella lo llamaba, ese sucedáneo de música, decía, ese runrún facilón de los bajos, cerraba la puerta de la cocina y no salía hasta que Verdi se había callado. Entonces abría las ventanas de par en par para dejar salir los últimos restos del Trovatore, pero lo hacía sin llamar la atención.
Resultado de imagen de birgit vanderbeke mjillones para cena Verdi es lo único que merece la pena ser escuchado, decía mi padre al final muy satisfecho, mientras que mi madre hacía lo posible por escapar al horrible coro de esclavos. Mi madre sufrió durante muchos años bajo ese coro de esclavos, bajo Verdi en general, y yo  sufrí de manera muy especial mientras mi padre silbaba la melodía, porque no nos dejaba salir del cuarto de estar mientras tenía el disco puesto. Sólo de vez en cuando teníamos suerte y mi padre ponía Mozart, porque de Mozart sólo La flauta mágica era capaz de silbarla de cabo a rabo sin vacilaciones y eso le abría el apetito para el asado. Mi madre no soportaba ni Verdi ni el asado. Puesto que durante toda la semana tenía que trabajar, cocinar, limpiar la casa, cuidar de los niños y todo lo demás, los domingos por la mañana no tenía ganas de encerrarse en la cocina, decía, pero mi padre no estaba nunca de viaje los domingos. Se marchaba de lunes a viernes, de manera que mi madre no pudo escapar ni un solo domingo a Verdi, esa peste acústica en mi cuarto de estar, como lo denominó unas cuantas veces aquella noche cuando ya estaba bastante achispada. Esa peste acústica, dije yo, tú por lo menos estás fuera, apenas la oyes, pero ella dijo, si la alternativa es o Verdi o el asado de ternera, gracias, y esa fue la primera vez en su vida que protestó. Además, nos hizo notar que Verdi era tal vez una condición necesaria pero no suficiente para un buen domingo. Entonces nos pusimos a pensar y entre las muchas condiciones necesarias no encontramos ninguna que fuera realmente suficiente para un buen domingo, y una vez más, la diferencia entre suficiente y necesario se nos hizo tan borrosa como el problema de la belleza. Ninguno de los tres lograba recordar ni un solo domingo que nos hubiera resultado medianamente suficiente, porque, naturalmente, mi padre aprovechaba los domingos para desarrollar su concepto de verdadera familia. Ya a la hora del desayuno empezaba a exponer sus ideas y decía, hoy iremos a tal o cual sitio, a veces mi hermano protestaba, otra vez, decía, y en ese caso el domingo se le acababa a primera hora de la mañana.»

    [El texto pertenece a la edición en español de La Galera Editorial, 2009, en traducción de Marisa Presas, pp. 48-54. ISBN: 978-84246-3075-1.]

martes, 12 de octubre de 2021

Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra.- Carlos M. Duarte (1960) y otros


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7.-Escenarios de cambio global

7.3.-Escenarios del cambio global

 «Con el conocimiento de los cambios ambientales acontecidos y con la integración de los principales aspectos socioculturales, la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” establece cuatro grandes escenarios generales que no se plantean como predicciones sino que pretenden explorar aspectos poco predecibles de los cambios en los motores de cambio global y en los servicios de los ecosistemas. Ningún escenario representa la continuidad de la situación actual, aunque todos parten de la situación y tendencias actuales. Los diferentes escenarios suponen un aumento de la globalización o un aumento de la regionalización, así como una actitud de reacción, donde sólo se afrontan los problemas cuando se convierten en algo evidente y, por otro lado la actitud de acción, donde la gestión activa de los ecosistemas busca deliberadamente la preservación a largo plazo de los servicios de los ecosistemas antes de que los problemas sean muy graves o remediables.

Escenarios 1 y 2: un mundo globalizado

 Escenario 1.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orquestación Global”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente por el comercio global y la liberalización económica, que toma una actitud reactiva para la solución de los problemas de los ecosistemas. No obstante, también toma medidas efectivas para la reducción de la pobreza y las desigualdades y realiza inversiones públicas en infraestructuras y en educación. El crecimiento económico de este escenario es el más alto de los cuatro y se estima que la población humana en el 2050 será la más baja.

 Escenario 2.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Tecno-Jardín”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente; pero que depende en gran medida de tecnologías “verdes”, respetuosas con el medio ambiente, y una actitud proactiva en la resolución de los problemas ambientales. Depende de ecosistemas altamente gestionados para proporcionar los servicios de los que depende. El crecimiento económico es relativamente alto y tendente a acelerarse, mientras que la población en el 2050 estará en el término medio de los cuatro escenarios.

Escenarios 3 y 4: un mundo regionalizado

 Escenario 3.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orden desde la fuerza”. Este escenario representa un mundo regionalizado y fragmentado, preocupado por la seguridad y la protección, que enfatiza los mercados regionales, presta poca atención a los bienes públicos y toma una actitud reactiva frente a los problemas ambientales. El crecimiento económico es el más bajo de los cuatro escenarios (especialmente bajo en los países en desarrollo) y tiende a disminuir mientras que el crecimiento de población será el más alto.

 Escenario 4.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Mosaico adaptativo”. En este escenario, las regiones, a la escala de cuencas hidrográficas, son el núcleo de la actividad política y económica. Las instituciones locales se fortalecen y las estrategias locales de manejo de los ecosistemas son comunes. Las sociedades desarrollan un manejo altamente proactivo de los ecosistemas. El crecimiento económico es inicialmente lento pero crece con el tiempo, y la población en el año 2050 es casi tan alta como en el escenario “Orden desde la fuerza”.

 Tal como sugieren estos escenarios, los motores directos e indirectos que van a afectar a los ecosistemas durante los próximos cincuenta años van a ser fundamentalmente los mismos que hoy. Sin embargo, va a cambiar la importancia relativa de los distintos motores de cambio. El cambio climático y la concentración de altos niveles de nutrientes en el agua van a ser problemas cada vez más importantes, mientras que el crecimiento de la población va a serlo relativamente menos. Los escenarios predicen que la rápida conversión de los ecosistemas para su empleo en agricultura, suelo urbano e infraestructuras va a seguir avanzando. Tres de los cuatro escenarios predicen mejoras al menos en algunos de los servicios de los ecosistemas. No obstante, en muchos casos los usos de los ecosistemas por parte de las personas aumentarán sustancialmente. Los cuatro escenarios prevén que va a continuar la rápida transformación de los ecosistemas. Se espera que entre un 10% y un 20% de los pastos y bosques actuales sean transformados debido a la expansión de la agricultura, las ciudades y las infraestructuras. Asimismo, los cuatro escenarios prevén que la pérdida de hábitats terrestres conducirá, de aquí al año 2050, a una fuerte caída de la diversidad local de las especies nativas y de los servicios asociados. Las pérdidas de hábitats previstas en los cuatro escenarios conducirán a extinciones a nivel mundial a medida que las poblaciones se ajusten a los hábitats restantes. Por ejemplo, el número de especies de plantas podría reducirse un 10-15% como consecuencia de la pérdida de hábitats entre 1970 y 2050.
 Los distintos escenarios sugieren que la gestión activa de los ecosistemas es, en general, ventajosa, y especialmente bajo condiciones cambiantes o novedosas. Las sorpresas en los ecosistemas son inevitables debido a que las interacciones implicadas son complejas y a que en la actualidad aún no se comprenden bien las propiedades dinámicas de los ecosistemas. Un planteamiento de acción activa es más beneficioso que un planteamiento de reacción frente a problemas porque la restauración de servicios de un ecosistema degradados o destruidos es más costosa en tiempo y dinero que la prevención de la degradación y no siempre es posible.
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Cambios previsibles en los servicios de los ecosistemas y en el bienestar humano

 Todos los escenarios indican que aumentará sensiblemente el empleo de los servicios de los ecosistemas por parte de los humanos. En muchos casos, esto conduce a un deterioro de la calidad de los servicios e incluso a una reducción de su cantidad. Es probable que la seguridad alimentaria siga fuera del alcance de gran parte de la población, y se espera que los recursos mundiales de agua dulce sufran cambios grandes y complejos que afecten a una proporción creciente de la población. La demanda creciente de pescado conduce a un mayor riesgo de colapso de las reservas marinas a escala regional, que podría ser contrarrestada si el crecimiento actual de la acuicultura consigue superar cuellos de botella actuales y reducir sus impactos ambientales.
 La contribución futura de los ecosistemas terrestres a la regulación del clima es incierta. La emisión o captación de carbono por los ecosistemas afecta a la cantidad de ciertos gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera y de ese modo regula el clima de la Tierra. En la actualidad, los ecosistemas terrestres son un sumidero neto de carbono, que absorbe cerca del 20% de las emisiones de combustibles fósiles. Es muy probable que este servicio de regulación climática se vea afectado por los cambios en el uso de las tierras, aunque es difícil de predecir ya que nuestra comprensión de los procesos de respiración del suelo es limitada. Los servicios de los ecosistemas áridos y desérticos son especialmente vulnerables a los cambios y en especial a aquellos debidos al cambio climático, al estrés hídrico y a usos intensivos. El océano seguirá captando CO2 de la atmósfera, principalmente por la bomba de solubilidad, pues la bomba biológica ve reducida su actividad, o incluso podría bombear CO2 en sentido opuesto, hacia la atmósfera, por efecto del incremento de temperatura.
 Las acciones para incrementar un servicio de un ecosistema suelen causar la degradación de otros servicios, lo que a su vez causa daños importantes al bienestar humano. Ejemplos de esto son el aumento del riesgo de cambios  no lineales en los ecosistemas, la pérdida de capital natural, la agudización de la pobreza o el aumento de desigualdades entre grupos de población. Es difícil evaluar las implicaciones del cambio global sobre los ecosistemas y dar recomendaciones precisas para su gestión porque muchos de los efectos tardan en manifestarse, porque pueden ocurrir a cierta distancia y porque los actores que cargan con estos costes no suelen ser los mismos que los que recogen los beneficios de las alteraciones.
 En general, se espera que la salud humana mejore en el futuro en la mayoría de escenarios. Sólo el escenario que combina regionalización con una gestión de reacción podría llevar a una espiral negativa de pobreza, empeoramiento de la salud y degradación de los ecosistemas en los países en vías de desarrollo. La degradación de los servicios de los ecosistemas está afectando particularmente a la población más pobre y más vulnerable del planeta, y representa en ocasiones el principal factor generador de pobreza y eventualmente flujos migratorios. La pobreza, a su vez, tiende a aumentar la dependencia de los servicios que prestan los ecosistemas. Esto puede provocar más presión sobre los ecosistemas y acarrear una espiral descendente de pobreza y degradación de los ecosistemas en el futuro que se ha de prevenir con políticas claras que incorporen la evaluación de los servicios de los ecosistemas y los efectos de su pérdida en los escenarios macroeconómicos de las naciones.»

   [El texto pertenece a la edición en español del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2006, pp. 101-103. ISBN: 978-84-00-08452-3.]

miércoles, 6 de octubre de 2021

Sabiduría china para hablar en público.- Daniel Estulin (1966)


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Cuarta parte: Proverbios chinos, parábolas y citas de los sabios


 «1.-Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un ser humano. (Tema: Actitud, Cambio)
 2.-Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se queda como amos. (Actitud, Cambio) […]
 4.-Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes. (Conocimiento, Aprendizaje, Liderazgo) […]
 11.-Donde hay educación no hay distinción de clases. (Educación, Conocimiento, Comunicación)
 12.-Sólo los sabios más excelentes y los necios más acabados, son incomprensibles. (Virtud, Moraleja, Ignorancia, Sabiduría)
 13.-El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas. (Ignorancia, Cambio, Actitud) […]
 19.-Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas. (Sabiduría, Persistencia, Perseverancia) […]
 41.-Los bellos caminos no llevan lejos. (Sabiduría, Perseverancia) […]
 45.-Una persona tiene la edad de la mujer a la que ama. (Felicidad, Amor) […]
 58.-Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu. (Espiritualismo)
 59. Disfruta el hoy, es más tarde de lo que crees. (Felicidad, Sabiduría, Actitud) […]
 64.-El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice. (Sabiduría) […]
 69.-La medicina sólo puede curar enfermedades curables. (Fe) […]
 87.-Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Sabiduría, Actitud, Filosofía, Razón) […]
 99.-Para dirigir personas, camina detrás de ellas. (Liderazgo, Sabiduría) […]
 113.-Un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso. (Sabiduría, Aventura, Conocimiento)
 114.-El que sabe, no habla. El que habla, no sabe. (Sabiduría) […]
 118.-Cuanto más orden y leyes se instauren, más ladrones habrá. (Gobierno, Ley) […]
 121.-Una persona superior es humilde en su discurso y se supera en sus acciones. (Humildad) […]
 123.-Por naturaleza, todas las personas son iguales; en la práctica, no se parecen en nada. La firme, la perseverante, la sencilla y la humilde son las que están más cerca de la gran virtud. (Virtud)
 124.-En la conversación con un superior hay que atender a tres cosas: hablar antes de que le inviten a ello es una indiscreción, no hablar cuando le preguntan es una falta de sinceridad, hablar sin atender a la disposición del humor del superior es una ceguera. (Sabiduría, Escuchar, Elegancia, Humildad).
 125.-Es importante que la persona sueñe, pero es igualmente importante que pueda reírse de sus sueños. (Sueños, Objetivos, Orgullo). 
 […]

Quinta parte: Curiosidades de la cultura China
El poder narrativo

 Los discursos suelen ser muy aburridos. ¿Recuerda aquellos catedráticos auto- complacientes? Las demostraciones son plásticas y a menudo interesantes y coloridas. Los discursos plantean el caso. Las demostraciones lo confirman. Y las historias son un modo de establecer un tema de interés mutuo entre el ponente y su público, una forma eficaz de motivar sin intimidar. Háganos ver lo que quiere decir. Haga que sintamos el problema. Esto le hace más interesante ante el público. Crea una “imagen” en su cabeza y les ayuda a recordarle.
 En un folleto de 3M se lee que las personas retienen: un 10% de lo que leen, el 20% de lo que oyen, un 50% de lo que ven y oyen a la vez, y el 90% de lo que ven, oyen y hacen. Tiene sentido. Aprendemos las cosas haciéndolas. A eso se le llama práctica. El resto es teoría aburrida.
 He dedicado este capítulo a las técnicas tradicionales para añadir elementos visuales a una presentación. No se limite. Sea original. Leí algo sobre un uso muy estimulante de unos objetos cotidianos por parte del presidente de una compañía, que trataba ante sus empleados el tema de cómo resolver un problema en la empresa.

Resultado de imagen de daniel estulin sabiduria china El jarrón de porcelana y la rosa

 El Gran Maestro y el Guardián compartían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió y fue necesario sustituirlo. El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para elegir quien tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
 “Voy a presentarles un problema”, dijo el Gran Maestro. “Y aquel que lo resuelva primero será el nuevo Guardián del templo”.
 Terminado su cortísimo discurso, colocó un banquito en el centro del salón. Sobre éste puso un jarrón de porcelana carísimo, con una rosa roja para adornarlo.
 “He aquí el problema”, dijo el Gran Maestro.
 Los discípulos contemplaron, perplejos, lo que tenían delante: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba todo eso? ¿Qué debían hacer? ¿Cuál sería el enigma?
 Después de algunos minutos, uno de los discípulos se puso de pie y miró a su vez al Maestro y a los alumnos. Después caminó resueltamente hacia el jarrón y lo arrojó contra el suelo, destruyéndolo.
 “Tú serás el nuevo Guardián”, le dijo el Gran Maestro al alumno.
 Cuando éste volvió a su lugar, explicó:
 “Yo fui muy claro: les dije que ustedes estaban ante un problema. Sin importar lo bello o fascinante que pueda ser, un problema tiene que ser eliminado”.
 Un problema es un problema; puede ser un jarrón de porcelana, un lindo amor que ya perdió su sentido, un camino que ha de ser dejado de lado, pero que insistimos en recorrer porque nos reconforta. Sólo hay una manera de lidiar con un problema: atacándolo  de frente. En esos momentos, no se puede tener piedad, ni dejarse tentar por el lado fascinante que todo conflicto carga consigo.

 Moraleja: trate de hallar maneras nuevas y sencillas de explicar material complejo.
 Los mejores ponentes del mundo comparten un rasgo personal: la habilidad de contar historias de impacto y, al mismo tiempo, relacionarlas de forma directa con el tema principal de su presentación. En un mundo de los negocios lleno de egos, posturas absurdas, prepotencia y “metodismo”, un grano de sabiduría le ayudaría a brillar. Dicho de otra forma, las historias hacen que los meros hechos cobren vida.

 Las leyendas nos recuerdan lo efímeras que son nuestras creencias;
 las historias alimentan la memoria hasta hacernos inmortales;
 las fantasías impiden que nuestro espíritu envejezca.»


 [El texto pertenece a la edición en español de Cie Inversiones Editoriales Dossat, 2005, en traducción de Cristina Torrado, pp. 79-92 y 150-153. ISBN: 84-96437-07-8.]