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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Armas de destrucción matemática. Cómo el big-data aumenta la desigualdad y amenaza la democracia.- Cathy O'Neil (1972)


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Introducción


 «La crisis financiera dejó bien claro que las matemáticas, que una vez habían sido mi refugio, no sólo estaban profundamente involucradas en los problemas del mundo, sino que además agravaban muchos de ellos. La crisis inmobiliaria, la ruina de grandes entidades financieras, el aumento del desempleo: todo esto había sido impulsado e inducido por matemáticos que blandían fórmulas mágicas. Además, gracias a los extraordinarios poderes que tanto amaba, las matemáticas podrían combinarse con la tecnología para multiplicar el caos y la desgracia, lo que añadía eficacia y magnitud a unos sistemas que entonces comprendí que eran defectuosos. 
 Si hubiéramos estado lúcidos, habríamos dado un paso atrás en este punto para analizar cómo habíamos hecho un mal uso de las matemáticas y cómo podríamos evitar una catástrofe similar en el futuro. Sin embargo, en lugar de eso, justo después de la crisis, las nuevas técnicas matemáticas estaban más de moda que nunca y se extendían a un creciente número de áreas. Funcionaban veinticuatro horas al día procesando petabytes de información, en gran parte extraídos de las redes sociales o de páginas web de comercio electrónico. Y en lugar de prestar cada vez más atención a los movimientos de los mercados financieros mundiales, se dedicaban cada vez más a analizar a los seres humanos, a nosotros. Los matemáticos y los especialistas en estadísticas estudian nuestros deseos, nuestros movimientos y nuestro poder adquisitivo. Predecían nuestra solvencia y calculaban nuestro potencial como estudiantes, trabajadores, amantes o delincuentes. 
 Esta era la economía del big-data, y prometía ganancias especulares. Un programa de ordenador era capaz de procesar miles de currículos o solicitudes de préstamos en un par de segundos y clasificarlos en listas bien ordenadas, con los candidatos más prometedores situados en los primeros puestos. Estos programas no sólo permitían ahorrar tiempo, sino que además se anunciaban como procesos más justos y objetivos. Al fin y al cabo, eran procesos en los que no había seres humanos, con sus prejuicios, escarbando en montones de papel, sino simplemente máquinas procesando números de manera objetiva. En el año 2010 aproximadamente las matemáticas se habían impuesto como nunca antes en los asuntos humanos, y el público en general recibió el cambio con los brazos abiertos. 
 Y, sin embargo, yo veía problemas en el horizonte. Estas aplicaciones fundamentadas en las matemáticas que alimentaban la economía de los datos se basaban en decisiones tomadas por seres humanos que no eran infalibles. Seguro que algunas de esas decisiones se tomaban con la mejor de las intenciones, pero muchos de estos modelos programaban los prejuicios, las equivocaciones y los sesgos humanos en unos sistemas informáticos que dirigían cada vez más nuestras vidas. Cuales dioses, estos modelos matemáticos eran opacos y sus mecanismos resultaban invisibles para todos, salvo para los sumos sacerdotes del sector: los matemáticos y los ingenieros informáticos. Sus veredictos, incluso cuando estaban equivocados o eran perjudiciales, eran indiscutibles e inapelables y solían castigar a los pobres y los oprimidos de nuestra sociedad, al tiempo que enriquecían a los ricos. 
 Se me ocurrió un nombre para este tipo de modelos perniciosos: armas de destrucción matemática o ADM.  […]

01.-Partes de una bomba: ¿qué es un modelo?

 Estos son los 3 elementos que conforman un ADM: la opacidad, la escala y el daño. […]

07.-Sudar balas: en el trabajo.

 Los maestros, además de ser los educadores y cuidadores de nuestros hijos, son, evidentemente, trabajadores. En este sentido quiero profundizar un poco más en los modelos que puntúan su rendimiento, puesto que podrían aplicarse en el futuro a los trabajadores de otros sectores. Consideremos el caso de Tim Clifford, un profesor de secundaria que enseña Lengua y Literatura en Nueva York, con 26 años de experiencia. Hace unos años, Clifford descubrió que había suspendido la evaluación de docentes conocida como el modelo de valor añadido, […] la puntuación de Clifford había sido un ridículo 6 sobre 100. […] El modelo de valor añadido le había dado un suspenso, pero ningún consejo sobre cómo mejorarlo. Conque Clifford siguió dando clase como siempre lo había hecho y confío en que saldría bien. Al año siguiente su puntuación fue de 96. 
[…]
 Un análisis realizado por Gary Rubinstein, un bloguero y educador, demostró que uno de cada 4 profesores que enseñaban la misma asignatura en años consecutivos registraba una diferencia de 40 puntos en el modelo. Esto sugiere que los datos de evaluación son prácticamente aleatorios. No era el rendimiento de los profesores lo que variaba de un año a otro, lo que variaba era la puntuación generada por un ADM que era un auténtico fraude.
Resultado de imagen de cathy o'neil armas de destrucción matematica Pese a que sus puntuaciones no tienen sentido alguno, el impacto del modelo de valor añadido es generalizado y muy dañino. “He visto a profesores geniales que, al ver los resultados de esas puntuaciones, empezaron a pensar que podían considerarse mediocres como mucho -dice Clifford-. Dejaron de dar las estupendas clases que solían impartir y se centraron cada vez más en la preparación de las pruebas de final de año. Un profesor joven sufrirá si saca una puntuación baja en el modelo de valor añadido, mientras que, si saca una puntuación alta, puede tener la falsa sensación de haber alcanzado importantes logros que aún no se ha ganado”. 
 Como en el caso de tantas otras ADM, el modelo de valor añadido nació de las buenas intenciones. La administración Obama pronto se percató de que los distritos perjudicados a consecuencia de las reformas de la ley de 2001 denominada “Que ningún niño se quede atrás”, que imponían unas pruebas homologadas muy exigentes, solían ser los más pobres y desfavorecidos. En consecuencia, decidió otorgar exenciones a los distritos que pudiesen demostrar la efectividad de sus maestros y profesores para asegurarse de que dichos centros no resultarían perjudicados aunque sus alumnos se quedaran rezagados. 
 La utilización de modelos de valor añadido nace en gran parte de este cambio legislativo. Sin embargo, a finales de 2015, la moda de la evaluación de los docentes tomó lo que podría ser un giro aún más dramático. En primer lugar, el Congreso y la Casablanca acordaron derogar la ley “Que ningún niño se quede atrás” y sustituirla por una que diese a los Estados mayor libertad para llevar a cabo sus propias estrategias de mejora de los distritos escolares con bajo rendimiento. También se les otorgó un abanico más amplio de criterios que podían considerar, como la implicación de los alumnos y de los profesores, el acceso a trabajo avanzado del curso, el ambiente escolar o la seguridad. En otras palabras, los responsables de educación podían empezar a estudiar lo que ocurre en cada centro individual, y prestar menos atención a las ADM similares a los modelos de valor añadido. O, mejor aún, desecharlas por completo. 
 Aproximadamente en esa misma época, la comisión especial de educación del gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, anunció una moratoria de cuatro años en el uso de exámenes para evaluar a maestros y profesores. A pesar de ser bien recibido, este cambio no marca un rechazo claro a las ADM de evaluación docente, ni mucho menos el reconocimiento de que son injustas. De hecho, la presión provenía de los padres, que se quejaban de que el régimen de pruebas dejaba exhaustos a sus hijos y consumía demasiado tiempo del curso académico. En la primavera de 2015, un movimiento de boicot impidió que un 20 por ciento de los alumnos de tercero a octavo curso (equivalentes a tercero de primaria y segundo de secundaria) realizasen las pruebas. Este movimiento sigue creciendo. Cediendo ante los padres, la administración Cuomo como asestó un duro golpe a los modelos de valor añadido. Al fin y al cabo, si no podía hacer las pruebas a todos los alumnos, el estado carecería de los datos necesarios para alimentar el modelo. 
 Tim Clifford se alegró mucho de esta noticia, aunque sigue preocupado. “El movimiento de boicot forzó a Cuomo a doblegarse –escribía en un correo-. Temía perder el apoyo de los votantes más ricos de los mejores distritos escolares, que fueron precisamente los que más incondicionalmente lo apoyaron. Ha otorgado esta moratoria sobre el uso de las puntuaciones de las pruebas para olvidarse del asunto”. Clifford teme que las pruebas volverán. 
 Y es posible que así sea. Y puesto que los modelos de valor añadido han resultado una herramienta efectiva contra los sindicatos de enseñantes, no creo que lleguen a desaparecer en el futuro cercano. Están bien afianzados: el distrito de Columbia y cuarenta estados en todo el país los usan o desarrollan de una forma u otra. Ésta es una razón más para hacer correr la voz sobre estas y otras ADM. Cuando la gente las reconozca y comprenda sus defectos estadísticos, exigirán evaluaciones más justas, tanto para los alumnos como para los docentes. Sin embargo, si el objetivo de las pruebas es encontrar a alguien a quien echarle la culpa e intimidar a los trabajadores,  entonces, como hemos visto, una ADM que escupe puntuaciones sin sentido saca un sobresaliente.» 
  
     [El texto pertenece a la edición en español de Capitán Swing Libros, 2017, en traducción de Violeta Arranz de la Torre, pp.10-11, 43, 166-167 y 171-173. ISBN: 978-84-947408-4-8.]

sábado, 29 de mayo de 2021

Esto y ESO.- Raúl Vacas (1971)


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Educación Física

La moda

 «Las modelos están de moda. Sobre todo las de talla 34. Todo en la vida es moda y toda moda impone sus gustos; este año se llevarán los estampados, los velos y transparencias, las faldas largas y plisadas, los ojos blancos.
 Las pasarelas nos traerán novedades: las telas se ceñirán a la piel, predominará el negro, primarán las formas geométricas. Será una moda acorde con los tiempos, my urbana y asequible al bolsillo. Diseñadores de todo el mundo pasearán la moda por los grandes salones de belleza. La moda íntima llenará las portadas de las revistas. Las colecciones más atrevidas vestirán los escaparates de las grandes ciudades. Pero no hay moda que resista al tiempo. Lo dijo Benedetti en forma de grafiti: “Las modas pasan, los escombros quedan”.
 La moda tiene sus estaciones favoritas. Moda de otoño. Moda de entretiempo. Ya es primavera en el Corte Inglés; visite la moda joven. Basta con una talla 34 para estar de moda. Pero, como casi todo en la vida, también la moda es efímera.
 Hay top models que pasan de la moda y buscan en las corseterías nuevos patrones para sus sueños olvidados. Hay modistas que toman medidas ante las nuevas tendencias de la moda. Niñas que sueñan con la moda y desfilan con garbo por los pasos de cebra de las avenidas. En las tiendas de moda hay maniquíes vestidos de rojo que nos invitan a pasar y a probarnos sus ropas. Pero tan sólo algunas jovencitas pueden disfrutar esa moda.
 Todo en la vida es moda, pero la moda no es cosa de ahora. Ya lo dice la copla: “Antigua la moda es: / a los héroes y a los justos / los matamos a disgustos / y los lloramos después”.

 Nota: volver a leer, sustituyendo “moda” por “muerte”.
[…]

Ciencias de la Naturaleza
La tarde húmeda

 La tarde está descafeinadamente triste, / sin apenas lumbre
ni barniz. / Nadie comenta nada, la prensa calla.
Se dice que la noche regresará / una vez más
con su explosión de gritos, / con miles de proyectos,
y oraciones fúnebres, / y luces de neón y lágrimas impares.
La noche inquieta y negra, / la misma noche que otras veces,
la que pulsa el maldito interruptor / del triste carrusel
de los recuerdos.
 […]

Ciencias Sociales (Geografía e Historia)
Ibuprofeno, 600 Mg.

 Doctor, me duele España, ¿qué me pasa?
Es un dolor civil, peninsular.
Me duelen las milicias, firmes, ¡ar!
Me duele la nostalgia hecha a la brasa.

Me duelen los burgueses, la argamasa.
Me duelen los mendigos y el caviar.
Me duelen Schopenhauer y el altar.

Me duele esta nación y su carcasa.
Me duele el soñador, la oligarquía.
Me duelen cuatro siglos que se han ido.
Me duele esta feliz ramplonería.

Me duelen el silencio y el aullido.
Me duelen los poetas, la hidalguía.
Me duele el ataúd donde he nacido.
[…]

Física y Química
Agua (Fórmula química)

 La primera hache se metió en el agua y, aunque era muda, dijo: oh.
La segunda hache: dos oh.

Entre mi sueño y tú sólo hay suspiros

 No hago sino pensar en ti y en nada irrelevante y dulce
como los mismos sueños de cartón de lunes a domingo
enamorar las horas escondidas
Resultado de imagen de esto y esoen que te descubro sentada en un poema
junto a una letra irrepetiblemente hermosa
y antes de que hable algún suspiro
acostumbro a agitar entre mis dedos el color azul
con que escribí toda mi historia letra a letra
a olvidar que el amor es una lumbre
donde nada ya existe y a recordar al fin la lluvia
de tus ojos azules
el incendio aquel de tus primeros besos
que inventé para alejarte cualquier día
como hoy como nunca como este sucio instante
en que lejos de tus labios no hago sino pensar en ti


Cultura clásica
Re-cursos de retórica (dos créditos)

 Hipálage, entimema, digresión,
elipsis, commoratio, silogismo,
epíteto, meiosis, redición,
perífrasis, percusio, dialogismo.

Anástrofe, silepsis, complexión,
quiasmo, metonimia, disfemismo,
diácope, dialid, derivación,
oxímoron, epífora, eufemismo.

Epífrasis, enálage, metáfora,
hipérbaton, apóstrofe, ironía,
hipérbole, poliptoton, anáfora.

Sinécdoque, etopeya, alegoría,
polípote, catácresis, diáfora,
asíndeton, ostrón, tautología.

Nota: buscar en el soneto dos recursos retóricos falsos.
[…]

Ars dicendi (Mutatis mutandis)

 In rectore, ipso facto, lato sensu,
ad hominem, vae victis, grosso modo,
de facto, post meridiem, sine die,
sui generis, ab ovo, motu proprio.

Ex aequo, mare magnum, sine qua non,
de visu, verbi gratia, quid pro quo,
oh tempora!, oh mores!, alter ego,
ibidem, a fortiori, statu quo.

In situ, prima facie, veils nolis,
ad litteram et coitus interruptus,
oremus, quo vadis?, urbi et orbi.

Ad hoc, stricto sensu, quo studio,
ex cathedra, ex profeso, ora pro nobis,
vox populi, de corpore insepulto.»


    [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Edelvives, 2012, pp. 61, 74, 92, 108-109, 127 y 136. ISBN: 978-84-263-7375-5.]

domingo, 21 de junio de 2020

El siglo de los niños.- Ellen Key (1849-1926)

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Volumen I
Capítulo III: La educación

  «Mme. Stäel ha dicho perfectamente que para instruir a los niños es preciso, ante todo, saberlos entretener; para educarlos lo primero es acercarse a ellos todo lo posible. Lo cual no quiere decir que tengamos que imitar sus juegos y su charla infantil, pues los niños fácilmente descubren y desprecian el artificio. Significa dejarse absorber por ellos con la sencillez profunda con que la vida les absorbe, y tratarlos con la discreción, delicadeza y confianza que creemos un deber demostrar a los adultos. No quiere decir que tengamos que guiarles, obligándoles a ser como quisiéramos que fuesen, sino que debemos hacerles imitar nuestro ejemplo sin que se den cuenta de ello. No quiere decir que les tratemos con violencia o con astucia, sino con su misma seriedad y honradez.
  Dice Rousseau: “La educación no puede dar buenos frutos porque la naturaleza no hizo los padres para que educasen, ni los hijos para ser educados”. ¿Por qué no seguir este precepto de la naturaleza que nos enseña que el mejor secreto educativo consiste... en no educar?
  El error más grande de la educación actual es el de ocuparse demasiado de los niños. El ideal de la educación futura será crearles un ambiente bello, en el sentido más extenso y elevado de la palabra, en donde podrán crecer y moverse libremente, teniendo por única limitación los derechos intangibles de los demás. Sólo entonces conseguirán penetrar los adultos en el reino actualmente casi desconocido del alma infantil.
  Un verdadero instinto de conservación impide que el niño abra su alma al maestro, quien no cesa de hacerle preguntas inútiles o indiscretas, como la eterna interrogación: “¿En qué piensas?”, a la cual generalmente no se contesta, o se contesta con una mentira grande o pequeña; al maestro que investiga y reprende toda acción, todo intento; que hace públicos y se burla sin consideración de los más delicados sentimientos; que aplaude o censura delante de gente extraña, y a veces en un momento de enfado abusa, dándoles el giro que le conviene, de confidencias recibidas en un momento de sincero abandono.
  El axioma de que dos seres humanos nunca podrán comprenderse, y en el caso más favorable apenas podrán tolerarse, se aplica sobre todo a las relaciones entre hijos y padres, a la cual falta en general la característica más profunda y necesaria del afecto, la íntima inteligencia recíproca.
  Para citar un solo caso: los padres no comprenden que la infancia tiene necesidad de una grandísima tranquilidad; tranquilidad interna, profunda, a pesar de su aparente movilidad continua. El niño tiene un mundo nuevo e infinito que estudiar, explorar y conquistar, y sólo encuentra obstáculos, avisos y prohibiciones inoportunas. Debe siempre hacer, dejar de hacer, buscar o querer algo que no es aquello que haría, buscaría o querría espontáneamente; y es impulsado sin descanso en sentido opuesto a sus tendencias. Todo, naturalmente, por amor, por cariño, por deseo mal entendido de ayudar, aconsejar y dirigir, y también por la ambición de moldear con aquella blanda arcilla humana, un ejemplar perfecto en la especie de niños-modelo.
  A una niña de tres años oí que le llamaban “mala” porque quería ir a jugar en el bosque, mientras su niñera trataba de llevarla a la ciudad; y a otra de seis años le pegaban, porque había sido “mala” con una amiguita, a quien llamó “cochina”, epíteto sobremanera educativo para una chiquilla que nunca quería lavarse: en estos dos casos tenemos ejemplos típicos de violencia hecha al sano instinto de los niños. ¿Conocéis una frase más espontánea que la de aquel niño que oyendo la descripción del cielo de los niños buenos, preguntó a su madre si después de haber sido bueno durante toda la semana en el cielo, le dejarían los sábados ir al infierno a jugar con los niños malos?
  El niño siente en el fondo de su corazón que también tiene el derecho de ser “malo”; derecho al cual, como nos consta, no renuncian los adultos por cuenta propia. Y no tan solo de ser malo, sino de que le dejen en paz con sus travesuras, cuyos peligros y alegrías quiere saborear.
  Buscar en cada defecto la virtud correspondiente significa tratar de vencer el mal con el bien. Todo lo demás es pretender sofocar inútilmente las fuerzas naturales, y crear virtudes artificiales que no resistirán las pruebas a las que seguramente se verán expuestas.
  La victoria del bien sobre el mal es una necesidad simple solamente en apariencia, pero en realidad no hay nada mas lento ni mas complicado. Es más fácil decir lo que no debe hacerse, que lo que se debe hacer para transformar, por ejemplo, la obstinación en firmeza, la astucia en prudencia, la coquetería en amabilidad, el inquieto en emprendedor. Y sólo llegaremos a conseguirlo admitiendo que el mal — cuando no es producido por el atavismo o una tendencia perversa — es tan natural e indispensable como el bien, y no se convierte verdaderamente en mal sino por el desarrollo desproporcionado de alguno de sus elementos.
Tras los pasos de la Infancia y la Adolescencia - Línea del Tiempo ...  El educador quisiera conseguir desde el primer momento que el niño fuese perfecto del todo, y le exige un orden, una fuerza de ánimo, una honradez y una conciencia del propio deber que los adultos suelen haber olvidado. Debéis recordar que los niños, a quienes en casa y en la escuela se reprende la menor tontería, son testigos constantes y jueces inexorables de nuestros defectos y errores.
  El arte de la educación consiste en saber cerrar los ojos de cada diez veces nueve, en evitar intervenciones demasiado directas y por lo general inútiles, y en dirigir todo cuidado a reformar el ambiente en que viven los niños, y sobre todo nosotros mismos.
  Pero los educadores que se ocupan del atento y consciente mejoramiento de ellos mismos y del ambiente, son muy raros. Los más gastan a un tiempo los intereses y el capital de la educación recibida, que después de haber hecho de ellos niños modelos destruye todo deseo de continuar educándose.
  Y no hay duda de que sólo mejorándonos continuamente a nosotros mismos, asimilándonos sin descanso los mejores frutos de la época, llegaremos a transformarnos, poco a poco, en aquellos compañeros de los cuales tienen necesidad nuestros niños.
  Educar un niño significa tener su alma constantemente entre las manos, guiándole por un estrecho sendero. Significa no exponerse nunca a leer en sus ojos aquel mudo reproche que nos juzga insuficientes en nuestra misión e ilógicos en los procedimientos usados; significa reconocer humildemente que existen muchos modos de perjudicarle y muy pocos de favorecerle. Muy pocas veces se da cuenta el educador de que un niño de cuatro o cinco años comprende, juzga y compara con infalible rectitud, y reacciona como una sensitiva a toda impresión. La más pequeña desconfianza, una tontería, una injusticia, una burla inmerecida pueden dejar en sus tiernas almas una herida incurable; y una palabra afectuosa, una leve caricia, un justo reproche dejan un recuerdo profundo y duradero en aquellos corazones que consideramos blandos como la cera y machacamos como si fuesen de suela.
  En el fondo la mejor educación era la antigua que enseñaba a ser “honrados y corteses”. Si no formaba una individualidad, por lo menos no la deformaba. Bastaría que los padres empleasen, interviniendo activamente en la vida de los niños, la centésima parte de la energía que emplean hoy, guardando el resto para guiarles sin intervenir directamente, siendo como una providencia invisible que ayuda sin mandar y a la cual los niños puedan recurrir en un momento de necesidad. Y por el contrario no les dejamos un momento en paz, y tratamos de imponerles nuestras opiniones. Con demasiada frecuencia el educador olvida o ignora que tiene a su cargo el cuidado de un alma, de una nueva individualidad, cuyo derecho más sagrado es el de reflexionar por sí mismo sobre las cosas que ve. Consideramos el alma del niño como una edición nueva del hombre antiguo, como una cosecha de vino nuevo que nos apresuramos a meter en botellas viejas. Enseñamos al nuevo hombre a no robar, a no mentir, a no ensuciarse el vestido, a estudiar la lección, a no malgastar, a obedecer, a rezar, a pelear con sus compañeros para criar fuerzas; ¿pero quién le enseña el camino de la vida? ¿Quién piensa que la necesidad de individualidad pueda ser tan ardiente que convierta la educación uniforme, dulce o severa, en la tortura silenciosa de toda una infancia?»

       [El texto pertenece a la edición en español de Editores Henrich y Compañía, 1906.]