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martes, 9 de febrero de 2021

Inconexión.- Neal Shusterman (1962)

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Segunda parte. Ejemplares jóvenes
13. Cam

«CARTA AL DIRECTOR

  En relación con su reciente editorial “PARTES SON PARTES: LA CONTROVERSIA EN TORNO A CAMUS AGREX”, perdóneme, pero no veo la controversia por ningún lado. Por supuesto, creo que los medios de comunicación, como de costumbre, han creado una tempestad en un vaso de agua. Yo asistí a una de las presentaciones del señor Agrex y lo encontré elocuente, agradable y respetuoso. Parece al mismo tiempo inteligente y humilde, el tipo de joven que me gustaría que mi hija, por una vez, trajera a casa en  lugar de la sarta de malandrines que no paran de adornar nuestro umbral.
 Su editorial daba a entender que las partes de Camus Agrex habían sido reunidas sin permiso, pero le pregunto a usted: aparte de los diezmos, ¿qué otro desconectable da su permiso para ser desconectado? No es cuestión de permiso. Es cuestión de necesidad social, como siempre ha sido la desconexión, desde el comienzo. Así pues, ¿por qué no aprovechar los más finos atributos de esos desconectables para crear un ser mejor? Si yo, en mi juventud, hubiera sido destinado a la desconexión, me hubiera sentido honrado sabiendo que algún órgano mío era digno de forma parte del señor Agrex.
 La Ciudadanía Proactiva y, en especial la doctora Roberta Griswold, merecen nuestros elogios por su visión y por su compromiso altruista para la mejora de la condición humana. Porque, si hasta nuestros jóvenes más incorregibles pueden ser reconstruidos en un ejemplar tan excelente, eso me da esperanzas sobre el futuro de la humanidad. 
[…]

16. Risa

 A CONTINUACIÓN LES OFRECEMOS UN ANUNCIO POLÍTICO DE PAGO

 Hola, soy Vanessa Valbon, posiblemente me conoce de la televisión, pero lo que tal vez no sepas es que mi hermano está cumpliendo cadena perpetua por un crimen violento. Se ha apuntado para el cascarillado craneal voluntario, cosa que sólo podrá suceder si se aprueba en noviembre la Iniciativa 11.
 Se dicen muchas cosas del cascarillado, de lo que es y de lo que no es, así que yo me he tenido que informar por mí misma, y esto es lo que aprendí: el cascarillado no produce dolor; el cascarillado sería una oportunidad para los criminales; el cascarillado compensará a la familia de la víctima, y a la familia del criminal, pagándoles todo el valor de mercado por cada parte no descartada en el proceso de cascarillado.
 Yo no deseo perder a mi hermano, pero comprendo que tiene derecho a elegir. Así que la cuestión es: ¿cómo queremos que nuestros criminales paguen la deuda que tienen contraída con la sociedad? ¿Gastando dólares de nuestros impuestos al modo tradicional u ofreciendo tejidos sumamente necesarios a la sociedad y dinero también sumamente necesario para los que han sufrido por sus crímenes? Les pido que voten Sí a la Iniciativa 11 y conviertan una cadena perpetua… en un regalo de vida.
 Patrocinado por Víctimas para la Mejora de la Humanidad.
[…]

 A CONTINUACIÓN SE INSERTA UN ANUNCIO POLÍTICO DE PAGO

 Soy el actor Kevin Bessinger y he venido a pediros a todos que votéis no a la Iniciativa 11. La Iniciativa 11, la ley “libra de carne”, no es lo que parece. Dice que permitirá el cascarillado voluntario de internos (en otras palabras, la extracción y uso de su cerebro, seguido por la desconexión del resto de su cuerpo). Se podría pensar que es una idea sensata, hasta que uno lee lo que realmente propone la iniciativa.
 La Iniciativa 11 establece que el cascarillado sería voluntario, pero también permite a los administradores de prisiones sortear ese punto y exigir el cascarillado de cualquier preso que decidan. Además, convertirá en normal la inmoral práctica del mercado negro de vender órganos desconectados en subasta. ¿Queremos meter a nuestros legisladores en el mercado negro?
 Vote no a la Iniciativa 11. La ley de la libra de carne no es una solución con la que podamos convivir.
 Patrocinado por la Coalición para la Práctica Ética de la Desconexión.
[…]

 A CONTINUACIÓN INSERTAMOS UN ANUNCIO POLÍTICO DE PAGO

 Soy el capitán Lance Reitano, bombero condecorado. Permítame que le explique por qué voy a votar que sí a la Iniciativa 11. Con el cascarillado voluntario y la desconexión de los criminales violentos, la Iniciativa 11 nos surtirá de tejidos y órganos muy necesarios y la iniciativa prevé que las personas con quemaduras los reciban gratis. Cuando uno lleva trabajando en esto tanto tiempo como yo, sabe lo importante que eso sería.
Resultado de imagen de inconexion  Los opositores a la Iniciativa 11 se arrogan una especie de moralidad superior, pero ¿quieren saber la verdad? Son ellos los que cuentan con una agenda nada ética. Ellos, y la Autoridad Juvenil, quieren que la Iniciativa 11 no salga adelante porque quieren en su lugar revocar la ley del Tope 17. Y no solo eso, sino que los mismos multimillonarios están luchando por una enmienda constitucional para subir la edad legal de desconexión hasta los 19 años y permitir así que más chicos sean desconectados, lo cual incrementará sus beneficios y su poder en la industria de los órganos.
 Yo le conozco a usted, pero le digo una cosa: prefiero ver desconectado a un asesino que al chico de los vecinos. ¡Vote sí a la Iniciativa 11!
 Patrocinado por Patriotas por un Cascarillado Sensato.
[…]

Tercera parte. Caídos del cielo

CASOS DOCUMENTADOS DE MEMORIA CELULAR TRANSFERIDA A LOS RECIPIENTES DE TRANSPLANTE DE CORAZÓN

 CASO 1) Un vegetariano hispanohablante recibe el corazón de una persona que tiene el inglés como lengua materna y empieza a usar palabras inglesas que no formaban parte de su vocabulario, pero que eran palabras que el donante empleaba habitualmente. El receptor también empieza a ansiar (y a comer esporádicamente) carne y comidas grasas que eran básicas en la dieta del donante.
 CASO 2) Una niña de ocho años recibe el corazón de otra de diez años que fue asesinada. La receptora empieza a sufrir pesadillas sobre el asesinato, recordando detalles que sólo podía conocer la víctima, tales como el cuándo y el cómo del asesinato y la identidad del asesino. Toda su declaración se demuestra acertada y sirve para detener al asesino.
 CASO 3) Un niño árabe de tres años recibe el corazón de un niño judío y, al despertar, pide un tipo de caramelo judío del que el niño no había oído hablar nunca.
 CASO 4) Un hombre de cuarenta y tantos años recibe un corazón de un chico adolescente y de repente desarrolla una gran afición a la música clásica. El donante había muerto de un disparo efectuado desde un coche en marcha, y al morir se agarraba a la caja de su violín.
 CASO 5) Un niño de cinco años recibe el corazón de un niño de tres. Le habla como si fuera su amigo imaginario, llamándolo Timmy. Tras investigar, los padres descubrieron que el donante se llamaba Thomas, aunque la familia lo llamaba Timmy.
 Un total de 150 casos de este tipo han sido documentados por el neuropsicólogo Paul Pearsall.
[…]

21. Cam

 ANUNCIO

 Algún día asistirás a la graduación en el instituto de tu tatara-tataranieta. Algún día vivirás en un monumento histórico de quinientos años de antigüedad… que fue construido tres años después de que tú nacieras. Algún día las secuoyas tendrán envidia de tu edad. Esta noche, tómate un rato para pensar en todas las cosas maravillosas que hacen que tu vida sea no solo larga, sino algo que merece la pena ser vivido. En Ciudadanía Proactiva pensamos en esas cosas cada día. Así es como ayudamos a que hoy se parezca ya a ese día.
 En Ciudadanía Proactiva, sabemos que la primera persona que vivirá para siempre ya ha nacido. ¡Y eres tú!
[…]

 ANUNCIO

¿Que quiénes somos? Somos los dos pasos adelante por cada uno que se da hacia atrás. El silencio entre los latidos del nuevo corazón de tu padre y la brisa que seca las lágrimas de un niño apesadumbrado. Somos el martillo que quiebra el techo de cristal de la longevidad y el clavo en el ataúd de la enfermedad mortal. En un mar de inseguridades, nosotros somos la voz de la razón, y mientras otros están condenados a revivir el pasado, nosotros nos retamos a previvir el futuro. Somos la primera claridad del alba, el azul sedoso tras las estrellas. Somos Ciudadanía Proactiva. Y si tú nunca has oído hablar de nosotros, bueno, no pasa nada. Eso sólo significa que hacemos nuestro trabajo.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anaya, 2015, en traducción: Adolfo Muñoz García, pp. 123-124, 151, 157-158, 163-164, 173-174, 198, 201. ISBN: 978-84-678-7155-5.]

sábado, 28 de septiembre de 2019

Panóptico. Veinte ensayos fulminantes.- Hans Magnus Enzensberger (1929)

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Microeconomía

«Lo que los científicos de la economía entienden por economía lo comprenden, en el mejor de los casos, sólo ellos mismos. El resto del universo abriga ciertas dudas acerca de sus ideas y se pregunta si su dedicación constituye siquiera una ciencia. Bien es verdad que disponen de institutos, cátedras y un salario asegurado, pero su actividad tiene poco que ver con la manera de gestionar su economía particular la mayoría de las personas (amas de casa, jubilados o niños, por ejemplo). Los economistas sienten predilección por los grandes conjuntos y trabajan con ingentes cantidades de datos estadísticos. La mayoría tiene apego a una extraña y rancia ristra de teorías que, por la razón que sea, son consideradas neoclásicas. Quien los escucha se ve transportado a un mundo idílico con rasgos de cuento de hadas. Aprende con admiración que el mercado busca siempre, de forma inevitable y pese a algunas oscilaciones, un equilibrio, así como que dicho mercado es eficiente, se corrige y se optimiza él mismo y que todos los que participan en él se comportan de modo absolutamente racional. A pesar de tratarse de meras hipótesis sin demostrar o incluso indemostrables, estas suposiciones se dan por sentadas.
 Después del provisional deceso del comunismo, la teoría neoclásica se ofreció como sustituta de la utopía perdida. Aunque venía bastante pobre de bagaje, no escatimaba promesas ni le faltaban partidarios. Hacia finales del siglo XX se nutrió de elaboradísimos modelos matemáticos de gestión de riesgo. Los economistas tampoco se arredraron a la hora de formular aserciones sobre el futuro y el hecho de que por lo general sus pronósticos los pusieran en ridículo nunca los hizo dudar de su omnímoda competencia.
  Ello no significa que el gremio esté libre de enconadas luchas internas e intestinas, tan habituales también en otras ramas del saber. Keynesianos y monetaristas pelean desde hace décadas por la soberanía interpretativa. Un analista técnico no quiere ser confundido a ningún precio con un analista fundamental o un experto en ciclos. Últimamente incluso hay economistas que se han percatado de que en la teoría clásica la mayoría de los individuos sólo aparecen como magnitudes abstractas. Se reducen, según esa lógica, a su respectivo papel, siendo asalariados o consumidores o asegurados o inversores o accionistas o empresarios o ahorradores y, en cada uno de estos roles, conocen un sólo objetivo: maximizar su ventaja económica y nada más.
  En esto algunos clásicos del pasado habían llegado ya mucho más lejos. Eran completamente reacios a la idea de que las decisiones económicas se basaran en el rational choice, la elección racional. En su Fábula de las abejas del año 1714, Mandeville sostiene que son precisamente los vicios particulares (el engaño, la ostentación y la soberbia, por ejemplo) los que permiten la riqueza pública. Y Adam Smith, menos polémico, lo siguió con su famosa imagen de la “mano invisible”, que se suponía que equilibraba la actuación irrazonable del individuo y la tornaba en el mayor beneficio general.
  Nada quiso saber de ello la imperante doctrina neoclásica. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, dicha doctrina viene sufriendo la presión de una nueva tendencia: la economía conductual. La economía conductual ha detectado una laguna abismal en este campo y se propone explorar por qué la gente no se conduce como la mayoría de los economistas presume. Se ha despedido del dogma del Homo oeconomicus razonable, pero no de la ambición de crear modelos lo más sólidos posibles. Para ello se sirve, por un lado, de ensayos empíricos y encuestas y, por otro, de métodos matemáticos como la teoría del juego o de teoremas de biología evolutiva o psicología social.
  Cabe dudar de que de esa forma descubran las triquiñuelas de la enigmática conducta de los imaginarios “sujetos económicos”. La ambición de emular las ciencias exactas hace que las personas figuren en sus cálculos como meros fantasmas estadísticos. A los investigadores, dignos de lástima, siempre se les atraviesa su amor por la abstracción. No son capaces de salir de su propio pellejo, tampoco los individuos a los que analizan.
  Y estos, sabido es, son propensos a toda suerte de caprichos, manías, costumbres y espejismos. Tienden al pánico y a la pereza, al egoísmo y a lo gregario. Con tal de salvar la cara, rescatar sus preferencias eróticas o la bella figura, muchos están dispuestos a hacer cualquier sacrificio. Al economista le tiene que parecer esto lamentable, insensato e ignaro. Por otra parte, cuantificar adicciones y angustias, confianza y frivolidad, rabia y obstinación supone una tarea de Sísifo. Los individuos burlan las entrevistas y los sondeos mintiendo descaradamente no sólo al interrogador sino también a sí mismos. Además, suelen vulnerar las más elementales reglas económicas.
  La mayoría de sus transacciones diarias tienen lugar fuera de los circuitos crematísticos y crediticios. Crían niños sin exigir a cambio una remuneración adecuada; traban relaciones laborales sin asegurarse contra posibles impagos o sin hacer siquiera un cálculo razonable de perdidas y ganancias; a veces trabajan gratis, desaprovechan oportunidades excelentes por pura cabezonería, tiran el dinero por la ventana, malgastan un tiempo valioso, se fían de su horóscopo o de la fetua de un teólogo, regalan lo que sea sin recibir contrapartida, y, así, sucesivamente, para desesperación de los teóricos.
  Se abre, pues, en lo que a las prácticas económicas reales de la especie se refiere, una enorme zona oscura. Los conceptos al uso de trabajo negro, mercado negro y dinero negro no cuadran y no hacen justicia a la economía informal. Para arrojar un poco de luz sobre el asunto, necesariamente habría que entrar en detalles, lo que quiere decir renunciar a tesis generalizables y dejar la ciencia a los científicos, si bien al experto eso no le está permitido. Tal microeconomía podría funcionar sin mucha parafernalia y comenzar con investigaciones en el círculo familiar y de amigos. Por lo pronto bastaría con media docena de cobayas para convencerse de que en este terreno reina una fabulosa diversidad.
  Tendríamos, por ejemplo, a la mujer polaca que cada quince días hace un viaje en autobús de doce horas a casa para ocuparse de su madre medio paralítica y que después vuelve, en el mismo autobús, para trabajar en la limpieza en Alemania. Nunca ha rellenado un impreso oficial, no tiene cuenta bancaria, no paga impuestos y sólo acepta dinero en efectivo, pero es de una honradez férrea porque sabe que Jesús desaprobaría todo lo que no lo fuera.
  Existe también el empresario derrochador de ideas que no para de crear empresas y da al traste con todo intento que pretenda encasillarlo, pues, en cuanto afloran beneficios, abandona la boyante empresa porque las rutinas del éxito lo aburren a muerte y porque, según afirma, “no necesita dinero”.
  Sin olvidar al bibliófilo y amante de la belleza que gusta de invitar a sus amigos a buenísimos restaurantes y que confiesa con rostro compungido que ha olvidado la billetera en cuanto el camarero trae la cuenta.
  Está también el médico de cabecera que se entrega muchísimo a un coro pero una vez al año se pierde unos cuantos ensayos porque anda por Burundi o el Congo, donde no sólo presta primeros auxilios para Médicos sin Fronteras, sino que también se enfrenta a niños soldados y señores de la guerra. Y, al parecer, paga los billetes de avión de su propio bolsillo.
  Nadie comprende por qué el jardinero que viene a casa tres veces al año no manda factura, pese a nuestras reiteradas reclamaciones, y eso que el banco le ha cerrado el crédito. Sólo dice, a modo de justificación, que tiene preocupaciones mas acuciantes. ¿Y como es que el renombrado novelista no encuentra editor para su nuevo libro? ¿Y como se explica que alguien no tenga dinero pero sí cocinera y secretaria a las que paga puntualmente y ya no le fían en la tienda de la esquina y, para cenar, se conforma con un huevo frito y un cacho de pan?
  Y la cosa no se detiene ahí: como todo lector de periódicos sabe, la total irracionalidad que con tanta persistencia asombra y aturde a los economistas no se detiene ante los de su estamento, sino que va más allá. Alcanza su máxima expresión en los agentes de los mercados financieros y sus asesores. El economista distinguido con el Premio Nobel se luce con una quiebra que hace sacudir Wall Street. El banquero inversionista cuyo juego de pirámide le ha costado tres años de dulce chirona parte sin demora hacia Singapur o Dubai para crear el siguiente fondo buitre, y el solitario operador de día neoyorquino no puede conciliar el sueño porque la bolsa de Tokio abre a las tres de la madrugada, razón por la cual necesita tener a mano una bolsa de cocaína día y noche a fin de permanecer despierto.
  Fenómenos de esta índole a lo sumo salen en las secciones económicas de la prensa si se trata de agentes que mueven grandes cantidades. De los otros apenas sí se habla en la esfera pública. Es probable que transiten lejos de toda lógica de manual doctrinal, por zonas sobre las que ninguna Facultad de Economía es capaz de brindar información. Sólo de vez en cuando alguna cadena privada ofrece un fugaz vistazo a las tinieblas, a través de series como Saliendo de las deudas. No hay motivo para temer o esperar que tales conclusiones sean susceptibles de una generalización coherente. Por tanto, quien desee saber cómo se conduce la gente y qué es lo que la induce, debería tal vez comenzar por sí mismo. Detectaría bien pronto que su racionalidad económica no es muy superior a la de los locos que una y otra vez le causan tanta extrañeza.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Malpaso, 2016, en traducción de Richard Gross. ISBN: 978-84-16420-27-8.]

domingo, 12 de mayo de 2019

El huracán y la mariposa.- Yolanda Guerrero (1962)


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XXXVI: Camila

«Yo, María Camila de la Virgen Baena Mondragón, recuerdo a sus señorías ahora más que nunca lo de la clemencia a cambio de verdad, porque lo que voy a declarar es el asunto más grueso y lo que más me compromete e incluso puede hacer peligrar mi vida.
 Antes de seguir queden advertidos de que lo que voy a contar sin nombres, que hasta ahora sólo el de Yosmán he mencionado y ese fue el trato. A él se lo entrego a sus señorías porque es hierba del diablo, pero incluso el de Franklin es inventado, conque ninguno más leerán en esta declaración, que yo no soy cabra, como decía Humberto, ni tampoco chivata, como se dice en España, así que voy a rajar a leña justa.
 Nuestra familia, la banda que también llamábamos clica de la Drago9 y que creó Yosmán, tenía nueve grandes jefes que dirigían el negocio, porque nueve son las clases de dragones que existen, según él mismo había estudiado. Los nueve jefes eran los dragones del cielo, del espíritu, de los tesoros escondidos, del mundo subterráneo, el que tiene alas, el que tiene cuernos, el enroscado, el amarillo y, por último, el rey dragón, que era el mero mero, Yosmán y no otro. Vayan ustedes averiguando a qué comercio se dedicaba cada uno, que eso no lo voy a desvelar yo ahora. Las señorías que me lean sabrán.
 La Drago9 tenía también a la cabeza una comandancia de cuatro que éramos los especiales y más entrenados, y los que sabíamos por dónde se le derramaban los pensamientos a Yosmán cuando andaba hasta atrás de farlopa o de anfetas.
 Estaba el dragón rey del mar del Sur, que traía de las tierras de allá abajo muchachitas con piel de chocolate y dientes de marfil y las colocaba en burdeles mucho mejores que el congal de mi ranchito. Yo no sufría por ellas porque sabía que en esos lugares comerían más y de mayor calidad que en las selvas de donde las había sacado el dragón de nuestra clica, que él mismo me lo dijo y yo le creí.
 Estaba también el dragón rey del mar del Este, el que mercaba en Oriente pistolas y cuernos de chivo más modernos que el que tenía el Archi junto a la cama, y se los vendía a quien pudiera pagar, que sus señorías no imaginan cuánto demente con ansia de clavar hojas de acero en las entrañas hay en el mundo. Una vez oí un grillerío sobre unos locos con turbante que le pidieron al dragón del Este unas cuantas limaduras de explosivo, y pongo la mano y el cuerpo en el fuego que nuestro dragón no se las vendió, porque éramos una broza de delincuentes, no de asesinos. Esto no lo puedo jurar, pero yo necesito creerlo para dormir por las noches.
 Venía luego el de mar del Norte, que montaba peladeros para despelucar a los codiciosos que perdían la cabeza por una buena timba con apuestas a lo grande, y salían con las orejas caídas y con cara de perro calentado a golpes. Pero yo me reía de ellos y le decía a nuestro dragón una frase que muchas veces escuché al Archiduque, y era que no la saquen del comal hasta que se haga totopo, que quería decir algo así como que no dejaran que el pendejo se les fuera sin soltar toda la lana, que para eso era un canalla avaricioso que seguro se estaba jugando sobre la mesa el salario con el que debía dar de comer a sus churumbeles, y que todo lo malo que le pasara lo tenía merecido.
 Y, por último, estaba yo, que fui la leidi de Yosmán y La Leidi de la Drago9, la reina del mar del Oeste, la que partía el queso porque era la dealer, la narco de la familia, para que me entiendan, y en mi tiendita se podían pillar los mejores jaimitos y volcanes. Pero estaba especializada en lo clásico, en talco y sobre todo en dama blanca... ya saben de qué les estoy hablando. Merqué con muchas piedritas en los años que Yosmán me tuvo recibiéndolas y trayéndolas, y les aseguro que yo nunca me arponeé, o mejor dicho me arponeé poco, muy poco para lo que podía, porque toda la nieve del mundo estaba a mi disposición. Esto lo digo sin miedo, aunque pos si acaso vuelvo a recordarles lo de la clemencia.
 Hasta que se fue todo a la fregada y ya no hubo polvo blanco, ni tiendita, ni Yosmán, ni dragones que vinieran en mi auxilio.
 
 Durante mucho tiempo creí que la culpa había sido de los tigres, los pinches Tigres de Chinautla. A los tigres ni agua, leidi, me advertía Yosmán, que no hay animal más enemigo del dragón que el tigre y sólo busca nuestro mal y aniquilarnos a todos. A mí al principio no me parecían tan pérfidos, porque en la clica que montaron nuestros rivales había pendejos que hablaban como yo, con la misma mezcla de palabras de otro país y de este, que a veces ni nosotros mismos sabíamos lo que decíamos. Se llamaban los Tigres de Chinautla porque sus papás habían nacido en un país pegado a aquel en el que nací yo, el suyo era Guatemala, y algunos crecieron en un pueblito llamado Santa Cruz Chinautla. De él tomaron el nombre, para no olvidarse nunca de dónde viene uno porque así es más fácil después saber adónde se quiere ir, que a mí aquellas cosas que me decía mi amiga la tigresa Yenni, y este también es un nombre inventado, se me quedaban muy dentro.
 Todos los tigres son malos, me insistía Yosmán, nosotros los dragones y ellos los tigres somos la noche y el día. O, de una forma más culta, el yin y el yang, unas palabras extrañas que usaban los monjes antiguos de países muy lejanos para hablar de los hombres y las mujeres, según creía yo entender a mi agüitado, y por lo visto todo lo yang era masculino y lo yin femenino.»
 
  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Catedral, 2017. ISBN: 978-84-16673-28-5.]

miércoles, 16 de mayo de 2018

Aprendiendo de las drogas (Usos, abusos, prejuicios y desafíos).- Antonio Escohotado (1941)


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1.-Las variables del asunto

«Las cosas que entran en nuestro cuerpo por cualquier vía -oral, epidérmica, venosa, rectal, intramuscular, subcutánea- pueden ser asimiladas y convertidas en materia para nuevas células, aunque pueden también resistir esa asimilación inmediata.
 Las que se asimilan de modo inmediato merecen el nombre de alimentos, pues gracias a ellas renovamos y conservamos nuestra condición orgánica. Entre las que no se asimilan inmediatamente cabe distinguir dos tipos básicos: a) aquellas que -como el cobre o la mayoría de los plásticos, por ejemplo- son expulsadas intactas, sin ejercer ningún efecto sobre la masa corporal o el estado de ánimo; b) aquellas que provocan una intensa reacción. 
 Este segundo tipo de cosas comprende las drogas en general, que afectan de modo notable aunque absorbamos cantidades ínfimas, en comparación con las cantidades de alimentos ingeridas cada día. Hoy, cuando empiezan a conocerse los complejos procesos biológicos, la actividad extraordinaria de este tipo de cosas sugiere que están ligadas a equilibrios básicos en los organismos. Normalmente, no afectan por ser cosas de fuera, sino por parecerse como gotas de agua a cosas de muy adentro.
 Pero dentro de este tipo de sustancias es preciso distinguir entre compuestos que afectan somáticamente (como la cortisona, las sulfamidas o la penicilina) y los que afectan no sólo somática sino también sentimentalmente. Estos últimos -que parecieron milagrosos a todas las culturas antiguas- son en su mayoría parientes carnales de las sustancias que trasladan mensajes en el sistema nervioso (los llamados neurotransmisores) o antagonistas suyos, y reciben el nombre vulgar de "drogas".

Toxicidad
 Llámense drogas o medicamentos, estos compuestos pueden lesionar y matar en cantidades relativamente pequeñas. Como a una sustancia con tales características la llamamos "veneno", es propio de todas las drogas ser venenosas o tóxicas. La aspirina, por ejemplo, puede ser mortal para los adultos a partir de tres gramos, la quinina a partir de bastante menos y el cianuro de potasio desde una décima de gramo.
 Sin embargo, lo tóxico o envenenador de una cosa no es nunca esa cosa abstractamente, sino ciertas proporciones de ella conforme a una medida (como el kilo de peso). De ahí, siguiendo con el ejemplo, la enorme utilidad que extraemos de la aspirina, la quinina y el cianuro, a pesar de sus peligros. La proporción que hay entre cantidad necesaria para obrar el efecto deseado (dosis activa media) y cantidad suficiente para cortar el hilo de la vida (dosis letal media) se denomina margen de seguridad en cada droga.
 ¿Cómo puede ser terapéutico un veneno? Fundamentalmente, porque los organismos sufren muy distintos trastornos, y ante ellos el uso de tóxicos en dosis no letales puede ser la única, o la mejor, manera de provocar ciertas reacciones. Apenas hay, por eso, venenos de los que no se hayan obtenido valiosos remedios: el curare, la atropina, el ergot o la planta digital son casos bien conocidos de una lista interminable.
 Dentro del margen de seguridad, el uso de tóxicos plantea fundamentalmente dos cuestiones, que son el coste de la ganancia y la capacidad del organismo para adaptarse a su estado de intoxicación. El coste depende de los efectos que se llaman secundarios o indeseados, tanto orgánicos como mentales. La capacidad del organismo para "hacerse" al intruso depende del llamado factor de tolerancia aparejado a cada compuesto. 
 La tolerancia y el coste psicofísico pueden prestarse a juicios algo subjetivos, comparados con la objetividad matemática del margen de seguridad. [...]
 En todo caso, estos tres elementos -margen de seguridad, coste psicofísico y tolerancia- son los lados materiales o cuantificables del efecto producido por las drogas. Prestarles atención ayuda a plantear de modo objetivo ese efecto. [...]

Los principales empleos
 El estado que produce una droga psicoactiva puede llamarse intoxicación (si se considera su contacto con nuestro organismo) y llamarse ebriedad (si se considera el efecto que esa sustancia ejerce sobre el ánimo); para la intoxicación intensa de alcohol disponemos de la palabra "embriaguez", o "borrachera" en casos límite.
 Cabe hablar de uso colectivo y uso individual, uso antiguo y uso moderno. Sin embargo, quizá la forma más sencilla de abarcar el consumo de drogas sea distinguir entre empleos festivos, empleos lúdicos o recreativos y empleos curativos o terapéuticos. [...]  
 
Epílogo
La cuerda que sirve al alpinista para escalar una cima sirve al suicida para ahorcarse y al marino para que sus velas recojan el viento. Lo sacro y eterno sea loado. Seguiríamos en las cavernas si hubiésemos temido conquistar el fuego, y entiendo que aquí, como en todos los demás campos de la acción humana, hay desde el primer momento una alternativa ética: obrar racionalmente -promoviendo aumentos en la alegría- y obrar irracionalmente, promoviendo aumentos en la tristeza; una conducta irreflexiva acabará haciéndonos tan insensibles a lo buscado como inermes ante aquello de lo que huíamos. De ahí que sea vicio -mala costumbre o costumbre que reduce nuestra capacidad de obrar- y no dolencia, pues las dolencias pueden establecerse sin que se intervenga nuestra voluntad, pero los vicios no: todo vicio jalona puntualmente una rendición suya.
 Otra cosa es que presentar el uso de drogas como enfermedad y delito haya acabado siendo el mayor negocio del siglo. Llevado a su última raíz, este negocio pende de que las drogas no se distingan por sus propiedades y efectos concretos, sino por pertenecer a categorías excéntricas, como artículos vendidos en tiendas de alimentación, medicinas y sustancias criminales. Una arbitrariedad tan enorme sólo puede estimular desorientación y usos irreflexivos.
 Tras lo arbitrario está la lógica económica de dos mercados permanentes, uno blanco y otro negro. Esta dicotomía aleja la perspectiva de que el campo psicofarmacológico se racionalice alguna vez, con pautas de precio, calidad y dispensación que le quiten a las drogas -a las drogas en general- su naturaleza de puras mercancías. Salvo casos raros, como los vinos y licores realmente buenos, apenas hay productos de mercado blanco capaces de subsistir bajo condiciones de clandestinidad; sin embargo, al incluir los más deseables en el mercado negro se aseguran superdividendos para sucedáneos autorizados, mientras se multiplica el margen de beneficio para originales prohibidos. Otra cosa no explotaría a fondo las posibilidades del ramificado negocio, que juega con una baraja en la mesa y otra en la manga.» 
 
  [El extracto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 2005. ISBN: 84-339-1441-3.]