Mostrando entradas con la etiqueta Representación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Representación. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

Tractatus Logico-Philosophicus.- Ludwig Wittgenstein (1889-1951)

«1.- El mundo es todo lo que es el caso.
1.1.-El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
1.11.-El mundo viene determinado por los hechos y por ser éstos todos los hechos.
1.12.-Porque la totalidad de los hechos determina lo que es el caso y también todo cuanto no es el caso.
1.13.-Los hechos en el espacio lógico son el mundo.
1.2.-El mundo se descompone en hechos.
1.21.-Algo puede ser el caso o no ser el caso, y todo lo demás permanecer igual.
2.-Lo que es el caso, el hecho, es el darse efectivo de estados de cosas.
2.01.-El estado de cosas es una conexión de objetos (cosas).
2.011.-Poder ser parte integrante de un estado de cosas es esencial a la cosa.
2.012.-En la lógica nada es casual: si la cosa puede ocurrir en el estado de cosas, la posibilidad del estado de cosas tiene que venir ya prejuzgada en la cosa.
2.0121.-Parecería algo así como un azar que a la cosa capaz de darse de modo efectivo por sí misma le correspondiera posteriormente un estado de cosas.
Que las cosas puedan ocurrir en estados de cosas, es algo que debe radicar ya en ellas.
(Algo lógico no puede ser meramente posible. La lógica trata de cualquier posibilidad y todas las posibilidades son sus hechos).
Al igual que no podemos en absoluto representarnos objetos espaciales fuera del espacio, ni temporales fuera del tiempo, tampoco podemos representarnos objeto alguno fuera de la posibilidad de su conexión con otros.
Si puedo representarme el objeto en la trama del estado de cosas, no puedo representármelo fuera de la posibilidad de esa trama. 
2.0122.-La cosa es independiente en la medida en que puede ocurrir en todos los posibles estados de cosas, pero esta forma de independencia es una forma de interrelación con el estado de cosas, una forma de dependencia. (Es imposible que las palabras aparezcan de dos modos diferentes, solas y en la proposición).
2.0123.-Si conozco el objeto, conozco también todas las posibilidades de su ocurrencia en estados de cosas.
(Cualquier posibilidad de este tipo debe radicar en la naturaleza del objeto).
No cabe encontrar posteriormente una nueva posibilidad.
2.01231.-Para conocer un objeto, no tengo ciertamente que conocer sus propiedades externas, pero sí debo conocer todas sus propiedades internas.
2.0124.-Dados todos los objetos, vienen dados también con ellos todos los posibles estados de cosas.
2.013.- Cualquier cosa está, por así decirlo, en un espacio de posibles estados de cosas. Puedo representarme vacío ese espacio, pero no la cosa sin el espacio.
2.0131.-El objeto espacial debe encontrarse en el espacio infinito. (El punto espacial es un lugar argumental).
La mancha en el campo visual no tiene, ciertamente, por qué ser roja, pero ha de tener un color: tiene, por así decirlo, el espacio cromático en torno suyo. El tono ha de tener una altura, el objeto del sentido del tacto una dureza, etc.
2.014.-Los objetos contienen la posibilidad de todos los estados de cosas.
2.0141.-La forma del objeto es la posibilidad de su ocurrencia en estados de cosas.
2.02.-El objeto es simple.
2.0201.-Cualquier enunciado sobre complejos puede descomponerse en un enunciado sobre sus partes integrantes y en aquellas proposiciones que describen completamente los complejos.
2.021.-Los objetos forman la sustancia del mundo. Por eso no pueden ser compuestos.
2.0211.-Si el mundo no tuviera sustancia alguna, el que una proposición tuviera sentido dependería de que otra proposición fuera verdadera.
2.0212.-Sería entonces imposible pergeñar una figura del mundo (verdadera o falsa).
2.022.- Es manifiesto que por muy diferente del real que se piense un mundo ha de tener algo en común con él -una forma-.
2.023.- Lo que constituye esta forma fija son precisamente los objetos.»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Altaya, 1997, en traducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera, pp. 15-21. ISBN: 84-487-0119-4.]

domingo, 7 de julio de 2024

Sobre la fotografía.- Susan Sontag (1933-2004)

Evangelios fotográficos

 «Como otras empresas en progresiva expansión, la fotografía ha inspirado a sus practicantes más destacados cierta necesidad de explicar una y otra vez qué están haciendo y por qué es valioso. La época en que se atacaba ampliamente a la fotografía (como parricida respecto de la pintura, predatoria respecto de la gente), fue corta. La pintura desde luego no expiró en 1839, como se apresuró a predecir un pintor francés; los exquisitos pronto dejaron de desdeñar las fotografías como copias serviles y en 1854 un gran pintor, Delacroix, declaró grácilmente cuánto lamentaba que un invento tan admirable hubiese llegado tan tarde. Hoy nada es más aceptable que el reciclaje fotográfico de la realidad, aceptable como actividad cotidiana y como rama del arte. Sin embargo hay algo en la fotografía que aún incita a los profesionales de primer orden a la defensa y la exhortación: virtualmente todos los fotógrafos importantes hasta el presente han escrito manifiestos y credos exponiendo la misión moral y estética de la fotografía. Y los fotógrafos hacen las declaraciones más contradictorias sobre la especie de conocimiento que poseen y la especie de arte que practican.
 La desconcertante facilidad con que pueden tomarse las fotografías, la inevitable aun cuando involuntaria autoridad de los productos de la cámara, sugiere una relación muy tenue con el conocimiento. Nadie discutiría que la fotografía dio un tremendo impulso a las pretensiones cognoscitivas de la vista, ya que -mediante el primer plano y las tomas distantes- ensanchó tanto el reino de lo visible. Pero respecto a cómo un modelo dentro del alcance de la visión normal se conoce mejor mediante una fotografía, o hasta qué punto la gente necesita saber algo acerca de lo que fotografía para obtener una buena imagen, no existe ningún acuerdo. Se ha interpretado la fotografía de dos maneras completamente diferentes: ya como un acto de conocimiento lúcido y preciso, de inteligencia consciente, o bien como una búsqueda preintelectual, intuitiva. Así Nadar, hablando de sus respetuosos y expresivos retratos de Baudelaire, Doré, Michelet, Hugo, Berlioz, Nerval, Gautier, Sand, Delacroix y otras amistades famosas dijo que "el retrato que hago mejor es el de la persona que conozco mejor", mientras que Avedon ha observado que la mayor parte de sus buenos retratos son de gente que conoció por primera vez al fotografiarlas.
 En este siglo, la generación más vieja de fotógrafos describió la fotografía como un esfuerzo heroico de atención, una disciplina ascética, una receptividad mística ante el mundo que requiere que el fotógrafo atraviese una nube de desconocimiento. De acuerdo con Minor White, "mientras está creando el fotógrafo tiene la mente en blanco [...] cuando busca imágenes [...] el fotógrafo se proyecta en todo cuanto ve, identificándose con todo para conocerlo y sentirlo mejor". Cartier-Bresson se ha comparado con un arquero zen, quien debe transformarse en el blanco para poder alcanzarlo; "hay que pensar antes y después", dice, "jamás mientras se toma la fotografía". Se habla del pensamiento como si enturbiara la transparencia de la conciencia del fotógrafo, y como si infringiera la autonomía de lo que se está fotografiando. Resueltos a demostrar que las fotografías pueden -y cuando son buenas, siempre lo hacen- trascender la literalidad, muchos fotógrafos serios han hecho de la fotografía una paradoja poética. La fotografía es presentada como una forma de conocimiento sin conocimiento: una manera de vencer al mundo con el ingenio, en vez de atacarlo frontalmente.
 Pero aun cuando los profesionales ambiciosos desdeñan el pensamiento -recelar del intelecto es una de las líneas recurrentes en los apólogos de la fotografía- generalmente se afanan en recalcar la necesidad de rigor de esta visualización permisiva. "Una fotografía no es un accidente, es un aconcepto", insiste Ansal Adams. "La fotografía estilo 'ametralladora' -o sea, la obtención de muchos negativos con la esperanza de que uno sea bueno- es fatal para los resultados serios". Para tomar una buena fotografía, es el argumento general, uno ya debe verla. Es decir, la imagen debe existir en la mente del fotógrafo durante o antes de la exposición del negativo. Casi todas las justificaciones de la fotografía se han negado a admitir que el método de fotografiar a discreción, especialmente tal como lo usa un experto, pueda arrojar resultados enteramente satisfactorios. Pese a estas reticencias, los fotógrafos han tenido una confianza casi supersticiosa en el accidente afortunado.
  Últimamente el secreto se está volviendo confesable. Con la entrada de la defensa de la fotografía en su fase actual, retrospectiva, hay una creciente reserva respecto del estado de alerta y conciencia que presume la buena fotografía. Las declaraciones anti-intelectuales de los fotógrafos, lugares comunes del pensamiento artístico moderno, han preparado el camino para la gradual inclinación de la fotografía seria a una investigación escéptica de sus propios poderes, un lugar común de la práctica artística moderna. La fotografía como conocimiento es reemplazada por la fotografía como fotografía. En una reacción violenta contra cualquier ideal de representación autoritaria, los fotógrafos norteamericanos jóvenes más influyentes niegan toda ambición de visualizar la imagen previamente y de concebir su trabajo como una mostración del aspecto diferente que tienen las cosas cuando se las fotografía.
 Cuando titubean las pretensiones del conocimiento, las pretensiones de la creatividad compensan la falta. Como para refutar que tantas imágenes soberbias sean obra de fotógrafos desprovistos de toda intención seria o interesada, uno de los argumentos principales de la defensa de la fotografía ha sido la insistencia en que la captación de imágenes procede principalmente de la focalización de un temperamento, y sólo secundariamente de una máquina. Es el argumento esgrimido con tanta elocuencia en el mejor ensayo que jamás se escribió en elogio de la fotografía, el capítulo sobre Stieglitz en Port of New York de Paul Rosenfeld.»

 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Edhasa, 1981, en traducción de Carlos Gardini, pp. 125-128.  ISBN: 84-350-0313-3.]

domingo, 20 de marzo de 2022

Filosofía de la expresión.- Giorgio Colli (1917-1979)


Resultado de imagen de giorgio colli
La apariencia

La representación como dato

  «No es posible definir la representación, su campo es demasiado vasto. El sentimiento más interior, el instante de Goethe o el éxtasis de Plotino, es ya una representación, como el pensamiento más abstracto y universal también es una representación. Desde el puro punto de vista categorial se puede asignar una esencia a la representación, que será la relación. De hecho, la representación es el único dato primitivo.
 Sólo es posible darle una denominación como “reevocación”, es decir como explicación metafísica de su significado.

El mundo es representación

 El mundo que se ofrece a nuestra mirada, lo que tocamos y lo que pensamos, es representación, como desde las antiguas Upanishad y de Parménides en adelante han comprendido todas las especulaciones penetrantes. En este punto se puede ser tajante.
 Pero el mundo es representación en tanto que está subordinado a la categoría de la relación. En efecto, la representación no tiene sustancia, es una simple relación, una conexión fluctuante entre dos términos –llamados provisionalmente sujeto y objeto- inestables, cambiantes, continuamente variables, transformándose el uno en el otro, de modo que lo que en una representación es sujeto será objeto en otra.
 Si se quiere considerar el mundo como sustancia, no en tanto que sustraído a la esfera de los datos primitivos, sino precisamente este mundo que es representación, es necesario buscar algo inmediato, de lo que el mundo indique el ser. El mundo será entonces sustancia en un sentido únicamente categorial, expresará algo oculto, sustraído a la sensación y al pensamiento.

 Goce del contemplador

 Captar la intuición, o ser atrapado por el pathos, de que el mundo en el que vivimos es una apariencia, una ilusión, con la consistencia de un sueño o, en términos sin énfasis, una representación, es una experiencia nada insólita –como estado de ánimo- en los años jóvenes, pero es decisiva cuando alcanza un grado férvido y perdurante de intensidad. No se trata de un descubrimiento de ayer: hay que retroceder casi tres mil años, cuando se busca su origen.
 Quien está afectado por este pathos tiene tendencia a la contemplación, porque intuir significa contemplar; y contemplar es distanciarse del fondo de la vida. Quien está inmerso en ella no puede sentir su ilusoriedad. Conocer es perder algo del manantial de la vida.
 Pero el goce del instante, paradójicamente, es más intenso en el conocedor. La visión instantánea de un fragmento de vida es conmovedora para quien se aleja de la vida, suspende sus impulsos de apropiación, y al hacerlo se desvanece, derramándose fuera de sí, en la imagen reconocida como ilusoria. El ahorro de la acción se traduce en adquisición de potencia: quien asiste a un espectáculo recibe fuerza.

 La vida y el fondo de la vida

 Como una niebla iridiscente que sale de oscuros pantanos o de una húmeda pradera, así es el mundo de las cosas que nosotros llamamos vida –“aspectos múltiples que abandonan y mudan los senderos tormentosos de la vida”- pero a la que seguramente es más justo designar como el velo de otra vida, como el sueño de un dios. En Grecia, esta visión adopta la figura de Fanes. Algo está oculto en lo profundo.

 Solidez de la representación

 De este modo, el mundo de las cosas no sería más que una concatenación, una estructura cognoscitiva. Frente a ello, se ha aludido al fondo de la vida, a algo oculto, pero por ahora esto es menos que una hipótesis, es una sugerencia y una sugestión. Por otra parte, este mundo de la representación sería apariencia de un mundo más consistente y concreto de lo que parece a primera vista. Aunque esta realidad manifiesta se reduzca a una trama de puras relaciones, esto no le impone un límite grosero en el sentido de que, suprimido un sujeto de conocimiento empírico o universal, quedara por ello suprimido el mundo. Si se afirma la inconsistencia del sujeto, o por lo menos que el sujeto no es un término fijo o final, ya no se podrá decir que la realidad de este mundo esté determinada tan banalmente.
 Llamamos ilusoria a esta realidad porque estamos habituados a entender por realidad verdadera a algo en sí, independiente de nosotros y por consiguiente también de nuestro conocimiento. Pero lo que tiene derecho a llamarse cabalmente realidad es únicamente esta realidad ilusoria. Al mundo oculto, si tiene sentido aludir a él, no le corresponde el atributo de la realidad, porque no le corresponde ningún atributo: los predicados pertenecen a la representación.
 Y así, el universo de la naturaleza, el cielo y las estrellas con sus presuntas leyes, el hombre y su historia, con sus pensamientos más sutiles y sus acciones más rotundas, todo ello no es otra cosa sino representación, y por tanto es lícito interpretarlo como un dato cognoscitivo. Todos los demás nombres que la acción humana puede proponer con la pretensión de desvelar algo sustancial, elemental, algo unificador del caleidoscopio de la experiencia, los nombres de idea, espíritu, voluntad, instinto, acción, potencia, no están justificados y no explican nada, revelan simplemente la intrusión de conceptos metafísicos en la interpretación de los nexos dinámicos que la representación como tal, sin ayuda trascendente o trascendental, ya posee en sí. Mirando el mundo del devenir de este modo, con expresión rigurosa y sintética, deberá decirse en general que, en tanto no se reduzca a puros términos de conocimiento y de relación representativa, no existe en ningún modo aquello que se designa con el nombre de acción.
Resultado de imagen de giorgio colli filosofia de la exprsion 
 ¿El sujeto como elemento común?

   Cada vez que se analiza una representación se encuentra un objeto, incluso en el ámbito de una  relación, es decir según una perspectiva, como una proyección determinada. Pero es vano buscar el punto desde el que se abre esta visión: en el momento en el que se descubre se convierte en objeto, absorbiendo en sí al viejo objeto, y una vez más el origen de la perspectiva se nos escapa.
 Si en el interior de una representación, como su contenido, todo análisis se encuentra siempre con un objeto, ¿será preciso entonces examinar las condiciones de la representación, sus conexiones, para descubrir algo del sujeto? En cualquier serie conexa de representaciones existe un doble elemento común, que siempre está fuera de la representación simple: del lado del objeto, es decir de lo que debe postularse como sustrato común a todos los diferentes objetos de la representación, deberá tratarse de un elemento que esté más acá de la serie de la representaciones; y del lado del sujeto, frente a su fuga indefinida como la de una imagen en un espejo, el elemento común a una serie de representaciones es el nexo que las une y que eventualmente vincula sus objetos simples en el interior.
 De ese modo se le reconoce al sujeto una función condicionante respecto del objeto: empíricamente, es la comunión entre las representaciones la que nos pone sobre la pista del sujeto, y psicológicamente la búsqueda está guiada por lo que era anterior y lo que será posterior, en la esfera de la memoria. El elemento común, constante, persistente, es la condición para una confrontación entre las representaciones. El sujeto más universal será algo común a la serie –o a la serie de series- de representaciones más amplia.

 La acción es una qualitas occulta

  En consecuencia, el conocimiento existe, pero no hay un portador del conocimiento. Y si no hay un portador del conocimiento, ¿cómo podría existir un portador de la acción? Por otra parte, sin portador de la acción ni siquiera es concebible una voluntad y la acción misma, sin un portador que le sea propio, es absurda. ¿Quién actuaría?
 El concepto de acción resulta así ficticio, es una abreviatura, una aproximación, un salir del paso expeditivo que asume como unidad (metafísica) lo que en términos de conocimiento –que son los únicos datos aceptables- se reduce a una serie intrincada de nexos entre representaciones.

 La ilusión del idealismo

 No es el sujeto quien crea la realidad, no es el yo quien crea el ser, ya que cada representación contiene el sujeto, o mejor lo implica, pero no está creada por el sujeto.»
  
   [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Siruela, 2004, en traducción de Miguel Morey, pp. 37-43. ISBN: 84-7844-270-7.]

martes, 8 de diciembre de 2020

Colás Breugnon.- Romain Rolland (1866-1944)

Resultado de imagen de romain rolland 

II.-El asedio o el pastor, el lobo y el cordero

  «Pronto tendré la bodega vacía, pues los soldados que, enviados por el duque nuestro, el Señor de Nevers, han venido a defendernos han espichado ahora mismo la última de mis barricas. ¡No perdamos más el tiempo, me voy a beber con ellos! Paso ya por arruinarme, pero arruinarme contento. ¡No será ésta la primera vez! Y si Dios lo dispone, tampoco ha de ser la última.
 ¡Buenos chicos! Mucho más que yo se afligen en cuanto los pongo al tanto de que el líquido anda bajo... Sé de unos cuantos vecinos que lo toman por lo trágico. Yo ya no puedo, que estoy curado de espantos; estuve ya muchas veces en mi vida en el teatro y no me puedo tomar a los histriones en serio. ¡Anda, y que no tengo vistas, desde que al mundo he venido, máscaras de éstas, suizos, alemanes, gascones, loreneses; todos ellos son como bestias de guerra, con el arnés a la espalda y las armas empuñadas, voraces galgos hambrientos, gente que nunca se cansa de esquilmar a los cristianos! ¿Quién puede saber jamás qué causa están defendiendo? Ayer era la del Rey, hoy será la de la Liga. Tan pronto vienen los cuervos, tan pronto los hugonotes. Tanto valen, tanto montan unas facciones como otras; vale menos la mejor que la cuerda para ahorcarla. Y ¿qué más nos da que sea este ladrón o aquel otro el que rapiña en la corte? ¡Y, encima, la pretensión de mezclar en este asunto ni más ni menos que a Dios... ! ¡Buenas gentes, voto a bríos, dejad que se apañe Dios, que es persona ya talluda! Si os pica, rascaos solos, que no ha menester Dios de vosotros, pues no es manco. Se rascará si es su gusto...
 ¡Lo peor es que se empeñan en mezclarme a mí también en los divinos asuntos!... Señor, vos sabéis que os honro y, sin pecar de soberbio, vos y yo nos encontramos en un día varias veces, suponiendo que sea cierto el sabio y buen dicho galo: Buen vino beber es a Dios ver. Mas nunca se me pondría en las mientes el decir, igual que esos tragasantos, que soy íntimo de vos, que vos, Señor, sois mi primo y estoy en antecedentes, pues vos me habéis informado, de vuestros gustos y antojos. Habréis de reconocer que os dejo en paz; sólo os pido que conmigo hagáis igual. Bastante quehacer tenemos con poner orden los dos, cada mochuelo en su olivo; en vuestro universo, vos; yo en el mío pequeñito. Me hiciste libre, Señor, y yo en la misma moneda te pago. ¡Pero hete aquí que vienen los badulaques estos con la pretensión de que tu casa administre, de que en tu nombre hable yo, y que diga cómo quieres que te coman, y declare enemigo tuyo y mío al que te coma de otra manera...! ¡Enemigo mío! ¡Pues a fe que no! De eso no gasto. A todos los hombres miro como amigos. Si se pelean, allá ellos. Yo no quiero saber nada... si me dejan. Y es el caso que no quieren, los muy necios. Si no estoy en contra de uno, en contra de mí habrá dos. Pues, si estando entre dos campos, me zumban por los dos lados, ¡he de zumbar yo también! ¡Así, más a gusto quedo! Cuando seas yunque, aguanta, y si eres martillo, aprieta. Mejor martillo que yunque.
 Mas ¿quién me dirá por qué están puestos en el mundo todos estos bichos raros, todos estos rapiñócratas, estos políticos y estos muy poderosos señores, sangría de nuestra Francia, siempre su gloria cantando mientras le van vaciando limpiamente los bolsillos? No contentos con roernos los denarios que son nuestros, pretenden también zamparse los graneros extranjeros, amenazando a Alemania, codiciando toda Italia y en el harén del Gran Turco yendo a meter las narices. ¡Pues media tierra querrían chupar, pero no saben en ella plantar ni berzas!... ¡Vamos, amigo, tranquilo, y no te hagas mala sangre! Todo está bien como está... en tanto que llega el día en que mejor lo volvamos (que será lo antes posible). No hay mal bicho que no pueda servir a veces para algo. Cuentan que Dios una vez (pero, Señor, vaya día, ¡no te me caes de la boca!), con Pedro iba paseando y, en el alfoz de Béyant (1), en el umbral de la puerta, vio, sentada, a una mujer consumida por el tedio. Tanto y tanto se aburría que, entonces, el Padre Eterno, con bondad de corazón, sacó, dicen, del bolsillo un puñado de piojos, se los arrojó y le dijo: "¡Tomad, hija, y divertíos!" Y la mujer, despertando, se lanzó rauda a la caza; y cada vez que atrapaba algún bichito de aquellos se reía de contento. Es caridad semejante, sin duda, ésta por la que nos ha concedido el Cielo, con el fin de distraernos, estos bichos de dos patas que nos esquilan el pelo. ¡Alegría, pues, carape! Tener miseria parece que es indicio de salud. (Miseria son nuestros amos). Alegrémonos, hermanos, pues nadie, si es ello cierto, más sano está que nosotros... Más aún, ¿sabéis lo que os digo? (Pero bajito, al oído): "¡Paciencia! Somos nosotros los que estamos del buen lado. La friura, las heladas, la gentuza de los bandos, la gentuza de la corte tienen los días contados, pasarán. La tierra queda, la fértil tierra y nosotros para dejarla preñada. Le basta una ventregada para reparar los daños... ¡Apuremos mientras tanto la última de mis barricas! Hay que dejar sitio libre para futuras vendimias".
 
 * * *
 
 Mi hija Martine me dice:
Resultado de imagen de romain rolland colas breugnon -No eres más que un fanfarrón. Y cualquiera que te oyera pensaría que jamás le diste más que al gaznate, todo el día zanganeando, repicando cual badajo, papando moscas, echando tragos por la gola abajo, y que vives solamente para andar de comilona y beber como una esponja. Y no puedes ni un mal día quedarte sin trabajar. Querrías que te tomaran por pródigo, calavera, atolondrado y amante del desorden, que no sabe lo que le entra en la escarcela ni lo que de ella le sale. Y te pondrías enfermo si cada cosa, en el día, no te fuera aconteciendo, hora tras hora, puntual como reloj de campana; cuarto arriba, cuarto abajo, sabes lo que te has gastado desde el Domingo de Pascua no de este año, del pasado; no es de nadie conocido el que a ti te haya engañado... ¡Cándido, cabeza loca! ¡Ved acá este corderito!... Vengan lobos, que tres corderos de Chamoux pueden con todos...
  Me río sin contestar a la dama de pico de oro. ¡Tiene razón que le sobra, aunque haga mal en decirlo! Pero una mujer no calla nada más que lo que ignora. Y me conoce muy bien como a autor suyo que soy... Anda, anda, Colás Breugnon, reconócelo, muchacho: por muchas locuras que hagas, no serás loco del todo nunca. Aunque es verdad, ¡pardiez!, que llevas un loco dentro, lo mismo que le sucede a todo hijo de vecino, y lo enseñas cuando quieres; pero lo mandas adentro si precisas manos libres y también cabeza sana para poder trabajar. Como todos los franceses, llevas en la cabezota tanto y tan bien afincado instinto de razón y orden que te puedes divertir jugando a la extravagancia; solamente corren riesgo (¡pobres bobos!) los mirones boquiabiertos que querrían imitarte. Discursos sonoros, versos que suenan muy bien, muy pomposos, y proyectos baladrones son cosas muy deleitables. Uno se exalta y se inflama. Pero tan sólo consume la hornija y deja la leña metidita en la leñera. Tal vuela mi fantasía, se divierte y representa la comedia, el espectáculo para mi razón, que mira desde el mullido sillón. Todo es a mayor gloria de mi amena distracción. Es mi teatro el universo y sin tener que moverme del sitio, voy presenciando la obra; a Matamoros aplaudo, o a Francatrippa; disfruto de los torneos y de las pompas reales, les grito "¡que se repita!, ¡que se repita!" a esas gentes que se parten la cabeza. ¡Es todo para mi goce! Para poder duplicarlo, finjo mezclarme en la farsa, simulo que creo en ella. Pero ¡quita allá! Harto me guardo. Sólo me creo lo justo, lo indispensable para poder divertirme.»
 
(1) Belén, alfoz de Clamecy.
 
 [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Nortesur, 2009, en traducción de María Teresa Gallego Urrutia, pp. 28-33. ISBN: 978-84-936834-1-2.]
 

martes, 6 de octubre de 2020

Pensar la imagen.- Santos Zunzunegui (1947)


Resultado de imagen de santos zunzunegui pensar la imagen
Capítulo XXIII: Nuevas perspectivas de la imagen

23.3.2.-Representación infográfica e imagen latente 

  «El tipo de operaciones constitutivas de la imagen infográfica no deja de tener influencia en sus características. Si la pintura, el grabado, la fotografía o el cine producen una imagen permanentemente inscrita en su soporte, la videografía y la infografía diseñan una singular distancia entre lo que podríamos denominar la imagen matriz y su soporte de registro, tanto a niveles de diferente extensión física, como a la relación que se establece entre las formas latentes o potenciales y su transcripción icónica (Gubern, 1987, 83-84).
 Baste pensar en la distancia que existe entre el programa que la hace posible y la obra que surge del mismo. El paso de la potencia a la presencia, de la latencia a la emergencia en términos visuales, se constituye sobre un recorrido, sobre un salto tecnológico -y conceptual- que implica una transformación cualitativa.
 El isomorfismo de la imagen fotoquímica, sólo susceptible de alteraciones cuantitativas (tamaño y número de copias), deja paso a una tarea de conversión, de transformación, de proceso que configura a la imagen sintética como el lugar en el que un concepto se transforma en percepto de manera inmediata e instantánea. 
    
23.4.- De la "expanded image" a la visión artificial

 La aparición en escena de este nuevo tipo de imágenes está llamada a alterar nuestra relación con el universo audiovisual. Entre otras cosas porque ponen en crisis el mismo concepto de imagen tal y como tradicionalmente ha venido entendiéndose.
 De hecho ha llegado el momento de volver a preguntarnos qué significa verqué es una imagen y qué mecanismos permiten el paso desde el puro acto de recepción sensorial a la captación inteligente del mundo.
 Si en este texto nos hemos ocupado fundamentalmente de cómo se pasa de la realidad a la captación del mundo -lo que implica una definición de la imagen en función de los instrumentos perceptivos puestos en juego- primero, y de cómo se pasa de la pura recepción visual a la elaboración del significado, después, no hay que perder de vista que las más modernas tendencias que trabajan en el mundo de la imagen se ocupan prioritariamente de intentar reproducir tecnológicamente las prestaciones de los mecanismos inteligentes de la mente humana entre los que se encuentran los de la visión.
 Aquí haría su entrada la denominada ideología informática, entendida como aquel grupo de teorías y técnicas que se orientan a la captación, procesamiento y presentación de las imágenes mediante instrumentos informáticos y electrónicos (Morasso y Tagliasco, 1984). En esta disciplina nueva concurren, con sus aportaciones específicas, la fisiología de la visión, la óptica, la electrónica, la informática, la inteligencia artificial y el diseño.
 Recapitulemos, en esta perspectiva, algunas de las nociones manejadas hasta ahora. En primer lugar, conviene recordar que el concepto básico de imagen utilizado no ha sido otro que aquel  que se basa sobre la idea de la existencia de una relación entre una superficie capaz de emitir o reflejar radiaciones electromagnéticas y un sistema humano que las percibe.
 Lo que nos ha llevado a poner el acento en un tipo de imágenes: las visibles. Pero ya no es posible dejar de lado por más tiempo la existencia junto a éstas de imágenes físicas pero no visibles (como es el caso, por ejemplo, de las obtenidas gracias a la utilización de rayos infrarrojos o ultravioletas) o, en un sentido más amplio, de imágenes abstractas como las de las funciones matemáticas.
 Pensemos que para los tres tipos arriba indicados es perfectamente válida la idea de imagen como representación, en tanto en cuanto que todas cumplen la condición de "algo que sustituye -representándolo- a otra cosa".
 Así, el objetivo central de la teoría de la imagen ha sido la comprensión del funcionamiento de esa representación como instrumento de significación. Pero este área de trabajo, sin dejar de ser fundamental, va a compartir en el futuro el tiempo de los expertos con la denominada image construction que se ocupa de cómo partiendo de una pura representación simbólica es posible producir una imagen de la misma, como sucede en los casos, ya analizados, de las imágenes sintéticas de las que cabe hacer notar que, aunque adopten pautas de analogía con respecto al "mundo natural", son transformaciones de un programa al que "representan".
 A este campo se ha venido a añadir más recientemente la image understanding que de alguna forma pretende recorrer el camino inverso al de la image construction, al querer producir, partiendo de una imagen, una representación abstracta de la misma, de tal manera que quede codificada adecuadamente para el ente perceptor y elaborador (véase Morasso y Tagliasco, 1984, 22 y sig.)
 Directamente relacionado con estas prácticas se halla el campo de trabajo de la denominada visión artificial, que no es sino el intento de poner a punto dispositivos que, partiendo de la imagen de una escena, sean capaces de efectuar reconocimientos de objetos presentes en la misma. Como es lógico, esos dispositivos intentan reproducir determinadas características del sistema visivo humano. Así se ha trabajado en la pattern recognition (reconocimiento de formas bidimensionales) o en los más complejos reconocimientos de escenas (proyecciones sobre plano de escenas tridimensionales).
 Para ello estos sistemas expertos deben ser capaces de procesar variables tales como el constraste, la iluminación, la disparidad binocular del color, la amplitud del campo visual y el movimiento. Lo que implica el intento de describir, mediante algoritmos, la elaboración de la información en los procesos visivos humanos.
 En estos casos podemos hablar de la existencia de una auténtica visión sin mirada, y justificar en su misma materialidad la necesidad de proceder a pensar la imagen. Porque en el mundo contemporáneo la imagen no es tanto algo que se mira (punto de vista) como algo que se piensa (se calcula).»

  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 1989, pp. 241-243. ISBN: 84-376-0815-5.]