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viernes, 25 de junio de 2021

El hueco que deja el diablo.- Alexander Kluge (1932)


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El diablo en la Casa Blanca
Una inhibición natural a la mentira

 «Hemos dejado de usar el detector de mentiras, dijo el criminalista; los delincuentes ya no le tienen miedo. En el ámbito en que trabaja la policía militar, hay soldados que han aprendido a dominar sus nervios y en última instancia también todos los reflejos vasomotores. ¿Qué es un soldado sino alguien que se domina? Por eso hemos reemplazado con TEST DE CONOCIMIENTO DE LOS HECHOS todas las pruebas en las que el nerviosismo se considera sinónimo de culpabilidad. Aquéllos se basan en que cada delito presenta ciertas singularidades que sólo puede conocer alguien que hubiese estado en la escena del crimen. ¿Era rojo el vehículo? Si era de ese color, en el test de conocimiento de los hechos el polígrafo registra una reacción.
 Debemos intentar medir la mentira directamente en el lugar de origen, es decir, en el cerebro. De ahí que hayamos adoptado el procedimiento de los psicólogos Lawrence A. Farwell y Emanuel Dondrie, de la Universidad de Illinois. El aparato recurre al componente P-300, cuya presencia en el cerebro se puede constatar más o menos trescientos milisegundos después de enviarle estímulos sensoriales: un eco no disimulable. Sólo hay que pedirle al detenido que escoja algunos estímulos poco habituales: sonidos agudos o palabras. A los estímulos difundidos de manera aleatoria el cerebro responde con un componente P-300.

 -¿Se podría “mentir” apretando el botón como respuesta a todos los estímulos, los que se conocen, los desconocidos y los “delatores”?
 -El eco sólo lo producen los “conocidos” y los “delatores”.
 -¿Lo ha probado?
 -Sí, hemos formado como “espías” a participantes en el experimento, colegas de nuestras propias filas; después los hemos interrogado. Su misión era “mentir”, pero ninguna mentira consiguió engañarnos.
 -¿Una inhibición natural?
 -En el centro del cerebro, más o menos a la izquierda del centro, en el lugar en el que Descartes suponía que se alojaba la lámpara del alma.
 -¿Cómo puede alguien salvarse de usted?
 -No diciendo absolutamente nada.
 -¿Y entonces se lo considera culpable?

 Mientras tanto, en la Universidad de Illinois se ha desarrollado una variante: en lugar de la actividad cerebral, se mide el tiempo de reacción en las sinapsis. Si se dice la verdad, el botón NO se pulsa en medio segundo; si se miente, el tiempo de reacción supera el segundo. Ni siquiera después de un entrenamiento intensivo se detectó una aceleración de ese minúsculo movimiento del cerebro. 
  
Sobre un supuesto derecho a mentir por amor a la humanidad

 «En 1797 aún estaban vivos en el recuerdo de la opinión pública europea los tribunales que durante la Revolución Francesa habían mandado a la guillotina a tantos y tantos presos. ¿Qué valía una mentira que significaba la salvación? ¿Qué cabe esperar de la veracidad de un delator, de un denunciante? Si una facción sedienta de sangre quiere aniquilar a sus adversarios con el instrumento de la justicia, ¿deja de ser vigente después el orden jurídico y, con él, la verdad?
 Durante este período de la historia, el escritor político Benjamin Constant citaba a un FILÓSOFO ALEMÁN (refiriéndose a Immanuel Kant) que había afirmado que la humanidad tiene derecho a la VERDAD: la mentira es improcedente. Así, según dicho filósofo, escribe Constant, “a un asesino que pregunta por su víctima a quienes la alojan, debe informársele verazmente de su presencia en la casa aunque eso signifique su muerte”.
 La mentira bienintencionada es un acto de omnipotencia, repuso Kant por escrito en una polémica pública. Presupone que el mentiroso conoce de antemano todas las cadenas causales y las consecuencias jurídicas de su repuesta. ¿Qué buenas intenciones quedan de su mentira después de responder (contrariamente a la verdad) “no” a la pregunta de si el perseguido está en casa, y si, entretanto, el huésped ha dejado la casa y cae después en manos del asesino? A la inversa: si responde verazmente pero el perseguido ha dejado la casa, el asesino entonces se marcha de vacío, éste ha perdido tiempo y no sacia su sed de sangre porque lo han confundido con una declaración veraz.
 El filósofo insistió en esta sentencia: “Ser VERAZ (sincero) en todo lo que se dice es, en consecuencia, un mandato de la razón, sagrado y apodíctico, que ninguna conveniencia ha de limitar”

 -¿Admitiría usted, como kantiano que es, que en un proceso de 1937 en la Unión Soviética decir la verdad era peligroso para la vida e inútil para la justicia?
 -No niego las circunstancias, pero el principio es irrenunciable. No se debe mentir.
 -¿Y si las mentiras se arrancan con torturas? ¿Si la falta de veracidad se convierte en vehículo de una acusación tergiversada, de confusión, y así, en causa de una sentencia de muerte?
 -La sentencia de Kant es válida o no lo es. No es negociable.

 Un grupo de interrogadores de la CIA dejó de hacerle preguntas a un presunto miembro de Al Qaeda y cedió el asunto a unos servicios secretos afines que, según la legislación de su país, pueden aplicar la tortura. Para suavizar la tortura, los interrogadores le mienten al sospechoso en lo tocante a la traición de sus camaradas. ¿Está permitida una mentira así, bienintencionada? Para el kantiano, en absoluto. ¿Cómo puede usted saber lo que delata el torturado? ¿A cuántos de los delatados por el torturado, o por el hombre engañado con mentiras, pretende entregar a la persecución, sean inocentes o no?

 -¿Debe responder no, a la pregunta de si lo conoce, la telefonista que reconoció al conspirador del 20 de julio de 1944, el alcalde retirado Goerderler? ¿Lo condena a muerte si no lo hace?
 -Como kantiano digo que no; como patriota alemán diría sí.
 -¿No es de aplicación Kant a la sombra de Hitler?
 -No.
 -¿Se halla eso en el pensamiento del maestro?
 -No. Para Kant no hay en todo el universo caso alguno en el que sus reglas no sean de aplicación. En ese sentido, yo tiendo al compromiso cuando digo que, en las circunstancias del 20 de julio de 1944, ya no es válida la exclusión de la mentira.
 -A mí me violaron en Prusia oriental en marzo de 1945. Sé que mi marido no me lo perdonará. Es una cuestión de dignidad y de moral, un problema clásico de una clase especial, no una posibilidad emocional. ¿Debo exigirle a su alma lo imposible o debo mentirle?
 -Si mi marido me quiere, debe componérselas con eso; de lo contrario, no me quiere.
 -Otro caso: ha cometido usted un desliz, irreflexivamente.
 -¿Pero él me quiere?
 -¿Estrangularía usted, por ese azar, el amor que se profesan?
 -No.
 -¿De qué depende la posibilidad de desviarse del principio kantiano? ¿Cómo lo fundamenta?
 -Él no quiere saber la verdad.
Resultado de imagen de alexander kluge el hueco que deja el diablo -¿Y usted cómo lo sabe?
 -Me lo dice el sentimiento.

La metempsicosis según Fourier
Prolegómenos a una astrología racional

 Los seres (después almas), cuando intentan llegar al Planeta Azul, pasan por delante de los astros transatúrnicos y, luego, junto a los dos grandes planetas gaseosos; dan una vuelta, dice la cábala, alrededor del lucero vespertino como si fueran cuerpos volantes que necesitan reducir la velocidad y sólo después (de los seres surgen almas y, de ellas, caracteres) aterrizan en uno de los lugares habitados por seres humanos. Es el conocimiento de esta conexión –escribe Walter Benjamin-, que también se percibe físicamente bajo la luna de las noches meridionales, lo que le falta a la CONCIENCIA PARTIDISTA, la materia prima de la que destilamos lo POLÍTICO. De ahí que a lo político le falten también aroma y esencia, dos cosas que, sin embargo, nuestro cuerpo y nuestra capacidad de compromiso sí conocen. Los ciegos que llevamos dentro (mónadas, líbido), lo que nos constituye, se sienten defraudados.
 Charles Fourier calculó matemáticamente la transmigración de las almas (los caminos de los seres que llegan a nosotros y salen de nosotros para luego regresar). En El libro de los pasajes, Walter Benjamin atribuye especial importancia a esos datos del socialista temprano. El alma humana, dice Fourier, debe adoptar ochocientas diez formas distintas hasta completar la vuelta al planeta y volver a la tierra. De estas existencias en el cosmos, setecientos veinte años son felices, cuarenta y cinco son favorables, y cuarenta y cinco son desfavorables o infelices. ¡Tras la caída de nuestro planeta, las almas escogidas emigrarán al sol! Escogidas serán sólo aquéllas que hayan completado su recorrido. Antes de que las almas pasen ochenta mil años en nuestro planeta, deben haber habitado todos los otros planetas y mundos. La especie humana habrá disfrutado de setenta mil años de aurora boreal. Con todo, el influjo principal que anima la metamorfosis  de las almas es el PODER DEL TRABAJO ATRACTIVO. Gracias a ella, la GRAVITACIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO, escribe Fourier, el clima de Senegal, se volverá tan suave como el verano francés; dado que el mar, bajo la influencia del carácter morfológico del trabajo colectivo voluntario, se convertirá en limonada, los peces de los océanos se refugiarán en el mar Caspio, en el lago de Aral y en el Mar Negro, porque en esas aguas saladas el efecto de la luz boreal es menor. No obstante, los peces se irán acostumbrando cada vez más a la limonada. Benjamin: “Fourier dice también que en el octavo período los seres humanos serán capaces de vivir como peces en el agua y de volar como pájaros, y que después alcanzarán una estatura de dos metros quince y, como mínimo, los ciento cuarenta y cuatro años de edad. Después, todos podrán convertirse en anfibios, pues adquirirán la capacidad de abrir o cerrar a voluntad el orificio que comunica las dos cámaras del corazón; de ese modo, la sangre irá directamente al corazón sin tener que pasar por los pulmones […] La naturaleza, afirma Fourier, evolucionará de tal manera que llegará un tiempo en el que los naranjos florecerán en Siberia y los animales más peligrosos serán sustituidos por sus opuestos. Los ANTI-LEONES, las ANTI-BALLENAS, estarán entonces al servicio del hombre y la bonanza moverá sus barcos. De esta manera, siempre según Fourier, el león podrá usarse como el mejor de los caballos y el tiburón será para la pesca tan útil como ahora el perro para la caza. Surgirán nuevas estrellas que sustituirán a la luna que, por lo demás, a esas alturas empezará a pudrirse.
 En sus últimos años, Fourier […] quería […] fundar un falansterio en el que sólo podrían vivir niños de tres a catorce años, de los cuales él reuniría doce mil; pero su llamamiento no resultó en la realización de ese plan”.
 La libido, sostiene Walter Benjamin, repite su “experiencia primigenia”, que viene de las estrellas y tiene que ver con el “fango” del que surgieron los cuerpos. Un proceso revolucionario (o la emancipación, la racionalidad) que no conoce o no respeta la red de conexiones que surge de él, sólo conseguirá que los hombres se aparten de él. Por eso, una revolución siempre lucha contra el curso del tiempo. Con cada día que pasa, menor es la probabilidad de que termine imponiéndose. Reduce los objetivos hasta que no queda nada que defender.»

     [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, en traducción de Daniel Najmías, pp. 338-346. ISBN: 978-84-339-7457-0.]


martes, 7 de abril de 2020

Quisicosas, traducidas y aumentadas.- Nicolás Estévanez Murphy (1838-1914)

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«Timón, el misántropo, al ver dos mujeres ahorcadas de la rama de una higuera, exclamó convencido : ¡Ojalá llevaran todos los árboles esa misma fruta! […]
 La señorita de Montpensier, hija de Gastón de Orleáns y sobrina de Luis XIII, paseaba un día por la calle de Saint-Honoré, en París, cuando un pobre ciego que pedía limosna le dijo humildemente: Socorred, princesa, a este desgraciado que no puede gozar de las dichas de este mundo.
-¿Sois eunuco? le preguntó la princesa. […]
 Le advertían a una recién casada que la mujer ha de obedecer a su marido, pues lo ordena San Pablo.
 -No soy del parecer de San Pablo, replicaba ella.
 -Es que quien habla por los labios del apóstol es el Espíritu Santo.
 -Pues no soy de la opinión del Espíritu Santo, que ni es mujer ni se ha casado nunca. [...]
 -Me aburro solo, decía bostezando un holandés.
 -No estás solo, contestaba su mujer, puesto que yo estoy aquí.
 -El marido y su mujer no son más que uno, replicaba aquél. […]
 Comparaba Plutarco las orejas de un curioso a ventosas que atraen todo lo malo.
 Un magistrado francés, al ver una escultura que representaba a la Paz y a la Justicia besándose, exclamó : “¡Se despiden para siempre !” […]
 Calpurnia, que ejercía la abogacía en Roma, tuvo la culpa de que se les prohibiera a las mujeres romanas, y después a todas, el ejercicio de esa profesión. Y fue porque una vez, a pesar de su elocuente alegato, perdió un pleito, lo que le produjo tal irritación contra los jueces, que en señal de menosprecio les volvió la espalda, se levantó la ropa y les enseñó con desvergüenza el culo. Ha sido necesario que pasen veinte siglos para que las mujeres vuelvan a ejercer funciones de abogado. Ya no hay peligro de que se repita el acto de Calpurnia: las mujeres modernas son más pudorosas. […]
  Disputando una vez dos mujeres ordinarias, una de ellas cómica, le dijo a la otra en son de menosprecio:
- ¡Actriz!.. .
- ¡Actroz!,  replicó la actriz.
- ¡Animal!
-¡Vegetal! […]
 Al terminarse la construcción del Puente Nuevo, que hoy es el más viejo de los puentes de París, celebraron un banquete los ingenieros y las autoridades, apenas concluida la ceremonia oficial de la inauguración. Pero antes de comenzar el banquete, los ingenieros se hicieron notar unos a otros la presencia de un individuo que, provisto de varios instrumentos, recorría toda la extensión del puente, observaba su altura, tomaba algunas medidas y apuntaba algo en un papel. Creyendo que sería una persona inteligente, y excitada su curiosidad, lo convidaron a comer. A los postres lo invitaron a exponer su juicio, a decir lo que se le ocurriera de la flamante obra, a señalar sus defectos, y él respondió con gravedad:
- Felicito a ustedes por la hermosa idea que han  tenido de hacer el puente a lo ancho, porque si lo hubieran hecho a lo largo no lo acaban tan pronto.
Afortunadamente para el intruso, ya había comido. […]
 -He recibido todos los sacramentos, decía un católico vanagloriándose, menos el del matrimonio.
-Sí, le replicó una duquesa famosa por su ingenio en la corte de Versalles, de ése no habéis recibido el original, ¡pero habéis sacado tantas copias!
 Hablábase, en una reunión alegre, de la metempsicosis. Un banquero, creyendo decir un chiste, declaró que se acordaba de haber sido antes el becerro de oro.
Y un chusco le respondió:
-Pues no habéis perdido más que el dorado. […]
En su lecho de muerte y rodeado de sus amados discípulos, dijo el filósofo Teofrasto:
-He cumplido ciento siete años; ¡y voy a morirme ahora, que apenas empezaba a tener juicio! […]
 Una frase de Voiture: “La belleza es una carta de recomendación que la naturaleza otorga a sus favoritos.” […]
 Ducis le decía a Chamfort: “Si Dios no manda otro diluvio, es porque ha visto la inutilidad del primero.”
 Hay tres clases de amigos: los que nos quieren bien, los que no se cuidan de nosotros y los que nos detestan.
 "De tal manera se distribuyen la censura y el aplauso, decía. Turgot, que el hombre de bien prefiere ser difamado.”
 Preguntáronle a Pope de qué manera lograba tener tantos amigos: “Por medio de dos axiomas, respondió: Todo es posible; todo el mundo tiene razón.” […]
 Sartines, lugarteniente de policía, quiso una vez averiguar los nombres de los personajes que habían cenado la víspera con la célebre Sofía Arnould. Se presentó en su casa. y le preguntó:
 -¿Dónde cenásteis anoche?
quisicosas. estevanez. - Comprar en todocoleccion - 46729498 -No me acuerdo.
 -¿Os acompañaban muchos?
 -Es verosímil.
 -Habría personas de calidad …
 -Probablemente.
 -¿Cómo se llaman?
 -He olvidado sus nombres.
 -Pues a mí me parece que una mujer como vos no debe de olvidar esas cosas.
 -Es que yo no soy una mujer como yo, en presencia de un hombre como vos. […]
 El gran Condé, cansado un día de que le repitieran sin cesar vuestro señor padre, vuestra señora madre, llamó a un sirviente y le dijo: “Señor lacayo, decidle a mi señor cochero que enganche mis señores caballos a mi señora carroza.” […]
 Como ejemplo de testamento lacónico se cita el de un inglés acreedor del Estado, que murió en el siglo XVIII: “No tengo nada, debo mucho, y el resto para los pobres.” […]
 Arengaba Amable Escalante al pueblo de Madrid, desde un balcón muy alto, el 29 de septiembre de 1868. El pueblo no entendía lo que decía el orador, así por su escasa voz como por la distancia; pero lo aplaudía como si lo oyera. Y todo su discurso, si hemos de creer a los que en el balcón se pusieron a su lado, se redujo a repetir cuarenta y cinco veces las palabras que siguen: “¡Mi padre fue liberal, mi abuelo fue liberal, yo soy más liberal que mi padre y que mi abuelo!” Cansado al fin de repetir la frase, tan aplaudida por la multitud, acabó con este apóstrofe, no menos aplaudido: “Amado pueblo, el que no te conozca que te compre!”
 Una señora francesa, leyendo una novela romántica, no pudo acabar la lectura de un capítulo en que dos enamorados se decían ternezas. Y arrojó el libro diciendo: “¡Tanto hablar estando solos!... ¿Qué diablo esperan?” […]
 En uno de sus sermones dijo un predicador: “Admiremos a la Providencia, que ha puesto los ríos próximos a las ciudades.”
 No era menos sabio un negociante español, que al desembarcar en el muelle de Montevideo, exclamó con grotesca seriedad: “¡Qué admirado se quedaría Colón cuando al llegar aquí se encontró con una ciudad tan grande y tan hermosa!”
 El abate Prevot fue nombrado capellán del príncipe de Conli. El príncipe le dijo:
 -Señor abate, habéis querido ser mi capellán y os he nombrado; pero os advierto que yo no tengo costumbre de oír misa.
 -Ni yo tengo costumbre de decirla, respondió el abate. […]
Departían amigablemente el cura y el sacristán. Hablaron de muchas cosas, y al tocar el capítulo de faldas, el primero le preguntó al segundo :
 -¿Con cuántas mujeres del lugar, sin contar la tuya, has tenido relaciones?
 -Señor cura, se lo diré con franqueza; las he tenido con todas, con las treinta y seis. ¿Y usted, señor cura?
 -Yo... con treinta y siete. […]
  A un mismo tiempo se prohibieron en Suiza La Doncella de Voltaire y El Ingenio de Helvecio. El magistrado de Basilea que debía embargar las obras, ofició al Senado: “En todo el cantón no se ha podido encontrar ingenio ni doncella.” […]
 Hablaba un día Luis XIV del poder absoluto de los reyes sobre sus vasallos, afirmando que no tiene límites. El conde de Guiche se atrevió a decirle que todo poder es limitado. Insistió el rey, diciéndole al conde: “Si yo os mando arrojaros de cabeza al mar, debéis hacerlo en seguida.” El conde, sin replicar, se dirigió a la puerta.
-¿A dónde váis?, le preguntó el rey admirado.
-Señor, contestó Guiche, voy a aprender a nadar.»

       [El texto pertenece a la edición en español de Garnier Hermanos, Libreros editores, 1910.]

jueves, 23 de julio de 2015

"El crótalon".- Cristóbal de Villalón (h. 1510 - h.1562)

Universidad de Valladolid
  Vigésimo y último canto

 "Micilo: Quiero que, ante todas cosas, sepas, oh Demofon, que no es la que me fatiga falta de dineros para que con tus tesoros me hayas de remediar; ni de salud para que con médicos me la hayas de restituir. Ni tampoco me aflijo por mengua que me hagan las tus vasijas, aparatos y arreos de tapetes y alhajas, con que en abundancia te sueles servir. Pero fáltame de mi casa un amigo, un compañero de mis miserias y trabajos, y tan igual que era otro yo; con el cual poseía yo todos los tesoros y riquezas que en el mundo hay. Fáltame, en conclusión, una cosa, Demofon, que con ningún poder ni fuerzas tuyas la puedes suplir, por la cual me excuso de te la decir y a ti de la saber.
 Demofon: No en vano suelen decir que al pobre es propio el filosofar, como agora tú. Yo no creo que has aprendido esa rectórica en las escuelas de Atenas, con que agora de nuevo me encareces tu dolor, ni sé qué maestro has tenido dellas de poco acá.
 Micilo: Ese maestro se me murió, cuya muerte es causa de mi dolor.
 Demofon: ¿Quién es?
 Micilo: Sabrás, amigo, que yo tenía un gallo que por mi casa andaba estos días en compañía destas mis pocas gallinas, que las albergaba y recogía y defendía como verdadero marido y varón. Sucedió que, este día de Carnestolendas que pasó, unas mujeres desta nuestra vecindad, con temeraria libertad, haciendo solamente cuenta y pareciéndoles que era el día privilegiado, me entraron en mi casa estando yo ausente, que cautelosamente aguardaron que fuese ansí. Y tomaron mi Gallo y lleváronle al campo; y, con gran grita y alarido, le corrieron, arrojándosele las unas a las otras; y, como suelen decir, daca el gallo, toma el gallo, les quedaban las plumas en la mano. En fin, fue pelado y desnudo de su adornado y hermoso vestido. Y, no contentas con esto, rendiéndosele al desventurado sin poderles huir, confiándose de su inocencia, pensando que no pasara delante su tirana crueldad, subjetándoseles con humildad, pensando que por esta vía las pudiera convencer y se les pudiera escapar, sacaron de sus estuches cuchillos y, sin tener respeto alguno a su inocencia, le cortaron su dorada y hermosa cerviz y, de común acuerdo, hicieron cena opulenta dél.
 Demofon: Pues, ¿por faltarte un gallo te afliges tanto que estás por desesperar? Calla, que yo lo quiero remediar con enviarte otro gallo criado en mi casa, que creo que hará tanta ventaja al tuyo cuanta hace mi despensa a la tuya para le mantener.
 Micilo: ¡Oh, Demofon, cuánto vives engañado en pensar que mi Gallo perdido con cualquiera otro gallo se podía satisfacer!
 Demofon: Pues, ¿qué tenía más?
 Micilo: Óyeme, que te quiero hacer saber que no sin causa me has hallado filósofo rectórico hoy.
 Demofon: Dímelo.
 Micilo: Sabrás que aquel gallo era Pitágoras el filósofo, elocuentísimo varón si les has oído decir.
 Demofon: Pitágoras, muchas veces le oí decir. Pero dime cómo quieres que entienda que el gallo era Pitágoras, que me pones en confusión.
 Micilo: Porque si oíste decir de aquel sapientísimo filósofo también oirías decir de su opinión.
 Demofon: ¿Cuál fue?
 Micilo: Éste afirmó que las ánimas pasaban de un cuerpo a otro. De manera que dijo que, muriendo uno de nosotros, luego desamparando nuestra alma este nuestro cuerpo en que vivó, se pasa a otro cuerpo de nuevo a vivir; y no siempre a cuerpo de hombre. Pero acontece que el que agora fue rey pasa a cuerpo de un puerco, vaca o león, como sus hados y susceso lo permiten, sin el alma lo poder evitar. Y ansí el alma de Pitágoras, después acá que nació, había vivido en diversos cuerpos. Y agora vivía en el cuerpo de aquel gallo que tenía yo aquí.
 Demofon: Esa manera de decir ya la oí que la afirmaba él. Pero era un mentiroso, prestigioso y embaidor. Y también como él era eficaz en el persuadir, y aquella gente de su tiempo era simple y ruda, fácilmente les hacía creer cualquiera cosa que él quisiese soñar".