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miércoles, 13 de mayo de 2020

Los afanes del veraneo.- Carlo Goldoni (1707-1793)

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Acto primero
Escena XII
(Jacinta y Leonardo) 

«Jacinta: Sí, lo amo, lo aprecio, lo quiero, pero no puedo soportar a los celosos.
 Leonardo: (Seco.) Servidor, señorita Jacinta.
 Jacinta: (Seca.) Está usted en su casa, señor Leonardo.
 Leonardo: Discúlpeme si he venido a molestarla.
 Jacinta: (Con ironía.) Está bien, señor maestro de ceremonias, está bien.
 Leonardo: He venido a desearle buen viaje.
 Jacinta: ¿A dónde?
 Leonardo: Al campo.
 Jacinta: ¿Y usted no viene?
 Leonardo: No, señorita.
 Jacinta: ¿Por qué, si se puede saber?
 Leonardo: Porque no quisiera causarle molestias.
 Jacinta: (Con ironía.) Usted no molesta nunca. Usted agrada siempre. Es tan gracioso, que agrada siempre.
 Leonardo: No soy yo el gracioso. Al gracioso* lo llevará con usted en su carroza.
 Jacinta: Yo no soy quien manda, señor. Mi padre es el amo, y es muy dueño de llevar con él a quien quiera.
 Leonardo: Pero la hija se adapta de buena gana.
 Jacinta: Si es de buena o mala gana, usted no es adivino para saberlo.
 Leonardo: Hablemos claro, señorita Jacinta. Esa compañía no me gusta.
 Jacinta: De nada vale que me lo diga a mí.
 Leonardo: Entonces, ¿a quién se lo tengo que decir?
 Jacinta: A mi padre.
 Leonardo: Con él no puedo explicarme libremente.
 Jacinta: Ni yo puedo decidir a mi gusto.
 Leonardo: Pero si tuviera interés en mi amistad, encontraría la manera de no disgustarme.
 Jacinta: ¿Y cómo? Sugiérame usted la manera.
 Leonardo: Bueno, cuando uno quiere, encuentra siempre un pretexto.
 Jacinta: ¿Por ejemplo?
 Leonardo: Por ejemplo, se inventa un problema que retrase la salida y se gana tiempo; y si realmente interesa, se suspende el viaje antes de disgustar a una persona a la que se estima en algo.
 Jacinta: Sí; para hacer el ridículo, ése es el mejor camino.
 Leonardo: Bien, reconozca que no le importo nada.
 Jacinta: Le tengo afecto y estima; pero por culpa suya no quiero quedar mal ante todo el mundo.
 Leonardo: ¿Sería una gran desgracia el que un año no fuera de veraneo?
 Jacinta: ¡Un año sin veraneo! ¿Qué dirían de mí en Montenero? ¿Qué dirían de mí en Liorna? No me atrevería ni a mirar a nadie a la cara.
 Leonardo: Si es así, no le demos más vueltas. Vaya, diviértase y que le aproveche.
 Jacinta: Pero vendrá también usted.
La posadera; los afanes del veraneo; el abanico (Bolsillo) (Tapa ... Leonardo: No, señorita; yo no voy.
 Jacinta: (Amorosamente.) Ande, sí, venga.
 Leonardo: Con ése no quiero ir.
 Jacinta: Pero, ¿qué le ha hecho ése?
 Leonardo: No lo puedo soportar.
 Jacinta: Entonces, el odio que tiene hacia él es más grande que el amor que siente hacia mí.
 Leonardo: Lo odio precisamente por culpa suya.
 Jacinta: Pero, ¿por qué motivo?
 Leonardo: Pues, porque, porque...; no me haga hablar.
 Jacinta: ¿Porque tiene celos de él?
 Leonardo: Sí, porque tengo celos de él.
 Jacinta: Aquí le quería yo. Los celos que tiene de él son una ofensa que me hace mí, porque si está celoso es que me cree una casquivana, una coqueta, una inconstante. Quien estima a una persona no puede nutrir tales sentimientos, y donde no hay estima no hay amor; y si no me ama, déjeme, y si no sabe amar, aprenda. Yo lo amo, y soy fiel y sincera y sé cuál es mi deber; no quiero celos, no quiero desdenes, no quiero hacer el ridículo por nadie, y de veraneo tengo que ir, debo ir y quiero ir. (Sale.)
 Leonardo: Vete, que el diablo te lleve. Pero no, puede ser que no vayas. A lo mejor preparo de tal manera las cosas que tú no vas. Maldito sea el veraneo. En él ha hecho esa amistad; en él ha conocido a ése. Sacrifiquémoslo todo; que diga la gente lo que dice siempre; que diga mi hermana lo que quiera. No vuelvo a ir de veraneo, no voy más al campo. (Sale.)»

 *Se trata de Guillermo, su rival en amores.

    [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 1985, en traducción de Manuel Carrera. ISBN: 84-376-0552-0.]

martes, 7 de mayo de 2019

¡Levantaos! ¡Vamos!.- Juan Pablo II [Karol Jozef Wojtyla] (1920-2005)


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Tercera parte: Compromiso científico y pastoral
Los niños y los jóvenes

«En esta reflexión es necesario dedicar atención a los niños y a los jóvenes. Además de los encuentros con ellos durante las visitas pastorales, había también otros. He prestado siempre una gran atención al mundo estudiantil en particular. Tengo muy bellos recuerdos del campo de la pastoral universitaria, ámbito hacia el que me orientaba el carácter mismo de la ciudad de Cracovia, tradicionalmente centro vivo de estudios académicos. Las ocasiones de encuentro eran de lo más diverso: desde conferencias y debates a retiros y ejercicios espirituales. Obviamente mantenía estrechos contactos con los sacerdotes encargados de la pastoral en este sector.
 Los comunistas habían suprimido todas las asociaciones católicas para la juventud. Hacía falta, pues, encontrar el modo de superar aquella pérdida. Y aquí entró en escena don Franciszek Blachnicki, hoy siervo de Dios. Él fue el iniciador del llamado "Movimiento de los oasis". Me relacioné mucho con aquel movimiento, al que procuré ayudar de diversos modos. Defendí los "oasis" contra las autoridades comunistas. Los sostuve materialmente y también tomé parte en sus reuniones. Cuando llegaban las vacaciones me trasladaba a menudo a los "oasis", es decir, a los campos de verano para los jóvenes pertenecientes a ese movimiento. Predicaba, hablaba con ellos, me unía a sus cantos junto al fuego, participaba en sus excursiones de montaña. Con cierta frecuencia celebraba la Santa Misa para ellos al aire libre. Todo eso constituía la realización de un programa pastoral bastante intenso.
 Durante la peregrinación de 2002 a mi Cracovia, los miembros de los "oasis" cantaron:
 
Tú has venido a la orilla; / no has buscado ni a sabios ni a ricos,
tan solo quieres que yo te siga. / Señor, me has mirado a los ojos,
sonriendo has dicho mi nombre; / en la arena has dejado mi barca,
junto a ti surcaré otro mar.
 
 
 Les dije que, en cierto sentido, aquel canto de los "oasis" me había llevado fuera de la patria, a Roma. Su mensaje profundo me había sostenido también cuando me encontré ante la decisión tomada en el Cónclave. Después, a lo largo de todo el pontificado, nunca me he separado de este canto. Por otra parte, me lo recordaban continuamente, tanto en Polonia como en otros países del mundo. Escuchar eso me hacía pensar siempre en mis encuentros como obispo con los jóvenes. Valoro muy positivamente esta gran experiencia. La he traído conmigo a Roma. También aquí he procurado sacar fruto multiplicando las ocasiones de reunirme con los jóvenes. Las Jornadas Mundiales de la Juventud, en cierto sentido, han nacido de esta experiencia.
 En mi camino de obispo me encontré con un segundo movimiento juvenil: el Sacrosong. Era una especie de festival de música y canto religioso, acompañado de oración y reflexión. Los encuentros se desarrollaban en varias localidades de Polonia y atraían a muchos jóvenes. Yo participé muchas veces y les ayudé en su organización también desde el punto de vista económico. Tengo un buen recuerdo de aquellos encuentros. Siempre me ha gustado cantar. A decir verdad, cantaba cada vez que las circunstancias me lo permitían. Pero ha sido sobre todo con los jóvenes con los que siempre he cantado a gusto. Los textos eran diversos, dependía de las circunstancias: junto al fuego eran cantos populares, los de los scouts; con ocasión de las fiestas nacionales, del aniversario del comienzo de la guerra o de la insurrección de Varsovia, se cantaban cantos militares y patrióticos. Entre estos, me gustaban de modo especial "Las amapolas rojas sobre Monte Cassino", "La primera brigada" y, en general, los cantos de insurrección y de los partisanos.
 El ritmo del año litúrgico, según su propio criterio, orienta la elección de los cantos. Por Navidad, en Polonia se cantan siempre muchos villancicos, mientras que antes de Pascua la liturgia nos sugiere canciones sobre la Pasión. Esos cantos antiguos encierran toda la teología cristiana. Son el tesoro de la tradición viva, que habla al corazón de cada generación y forma en la fe. En los meses de mayo y en octubre, además de los cantos marianos, en Polonia cantamos las letanías y las horas del Pequeño Oficio de la Santísima Virgen María. No es posible hacer una lista completa. ¡Cuánta riqueza de poesía hay en estos cantos populares utilizados hasta hoy! Como obispo procuré cultivar estas costumbres y los jóvenes se mostraban especialmente deseosos de continuar la tradición. Creo que, al mismo tiempo, sacaban provecho de aquel tesoro de fe sencilla y profunda, que nuestros antepasados plasmaron en los cantos.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Random House Mondadori, 2004, en traducción de Pedro Antonio Urbina Tortella. ISBN: 84-01-30530-6.]