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jueves, 23 de abril de 2020

Air mail. Correspondencia 1964-1990.- Tomas Tranströmer (1931-2015) y Robert Bly (1926)

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I.-Abril, 1964 - Diciembre, 1969

«Roxtuna 27-5-64
Querido Robert Bly:
¡Qué satisfacción sentí al oír que aprobó mis traducciones! Todavía me alegró más saber que va a venir a Noruega y Suecia algo más adelante. De repente la idea de una visita me entusiasmó. Tenemos, en relación con el nivel del país, una casa grande (cinco habitaciones, bungalow) y pueden pernoctar aquí. Durante el verano será difícil, vamos a tener un hijo en julio y ya tenemos otra hija, mi esposa ha estado enferma y hemos de tener algún tipo de ayuda doméstica los primeros meses, pero en septiembre ya habrá vuelto todo a la normalidad, entonces habrá una habitación para invitados. El entorno es campestre, aunque algo especial -en realidad es una cárcel-. Trabajo de psicólogo en una institución para jóvenes delincuentes con alguna tara psíquica y el bungalow es la vivienda oficial. Pero ¡no se asuste! A los visitantes les suele parecer un lugar idílico. Está en las afueras de Linköping, a unos doscientos veinte kilómetros al sur de Estocolmo, cerca de la carretera nacional Estocolmo-Malmö. Un lugar muy apropiado para pasar la noche si se va en coche de Estocolmo a Malmö. También se puede viajar en tren y bajarse en Linköping, donde yo lo recogería en la estación. Para que usted pueda reconocerme iré vestido con un frac verde, barba postiza, sombrero de paja, y estaré leyendo la autobiografía de Nixon. Quizá esto también pueda arreglarse de una manera más sencilla.
25 de agosto de 1964
Querido Tomas Tranströmer:
Quisiera pedirte consejo. Estoy pensando en editar un librito titulado Twenty Swedish Poems (veinte poemas suecos) en The Sixties Press. A grandes rasgos, el contenido por ahora es el siguiente: 
 -Pär Lagerkvist - "In i mitt hjärtas blodiga hamn". ("En el ensangrentado puerto de mi corazón".)
 -Karin Boye - "Stenarna (Gud hade givit oss tunga själar av sten)". ("Las piedras [Dios nos ha dado pesadas almas de piedra].)
 -Harry Martinson - "Havsvinden", ("El viento marino"), "Cotton" ("Algodón") y quizá alguno más.
 -Gunnar Ekelöf - Trionfo della morte ("Tre riddare stego ut."). ("Tres caballeros desmontaron".)
 -"Monolog med dess hustru. (Tag tva extra gamla)". ("Monólogo con su esposa [Coge dos viejos]")
 -Etudes I ("Natt och stiltje"). ("Noche y calma".)
 -Etudes III ("En värld är varje människa"). ("Un mundo es cada hombre".)
 -Svanen (I) ("Jag hörde vildgäss över sjukhuset"). ("Oí gansos salvajes sobre el hospital".)
 También, quizá un poema temprano como "Blommorna sover". ("Duermen las flores.")
 Artur Lundkvist - Fragmentos de "Freud"
 Erik Lindegren - "Mannen utan väg, nr. XXIX" ("El hombre sin camino"). (Tengo mis dudas al respecto. No me gusta Lindegren).
 -Karl Vennberg - "Vi har alla gjort vart basta". ("Todos hemos hecho todo lo que podíamos.")
 -Werner Aspenström - "Pa kyrkogarden". ("En el cementerio"). Uno más.
 -Tomas Tranströmer - "Paret" ("La pareja"). Uno más.
 Ahora lo que simplemente quiero es que me comentes la lista de arriba. ¿Quiénes faltan? ¿He omitido a alguien realmente bueno e importante?  ¿Te parece que debo incluir a Lindegren? ¿Tienes alguna propuesta para un tercer poema de Martinson que deba incluir, o para un segundo poema de Aspenström? ¿Qué tal son los poetas más jóvenes? ¿Es bueno Eddegren? Nunca lo he leído, pero su nombre se cita a menudo. Quedo en ascuas a la espera de tus comentarios. Muchas gracias por tu última carta y perdona que haya tardado tanto en contestarla. De alguna manera creí haberlo hecho y me quedé pasmado cuando vi que aún la tenía pendiente. En realidad soy muy malo para responder cartas. Incluso he escrito unos versos sobre ello:


Air mail - nordicalibros.com CARTAS SIN CONTESTAR

Rayos de sol de agosto se filtran a través de los cristales de las ventanas.
Encima de las sillas hay cestos con cartas sin contestar cogiendo polvo.
Seguro que aquí vive un loco de atar.
[…]
 ¿Nació ya la nueva hija? ¡O hijo! Nosotros tenemos dos hijas pequeñas, una que se llama Mary, de dos años y medio (en el libro de Jim Wright hay un poema sobre ella), y otra más joven, Bridget, de quince meses. ¡Sobre todo cuéntame cómo fue! Decididamente iré a visitarte en alguna ocasión más adelante. Este año nos quedamos un mes más aquí y después iremos a pasar tres meses en París y Oslo (visitaremos ambos sitios, pero aún no he decidido en qué orden). Así que necesito saber cuándo vas a viajar a EEUU. Y cuánto tiempo estarás en ese país estragado por Goldwater. ¿Vas con la familia?
 No hay mucho que decir de James Wright. Como él dice en la contracubierta de Saint Judas, ha vivido una vida de "rata de biblioteca, escasa de sucesos". Es mentira, claro, pero algo hay que poner. Nació en Martin's Ferry, Ohio, un centro de la industria del acero no tan apartado del lugar donde nacieron W.S. Merwin, Kenneth Patchen y Jonathan Winters (nuestro mejor cómico de los últimos treinta años). Se gana la vida como profesor universitario de Literatura Inglesa (Dickens sobre todo) y se niega consecuentemente a impartir cursos de "escritura creativa" y poesía. Ha renunciado en varias ocasiones a ser "poet in residence", cuando le quedó claro que el puesto incluía ese tipo de enseñanza, en todos los casos para sorpresa mayúscula de los profesores. Está casado, separado en la actualidad, y tiene dos hijos. Hay un rasgo indomable en su personalidad que lo convierte en una figura muy ambigua, espantosa incluso, a ojos de los académicos. La razón de que lo miren con inquina es la siguiente: obtuvo una beca para estudiar en Kenyon College (donde enseñaba John Crowe Ransom) y de ese modo se apartó del ambiente de las acerías. Más tarde se doctoró en la Universidad de Washington, donde enseñaba Theodore Roethke. Empezó a escribir poesía en el estilo tradicional, yámbico, al que se dedicó en los años cincuenta, y mucha gente del ramo lo consideró el mejor del país en ese tipo tradicional de poesía. De repente abandonó todo eso y empezó a escribir una poesía totalmente distinta, donde se sucedían destellos de brutalidad y calma chicha. Eso conmocionó de veras a los poetas académicos y todavía no se han recuperado. […]
 Espero que te encuentres bien. He escrito a la editorial Bonniers para que me envíen todos tus libros (el ejemplar que leí pertenecía a la biblioteca de la Universidad de Minnesota y no lo tengo conmigo en Europa), y también espero enviarte pronto otra traducción de uno de tus poemas.
 Con mis mejores saludos. »

   [El texto pertenece a la edición en español de Nórdica Libros, 2012, en traducción de Francisco J. Uriz y Juan Capel. ISBN: 978-84-15564-86-7.]

miércoles, 27 de noviembre de 2019

Manual de traducción.- Peter Newmark (1916-2011)

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Parte I: Principios
Capítulo I: Introducción

«La traducción tiene su propia emoción, su propio interés. Y siempre será posible una traducción satisfactoria, aunque un buen traductor no está nunca contento con su versión. Por lo general, siempre se puede mejorar. No existe una traducción perfecta, ideal o "correcta". Un traductor siempre está ampliando sus conocimientos y mejorando su manera de expresarse; está siempre persiguiendo hechos y palabras. Y trabaja en cuatro niveles diferentes: la traducción es, antes que nada, una ciencia que implica el conocimiento y verificación de los hechos y del lenguaje que los describe (aquí se puede identificar lo incorrecto, los errores contra la verdad); es, en segundo lugar, una técnica que requiere un lenguaje apropiado y aceptable; luego, es un arte que distingue entre lo que está bien escrito y lo mediocre (éste sería el nivel creativo, intuitivo, a veces el de la inspiración); y finalmente es cuestión de gustos, donde no tienen nada que hacer los argumentos, donde se expresan las preferencias, donde las diferencias individuales se reflejan en la variedad de traducciones meritorias.
 Aunque admito que sólo hay unos cuantos traductores buenos que sean "naturales" -lo mismo se podría decir de los actores-, me atrevo a sugerir que, como la demanda real de traductores es tan grande y el tema está todavía tan encubierto con argumentos inútiles acerca de su viabilidad, un curso basado en una amplia gama de textos y ejemplos sería de gran provecho para estudiantes de traducción y aspirantes a traductores. Este libro, que pretende ser útil -no esencial-, lo que intenta es establecer un marco de referencia para una actividad que sirve de medio de comunicación, de transmisor de cultura, de técnica -si se usa con discreción hay muchas otras- de aprendizaje de idiomas y de fuente de goce personal.
 Como medio de comunicación, la traducción se usa en carteles y letreros multilingües, que por fin aparecen de forma más clara en sitios públicos; en instrucciones que emiten las empresas de exportación; en anuncios que con demasiada frecuencia y por una cuestión de orgullo nacional están hechos por nativos en una lengua que no es la suya; se usa, además, en documentos oficiales, tales como tratados y contratos; en informes, trabajos de investigación, artículos, correspondencia, manuales que transmiten información, consejos y recomendaciones para cada rama del saber. El volumen de estas traducciones ha aumentado con el auge de los medios de comunicación, el incremento del número de países independientes y el reconocimiento cada vez mayor de la importancia de las minorías lingüísticas en todos los países del mundo. Su importancia ha sido puesta de relieve por la mala traducción del telegrama japonés que se envió a Washington justo antes de lanzarse la primera bomba atómica en Hiroshima (la traducción que se escribió allí de la palabra mokasutu fue ignore, "hacer caso omiso", cuando lo que quería decir era que la respuesta "se reconsideraría") y por la ambigüedad de la resolución 242 de la ONU, donde the withdrawal from occupied territories da en francés le retrait des territoires occupés ("retirada de los territorios ocupados") y les permite así a los árabes interpretar que no basta con una retirada parcial, sino de todos los territorios ocupados en el 1967 (ni que decir tiene que los judíos por el texto inglés interpretan que basta con una retirada parcial).
 Desde que países e idiomas entraron en contacto, la traducción ha sido el instrumento transmisor de la cultura, en ocasiones bajo condiciones desiguales causantes a su vez de traducciones  distorsionadas y parciales. Los romanos, por ejemplo, "saquearon" la cultura griega, la Escuela de Traductores de Toledo pasó a Europa el saber árabe y griego, y hasta el siglo XIX la cultura europea se estuvo inspirando en las traducciones latinas y griegas. En el siglo XIX, la cultura alemana asimilaba a Shakespeare. Y en el siglo XX hemos asistido a la aparición de una literatura universal centrífuga, que comprende la obra de un pequeño número de escritores "internacionales" (Greene, Bellow, Solzhenitsin, Böll, Grass, Moravia, Murdoch, Lessing y algo antes, Mann, Brecht, Kafka, Galdós, Mauriac, Valéry, etc.) y que ha sido traducida a la mayoría de las lenguas nacionales y a muchas regionales. Es de lamentar que no exista otro movimiento cultural centrípeto de autores "regionales" o periféricos.
 Pero la traducción no es sólo un mero transmisor de cultura, sino también un transmisor de la verdad, una fuerza de progreso. Para comprobarlo basta con ver, por un lado, la resistencia con que ha contado la traducción de la Biblia a lo largo de la historia y, por otro, la conservación del latín como una lengua superior, sólo de unos cuantos elegidos, lo que ha obstaculizado el traducir entre otras lenguas.
 Como técnica de aprendizaje de idiomas extranjeros, la traducción es un instrumento de doble vertiente que tiene el objetivo especial de demostrar los conocimientos del idioma extranjero del estudiante, bien como una forma de control, bien para ejercitar su inteligencia a fin de desarrollar su competencia. Este es su punto fuerte en las clases de idiomas, punto que debe claramente distinguirse del que se le suele dar como transmisora de significados y mensajes. La traducción en la enseñanza media, que como disciplina se da desgraciadamente por sabida y de la que apenas se habla, fomenta a menudo versiones absurdas y afectadas, particularmente de pasajes coloquiales, nombres propios y términos institucionales (los diccionarios contribuyen también negativamente con traducciones tan equivocadas como las inglesas de Giacopo por James y Staatsrat por Privy Councillor).»

     [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 1992, en traducción de Virgilio Moya. ISBN: 84-376-1062-1.]

martes, 19 de julio de 2016

"Corazón tan blanco".- Javier Marías (1951)

 
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 "Por fortuna no nos limitamos a prestar nuestros servicios en las sesiones y despachos de los organismos internacionales. Aunque eso ofrece la comodidad incomparable de que en realidad se trabaja sólo la mitad del año (dos meses en Londres o Ginebra o Roma o Nueva York o Viena o incluso Bruselas y luego dos meses de asueto en casa, para volver otros dos o menos a los mismos sitios o incluso a Bruselas), la tarea de traductor o intérprete de discursos e informes resulta de lo más aburrida, tanto por la jerga idéntica y en el fondo incomprensible que sin excepción emplean todos los parlamentarios, delegados, ministros, gobernantes, diputados, embajadores, expertos y representantes en general de todas las naciones del mundo, cuanto por la índole invariablemente letárgica de todos sus discursos, llamamientos, protestas, soflamas e informes. Alguien que no haya practicado este oficio puede pensar que ha de ser divertido o al menos interesante y variado, y aún es más, puede llegar a pensar que en cierto sentido se está en medio de las decisiones del mundo y se recibe de primera mano una información completísima y privilegiada, información sobre todos los aspectos de la vida de los diferentes pueblos, información política y urbanística, agrícola y armamentística, ganadera y eclesiástica, física y lingüística, militar y olímpica, policial y turística, química y propagandística, sexual  y televisiva y vírica, deportiva y bancaria y automovilística, hidráulica y polemologística y ecologística, y costumbrista. Es cierto que a lo largo de mi vida yo he traducido discursos o textos de toda suerte de personajes sobre los asuntos más inesperados (al comienzo de mi carrera llegaron a estar en mi boca las palabras póstumas del arzobispo Makarios, por mencionar a alguien infrecuente), y he sido capaz de volver a decir en mi lengua, o en otra de las que entiendo y hablo, largas parrafadas sobre temas tan absorbentes como las formas de regadío en Sumatra o las poblaciones marginales de Swazilandia y Burkina (antes Burkina-Faso, capital Ouagadougou), que lo pasan muy mal como en todas partes; he reproducido complicados razonamientos acerca de la conveniencia o humillación e instruir sexualmente a los niños en dialecto véneto; sobre la rentabilidad de seguir financiando las muy mortíferas y costosas armas de la fábrica sudafricana Armscor, ya que en teoría no podían exportarse; sobre las posibilidades de edificar una réplica más del Kremlin en Burundi o Malawi, creo (capitales Bujumbura y Zomba); sobre la necesidad de desgajar de nuestra península el reino entero de Levante (incluyendo Murcia) para convertirlo en isla y evitar así las lluvias torrenciales e inundaciones de todos los años, que gravan nuestro presupuesto; sobre el mal del mármol en Parma, sobre la expansión del sida en las islas de Tristan da Cunha, sobre las estructuras futbolísticas de los Emiratos Árabes, sobre la baja moral de las fuerzas navales búlgaras y sobre una extraña prohibición de enterrar a los muertos, que se amontonaban malolientes en un descampado, sobrevenida hace unos años en Londonderry por arbitrio de un alcalde que acabó siendo depuesto. Todo eso y más yo lo he traducido y lo he transmitido y lo he repetido religiosamente según lo iban diciendo otros, expertos y científicos y lumbreras y sabios de todas las disciplinas y los más lejanos países, gente insólita, gente exótica, gente erudita y gente eminente, premios Nobel y catedráticos de Oxford y Harvard que enviaban informes sobre las cuestiones más imprevistas porque se los habían encargado sus gobernantes o los representantes de los gobernantes o los delegados de los representantes o bien sus vicarios.
 Lo cierto es que en esos organismos lo único que en verdad funciona son las traducciones, es más, hay en ellos una verdadera fiebre translaticia, algo enfermizo, algo malsano, pues cualquier palabra que se pronuncia en ellos (en sesión o asamblea) y cualquier papelajo que les es remitido, trate d elo que trate y esté en principio destinado a quien lo esté o con el objetivo que sea (incluso si es secreto), es inmediatamente traducido a varias lenguas por si acaso. Los traductores e intérpretes traducimos e interpretamos continuamente, sin discriminación ni apenas descanso durante nuestros períodos laborales, las más de las veces sin que nadie sepa muy bien para qué se traduce  ni para quién se interpreta, las más de las veces para los archivos cuando es un texto y para cuatro gatos que además no entienden tampoco la segunda lengua, a la que interpretamos, cuando es un discurso. Cualquier idiotez que cualquier idiota envía espontáneamente a uno de esos organismos es traducida al instante a las seis lenguas oficiales, inglés, francés, español, ruso, chino y árabe. Todo está en francés y todo está en árabe, todo está en chino y todo está en ruso, cualquier disparate de cualquier espontáneo, cualquier ocurrencia de cualquier idiota".