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viernes, 3 de julio de 2020

La consolación de la filosofía.- Severino Boecio (480-524/525)

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Libro V: La omnisciencia providente de Dios y la libertad de la voluntad humana son compatibles
Prosa tercera

    «1.-"Pues bien -dije-, ahora surge otra dificultad mayor".
 2.-"¿Cuál? Porque conjeturo ya lo que te inquieta".
 3.-"Me parece que hay absoluta oposición y repugnancia entre la presciencia universal de Dios y la existencia del libre albedrío.
 4.-Porque si Dios todo lo prevé sin que pueda equivocarse, necesariamente ha de verificarse lo que la Providencia ha previsto.
 5.-Luego si desde toda la eternidad conoce no solamente los actos sino también los propósitos y la voluntad de los hombres, no existe el libre albedrío, puesto que no se verificarán más que los actos y propósitos conocidos por la infalible presciencia de Dios.
 6.-Si los acontecimientos pudieran seguir una ruta diferente de la prevista, la presciencia del futuro no sería firme, sino más bien una conjetura incierta; y parece cosa impía atribuir esto a la divinidad.
 7.-Por otra parte me resulta del todo inaceptable la serie de razonamientos con que algunos pretenden soltar el nudo de la cuestión.
 8.-Dicen que si se producen determinados acontecimientos, no es porque hayan sido previstos por la Providencia, sino al contrario, por cuanto se habían de verificar, no pudieron evadirse de la infinita mirada de Dios. Con lo cual no hacen sino invertir la cuestión, sin por eso resolverla.
 9.-Porque lo necesario es que no suceda lo previsto sino que se prevea aquello que ha de suceder; como tratando de averiguar si la presciencia es la causa de que necesariamente ocurra un acaecimiento o a la inversa, si esta necesidad es la causa de la presciencia. Pero lo que importa demostrar es que cualquiera que sea el orden de las causas, forzosamente los acontecimientos cumplen lo previsto, aun cuando esta previsión  o presciencia no implique la necesidad de que aquéllos se verifiquen.
 10.-Por ejemplo: si una persona está sentada, el juicio que esto afirma es necesariamente cierto; y recíprocamente, si es cierto el juicio que afirma que está sentada tal persona, necesariamente aquella persona sentada está.
 11.-Existe, pues, una necesidad en los dos casos: en el segundo, la necesidad de que esté sentada, y en el primero la necesidad de que sea verdadero el juicio que tal cosa afirma.
 12.-Pero si uno está sentado, ello no se cumple porque sea cierto el juicio que lo declara; al contrario, este juicio es verdadero porque antes de él se ha dado el hecho de que alguien estuviera sentado.
 13.-De suerte que aun cuando la verdad procede de causa exterior, en los dos casos existe igual necesidad.
 14.-De análoga manera podemos razonar acerca de la Providencia y de los acontecimientos futuros; pues aun cuando sean previstos porque tienen que suceder, sin ser cierto que sucedan por haber sido previstos, sin embargo, por parte de la Providencia es de toda necesidad que lo que haya de suceder sea previsto y que todo lo previsto se verifique: con lo cual desaparece el libre albedrío humano.
 15.-Ahora bien, sería cosa absurda el afirmar que el desarrollo de los acontecimientos en el tiempo sea la causa de la presciencia divina.
 16.-Creer que Dios prevé las cosas futuras porque han de suceder, equivale a suponer que los hechos pasados son la causa de esta suprema Providencia.
 17.-Por lo demás, si yo sé con certeza que una cosa existe, es necesario que exista; e igualmente si con certeza sé que ha de existir, necesariamente un día u otro existirá: es decir, que es infalible la realización de una cosa prevista.
 18.-Por último, si uno se representa una cosa diferentemente de como es, no sólo tiene conocimiento de ella, sino que su idea es falsa, en un todo opuesta a la verdad del conocimiento.
 19.-Por consiguiente, si debe darse un hecho sin que su realización sea cierta y necesaria, ¿cómo puede preverse su cumplimiento?
LA CONSOLACIÓN DE LA FILOSOFÍA de Boecio: Bueno | Librovicios 20.-Pues así como el conocimiento verdadero excluye el error, de igual manera lo que mediante aquél se sabe no puede meno de existir tal y como se conoció.
 21.-Si la ciencia no conoce la mentira, es porque necesariamente las cosas son como aquélla se las representa.
 22.-¿Y cómo puede Dios prever los futuros inciertos?
 23.-Si juzga inevitable la realización de hechos que pueden no producirse, se equivoca; y es cosa impía no sólo el pensar sino aun decir tal cosa.
 24.-Y si juzga de los hechos como son en sí, es decir, que lo mismo pueden verificarse que no verificarse, ¿a qué se reduce la divina presciencia que nada sabe seguro ni firme?
 25.-En tal caso, ¿en qué se diferencia de aquel ridículo oráculo de Tiresias: 'Cuanto yo dijere, sucederá o no sucederá'?
 26.-¿En qué sería superior la Providencia a la opinión humana, si juzgaba como inciertos los acontecimientos cuya realización no es segura?
 27.-Por lo tanto, si en esta fuente universal del conocimiento en la que todo es certidumbre, nada puede haber incierto, es segura la realización de los hechos que la Providencia prevé como ciertos.
 28.-Luego, ni en los actos ni el propósito humano existe verdadera libertad, puesto que la inteligencia divina que todo lo prevé infaliblemente los encadena y relaciona entre sí de tal modo que necesariamente los conduce a un fin determinado.
 29.-Admitida esta doctrina, desplómase el edificio levantado por los hombres, como es fácil de ver.
 30.-Inútil será prometer recompensas a los buenos ni amenazar con castigos a los malos, ya que no merecieron una cosa ni otra por no ser libres y voluntarios lo movimientos del alma.
 31.-Se verá ser la máxima injusticia lo que hoy se considera la suma equidad, a saber, el castigar a los malos y premiar a los buenos: porque no lleva a los hombres al bien o al mal la propia voluntad, sino la invencible necesidad de lo que fatalmente tiene que suceder.
 32.-No habría ni virtudes ni vicios, sino desordenada e informe confusion de merecimientos. Más diré: si el orden universal procede de la Providencia, si la voluntad humana carece de toda facultad de elección, ¡oh pensamiento impío!, hasta nuestros mismos vicios tendrán por principio al autor de todo bien.
 33.-No habrá, pues, motivo alguno que nos induzca a esperar o a pedir mediante la oración. Porque ¿qué se puede esperar ni qué cabe suplicar si todo lo apetecible está sujeto a leyes inflexibles?
 34.-Con lo cual quedan suprimidos los únicos lazos que unen al hombre con Dios, la esperanza y la oración. Creemos, en efecto, que por el mérito de una humildad justa nos granjeamos el incomparable favor del beneplácito divino; y éste es el único medio de hablar con Dios y de unirnos, mediante la adoración, a su luz inaccesible, aun antes de poseerla".»
     
   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Sarpe, 1984, en traducción de Pablo Masa. ISBN: 84-7291-692-8.]

viernes, 7 de febrero de 2020

Compendio de revelaciones.- Girolamo Savonarola (1452-1498)

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«Tras esta predicación, en el curso de otras predicaciones mías, a menudo he dicho y he confirmado públicamente que el rey de Francia [Carlos VIII] ha sido elegido en ministro de la justicia divina por Dios, y que prosperará y alcanzará la victoria por más que se le oponga todo el mundo. Cierto es que tal como ya le escribí a él personalmente, para mantenerlo en la humildad, se sucederán muchas tribulaciones; sobre todo si él no se preocupa de corregir los males que cometen aquellos que le sirven, y en particular, si no tratara bien a la ciudad de Florencia. Puesto que Dios inducirá a los pueblos de éste a la rebelión, y permitirá que surjan numerosos adversarios y graves dificultades: y Dios quiere que éste sea amigo y protector de la ciudad de Florencia, la cual ha sido elegida para iniciar la reforma de Italia y de la Iglesia. Así que si él no querrá ser amigo de los Florentinos por propia voluntad, Dios le hará serlo a la fuerza. Además, puesto que ha sido designado ministro de la justicia divina, si se humilla y asume su condición de elegido, no se hundirá ante las tribulaciones; por el contrario, una vez humillado y purgado, resurgirá victorioso, y cuando los hombres le juzguen ya vencido, entonces se alzará triunfante, y observando lo que Dios le ha anunciado, conquistará un enorme reino. De otro modo, si se conduce por aquella vía que no es del agrado de Dios, podrá ser reprobado, tal y como el primer rey de Israel, Saúl; y podría ser elegido otro en su lugar, tal y como David fue elegido en el lugar de Saúl. En efecto, estas promesas y gracias concedidas personalmente al rey de Francia son condicionadas y no absolutas; absolutas son, en cambio, las profecías referidas a la reforma de la Iglesia y las gracias prometidas a los florentinos. Y para que todo el mundo entienda qué significa una profecía condicionada y qué una absoluta, debe tenerse presente que Dios conoce las cosas futuras de dos maneras: por un lado, en cuanto que están siempre presentes ante su eternidad; por otro lado, porque ellas mismas proceden del orden de sus causas. Y aunque Dios conozca estas cosas siempre simultáneamente en estos dos modos, sin embargo (porque el efecto no recibe toda la virtud de su causa, particularmente cuando la causa es de una excelencia extraordinaria, como en el caso de Dios), no siempre los profetas reciben de Dios juntamente la cognición de las cosas futuras en estos dos modos citados: sino que algunas veces la reciben en el primer modo, y entonces esta cognición se dice profecía de presciencia o de lo predestinado; otras veces en el segundo modo, y entonces a tal cognición se la llama profecía condicionada por conminación o promisión: puesto que es necesario entender que estas cosas anunciadas vendrán a ser solamente si no varía el orden de las causas, de las cuales rigurosamente dependen. Así que Jonás dijo: adhuc quadraginta dies et Ninive subvertetur [de aquí a cuarenta días, Nínive será destruida], que ciertamente no eran falsas palabras, puesto que eran entendidas de este modo: que los pecados de Nínive eran merecedores de que tras cuarenta días ésta fuera destruida. Similarmente Isaías dijo a Ezequiel, rey de Jerusalén: “Dispone domui tuae, quia morieris tu, et non vives” [Dispón de tu hacienda, porque morirás y no has de vivir]. Y estas palabras eran entendidas así: que la disposición de su cuerpo era tal, que estaba condenado a la muerte, a la cual no podía eludir por vía natural. Por tanto, el profeta, que es instruido por Dios, y que debe obedecer a Dios con simplicidad, debe asimismo anunciar las cosas futuras tal y como le han sido comunicadas por Dios; de otra manera incurriría en pecado, como sucedió con Jonás, que después fue castigado por su desobediencia, tal y como viene escrito en el relato de su profecía. Así pues, por inspiración divina, digo que si el rey de Francia observará lo que dijimos anteriormente, sin ninguna duda se alzará con la victoria y adquirirá un enorme reino; y si no lo observará, su causa correrá un enorme riesgo; y si no es ayudado por las plegarias de los justos, será reprobado por Dios, como ya dijimos precedentemente.
  A menudo aseguré también que todos los que atribulan a los florentinos sufrirán la tribulación de Dios. Y de esto, aparte de la autoridad de la luz divina, ya he alegado alguna razón: porque, transformado el régimen, el gobierno y las anteriores formas, este nuevo Estado y este pueblo, que reconquistó su libertad recientemente, a ningún pueblo o señor hasta ahora ha causado daño o injusticia. Así pues, quien atribula ahora a éstos, injustamente los ofende, y se hace acreedor de un castigo de parte de la justicia divina.
  Igualmente, prediqué públicamente, y reafirmo nuevamente por divina inspiración, que cualquier ciudadano florentino, de dentro o de fuera, que intente usurpar el poder de esta ciudad o violentar el novísimo régimen, a éste Dios le castigará gravemente con toda su casa y con todos sus seguidores, y finalmente, hará que terminen todos mal.
  Asimismo, ratificado por la luz divina, abiertamente ante todo el pueblo, vuelvo a confirmar que lo que ha sido prometido a Florencia se verificará ineludiblemente, incluso si todo el mundo se le pone en contra. Y que si los florentinos, que ya se han iniciado en la vida honrada, continúan y van mejorando en ella, en primer lugar disminuirían mucho sus tribulaciones antes de la prosperidad futura; segundo, de esta manera conseguirán que se cumplan rápidamente las promesas de la gracia; tercero, participarán de esto tanto ellos como su descendencia, aunque mucho más los hijos que los padres. Pero si las gracias anteriormente descritas ha sido prometidas en sentido absoluto a la ciudad de Florencia, no han sido prometidas a ninguna persona en particular. Por tanto, a muchos hombres malvados no se les hará partícipes de éstas, al menos si éstos no se enmiendan. Y en relación con esto dije alguna vez al pueblo que en un libro anoten de una parte a todos los que no creen y contradicen, y de otra parte a todos los que creen y siguen esta doctrina: prontamente verán que siete octavas partes de las tribulaciones concernirán a los descreídos y hostigadores. Conforto, pues, a todos a creer y a demostrar su fe con las obras. Porque esto no podrá dañar a nadie, sino sólo ser fuente de disfrute y de laude y gloria de nuestro Salvador Jesucristo qui cum Patre et Spiritu Sancto est Deus benedictus in saecula saeculorum. Amen.
  Yo sé que muchos hombres bestiales e inexpertos en estas cosas se harán befa de mí y dirán que estas cosas han sido halladas y dispuestas por la invención humana, y que son más bien ficciones poéticas que visiones o profecías. Vuélvanse éstos a leer a los profetas, sobre todo a Ezequiel, a Daniel y Zacarías y encontrarán cosas similares actuadas en ellos por el Espíritu Santo, las cuales ellos escribieron sin declarar su misterio, el cual dejaron a la discreción de los santos doctores. Y pueden creer éstos que los profetas vieron muchas cosas con innumerables particulares que no escribieron. Pero yo he querido extender esta visión y su revelación para consolar a los elegidos y para quitar de en medio tantas calumnias de los adversarios y todo pese a que, en realidad, mi intención era ocultarla. Pero, como ya he dicho, me he visto obligado a escribirla. Y todo lo que yo he escrito es cierto, y no sucederá la más mínima cosa en la tierra que no se ajuste a ello. Y si bien yo me he esforzado por escribir todo claramente, con todo creo que muchos tendrán diversas dificultades, como también los Evangelios, aunque parecen muy claros, presentan en realidad muchas dudas; y mucho más en el caso de los escritos de los profetas, que presentan múltiples contradicciones, a las cuales los santos doctores sólo tras un gran esfuerzo consiguen darles coherencia.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Los Libros de la Catarata, 2000, en traducción de Juan Manuel Forte. ISBN: 84-8319-091-5.]