Disciplina
«La constancia del régimen, su exactitud y obligatoriedad no pueden subsistir si los padres mismos no le atribuyen importancia y, mientras exigen su cumplimiento a los hijos, viven en forma desordenada, sin someterse a norma alguna. Es natural que el régimen de los padres sea distinto al de los niños, pero las diferencias no son de principio. Si se exige a los niños que no lean libros durante la comida, tampoco deben hacerlo los padres. Al insistir a los niños que se laven las manos antes de comer, hay que darles ejemplo. Lo mismo en cuanto al arreglo de la cama, que no es tarea difícil ni deshonrosa. Todos estos detalles tienen más valor de lo que habitualmente se cree.
El régimen familiar debe contener normas para las siguientes situaciones: la hora exacta de levantarse y acostarse, tanto en los días de trabajo como de descanso; aseo y conservación de la limpieza, plazos y reglas del cambio de ropa, de los trajes, su uso y limpieza; que todas las cosas tengan su lugar y quede todo en orden después del trabajo o del juego. Desde la más temprana edad los niños aprenderán a usar el tocador, el lavabo, la bañera; a cuidar la luz eléctrica, encendiéndola y apagándola cuando sea necesario. Para la mesa habrá un régimen especial. El niño debe acudir a tiempo, conocer su lugar, conducirse correctamente, usar tenedor y cuchillo, no manchar el mantel, no tirar trozos sobre la mesa, consumir todo lo que tiene en el plato y para ello no pedir exceso de alimento.
La distribución del tiempo laborable del niño debe someterse a un régimen estricto, cosa muy importante cuando empieza a concurrir a la escuela. Pero ya con anterioridad, es aconsejable una exacta distribución del tiempo para la comida, juego, paseo, etc.
Es necesario dedicar mucha atención al movimiento de los niños. Hay quien cree que necesitan correr mucho, gritar y, en general, manifestar su energía en forma turbulenta. No cabe duda de que la necesidad de moverse es mayor en los niños que en los adultos, pero tiene su límite y debe encuadrarse en ciertos principios. Es necesario formar en los niños la costumbre de moverse con una finalidad y la capacidad de moderarse en caso de necesidad. Las carreras y saltos en la habitación no son admisibles, para ello están el patio y el jardín, que son más adecuados. Del mismo modo es necesario habituar a los niños a que sepan moderar su voz: el grito, el chillido, el llanto fuerte, son todos fenómenos del mismo orden, más que una necesidad real denuncian un estado nervioso enfermizo. Los padres suelen ser los responsables de la estridencia de los hijos. No es raro que ellos mismos griten y actúen con nerviosismo en vez de introducir en la atmósfera familiar un tono de tranquilidad.
El régimen interno de la familia dentro de la vivienda, a diferencia de lo que ocurre con el régimen externo, depende por entero de los padres. El niño pasa cierta parte de su tiempo con sus compañeros fuera de su casa: en los paseos, plazas, pistas de patinaje o en la calle. Con el transcurso de la edad la compañía de los amigos tiene un papel cada vez mayor. Desde luego que los padres no pueden asumir la dirección de esas influencias, pero tienen la posibilidad de controlarlas, lo que en la mayoría de los casos es suficiente cuando en la familia se formó una experiencia sana de la vida de relación, de la confianza mutua y de la veracidad, y se cimentó correctamente la autoridad paterna. Para ejercer ese control y tener la posibilidad de orientar en cierta medida la influencia del ambiente, los padres necesitan en primer término conocerlo. Muchos casos de mala conducta y con más razón de desviaciones serias no sucederían si los padres conocieran más de cerca a los compañeros del hijo, a los padres de esos compañeros; si supieran en qué consisten sus juegos -participando en ellos-, los acompañaran en los paseos, al cine, al circo, etc. Semejante acercamiento activo de los padres a la vida de los hijos no es una tarea difícil y comúnmente proporciona satisfacciones. Permite conocer más de cerca la esencia de esa vida de relación y facilita la colaboración recíproca. Además -y éste es su efecto más fecundo- brinda a los padres la posibilidad de compartir las impresiones de los hijos y, en tales ocasiones, exponerles su opinión sobre los compañeros, su conducta, la apreciación de sus actitudes y la utilidad o perjuicio de algunos entretenimientos.
La familia es una institución muy importante y comporta para el hombre una gran responsabilidad. Ella brinda plenitud a la vida y proporciona felicidad, pero ante todo -especialmente en la sociedad socialista- es una institución que tiene importancia estatal. Por eso el régimen familiar debe estructurarse, desarrollarse y actuar esencialmente como una institución práctica. Los padres no deben temer el uso de un tono serio, creyendo que está en contradicción con su afecto o que puede ocasionar frialdad en las relaciones. Afirmamos que solamente un tono formal, serio, auténtico, puede crear en la familia la atmósfera tranquila necesaria para una educación correcta de sus miembros.
Las órdenes deben ser impartidas en un tono tranquilo, equilibrado, afable, pero siempre decidido, los niños deben acostumbrarse desde la más temprana edad a ese tono, a someterse a la orden y cumplirla con voluntad. Se puede ser con el niño todo lo cariñoso que se quiera, bromear y jugar con él, pero cuando surge una necesidad es menester adoptar las decisiones con prontitud y transmitirlas brevemente con una actitud y tono tales que no quepa duda acerca de su corrección y de la necesidad de cumplirlas.
Ello debe hacerse desde que el primer hijo tenga de uno y medio a dos años. No es un asunto difícil. Hay que tener cuidado solamente de que la orden satisfaga los siguientes requisitos:
1.-No debe impartirse con hosquedad, gritos ni irritación, sin que tampoco parezca un ruego.
2.-Su cumplimiento debe estar al alcance de las posibilidades del niño; no exigirle un esfuerzo excesivo.
3.-Debe ser racional, o sea, no contradecir al buen sentido.
4.-No debe contradecir otra orden del padre o de la madre.
Una vez impartida, la orden debe ser cumplida. Es muy perjudicial que los padres mismos la olviden. En los problemas familiares, al igual que en otros cualesquiera, es necesario un control y verificación constantes.»
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