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sábado, 25 de agosto de 2018

La mentalidad maya. Textos literarios.- Anónimo (2000 a. C. - 1700)

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Textos de origen lacandón
Ante un eclipse de sol
«Oh, Señor, el más excelente, no permitas que este fuego desaparezca. Sal fuera, al calor, después cumpliré contigo, oh Señor, el más excelente. Mira, sal, ven al calor, yo, aunque pobre, veo al más excelente. Está oprimido. No me he equivocado. No me relaciono con nadie, oh Señor, yo no me relaciono con nadie, ni con los míos, oh Señor. [...]

Ofrenda de las primicias de la cosecha de fríjoles a los braseros de los dioses
 He aquí los primeros fríjoles. Te los doy, ¡oh Señor! Yo los comeré. [...]

Una ofrenda de posol ofrecida en el fuego
 Mi ofrenda de posol es para ti, ¡Padre! Frente a ti vierto, sirvo de nuevo en tu boca, para tu bienestar, para que vengas y divinices a mis hijos, para que desciendas. Detén tu paso para beber mi ofrenda, que es para ti. Mi ofrenda es para ti, ¡Padre!, a ti te la doy para que la ofrezcas al padre. Mi ofrenda es para ti, ¡Padre!, frente a ti la ofrezco nuevamente para ti, para ti, para tu felicidad. Toma la ofrenda, es para ti. Tómala, es para ti, es regalo para ti. Toma la ofrenda de nuevo, para tu felicidad, para que alegres a mis hijos. Toma la ofrenda para que me alegres. Yo, solo, te hago sacrificio. [...]

Las hojas de palma eran sostenidas sobre el humo de incienso ardiente
 Frente a ti inhalo tu humo, por eso estoy bien. Yo gozo de la vida. Yo te sacrifico. Que no me muerda la serpiente, que no me muerda el tigre. Por eso estoy bien. Que no haya dolor. Que no haya fiebre. Que no aprisione el dolor al espíritu de mis hijos. Que no aprisione la fiebre al espíritu de mis hijos, ni al espíritu de mis hijos ni al de mi mujer.

 Plegaria por un niño pequeño, con hojas de palma purificadas por el humo del incienso
 Guarda a mi hijo, mi Señor, que no tenga dolor, que no tenga fiebre. Que no lo aprisione el dolor en los pies. No lo castigues con fiebre en los pies. No castigues a mi hijo con mordeduras de serpiente. No lo castigues con la muerte. Mi hijo juega, se divierte. Cuando crezca, él te hará ofrenda de posol, él te dará ofrenda de copal. Cuando crezca, te dará tortillas. Cuando crezca, te dará papel. Cuando crezca, te hará sacrificio. [...]

Tonada semirritual para la fermentación de la bebida sagrada
 La corteza [del balch'é] pasa por mis manos, la corteza [del balch'é] pasa por mis pies. Yo soy el que oficio primero. Yo soy el que ayuda a oficiar. Yo soy el que le da calor. Yo soy el que lo hace hervir. Yo soy el que hace hervir. Yo soy el que oficio primero. Yo soy el que lo mueve con cuchara. Yo lo mezclo. Yo soy el que lo oficio después. Lo curaré con chile verde, eso quita, hace buenas las penas. Lo curaré con chile verde y me pondré bueno, me hará mentir [en la embriaguez]. [...]

Purificación por el fuego del copal
 ¡Que se rompa! ¡Que se quiebre! Yo te quemo. ¡Vive! ¡Despierta! No duermas, ¡trabaja! Yo soy el que te despierta a la vida. Yo soy el que te eleva a la vida, dentro del recipiente. Yo soy el que te reanima. Yo soy el que te despierta a la vida. Yo soy el que te eleva a la vida. Yo soy el que construye tus huesos. Yo soy el que construye tu cabeza. Yo soy el que construye tus pulmones. Soy el que te construye, tu hacedor. Para ti, esta bebida sagrada. Para ti, esta ofrenda de balch'é. Yo soy el que te eleva a la vida. ¡Despierta! ¡Vive!     

 Ofrenda a los dioses, de papel de corteza de árbol de artesanía
 Hélo aquí. Acepta mi papel. Con él te envuelvo la cabeza, de nuevo, para tu felicidad. Es para ti, para que cuides a mis hijos. Cuando ellos crezcan, mis hijos te harán sacrificio. Acepta el papel, es para ti, ofrécelo al padre. Con él te envuelvo la cabeza, para que cuides a mi esposa, que hace posol, que hace tortillas. [...]

 Agua sagrada sobre el fuego en nombre de los dioses
 Agua sagrada vierto y sirvo en tu boca. Te estoy dando agua sagrada otra vez para tu bienestar, es para ti, ofrécela al padre. Agua sagrada vierto y sirvo para ti, en tu boca, es para ti, para ti, ven y mira. Desciende, mira. Frente a ti cumplo con agua sagrada, que vierto y sirvo en tu boca. Es para ti, para que la bebas de nuevo para tu bienestar. Agua sagrada te doy en la boca, de nuevo, para tu bienestar. Anímense, hijos míos. Agua sagrada te doy. Anímate, esposa mía. Agua sagrada te doy de nuevo en la boca para tu bienestar. Me animo. Yo, solo, te hago sacrificio.»

 [Los fragmentos pertenecen a la edición en español de Editora Nacional, en edición de José Vila Selma. ISBN: 84-276-0554-4.]

viernes, 29 de diciembre de 2017

"La mentalidad maya. Textos literarios".- Anónimo (s. XVI)


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Anales de los Kachiqueles

«Aquí escribiré unas cuantas historias de nuestros primeros padres y antecesores, los que engendraron a los hombres en la época antigua, antes que estos montes y valles se poblaran, cuando no había más que liebres y pájaros, según contaban; cuando nuestros padres y abuelos fueron a poblar los montes y valles. ¡Oh, hijos míos!, en Tulán.
 Escribiré las historias de nuestros primeros padres y abuelos que se llamaban Gagavitz, el uno, y Zactecauh, el otro, las historias que ellos nos contaban: que del otro lado del mar llegaron al lugar llamado Tulán, donde fuimos engendrados y dados a luz por nuestras madres y nuestros padres, ¡oh hijos nuestros!
 [...] este es el principio de las historias que contaban Gagavitz y Zactecauh:
 De cuatro lugares llegaron las gentes a Tulán. En oriente está una Tulán; otra en Xibalbay; otra en el poniente, de allí llegamos nosotros del poniente; y otra donde está Dios. Por consiguiente, había cuatro Tulanes, ¡oh hijos nuestros! Así dijeron: "Del poniente llegamos a Tulán, desde el otro lado del mar; y fue a Tulán a donde llegamos para ser engendrados y dados a luz por nuestras madres y nuestros padres." Así contaban.
 Entonces fue creada la piedra de Obsidiana por el hermoso Xibalbay. Entonces fue hecho el hombre por el Creador y el Formador, y rindió culto a la piedra de Obsidiana.
 Cuando hicieron al hombre, de tierra lo fabricaron, y lo alimentaron de árboles, lo alimentaron de hojas. Únicamente tierra quisieron que entrara en su formación. Pero no hablaba, no andaba, no tenía sangre ni carne, según contaban nuestros antiguos padres y abuelos ¡oh, hijos míos! No se sabía qué debía entrar en el hombre. Por fin se encontró de qué hacerlo. Sólo dos animales sabían que existían el alimento en Paxil, nombre del lugar donde se hallaban aquellos animales que se llamaban el coyote y el cuervo. El animal coyote fue muerto y entre sus despojos, al ser descuartizado, se encontró el maíz. Y yendo el animal llamado Tiuh-tiuh a buscar para sí la masa del maíz, fue traída de entre el mar por el Tiuh-tiuh la sangre de la danta y de la culebra y con ellas se amasó el maíz. De esta masa se hizo la carne del hombre por el Creador y Formador. Así supieron el Creador, el Formador, los Progenitores, cómo hacer al hombre formado, según dijeron. Habiendo terminado de hacer al hombre formado resultaron trece varones y catorce mujeres; había una mujer de más.
 En seguida hablaron, anduvieron, tenían sangre, tenían carne. Se casaron y se multiplicaron. A uno le tocaron dos mujeres. Así se unieron las gentes, según contaban los antiguos ¡oh, hijos nuestros! Tuvieron hijas, tuvieron hijos aquellos primeros hombres. Así fue la creación del hombre, así fue la hechura de la piedra de Obsidiana.
 Y poniéndonos en pie, llegamos a las puertas de Tulán. Sólo un murciélago guardaba las puertas de Tulán. Y allí fuimos engendrados y dados a luz; allí pagamos el tributo en la oscuridad y en la noche ¡oh, hijos nuestros!, decían Gagavitz y Zactecauh. Y no olvidéis el relato de nuestros mayores, nuestros antepasados. Estas fueron las palabras que nos legaron.
 [...] Hacía tiempo que habían llegado las siete tribus y, poco después, comenzaron a llegar los guerreros. Luego llegamos nosotros los cakchiqueles. En verdad, fuimos los últimos en llegar a Tulán. Y no quedaron otros después que nosotros llegamos, según contaban Gagavitz y Zactecauh.
 De esta manera nos aconsejaron: "Éstas son vuestras familias, vuestras parcialidades", les dijeron a Gekaquch, Baqaholá y Zibakihay. Estos serán vuestros jefes, uno es el Ahpop, el otro el Ahpop Qamahay. Así les dijeron a los Gekaquch, Baqaholá y Zibakihay. "Procread hijas, engendrad hijos, casaos entre vosotros los señores", les dijeron. Por lo tanto, ellos fueron madres y abuelas. Los primeros que llegaron fueron los Zibakihay; después llegaron los Baqaholá y luego los Gekaquch. Estas fueron las primeras familias que llegaron.
 Más tarde, cuando llegamos nosotros los jefes, se nos mandó de esta manera por nuestras madres y nuestros padres: "Id, hija mía, hijo mío, tu familia, tu parcialidad se ha marchado. Ya no debes quedarte atrás, tú el hijo más pequeño. En verdad, grande será tu suerte." Búscalos, pues, le dijeron el ídolo de madera y de piedra llamado Belehé, Toh y el otro ídolo de piedra llamado Hun Tihax. "Rendid culto a cada uno", se nos dijo. Así contaban.
 En seguida se revistieron de sus arcos, escudos, cotas de algodón y plumas y se pintaron con yeso. Y vinieron las avispas, los abejorros, el lodo, la obscuridad, la lluvia, las nubes, la neblina. Entonces se nos dijo: "En verdad, grandes serán vuestros tributos. No os durmáis y venceréis, no seréis despreciados, hijos míos. Os engrandeceréis, seréis poderosos. Así poseeréis y serán vuestros los escudos, las riquezas, las flechas y las rodelas. Si se os tributan piedras preciosas, metal, plumas verdes y azules, canciones por vosotros despreciadas, vuestras serán también; seréis más favorecidos y se os alegrarán los rostros. Las piedras de jade, el metal, las plumas verdes y azules, las pinturas y esculturas, todo lo que han tributado las siete tribus os alegrará los rostros en vuestra patria; todos seréis favorecidos y se os alegrarán los ojos con vuestras flechas y vuestros escudos. Tendréis un jefe principal y otro más joven. A vosotros los trece guerreros, a vosotros los trece señores, a vosotros los jefes de igual rango, os daré vuestros arcos y vuestros escudos. Pronto se van a alegrar vuestros rostros con las cosas que recibiréis en tributo, vuestros arcos y vuestros escudos. Hay guerra allá en el oriente, en el llamado Zuyva; allá iréis a probar vuestros arcos y vuestros escudos que os daré. ¡Id allá, hijos míos!" Así se nos dijo cuando fuimos a Tulán, antes que llegaran las siete tribus y los guerreros. Y cuando llegamos a Tulán fue terrible, en verdad; cuando llegamos en compañía  de las avispas y los abejorros, entre las nubes, la neblina, el lodo, la obscuridad y la lluvia cuando llegamos a Tulán.
 Al instante comenzaron a llegar los agoreros. A las puertas de Tulán llegó a cantar un animal llamado Guardabarranca, cuando salíamos de Tulán. "Moriréis, seréis vencidos, yo soy vuestro oráculo", nos decía el animal. "¿No pedís misericordia para vosotros? ¡Ciertamente, seréis dignos de lástima!" Así nos habló este animal, según contaban.»
  
 [El extracto pertenece a la edición en español de Editora Nacional, 1981. ISBN: 84-276-0554-4.]