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domingo, 3 de septiembre de 2023

La ética del hacker y el espíritu de la era de la información.- Pekka Himanen (1973)


Pekka Himanen - Wikipedia, la enciclopedia libre
Segunda parte: La ética del dinero

Capítulo 4: La academia y el monasterio
El modelo hacker de aprendizaje

 «Huelga decir que la academia fue influyente mucho antes de que hubiera hackers informáticos. Por ejemplo, a partir del siglo XIX, toda la tecnología industrial (electricidad, teléfono, televisión, etc.) hubiera sido impensable sin el sostén de la teoría científica. La revolución industrial tardía marcó ya una transición hacia una sociedad que se sostenía en resultados científicos; los hackers nos advierten que, en la era de la información, más importante aún que los resultados científicos discretos, es el modelo académico abierto que permite su creación.
 Se trata de un concepto esencial. De hecho, es tan importante que la segunda razón de peso a favor del éxito pragmático del modelo hacker parece estribar en que su aprendizaje se modela como si fuera un nuevo software (que podría considerarse la frontera de su aprendizaje colectivo). Por tanto, su modelo de aprendizaje tiene la misma solidez que el modelo de desarrollo.
 El proceso de aprendizaje característico del hacker empieza con el planteamiento de un problema interesante, sigue con la búsqueda de una solución mediante el uso de diversas fuentes, y culmina con la comunicación del resultado para su exhaustiva composición. Aprender más sobre un tema se convierte en la pasión del hacker. Linus Torvalds aprendió a programar con un ordenador heredado de su abuelo. Supo plantearse los problemas y descubrió que necesitaba saber cómo resolverlos. Muchos hackers han aprendido a programar de un modo igualmente informal, dando curso a sus pasiones. El ejemplo de la capacidad de niños de diez años para aprender cuestiones muy complicadas de programación habla muy a las claras de la importancia de la pasión en el proceso de aprendizaje, a diferencia de lo lenta que les resulta a menudo la educación a sus coetáneos en las escuelas tradicionales.
 Más tarde, los inicios del sistema operativo de Torvalds surgieron de sus exploraciones en el procesador del ordenador que adquirió en 1991. Como sucede en el caso de cualquier hacker, los simples experimentos con un programa que se limitaba a probar las características del procesador, haciendo que escribiera conjuntos de A o de B, pasaron paulatinamente a expandirse en un proyecto de programa capaz de leer grupos de noticias en Internet y, después, a la ambiciosa idea de un sistema operativo. Si bien Torvalds es un programador autodidacta, en el sentido de que ha adquirido sus conocimientos básicos sin asistir a clases, no lo aprendió todo por sí mismo. Por ejemplo, para familiarizarse con los sistemas operativos, estudió los códigos fuentes del Minix de Tanenbaum, así como otras fuentes de información facilitadas por la comunidad hacker. Desde un principio, como hacker genuino, no vaciló nunca en pedir ayuda para enfrentarse a preguntas de áreas en las que aún no era experto.
 Una fuerza primordial de este modelo de aprendizaje estriba en que un hacker, al aprender, enseña a los demás. Cuando se pone a estudiar el código fuente de un programa, a menudo lo desarrolla hasta un estadio ulterior, y otros pueden aprender de su trabajo. Cuando un hacker comprueba las fuentes de información de utilidad procedente de su propia experiencia. Alrededor de diversos problemas se organiza un debate continuado, crítico y en evolución. Y la recompensa por el hecho de participar en este debate es el reconocimiento de los iguales.
 Podría darse el nombre de “Academia red” a este modelo de aprendizaje abierto, ya que se trata de un entorno de aprendizaje en continuo estado de evolución que es creado por los propios hackers. Este modelo de aprendizaje tiene muchas ventajas. En el mundo de la programación hacker, los maestros o ensambladores de fuentes de información a menudo son aquellos que acaban de aprender algo. Esto es beneficioso porque alguien que acaba de adentrarse en el estudio de un tema suele estar en mejores condiciones de enseñarlo a otros que el experto, que ya no lo aborda con el mismo vigor y, en cierto sentido, ya no comprende tan bien cómo piensan los novicios. Para un experto, compenetrarse con alguien que está aprendiendo supone una inevitable simplificación, a la que suele resistirse por razones intelectuales. Tampoco la enseñanza de los principios básicos le suele parecer especialmente satisfactoria, mientras que para un estudiante puede ser en extremo gratificadora, ya que por norma no disfruta de la posición de instructor y generalmente no se le ofrecen suficientes oportunidades para ejercitar sus aptitudes. El proceso de enseñanza comporta también, por su misma naturaleza, el análisis comprensivo de su materia. Para que uno sea realmente capaz de enseñar algo a los demás, debe tenerlo ante todo muy claro él mismo. Mientras prepara el material, debe examinarlo con todo detalle teniendo en cuenta las preguntas y los argumentos contrarios que puedan plantearse.
 Una vez más, el modelo hacker se asemeja a la Academia de Platón, donde los estudiantes no eran considerados puros receptores del conocimiento transmitido, sino que eran tratados como compañeros en el aprendizaje (synetheis). En el enfoque de la Academia, la tarea central de la enseñanza consistía en fortalecer la capacidad del alumno para plantear los problemas, desarrollar las argumentaciones noéticas y avanzar críticas. En consecuencia, la calidad del maestro se identificaba metafóricamente con el arte de la comadrona, de la casamentera, y del maestro de ceremonias en los banquetes. No era tarea del maestro inculcar en los estudiantes un conocimiento preestablecido sino ayudar a que ellos mismos lo engendraran, cada uno desde su propio punto de partida.
 En la comunidad hacker, asimismo, los expertos se consideran neófitos que pueden actuar como críticos, comadronas y simposiarcas en relación a los demás, gracias al conocimiento más profundo que han alcanzado.

La Academia red

   El espíritu de la academia griega y del modelo hacker, sintetizado en la idea de Platón de que “ninguna persona libre debe aprender nada como un esclavo”, difiere por completo del espíritu del monasterio (escuela), resumido en la regla monástica de san Benito: “Al maestro corresponde hablar y enseñar; al discípulo estar callado y escuchar”. La ironía ha querido que actualmente la academia tienda a modelar su estructura de aprendizaje tomando como base el modelo monástico del emisor-receptor. Ironía que, por lo demás, no hace sino amplificarse cuando la academia empieza a construir una “universidad virtual” y el resultado es una escuela monástica informatizada.
 La importancia de la revolución científica del siglo XVII se supone que estribó en el abandono de la escolástica y su sustitución por una ciencia que se afanaba de forma constante en alcanzar nuevos conocimientos. La universidad conservó, no obstante, la jerarquía y el modelo escolástico de docencia, tal como refleja su vocabulario (por ejemplo, «decano» era en su origen el titular de un monasterio). La revolución científica tuvo lugar hace cuatro siglos, pero no encontró ni encuentra su reflejo adecuado en las universidades como base para un aprendizaje basado en la investigación. No parece lógico esperar que los métodos escolásticos de enseñanza formen individuos modernos capaces de pensar por su propia cuenta ni generen un nuevo saber.
La etica del hacker y el espiritu de la era de - Vendido en Venta ... La mayor relevancia del modelo hacker de aprendizaje estriba en recordarnos el potencial existente en la idea original de considerar idénticos el desarrollo académico y los modelos de aprendizaje. Podríamos también utilizar esta idea para crear una Academia red generalizada, en la cual todos los materiales de estudio estarían puestos a libre disposición de cualquiera para su uso, crítica y desarrollo. Al mejorar el material existente en nuevas direcciones, la red no dejaría de producir mejores recursos para el estudio directo de esos temas. A los miembros de la red los impulsaría su pasión por diversos temas y el reconocimiento de sus aportaciones por parte de sus colegas.
 Lógicamente, la expansión y el desarrollo continuos de este material, así como su discusión y examen, serían también el único modo que tendría la Academia red para garantizar los méritos de estudio; y, fiel a su espíritu, los méritos superiores serían concedidos a aquellos logros que demostraran ser los más valiosos para el conjunto de la comunidad de aprendizaje. Una lectura al estilo hacker del material con vistas a criticarlo y mejorarlo (es decir, con la perspectiva de hacer algo, y motivarse uno mismo, con ese material) sería mucho más propicia al aprendizaje que la actual tendencia a una lectura sin más.
 La Academia red seguiría el modelo hacker al crear un todo interrelacionado que abarcara desde el estudiante principiante hasta el investigador más destacado en un campo concreto. Los estudiantes aprenderían a ser aprendices de investigación desde el principio, debatiendo asuntos con los investigadores, y pasarían luego a estudiar directamente las publicaciones de su campo de investigación.
 En la Academia red, cada hito de aprendizaje enriquecería de forma permanente a los demás. En solitario o en compañía de otros, el aprendiz añadiría algo al material compartido. Este modo de plantear las cosas difiere de nuestro modo actual de aprendizaje de usar y tirar, en el cual cada estudiante empieza desde el principio, pasa los mismos exámenes aislado de los otros y nunca se beneficia de las ideas de los demás. Peor aún, terminado el examen el examinador viene a tirar todas las ideas de los individuos a la papelera. Es un proceder tan absurdo como lo sería que cada generación de investigadores tomara la decisión de desechar todos sus resultados (“Ya veo, E = mc2; ¡y qué!, ¡al cesto!”) y dejara que la siguiente generación volviera a empezar desde cero.
 Huelga decir que la realización práctica de la Academia red supone un gran desafío. Por ejemplo, al igual que sucede en el mundo de los hackers e investigadores, es necesaria una estructura guía para la creación colectiva de materiales de aprendizaje. Cuando el material está siendo continuamente adaptado y se expande en nuevas direcciones, aparecen versiones que compiten entre sí. Siempre sucede de este modo en los campos de la programación informática y la investigación científica. Los hackers han resuelto los problemas prácticos que comporta esta dinámica desarrollando lo que dan en llamar “sistemas de versiones concurrentes”: estos sistemas permiten determinar en qué medida las versiones concurrentes difieren tanto respecto de la versión ya existente como unas de otras entre sí. En un plano más teórico, el problema puede resolverse mediante la introducción de evaluadores. Con la ayuda de un sistema de versiones concurrente, un grupo autoorganizado de evaluadores puede decidir entre las diversas versiones y combinar sus ideas, si es necesario.
 Una vez que el hacker nos ha recordado la plena importancia que reviste el modelo académico, resultaría muy extraño que continuáramos nuestra práctica actual de suministrar sobre todo resultados a los estudiantes, sin llegar a inculcarles el modelo académico: un proceso colectivo de planteamiento de problemas, de reflexión sobre los mismos y de formulación de soluciones; un proceso impulsado por la pasión y por el reconocimiento, de las aportaciones socialmente valiosas. La esencia de la academia no reside en sus logros individuales, sino en el propio modelo académico.

El modelo social

   Describir esta posible aplicación general del modelo hacker no implica, por supuesto, esperar que los gobiernos o las empresas la lleven a cabo. Un aspecto central del hackerismo es recordarnos lo mucho que se puede lograr a través del modelo abierto gracias a la cooperación directa entre los individuos. El único límite es nuestra imaginación. Pongamos un ejemplo. El modelo abierto del hacker podría transformarse en un modelo social, llamémosle modelo de libre acceso a los recursos, en el cual alguien anuncia: ¡tengo una idea; esta puede ser mi contribución; por favor, uníos a mí! Si bien esta versión del modelo abierto comportaría también actuación física en un lugar concreto, Internet se utilizaría como un medio efectivo para unir fuerzas y, posteriormente, expandir y desarrollar aún más la idea.
 Por ejemplo, puedo anunciar en Internet mi disponibilidad ocasional para echar una mano a una persona mayor en sus tareas domésticas. Puedo anunciar que ofrezco mi casa para que los niños vengan a jugar después de la escuela. Puedo decir que me encantaría sacar a pasear uno de los perros del vecindario los fines de semana. Quizá la efectividad de este modelo se podría reforzar añadiendo la condición de que la persona que recibiera ayuda se comprometiera también a ayudar a otras. Internet puede utilizarse como un medio para organizar recursos locales. De forma gradual, otros se sumarán a la realización de grandes ideas sociales, y ello generará otras aún más importantes. Se produciría un efecto de autoalimentación, como sucede con el modelo hacker en informática.
 Hemos visto cómo el modelo hacker puede dar grandes frutos en el ciberespacio sin que intervengan como mediadores ni los gobiernos ni las empresas. Queda por ver qué frutos conseguirá la cooperación directa entre los individuos en la realidad de las personas concretas.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Destino, 2004, en traducción de Ferran Meler Ortí, pp. 64-68. ISBN:  978-8423336371.]

miércoles, 22 de mayo de 2019

El lado oscuro de la red.- Misha Glenny (1958)


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Libro primero
Interludio
En el país de no sé qué ni dónde

«Existen en internet tres grandes "amenazas", que se manifiestan con distintas apariencias. La primera es la delincuencia informática. Su manifestación básica es el tarjeteo, el robo de datos de tarjetas de crédito y su clonación con fines, lucrativos, pero existen muchas otras estafas. Una de las más rentables, por ejemplo, es el llamado scareware, un método perfeccionado por una empresa ucraniana llamada Innovative Marketing. La compañía reclutó varias docenas de jóvenes de Kiev, la capital de Ucrania, la mayoría de los cuales creían estar colaborando con una start-up dedicada a la venta de productos de seguridad legales. Pero no era así.
 La empresa se dedicaba a enviar falsos antivirus que, una vez instalados en un ordenador personal, abrían una ventana en el navegador en la que se alertaba al usuario de que su equipo había sido infectado por un virus. El aviso explicaba que el único modo de deshacerse del virus informático infiltrado en el disco duro y la memoria RAM era hacer clic en un enlace y comprar "Malware Destroyer 2009", por nombrar sólo uno de sus incontables productos.
 Tras descargar el programa (al precio de cuarenta euros), Innovative Marketing solicitaba que el usuario eliminase los programas antivirus existentes, por ejemplo Norton, e instalase su producto. Una vez instalado el programa no hacía nada, era una aplicación vacía; la única diferencia era que desde entonces el equipo era vulnerable a todos los virus y que el usuario había pagado por hacerse con  tan dudoso privilegio. [...]
 Además del scareware, existen los fraudes de "inflar y tirar" (pump-and-dump): los hackers acceden a webs financieras e inflan, por vía digital, el precio de las acciones para después venderlas y provocar un derrumbe de los valores. Y los fraudes de nómina, en que los delincuentes piratean los ordenadores de una empresa para inscribir a empleados fantasma en la base de datos de la plantilla. Los hackers les asignan sueldos reales, que de mes en mes perciben las llamadas "mulas financieras". A cambio de una modesta remuneración, las mulas ingresan el dinero en un banco alejado del lugar del delito. [...]
 El segundo gran grupo de fechorías en la red es el del ciberespionaje industrial. Según el informe anual de amenazas publicado por el gigante de las telecomunicaciones estadounidense Verizon, esta categoría representa el treinta y cuatro por ciento de la actividad criminal y todo apunta a que es la más lucrativa. Los avances en tecnología de la comunicación facilitan el robo de secretos industriales. Hasta la popularización de los ordenadores, robar material implicaba irrumpir de forma física en una empresa o, si el hurto lo cometía un infiltrado, encontrar la manera de obtener y distribuir los datos buscados.
 Hoy en día, esas dificultades han desaparecido: los ladrones industriales pueden piratear el sistema de una empresa y peinarlo en busca de proyectos, estrategias de mercado, nóminas o lo que sea que estén buscando, para después descargarlo. Antes de convertirse en el legendario Iceman, Max Vision trabajaba en la Costa Oeste como controlador de penetración, es decir que las empresas le pagaban por intentar introducirse en ellas. En una entrevista personal, vestido con el uniforme naranja que es el uniforme de la prisión, Vision me explicó que "en aquellos años, sólo había una empresa a la que no pude acceder, una gran compañía farmacéutica estadounidense". Es comprensible: el valor de las empresas farmacéuticas reside en la investigación, y el robo de fórmulas para nuevos tratamientos puede acarrear pérdidas de cientos de millones de dólares y la caída del precio de sus acciones. [...]
 Se sabe asimismo que el Stuxnet -hasta la fecha el virus más sofisticado el mundo- debió de introducirse en su objetivo aparente, las plantas nucleares de Irán, gracias a que alguien (a sabiendas o no) infectó el sistema informático con un CD o un lápiz de memoria. [...]
 El Stuxnet simboliza de forma visible el tránsito hacia la tercera gran amenaza: la guerra informática. Es un virus tan complejo que los investigadores estiman que, de haberlo creado una sola persona, su desarrollo habría requerido varios años, lo cual significa que un equipo de ingenieros tuvo que trabajar en él durante un tiempo considerable. El crimen organizado no opera de esa manera. La única organización capaz de desarrollar el Stuxnet es un Estado capaz de dedicar abundantes recursos al diseño y producción de armas cibernéticas ofensivas y defensivas, lo cual no impide que quienquiera que produjera el Stuxnet tomara prestadas muchas técnicas y códigos informáticos de las decenas de miles de hackers de sombrero negro o gris que habitan el ciberespacio. Los hackers con mala fe alimentan la creatividad en todas las áreas del lado oscuro de la red. Tanto el ejército como el sector privado, la policía y las agencias de inteligencia adoptan al instante las herramientas que crackers y hackers desarrollan. [...]
 A los guerreros informáticos se los conoce también como segurócratas informáticos; ellos son los profetas que anuncian que el cielo está a punto de desplomarse sobre nuestras cabezas. [...]
 La mayoría de los segurócratas alegan que la única manera de evitar un Pearl Harbor digital o ciberapocalipsis es invirtiendo dinero en sus empresas y laboratorios de ideas con el fin de intensificar la investigación sobre el tema.
 De hecho, eso ya está ocurriendo. Los sucesos de Estonia aceleraron el camino hacia la militarización del ciberespacio. La OTAN empezó por aceptar la creación del Centro de Excelencia para la Ciberdefensa Cooperativa, de majestuoso nombre, en Tallin en 2005. [...]
 Las redes informáticas habían adquirido tal importancia tanto para la estructura del Departamento de Defensa como para su capacidad ofensiva y defensiva que Robert Gates, el secretario de Defensa, tomó la trascendental decisión de crear una nueva rama militar: el ciberespacio.
 Esta quinta rama -hermana de las de tierra, mar, aire y espacio- es la primera esfera de operaciones militares creada por el hombre y las reglas de combate por las que se rige resultan de una opacidad casi absoluta.»
 
  [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Destino, 2012, en traducción de David Paradela López. ISBN: 978-84-233-4584-7.]
 

miércoles, 31 de enero de 2018

Un manifiesto hacker.- McKenzie Wark (1961)


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Hackear

«[074] Lo virtual es el verdadero dominio del hacker. A partir de lo virtual, el hacker produce expresiones siempre nuevas de lo real. Para el hacker, lo que se representa como verdadero es siempre parcial, limitado, incluso falso, quizás. Para el hacker, lo real siempre lleva expresado un excedente de posibilidad, el excedente de lo virtual. Ése es el dominio inagotable de lo que es verdadero pero no real, lo que no es pero que podría devenir. El dominio en el que, como dice Massumi, "lo que no puede experimentarse no puede dejar de sentirse". Hackear es liberar la virtualidad en lo real, expresar la diferencia de lo verdadero.
 [075] Cualquier dominio de la naturaleza tiene la capacidad de producir lo virtual. Al abstraer de la naturaleza, el hacker produce la posibilidad de otra naturaleza, una segunda naturaleza, una tercera naturaleza, naturalezas hasta el infinito, doblándolas y redoblándolas. Al hackear se descubre la naturaleza de la naturaleza, sus fuerzas productivas y destructivas. Esto sucede tanto en la física como en la sexualidad, tanto en la biología como en la política, tanto en la informática como en el arte o la filosofía. La naturaleza de todo dominio puede ser hackeada. La naturaleza del hackeo consiste en descubrir libremente, inventar libremente, crear y producir libremente. Sin embargo, la naturaleza del hackeo en sí no contempla explotar las abstracciones así producidas.
 [076] Cuando el hackeo se ve representado en la abstracción de los derechos de la propiedad, la información como propiedad crea entonces la clase hacker como tal. Esta propiedad intelectual es un tipo de propiedad diferente a la de la tierra o el capital, puesto que sólo una creación cualitativamente nueva puede reivindicarla. No obstante, cuando queda capturado por la representación de la propiedad, el hackeo se convierte en el equivalente de cualquier otra propiedad, en un valor mercantilizado. La clase vectorial mide su valor neto con la misma moneda que los capitalistas y los pastoralistas, de modo que convierten en patentes y copyrights en equivalentes de fábricas o campos.
 [077] Mediante la aplicación de formas de abstracción siempre nuevas, la clase hacker produce la posibilidad de producción, la posibilidad de hacer algo con el mundo... y de vivir del excedente producido mediante la aplicación de la abstracción a la naturaleza, a cualquier naturaleza. La abstracción, una vez empieza a ser aplicada, puede parecer extraña, "antinatural", y puede conllevar cambios drásticos. Si persiste, no tarda en darse por supuesta. Se convierte en una segunda naturaleza. Mediante la producción de nuevas formas de abstracción, la clase hacker produce la posibilidad del futuro. Por supuesto, no toda nueva abstracción reporta una aplicación productiva para el mundo. En la práctica hay pocas innovaciones que lo consigan. No obstante, rara vez puede saberse a priori qué abstracciones se engranarán con la naturaleza de una manera productiva.
 [078] A los hackers les interesa ser libres para hackear por hackear. Hackear libre e ilimitadamente para crear algo nuevo no sólo produce "el" futuro, sino una serie posible e ilimitada de futuros, el futuro en sí como virtualidad. Cada hackeo es una expresión de la inagotable multiplicidad del futuro, de la virtualidad. No obstante, si ha de verse realizado como forma de propiedad y recibir un valor, el hackeo no debe tomar la forma de expresión de la multiplicidad, sino de representación de algo repetible y reproducible. La propiedad sólo atrapa un aspecto del hackeo, su representación y su cosificación como propiedad. No puede capturar la virtualidad infinita e ilimitada de la que el hackeo extrae su potencial.
 [079] Sancionado por la ley, el hackeo se convierte en una propiedad limitada y la clase hacker emerge, como emergen todas las clases, de una relación con una forma de propiedad. Igual que la tierra o el capital como formas de propiedad, la propiedad intelectual impone una relación de escasez. Asigna a un propietario el derecho a una propiedad a costa de los no propietarios, a una clase de propietarios a costa de los desposeídos. "La filosofía de la propiedad intelectual cosifica el racionalismo económico como un rasgo humano natural."
 [080] Por su naturaleza misma, el acto de hackear sobrepasa los límites que le impone la propiedad. Los nuevos hackeos desbancan a los anteriores y los devalúan como propiedad. El hackeo toma información que ha quedado devaluada en exceso por la repetición en forma de comunicación y vuelve a producir nueva información partiendo de ella. Esto hace que la clase hacker esté más interesada en la libre disponibilidad de la información que en derechos exclusivos. El aspecto inmaterial de la naturaleza de la información implica que el hecho de que una persona posea una información no impide que otra también la posea. Los campos de la investigación pertenecen a un orden de abstracción diferente del de los campos agrícolas. Mientras que la exclusividad de la propiedad puede ser necesaria con la tierra, no tiene ningún sentido en la ciencia, el arte, la filosofía, el cine o la música.
 [081] En la medida en que el hackeo se encarna en la forma de propiedad, lo hace de una manera muy peculiar, de un modo tal que le confiere a la clase hacker unos intereses de clase bastante diferentes de los de otras clases, ya sean explotadoras o explotadas. El interés de la clase hacker reside, en primer lugar, en la libre circulación de la información, siendo ésta la condición necesaria para la expresión renovada del hackeo. Sin embargo, la clase hacker como tal también tiene interés táctico en la representación del hackeo como propiedad, como algo de lo que se pueda derivar una fuente de ingresos que le dé a la clase hacker cierta independencia de las clases dominantes. La clase hacker hace entrar lo virtual en lo histórico cuando hackea una vía para hacer que esto último desee una forma concreta de lo primero.
 [082] La naturaleza misma del hackeo provoca una crisis de identidad en el hacker. El hacker busca una representación de lo que es ser hacker en las identidades de otras clases. Algunos se ven como vectorialistas, y explotan la escasez de su propiedad. Otros se ven como trabajadores, pero trabajadores privilegiados en la jerarquía de los asalariados. La clase hacker se produce a sí misma como tal, pero no por sí misma. No posee (aún) consciencia de su consciencia. No es consciente de su propia virtualidad. A causa de su incapacidad -hasta el momento- de convertirse en clase por sí misma, continuamente se escinden fracciones de la clase hacker que acaban identificando sus intereses con los de otras clases. Los hackers corren el riesgo, en concreto, de acabar identificados a ojos de las clases trabajadora y agricultora con los intereses vectorialistas, que buscan privatizar la información necesaria para la vida productiva y cultural de las demás clases.
 [083] Hackear es abstraer. Abstraer es producir un plano en el que cosas diferentes pueden entablar una relación. Es producir los nombres y los números, las ubicaciones y las trayectorias de esas cosas. Es producir tipos de relaciones y relaciones de relaciones que pueden entablar las cosas. La hazaña del hacker es diferenciar los elementos activos dispuestos en un plano con un mismo objetivo, ya sea en el ámbito de lo técnico, lo cultural, lo político, lo sexual o lo científico. Una vez lograda la abstracción creativa y productiva en tantos ámbitos, la clase hacker tiene que producirse aún a sí misma como su propia abstracción.»

 [El extracto pertenece a la edición en español de Ediciones Alpha Decay, en traducción de Laura Manero. ISBN: 84-934278-8-8.]