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miércoles, 8 de julio de 2020

Los propios dioses.- Isaac Asimov (1920-1992)

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III.- ¿Luchan en vano?
3

   «-Al parecer, se trata de un asunto grave.
 -Más de lo que usted cree. Y, sin embargo, no sé cómo planteárselo. Hay sólo unas diez mil personas en la colonia lunar. Los nativos no llegan ni a la mitad de esa cifra. Están afectados por una insuficiencia de recursos, una insuficiencia de espacio, en un mundo hostil y, sin embargo, sin embargo...
 -¿Qué...? -le animó Gottstein.
 -Hay algo latente aquí... no sé exactamente qué... que puede ser peligroso.
 -¿Cómo puede ser peligroso? ¿Qué pueden hacer? ¿Declarar la guerra a la Tierra? -el rostro de Gottstein pareció a punto de esbozar una sonrisa.
 -No, no, se trata de algo más sutil. -Montes se pasó la mano por la cara y se restregó los ojos-. Voy a ser franco con usted. La Tierra ha perdido el valor.
 -¿Qué significa eso?
 -Bueno, ¿cómo podríamos calificarlo? Casi al mismo tiempo en que se establecía la colonia lunar la Tierra atravesaba la Gran Crisis. No creo necesario hablarle de ella.
 -No, en efecto -asintió Gottstein con desazón.
 -La población es ahora de dos billones, mientras que entonces llegaba a seis billones.
 -Una gran ventaja para la Tierra, ¿no cree?
 -¡Oh, sin duda! Aunque preferiría que el descenso se hubiera efectuado por otros medios... Pero la secuela ha sido una permanente desconfianza en la tecnología, una vasta inercia, una ausencia del deseo de progresar por miedo a las posibles consecuencias. Han sido abandonados grandes y quizá peligrosos esfuerzos porque era más fuerte el temor al peligro que el deseo de grandeza.
 -Supongo que se está refiriendo al programa de mutación genética.
 -Es el caso más espectacular, por supuesto, pero no el único -dijo Montes con amargura.
 -Francamente, no consigo lamentar el abandono de la mutación genética. Era una serie de fracasos.
 -Perdimos la oportunidad de llegar al intuicionismo.
 -Nunca ha sido demostrado que el intuicionismo sea deseable y hay muchas cosas que indican lo contrario... Además, ¿qué me dice de la propia colonia lunar? No demuestra, por cierto, un estancamiento de la Tierra.
 -Se equivoca -replicó Montes, acalorado-. La colonia lunar es un vestigio, la última reliquia del período anterior a la Crisis; algo que fue realizado como un último y triste esfuerzo de la humanidad antes del gran retroceso.
 -Esto es demasiado dramático, Montes.
 -Yo no lo creo así. La Tierra ha retrocedido. La humanidad ha retrocedido en todas partes menos en la Luna. La colonia lunar es la frontera del hombre, no sólo física sino también psicológica. Éste es un mundo sin una trama de vida que romper, sin un ambiente complejo cuyo delicado equilibrio pueda ser quebrantado. Todo lo que en la Luna es útil para el hombre está hecho por el hombre. La Luna es un mundo construido por él desde la misma base. No existe un pasado.
 -Bien, ¿y qué?
 -En la Tierra, nos desarma una nostalgia por un pasado bucólico que nunca existió realmente y que de haber existido, nunca podría volver a existir. En algunos aspectos, gran parte de la ecología fue destruida durante la Crisis y nos conformamos con los restos y sentimos miedo, mucho miedo... En la Luna, no hay pasado con el cual soñar. No hay otra dirección que no sea hacia delante.
 Montes parecía animarse a medida que hablaba.
 -Gottstein, yo lo he contemplado durante dos años; usted hará lo propio, por lo menos, durante ese tiempo. Hay un fuego aquí en la Luna, un fuego incesante. Se extiende en todas direcciones. Se extiende físicamente. Todos los meses se taladran nuevos corredores, se inauguran nuevas viviendas, se prepara alojamiento para una nueva población. La extensión también afecta a los recursos. Se encuentran nuevos materiales de construcción, nuevos manantiales de agua, nuevas vetas de minerales especiales. Se amplían las estaciones de energía solar, las fábricas de electrónica... Supongo que sabe que los diez mil habitantes de la Luna son, en la actualidad, la principal fuente de suministro de aparatos minielectrónicos y de sustancias bioquímicas de la Tierra.
 -Sé que constituyen una fuente importante.
 -La Tierra lo desvirtúa por conveniencia. La Luna es la fuente principal. Al ritmo actual puede convertirse dentro de poco en la única fuente... También está creciendo intelectualmente, Gottstein; me imagino que no hay en la Tierra ni un solo futuro científico que no sueñe (con mayor o menor vaguedad) con venir algún día a la Luna. Al renunciar la Tierra a desarrollar la tecnología, la Luna se convierte en su campo de acción.
 -¿Se refiere usted al protón sincrotón?
Ciencia Ficción | Libros Sargantana -Es un ejemplo. ¿Cuándo se construyó en la Tierra el último sincrotón? Pero se trata sólo de lo más grande y espectacular, pero no del único ni siquiera del más importante invento. Si quiere conocer el adelanto científico más importante de la Luna...
 -¿Algo tan secreto que aún no se me ha dicho?
 -No, algo tan evidente que nadie parece observarlo. Se trata de los diez mil cerebros que hay aquí. Los mejores diez mil cerebros que existen. El único núcleo de diez mil cerebros, orientados todos ellos, por principio y por inclinación, hacia la ciencia.
 Gottstein se movió, inquieto, y trató de cambiar la posición de su silla. Estaba clavada al suelo y no podía ser movida, y al intentarlo Gottstein estuvo a punto de caerse. Montes alargó un brazo para sostenerle.
 Gottstein enrojeció.
 -Lo siento.
 -Ya se acostumbrará a la gravedad.
 Gottstein preguntó:
 -Pero, ¿no estará presentándomelo peor de lo que es? La Tierra no es un planeta de ignorantes. Construimos la Bomba de Electrones: fue una realización puramente terrestre. Los selenitas no intervinieron para nada.
 Montes movió la cabeza y murmuró unas palabras en su español nativo. No sonaron muy plácidas. Preguntó a su vez:
 -¿Conoce usted a Frederick Hallam?
 Gottstein sonrió.
 -Pues sí, en efecto. El padre de la Bomba de Electrones. Creo que lleva la frase tatuada en el pecho.
 -El mero hecho de que usted sonría y haga esta observación ya ilustra mi punto de vista. Interróguese a sí mismo: ¿puede un hombre como Hallam haber inventado la Bomba de Electrones? Para las masas, el cuento puede servir, pero la realidad es (y usted ha de saberlo si se detiene a reflexionar) que nadie ha inventado la Bomba de Electrones. Los paraseres, los seres del parauniverso, quienes quiera que sean, la inventaron. Hallam fue su instrumento accidental. Todo en la Tierra es su instrumento accidental.
 -Fuimos lo bastante inteligentes para aprovecharnos de su iniciativa.
 -Sí, como las vacas son lo bastante inteligentes para comerse el heno que les ponemos delante. La Bomba no significa que el hombre vaya hacia delante. Todo lo contrario.
 -Si la Bomba es un paso hacia atrás, entonces voto por los retrógrados. No me gustaría prescindir de ella.
 -¿Y a quién sí? Pero la cuestión es que encaja de modo perfecto con el actual estado de ánimo de la Tierra. Energía infinita, virtualmente gratis, a excepción de su mantenimiento y sin contaminación. Pero en la Luna no hay Bombas de Electrones.
 -Supongo que no son necesarias -dijo Gottstein-. Las baterías solares satisfacen las exigencias de los selenitas. Energía infinita, virtualmente gratis, a excepción de su mantenimiento, y sin contaminación... ¿No es ésta la letanía?»

  [El texto pertenece a la edición en español de RBA, 2004, en traducción de Pilar Giralt. ISBN: 84-473-3891-6.]

lunes, 21 de septiembre de 2015

"Pasado, presente y futuro".- Isaac Asimov (1920-1992)

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 LIV.- El trabajo cambia de significado
"Hasta el momento sólo ha habido en la Historia dos formas fundamentales de educar a los jóvenes: la educación individual y la colectiva.

 La educación individual ha estado siempre limitada a una pequeña minoría que puede permitirse un preceptor familiar, y, aunque todo el mundo pudiera permitirse uno, no habría suficientes preceptores cualificados sobre la base de uno por cada alumno. Por consiguiente, cuando resultó que una sociedad industrial necesitaba que se generalizase la instrucción (cosa que no necesita una sociedad estrictamente agrícola), se produjo un movimiento hacia la educación colectiva.

 Hay suficientes maestros (de nombre, al menos) si se le encomiendan a cada uno entre treinta y cincuenta alumnos, pero existe el inconveniente de que los alumnos deben entonces aprender conforme a un plan de estudios fijo (que no tiene apenas en cuenta las diferencias individuales). Como resultado, todos los alumnos aprenden más o menos a leer y escribir, pero casi todos se sienten aburridos, o aturdidos, o alienados, según que el maestro se interne con demasiadas lentitudes, rapidez u "oblicuidad" en la exposición de temas carentes de interés.

 El advenimiento del ordenador significa un retorno a una enseñanza individual sobre una nueva base. Si todo hogar dispone de una terminal de ordenador y si, a través de ella, los jóvenes (y también los mayores) pueden conectar con una biblioteca plenamente informatizada, será posible explorar cualquier campo de interés por el que uno sienta curiosidad. Las escuelas no desaparecerán. Servirán para presentar temas a sus alumnos y se ocuparán principalmente de los campos de estudio que requieren interacción humana, pero cada alumno, habiéndose interesado por algo (y todos, cada uno de nosotros, nos interesamos por algo), puede proseguirlo en su casa, de forma individual y en un tiempo y a un ritmo individuales.

 Esto hará divertido el aprendizaje, y una mente adecuadamente estimulada aprenderá con rapidez. Sin duda alguna, resultará que el niño "medio" es mucho más inteligente y creativo de lo que generalmente suponemos. Después de todo, hubo un tiempo en que la capacidad de leer y escribir se hallaba limitada a un grupo muy pequeño de instruidos, y casi todos ellos se habrían reído de la idea de que cualquiera podía aprender las complicaciones de la lectura y la escritura. Pero, con la educación colectiva, la generalización del saber leer y escribir fue un hecho. En la actualidad, la creatividad parece estar limitada a muy pocos, y es fácil suponer que así debe ser. Sin embargo, con una adecuada disponibilidad de educación informatizada, la Humanidad volverá a sorprender a los pocos que integran la elite.

 Y, naturalmente, eso significa que los ingenieros de ordenadores tendrán una enorme oportunidad de organizar adecuadamente el conocimiento, de elaborar programas de enseñanza, de mantenerlos actualizados y de revisarlos para una mayor eficacia e interés. Ellos serán los maestros del futuro, y serán más importantes que nunca para todos nosotros.

 Admitido, pues, que los problemas de desempleo y educación caminarán hacia su solución, ¿qué clase de trabajo habrá, aparte del que se halla implicado en esa solución?

 En primer lugar, será innecesario gran parte del esfuerzo humano que hoy se dedica a "dirigir el mundo". Con ordenadores, robots y automatización, gran parte del pesado trabajo cotidiano parecerá estar haciéndose solo. Esto no es nada sorprendente. Es la tendencia que se ha ido manifestando rápidamente desde la Segunda Guerra Mundial. Como ejemplo, la industria telefónica está en la actualidad tan automatizada que cuando cientos de miles de empleados se declaran en huelga, los usuarios del teléfono apenas si notan algún cambio. El sistema telefónico funciona solo.

 El resultado de esta tendencia constante será que cada vez más trabajadores dispondrán de más y más ocio. Tampoco esto es sorprendente, pues llevamos largo tiempo presenciando el constante aumento del tiempo de ocio. Esto significa que cada vez hará falta más trabajo para llenar ese tiempo de ocio. Las empresas de espectáculos y deportes irán adquiriendo progresivamente más importancia. (En cierta ocasión hice un comentario que ha sido después profusamente citado: "Un tercio del mundo trabajará para distraer a los otros dos tercios.")

 Aficiones de todas clases irán adquiriendo cada vez más importancia, y también las industrias que abastecen esas aficiones. Esto no es nada que deba deplorarse, será otra forma de dar rienda suelta a la creatividad. Puede que el diablo siempre encuentre algo malo para que lo hagan las manos ociosas, pero el verdadero practicante de una afición privada, de un hobby, nunca está ocioso -de hecho, nadie trabaja tan asiduamente y con tanta satisfacción como él-, por lo que nunca se dedicará al mal.

 ¿Y la clase de trabajo que es más fácilmente reconocido como trabajo en el sentido tradicional?

 Habrá todavía mucho que es peculiarmente humano y que sólo marginalmente estará informatizado. (Yo utilizo un procesador de textos que hace un poco más fácil la mecánica de mi trabajo pero el artilugio se niega en redondo a escribir por mí mis ensayos. Sigo teniendo que estar aquí sentado, pensando.) En otras palabras, los que se dedican a la literatura, la música, las artes, estarán más ocupados que nunca en la sociedad del ocio, ya que su público irá aumentando constantemente.

 Habrá también cambios enormes. En el mundo comercial, se cargará el acento en la toma de decisiones, en la administración. Oficinas y fábricas serán "cajas negras" en las que los detalles de rutina funcionarán solos, pero en la que los hombres y mujeres manejarán los controles.

 Y tampoco esto tendrá que ser hecho sobre el terreno. Estaremos viviendo en una "sociedad de información", en la que no tendremos que transportar masa para transportar información. No tendremos que enviar un ser humano desde A hasta B para que su boca pueda dar instrucciones o su oído recibirlas. Ni siquiera tendremos que enviar cartas para lograr eso. La información puede ser transportada a la velocidad de la luz, y gracias a ordenadores que realizan las labores de recordar, seleccionar y transmitir, más eficientemente que nunca".