martes, 12 de octubre de 2021

Cambio global. Impacto de la actividad humana sobre el sistema Tierra.- Carlos M. Duarte (1960) y otros


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7.-Escenarios de cambio global

7.3.-Escenarios del cambio global

 «Con el conocimiento de los cambios ambientales acontecidos y con la integración de los principales aspectos socioculturales, la “Evaluación de los Ecosistemas del Milenio” establece cuatro grandes escenarios generales que no se plantean como predicciones sino que pretenden explorar aspectos poco predecibles de los cambios en los motores de cambio global y en los servicios de los ecosistemas. Ningún escenario representa la continuidad de la situación actual, aunque todos parten de la situación y tendencias actuales. Los diferentes escenarios suponen un aumento de la globalización o un aumento de la regionalización, así como una actitud de reacción, donde sólo se afrontan los problemas cuando se convierten en algo evidente y, por otro lado la actitud de acción, donde la gestión activa de los ecosistemas busca deliberadamente la preservación a largo plazo de los servicios de los ecosistemas antes de que los problemas sean muy graves o remediables.

Escenarios 1 y 2: un mundo globalizado

 Escenario 1.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orquestación Global”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente por el comercio global y la liberalización económica, que toma una actitud reactiva para la solución de los problemas de los ecosistemas. No obstante, también toma medidas efectivas para la reducción de la pobreza y las desigualdades y realiza inversiones públicas en infraestructuras y en educación. El crecimiento económico de este escenario es el más alto de los cuatro y se estima que la población humana en el 2050 será la más baja.

 Escenario 2.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Tecno-Jardín”. Este escenario representa una sociedad conectada globalmente; pero que depende en gran medida de tecnologías “verdes”, respetuosas con el medio ambiente, y una actitud proactiva en la resolución de los problemas ambientales. Depende de ecosistemas altamente gestionados para proporcionar los servicios de los que depende. El crecimiento económico es relativamente alto y tendente a acelerarse, mientras que la población en el 2050 estará en el término medio de los cuatro escenarios.

Escenarios 3 y 4: un mundo regionalizado

 Escenario 3.- Manejo reactivo de los ecosistemas: “Orden desde la fuerza”. Este escenario representa un mundo regionalizado y fragmentado, preocupado por la seguridad y la protección, que enfatiza los mercados regionales, presta poca atención a los bienes públicos y toma una actitud reactiva frente a los problemas ambientales. El crecimiento económico es el más bajo de los cuatro escenarios (especialmente bajo en los países en desarrollo) y tiende a disminuir mientras que el crecimiento de población será el más alto.

 Escenario 4.- Manejo proactivo de los ecosistemas: “Mosaico adaptativo”. En este escenario, las regiones, a la escala de cuencas hidrográficas, son el núcleo de la actividad política y económica. Las instituciones locales se fortalecen y las estrategias locales de manejo de los ecosistemas son comunes. Las sociedades desarrollan un manejo altamente proactivo de los ecosistemas. El crecimiento económico es inicialmente lento pero crece con el tiempo, y la población en el año 2050 es casi tan alta como en el escenario “Orden desde la fuerza”.

 Tal como sugieren estos escenarios, los motores directos e indirectos que van a afectar a los ecosistemas durante los próximos cincuenta años van a ser fundamentalmente los mismos que hoy. Sin embargo, va a cambiar la importancia relativa de los distintos motores de cambio. El cambio climático y la concentración de altos niveles de nutrientes en el agua van a ser problemas cada vez más importantes, mientras que el crecimiento de la población va a serlo relativamente menos. Los escenarios predicen que la rápida conversión de los ecosistemas para su empleo en agricultura, suelo urbano e infraestructuras va a seguir avanzando. Tres de los cuatro escenarios predicen mejoras al menos en algunos de los servicios de los ecosistemas. No obstante, en muchos casos los usos de los ecosistemas por parte de las personas aumentarán sustancialmente. Los cuatro escenarios prevén que va a continuar la rápida transformación de los ecosistemas. Se espera que entre un 10% y un 20% de los pastos y bosques actuales sean transformados debido a la expansión de la agricultura, las ciudades y las infraestructuras. Asimismo, los cuatro escenarios prevén que la pérdida de hábitats terrestres conducirá, de aquí al año 2050, a una fuerte caída de la diversidad local de las especies nativas y de los servicios asociados. Las pérdidas de hábitats previstas en los cuatro escenarios conducirán a extinciones a nivel mundial a medida que las poblaciones se ajusten a los hábitats restantes. Por ejemplo, el número de especies de plantas podría reducirse un 10-15% como consecuencia de la pérdida de hábitats entre 1970 y 2050.
 Los distintos escenarios sugieren que la gestión activa de los ecosistemas es, en general, ventajosa, y especialmente bajo condiciones cambiantes o novedosas. Las sorpresas en los ecosistemas son inevitables debido a que las interacciones implicadas son complejas y a que en la actualidad aún no se comprenden bien las propiedades dinámicas de los ecosistemas. Un planteamiento de acción activa es más beneficioso que un planteamiento de reacción frente a problemas porque la restauración de servicios de un ecosistema degradados o destruidos es más costosa en tiempo y dinero que la prevención de la degradación y no siempre es posible.
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Cambios previsibles en los servicios de los ecosistemas y en el bienestar humano

 Todos los escenarios indican que aumentará sensiblemente el empleo de los servicios de los ecosistemas por parte de los humanos. En muchos casos, esto conduce a un deterioro de la calidad de los servicios e incluso a una reducción de su cantidad. Es probable que la seguridad alimentaria siga fuera del alcance de gran parte de la población, y se espera que los recursos mundiales de agua dulce sufran cambios grandes y complejos que afecten a una proporción creciente de la población. La demanda creciente de pescado conduce a un mayor riesgo de colapso de las reservas marinas a escala regional, que podría ser contrarrestada si el crecimiento actual de la acuicultura consigue superar cuellos de botella actuales y reducir sus impactos ambientales.
 La contribución futura de los ecosistemas terrestres a la regulación del clima es incierta. La emisión o captación de carbono por los ecosistemas afecta a la cantidad de ciertos gases de efecto invernadero presentes en la atmósfera y de ese modo regula el clima de la Tierra. En la actualidad, los ecosistemas terrestres son un sumidero neto de carbono, que absorbe cerca del 20% de las emisiones de combustibles fósiles. Es muy probable que este servicio de regulación climática se vea afectado por los cambios en el uso de las tierras, aunque es difícil de predecir ya que nuestra comprensión de los procesos de respiración del suelo es limitada. Los servicios de los ecosistemas áridos y desérticos son especialmente vulnerables a los cambios y en especial a aquellos debidos al cambio climático, al estrés hídrico y a usos intensivos. El océano seguirá captando CO2 de la atmósfera, principalmente por la bomba de solubilidad, pues la bomba biológica ve reducida su actividad, o incluso podría bombear CO2 en sentido opuesto, hacia la atmósfera, por efecto del incremento de temperatura.
 Las acciones para incrementar un servicio de un ecosistema suelen causar la degradación de otros servicios, lo que a su vez causa daños importantes al bienestar humano. Ejemplos de esto son el aumento del riesgo de cambios  no lineales en los ecosistemas, la pérdida de capital natural, la agudización de la pobreza o el aumento de desigualdades entre grupos de población. Es difícil evaluar las implicaciones del cambio global sobre los ecosistemas y dar recomendaciones precisas para su gestión porque muchos de los efectos tardan en manifestarse, porque pueden ocurrir a cierta distancia y porque los actores que cargan con estos costes no suelen ser los mismos que los que recogen los beneficios de las alteraciones.
 En general, se espera que la salud humana mejore en el futuro en la mayoría de escenarios. Sólo el escenario que combina regionalización con una gestión de reacción podría llevar a una espiral negativa de pobreza, empeoramiento de la salud y degradación de los ecosistemas en los países en vías de desarrollo. La degradación de los servicios de los ecosistemas está afectando particularmente a la población más pobre y más vulnerable del planeta, y representa en ocasiones el principal factor generador de pobreza y eventualmente flujos migratorios. La pobreza, a su vez, tiende a aumentar la dependencia de los servicios que prestan los ecosistemas. Esto puede provocar más presión sobre los ecosistemas y acarrear una espiral descendente de pobreza y degradación de los ecosistemas en el futuro que se ha de prevenir con políticas claras que incorporen la evaluación de los servicios de los ecosistemas y los efectos de su pérdida en los escenarios macroeconómicos de las naciones.»

   [El texto pertenece a la edición en español del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2006, pp. 101-103. ISBN: 978-84-00-08452-3.]

miércoles, 6 de octubre de 2021

Sabiduría china para hablar en público.- Daniel Estulin (1966)


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Cuarta parte: Proverbios chinos, parábolas y citas de los sabios


 «1.-Es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un ser humano. (Tema: Actitud, Cambio)
 2.-Los vicios vienen como pasajeros, nos visitan como huéspedes y se queda como amos. (Actitud, Cambio) […]
 4.-Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces entonces estás peor que antes. (Conocimiento, Aprendizaje, Liderazgo) […]
 11.-Donde hay educación no hay distinción de clases. (Educación, Conocimiento, Comunicación)
 12.-Sólo los sabios más excelentes y los necios más acabados, son incomprensibles. (Virtud, Moraleja, Ignorancia, Sabiduría)
 13.-El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas. (Ignorancia, Cambio, Actitud) […]
 19.-Yo no procuro conocer las preguntas; procuro conocer las respuestas. (Sabiduría, Persistencia, Perseverancia) […]
 41.-Los bellos caminos no llevan lejos. (Sabiduría, Perseverancia) […]
 45.-Una persona tiene la edad de la mujer a la que ama. (Felicidad, Amor) […]
 58.-Nada sienta mejor al cuerpo que el crecimiento del espíritu. (Espiritualismo)
 59. Disfruta el hoy, es más tarde de lo que crees. (Felicidad, Sabiduría, Actitud) […]
 64.-El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice. (Sabiduría) […]
 69.-La medicina sólo puede curar enfermedades curables. (Fe) […]
 87.-Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Sabiduría, Actitud, Filosofía, Razón) […]
 99.-Para dirigir personas, camina detrás de ellas. (Liderazgo, Sabiduría) […]
 113.-Un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso. (Sabiduría, Aventura, Conocimiento)
 114.-El que sabe, no habla. El que habla, no sabe. (Sabiduría) […]
 118.-Cuanto más orden y leyes se instauren, más ladrones habrá. (Gobierno, Ley) […]
 121.-Una persona superior es humilde en su discurso y se supera en sus acciones. (Humildad) […]
 123.-Por naturaleza, todas las personas son iguales; en la práctica, no se parecen en nada. La firme, la perseverante, la sencilla y la humilde son las que están más cerca de la gran virtud. (Virtud)
 124.-En la conversación con un superior hay que atender a tres cosas: hablar antes de que le inviten a ello es una indiscreción, no hablar cuando le preguntan es una falta de sinceridad, hablar sin atender a la disposición del humor del superior es una ceguera. (Sabiduría, Escuchar, Elegancia, Humildad).
 125.-Es importante que la persona sueñe, pero es igualmente importante que pueda reírse de sus sueños. (Sueños, Objetivos, Orgullo). 
 […]

Quinta parte: Curiosidades de la cultura China
El poder narrativo

 Los discursos suelen ser muy aburridos. ¿Recuerda aquellos catedráticos auto- complacientes? Las demostraciones son plásticas y a menudo interesantes y coloridas. Los discursos plantean el caso. Las demostraciones lo confirman. Y las historias son un modo de establecer un tema de interés mutuo entre el ponente y su público, una forma eficaz de motivar sin intimidar. Háganos ver lo que quiere decir. Haga que sintamos el problema. Esto le hace más interesante ante el público. Crea una “imagen” en su cabeza y les ayuda a recordarle.
 En un folleto de 3M se lee que las personas retienen: un 10% de lo que leen, el 20% de lo que oyen, un 50% de lo que ven y oyen a la vez, y el 90% de lo que ven, oyen y hacen. Tiene sentido. Aprendemos las cosas haciéndolas. A eso se le llama práctica. El resto es teoría aburrida.
 He dedicado este capítulo a las técnicas tradicionales para añadir elementos visuales a una presentación. No se limite. Sea original. Leí algo sobre un uso muy estimulante de unos objetos cotidianos por parte del presidente de una compañía, que trataba ante sus empleados el tema de cómo resolver un problema en la empresa.

Resultado de imagen de daniel estulin sabiduria china El jarrón de porcelana y la rosa

 El Gran Maestro y el Guardián compartían la administración de un monasterio Zen. Cierto día, el Guardián murió y fue necesario sustituirlo. El Gran Maestro reunió a todos los discípulos para elegir quien tendría el honor de trabajar directamente a su lado.
 “Voy a presentarles un problema”, dijo el Gran Maestro. “Y aquel que lo resuelva primero será el nuevo Guardián del templo”.
 Terminado su cortísimo discurso, colocó un banquito en el centro del salón. Sobre éste puso un jarrón de porcelana carísimo, con una rosa roja para adornarlo.
 “He aquí el problema”, dijo el Gran Maestro.
 Los discípulos contemplaron, perplejos, lo que tenían delante: los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba todo eso? ¿Qué debían hacer? ¿Cuál sería el enigma?
 Después de algunos minutos, uno de los discípulos se puso de pie y miró a su vez al Maestro y a los alumnos. Después caminó resueltamente hacia el jarrón y lo arrojó contra el suelo, destruyéndolo.
 “Tú serás el nuevo Guardián”, le dijo el Gran Maestro al alumno.
 Cuando éste volvió a su lugar, explicó:
 “Yo fui muy claro: les dije que ustedes estaban ante un problema. Sin importar lo bello o fascinante que pueda ser, un problema tiene que ser eliminado”.
 Un problema es un problema; puede ser un jarrón de porcelana, un lindo amor que ya perdió su sentido, un camino que ha de ser dejado de lado, pero que insistimos en recorrer porque nos reconforta. Sólo hay una manera de lidiar con un problema: atacándolo  de frente. En esos momentos, no se puede tener piedad, ni dejarse tentar por el lado fascinante que todo conflicto carga consigo.

 Moraleja: trate de hallar maneras nuevas y sencillas de explicar material complejo.
 Los mejores ponentes del mundo comparten un rasgo personal: la habilidad de contar historias de impacto y, al mismo tiempo, relacionarlas de forma directa con el tema principal de su presentación. En un mundo de los negocios lleno de egos, posturas absurdas, prepotencia y “metodismo”, un grano de sabiduría le ayudaría a brillar. Dicho de otra forma, las historias hacen que los meros hechos cobren vida.

 Las leyendas nos recuerdan lo efímeras que son nuestras creencias;
 las historias alimentan la memoria hasta hacernos inmortales;
 las fantasías impiden que nuestro espíritu envejezca.»


 [El texto pertenece a la edición en español de Cie Inversiones Editoriales Dossat, 2005, en traducción de Cristina Torrado, pp. 79-92 y 150-153. ISBN: 84-96437-07-8.]

lunes, 4 de octubre de 2021

El crepúsculo de las máquinas.- John Zerzan (1943)


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Capítulo 11: La globalización y sus defensores: una perspectiva abolicionista

 
 «El mundo tecnificado continúa proliferando, ofreciendo la promesa de poder huir del contexto cada vez menos y menos atractivo de nuestras vidas. Con la esperanza de que nadie se dé cuenta de que la tecnología es la principal responsable de la realidad empobrecida, sus charlatanes de feria difunden incontables incentivos y promesas mientras continúa metastatizándose. Un ejemplo excelente es la cultura de la Red/Web (una nomenclatura reveladora), que a través del espacio virtual propaga su pobre versión de la existencia social. Ahora que la conectividad natural cara a cara está  siendo absolutamente aniquilada, ha llegado el momento de la comunidad virtual.
 Según la espeluznante formulación de Rob Shields, “la presencia de la ausencia es virtual”. La “comunidad” no se asemeja a ninguna otra en la memoria humana. No hay gente real presente y no se da ninguna comunicación real. En la incorpórea comunidad virtual, cuando conviene se corta con la gente con un clic del ratón para “ir” a cualquier otro lugar. La pseudocomunidad avanza sobre las ruinas de lo que queda de las conexiones genuinas. Los sentidos y la sensualidad menguan rápidamente; “responsabilidad” es una de las palabras sepultadas en el Museo de Palabras Perdidas del posmodernismo que va ampliándose. La marchita oposición y los resignados gandules fatalistas olvidan que los abolicionistas antiesclavitud, que habían sido una minoría, se negaron a renunciar y con el tiempo acabaron imponiéndose.
 Por supuesto que nada de esto ha pasado de la noche a la mañana. El anuncio/exhortación de teléfonos de la compañía AT&T de unos años atrás, “Alarga la mano y toca a alguien”, ofrecía contacto humano, pero ocultaba la verdad de que, de hecho, la misma tecnología ha sido crucial para alejarnos todavía más de este contacto. La experiencia directa se ha reemplazado por la mediación y la simulación. La información digitalizada suplanta los fundamentos de la proximidad real y de la posible confianza entre seres físicos en interacción. De acuerdo con Boris Groys, “Tenemos que aceptar el hecho de que ya no podemos creer en nuestros ojos, en nuestras orejas. Cualquiera que haya trabajado con un ordenador lo sabe muy bien”.
 La globalización tampoco es apenas nueva en la escena económica y política. En el Manifiesto comunista, Marx y Engels pronosticaron la aparición de un mercado mundial basado en el crecimiento de la producción y en los patrones de consumo de su época. Trescientos años antes, el Imperio español constituía la primera red global del poder.
 Marx sostenía que toda tecnología libera las posibilidades opuestas de emancipación y de dominación. Pero de alguna manera, el proyecto de una tecnología humanizada se ha mostrado sin fundamentos ni resultados; lo que finalmente se ha hecho realidad es una humanidad tecnificada. La tecnología es la corporeidad del orden social al que acompaña, y con su avance a escala planetaria transfiere el ethos fundamental que está detrás de esa tecnología. Nunca existe en el vacío y nunca es neutral en cuanto a valores. Algunos supuestos críticos de la tecnología hablan, por ejemplo, de avanzar “hacia un nivel superior de integración entre la humanidad y la naturaleza”. Esta “integración” no puede  evitar ser el eco de la integración básica de la civilización y la globalización; concretamente, las instituciones centrales que se integran todas en sí mismas. Lo más importante en todas ellas es la división del trabajo.
 Uno de los acontecimientos elementales es el creciente estado de pasividad en la vida cotidiana. Cada vez más dependiente –incluso infantilmente- de un mundo tecnológico y bajo el completo control cada vez más efectivo del conocimiento especializado, el sujeto fragmentado queda inutilizado por la división del trabajo. Esa institución tan fundamental que define la complejidad y que ha dirigido la dominación desde  el primer día. Fuente de toda alienación, “la subdivisión del trabajo es el asesinato de un pueblo”. Adam Smith, en el siglo XVIII, probablemente nunca ha sido superado en su retrato elocuente de la naturaleza mutiladora, deformadora y empobrecedora de la división del trabajo.
 Fue el prerrequisito para la domesticación y continúa siendo el motor de la Megamáquina, utilizando el término de Lewis Mumford. La división del trabajo subyace a la paradigmática naturaleza de la modernidad (tecnología) y a su desastroso resultado.
 A pesar de que en algunos círculos los aires están cambiando, es desconcertante que la teoría raramente haya cuestionado esta institución (o, ya puestos, la domesticación). El latente deseo de integridad, simplicidad, y de lo inmediato o directo ha sido desestimado contundentemente por fútil y/o irrelevante. “La tarea que tenemos que afrontar ahora no es rechazar ni alejarse de la complejidad, sino aprender a convivir con ella con creatividad”, aconseja Mark Taylor. Tenemos que “resistirnos a cualquier nostalgia, por mínima que sea”, recomienda Katherine Hayles, mientras admite que la palabra “pesadilla” bien puede describir lo que se está manifestando últimamente.
 De hecho, resulta todavía más desconcertante que la falta de interés en las raíces que se acepte de manera bastante generalizada la posibilidad de más de lo mismo, y ésta es la fuerza motriz que afianza la desolación actual. ¿Cómo es posible imaginar buenos resultados de algo que está generando claramente lo contrario, en todas las esferas de la vida? En vez de un repugnante programa ciborgiano que reparte frialdad y deshumanización a gran escala, Hayles, por ejemplo, encuentra en lo posthumano una “estimulante perspectiva” de “apertura a nuevas maneras de pensar sobre lo que significa ser humano”, a la vez que “los sistemas [de alta tecnología] evolucionan hacia un futuro abierto marcado por la contingencia y la imprevisibilidad”.
 Lo que ocurre es que la sensibilidad que se identifica con “lo que hemos perdido” está siendo arrollada por una orientación del tipo “¿qué podemos perder? / intentemos cualquier cosa”. Este cambio certifica totalmente la gran pérdida y derrota que la civilización/patriarcado/industrialismo/modernidad ha diseñado. La magnitud de la rendición de estos intelectuales ha anulado su capacidad de análisis o visión. Por ejemplo, “Cada vez más la cuestión no es si nos convertiremos en posthumanos, porque la posthumanidad ya está aquí”.
 La tecnología como mandato de olvidar, como disolvente de significados, encuentra su expresión cultural en el posmodernismo. Articulado en el contexto del transnacionalismo, donde la naturaleza totalizadora de la globalización se hace evidente con claridad deslumbrante, el posmodernismo busca su rechazo a “cualquier noción de una totalidad representable o esencial”. Reina la impotencia; no nos queda ningún punto de apoyo desde donde podamos reflexionar sobre el gigante u oponerle resistencia. Tal como manifiesta Scott Lash, “Ya no podemos salir del flujo global de las comunicaciones a fin de encontrar un punto de apoyo sólido para la crítica”. En su erróneamente llamada Crítica de la información declara la total abdicación: “Mi argumento en este libro es que tal crítica ya no es posible. A mi entender, el propio orden global de la información ha borrado y devorado la posibilidad de que exista un espacio para dicha reflexión crítica”.
Imagen de El Crepusculo De Las Maquinas - Zerzan John (Libro) Sin ninguna base sólida desde la que emitir un juicio, la propia viabilidad de la crítica se disuelve; así, el posmodernismo se convierte en presa de todo tipo de declaraciones humillantes y absurdas. Ingolfur Blühdorn, por ejemplo, se limita a deshacerse del pequeño contratiempo que representa la catástrofe medioambiental: “En la medida en que logramos acostumbrarnos (interiorizamos) a la no disponibilidad de criterios normativos universalmente válidos, el problema ecológico […] sencillamente se disuelve”. La cínica aceptación de todos los horrores que van apareciendo, vestida de ironía estetizada y de apatía implícita.
 La completamente estrafalaria exaltación del maridaje entre posmodernismo y tecnología queda resumida en el título: The Postmodern Adventure: Science, Technology and Cultural Studies at the Third Millennium [La aventura posmoderna: ciencia, tecnología y estudios culturales en el tercer milenio]. Según sus autores Best y Kellner, “la aventura posmoderna apenas acaba de empezar y ya se están manifestando futuros alternativos por todo nuestro alrededor”. Hablar de defender las tendencias particulares contra las universalizadoras es un lugar común del postmodernismo, pero esto queda ridiculizado cuando acepta con entusiasmo la fuerza más universalizadora de todas, la máquina de homogeneización que es la tecnología.
 Andrew Feenberg discute la presencia totalmente generalizada de la tecnología argumentando que cuando la izquierda se apunta a la celebración de los adelantos tecnológicos, el consenso resultante deja pocas discrepancias. Siendo él mismo izquierdista, Feenberg concluye que “no podemos recuperar lo que se ha perdido con la cosificación regresando a las condiciones pretecnológicas, a una especie de unidad previa irrelevante para el mundo contemporáneo. Pero esta “relevancia” es justamente lo que se está cuestionando. Continuar comprometidos con el “mundo contemporáneo” es precisamente la base sin fundamentos de la complicidad. La posmodernidad como realización o culminación de la tecnología universal, el precepto subyacente de la globalización.
 Cuando los fundamentos se deciden sin posibilidad de cuestionamiento, la evasión resultante no puede tener consecuencias liberadoras. Un ejemplo típico es la obsesión con lo superficial, marginal parcial, etc. El posmodernismo se etiquetó a sí mismo como subversivo y desestabilizador, pero lo ofrece sólo estéticamente. Emblemático de tiempos de derrota, la imagen absorbe el acontecimiento y nosotros absorbemos las imágenes. El tono a lo largo de toda la obra de Derrida, por ejemplo, no parece estar nunca alejado del duelo. La permanente tristeza de Blanchot sigue la misma pauta. El posmodernismo, según Geoffrey Hartman, “implica un desencanto que resulta ser definitivo, perpetuándose a sí mismo”.
 Con el ethos actual, el sujeto se ve por un lado como una colección inestable y fragmentada de posicionamientos dentro del discurso –incluso como una mera consecuencia del poder o del lenguaje- y, por otro lado, como parte de un conjunto positivo y plural de alternativas. No obstante, al evitar el examen de las principales directrices de la dominación, los posmodernistas se ciegan ante las verdaderas características deformadoras de la tecnología y el consumismo. […]
 La red de alta tecnología del sistema mundial está completando la transformación de las clases en masas, la erosión de la solidaridad grupal y de la autonomía y el aislamiento del yo. Como señala Bamyeh, estas son las condiciones previas de las democracias de masas modernas, así como los rasgos políticos básicos de la misma modernidad global.»

    [El texto pertenece a la edición en español de Los Libros de la Catarata, 2016, en traducción de Xavier Caixat i Baldrich, pp. 163-170. ISBN: 978-84-9097-131-4.]

sábado, 2 de octubre de 2021

El fin de los libros y otros cuentos para bibliófilos.- Octave Uzanne (1851-1931)


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Polvorín y biblioteca

1

   «-Y bien, ¿qué hay de nuevo dom Poirier?
 -¡Shhh! Lo primero, por amor de Dios…, es decir, de la diosa Razón…, llámeme ciudadano Poirier; ¡se lo suplico, tutéeme, querido señor Picolet!
 -¡Shhh! Ciudadano Poirier; en nombre del Ser supremo, ¡llámeme, mi querido ciudadano, Caius-Gracchus Picolet! Estamos aquí solos, entre amigos, pero a dos pasos hay orejas de sans-culottes, bastante grandes se lo aseguro, que podrían escucharnos… Le preguntaba, pues, ciudadano Poirier, ciudadano bibliotecario, que qué hay de nuevo.
 -¿No sabe nada del decreto de la Comuna que me acaban de comunicar?
 -¡En absoluto!
 -Pues bien, adivine, querido señor Pi…, querido ciudadano Picolet, adivine lo que van a hacer a partir de mañana con los edificios de nuestra ilustrísima Abadía Real de Saint-Germain-des-Prés… Digo “nuestra” porque usted casi formaba parte de ella, viejo amigo, usted que viene a rebuscar en beneficio de la ciencia, entre los libros y manuscritos de nuestra biblioteca desde hace casi más de treinta años…
 -Desde el año 56, dom… ¡ciudadano Poirier! La primera vez que busqué entre los libros polvorientos las venerables páginas recopiladas por los reverendísimos benedictinos fue en 1756, bajo el reinado de Luis… ¡bajo el tirano Luis, decimoquinto del mismo nombre!
 -Somos los dos últimos, usted benedictino laico y yo monje indigno de esta Abadía, empleados por la Comuna desde la supresión de las órdenes religiosas para velar por los edificios y el material, como ellos dicen, de la biblioteca benedictina. Somos los dos últimos… aparte de sus dos amigos, esos dos señores… esos dos ciudadanos que aún se atreven a venir de vez en cuando…
 Dom Poirier suspiró.
 -Y bien, veamos, ciudadano Poirier, ¿qué hay de ese nuevo decreto de la Comuna?
 -¡Una nueva infamia!
 -¡Shhh!
 -Sí, quiero decir, una medida increíble, extraordinaria, aterradora… ¡Imagínese! Van a… con nuestra Abadía… van a…
 -¿Qué?
 -¡Una fábrica de pólvora para cañones!
 -Una fábrica de…
 -¡Sí!
 -¡Imposible!
 -Dice…, perdón, dices, ciudadano Caius-Gracchus Picolet, dices: ¿imposible? Pues ve a mirar el patio por esa ventana… ¿Ves a esos hombres que embadurnan esas planchas con pintura negra, allí? Pues bien, observa atentamente.
 El ciudadano Picolet se limpió los cristales de las gafas y se las puso cuidadosamente sobre la nariz. Una vez hecho esto, se dirigió seguido por el ciudadano Poirier hacia una de las ventanas que daba a uno de los patios de la Abadía, al pie del refectorio, esa maravilla arquitectónica del siglo XIII concebida por Pierre de Montereau, el arquitecto de San Luis, autor de la Sainte-Chapelle del Palacio de Justicia.
 -Ya veo, ya veo… -dijo el ciudadano Picolet-. Administración… espere, ¡caramba!, ¡de pólvora y nitratos! ¡Es cierto! Pero esos bellacos, vándalos, ignorantes…
 -¡Shhh! Modere su indignación… modérela, modérela, ciudadano Picolet, ¡le pueden oír!
 -Los muy… los… en fin, me trago los adjetivos, pero se quedan dentro, permanecen… Tienen la idea incalificable… ¡de instalar una fábrica de pólvora aquí! Un polvorín, dom Poirier, un polvorín debajo de la biblioteca, un volcán bajo las estanterías cargadas de obras considerables, honor y gloria del espíritu humano, ¡de todos estos manuscritos, crónicas, mapas y documentos valiosos para la historia!
 -¡Qué desgracia!
 -Saltaremos por los aires, dom Poirier, se lo digo, saltaremos por los aires, ¡seguro! Mire a esos seccionarios que fuman en pipa y que se pasean por los patios… Pipas…, para mí eso ya era algo monstruoso aquí, ¡pero pólvora y nitratos! Es el fin… saltaremos por los aires sin remedio…
 -A mí tampoco me cabe ninguna duda.
 -Pero me niego –exclamó el señor Picolet-. Me niego, es demasiado… ¡es demasiado!
 -¡Cállese entonces! Saltaremos por los aires… ¿Acaso no estamos viendo cómo salta todo a nuestro alrededor? ¿Los tronos, las instituciones y…?
 Dom Poirier bajó la voz.
 -¿… y las cabezas?
 -¡Me niego! ¡Me niego! ¡Los tronos se pueden volver a colocar! ¡Las instituciones se pueden rehacer! ¡Las cabezas…, ah, no!, las cabezas no vuelven a crecer, pero crecen otras, en fin, mientras que nuestros manuscritos, nuestros mapas, nuestros documentos de siglos pasados, una vez quemados, ciudadano Poirier, una vez quemados se acabó… Me niego en nombre de la ciencia, en nombre de la historia, en…
 -No monte en cólera de esa manera, ciudadano Picolet, lo van a poner en su sitio, y a mí también, y eso no salvará nuestros manuscritos, mapas, diplomas, documentos… Pero si intentamos mantenernos velándolos el máximo tiempo posible, podremos conservar todavía una pequeña, débil, minúscula esperanza. Hay que vivir por esa esperanza e intentar que no nos hagan batirnos en retirada, ¡como se dice en nuestra hermosa época!
 La cólera del ciudadano Picolet se enfrió repentinamente. Su rostro, que se había vuelto escarlata, palideció. Parecía que sus piernas temblaban, y se dejó caer sobre una silla.

 Era el año II de la República, una e indivisible, en una de las salas de la biblioteca de la Abadía benedictina de Saint-Germain-des-Prés, donde tenía lugar aquel coloquio subersivo entre dom Poirier, el último monje de la Abadía, y el tranquilo Sr. Louis Picolet, hombre de letras, rata de biblioteca, convertido en el ciudadano Caius-Gracchus Picolet, viejo habitual de sus estanterías que había permanecido fiel a la docta estancia a pesar de su desventura y de los evidentes peligros que conllevaba frecuentarla.
Resultado de imagen de octave uzanne el fin de los libros Pobre Abadía de Saint-Germain, ilustre y reverenciada durante tantos siglos, y que contaba cuatrocientos años de gloriosa existencia desde el día en que Childebert, hijo de Clovis, junto a San Germán, obispo de París, pusieron la primera piedra del monasterio primitivo en los floridos campos regados por el Sena, en los tiempos en los que Lutecia apenas comenzaba a desbordar su isla.
 Al igual que Lutecia, el monasterio no se hundió en tiempos de invasiones y de guerras. Los normandos masacraron a los monjes, quemaron y derribaron la iglesia, pero la abadía se reconstruyó y se volvió a poblar.
 Entonces comenzaron los siglos de gran prosperidad: la abadía feudal, poderosa y dominante se convierte en el centro señorial de una pequeña población cercana a París; un perímetro almenado, flanqueado de torres y delimitado por un foso, rodea un vasto conjunto de edificios, patios y jardines.
 Dos claustros, un edificio colosal que alberga la sala del cabildo, la sala de los huéspedes e inmensos dormitorios, un admirable refectorio y una capilla dedicada a la Virgen son dominados por una iglesia con tres torres majestuosas y por los grandes aposentos del señor abad.
 La abadía posee inmensos dominios, prioratos y conventos en París y fuera de París, tierras, feudos y predios por todas partes; percibe numerosos derechos y pagos; ejerce alta, baja y media justicia sobre los vasallos. Tiene sus hombres armados y sargentos y si es necesario se defiende detrás de sus murallas. Así es como atraviesa, soberbia y honrada, los siglos de la Edad Media.
 Pero con el tiempo, que todo lo destruye y transforma, la abadía pasa a manos seglares; el abad titular no es más que un gran señor laico que no hace otra cosa que recibir enormes ganancias y gastarlas alegremente en el palacio abacial, donde las sombras de los antiguos abades de otra época ven pasar estupefactos caras bonitas de actrices y bailarinas invitadas a sus cenas. Durante esa época, los monjes benedictinos trabajan al lado silenciosamente. Recopilan los materiales de la historia que se desarrolla desde hace siglos bajo las ventanas de sus salas y hacen acopio de una considerable biblioteca que ponen libremente a disposición de curiosos y letrados. De pronto estalla la gran tormenta. La vieja sociedad se viene abajo en el espantoso cataclismo. Con las primeras sacudidas, a la vieja abadía, que antaño había salido victoriosa de tantas tempestades, le tiemblan los cimientos. Con la supresión de las órdenes monásticas se clausura la iglesia, los monjes son expulsados y también se barren los huesos de los reyes merovingios que reposaban en sus tumbas. La abadía, sin embargo, no permanece vacía por mucho tiempo; la vieja prisión abacial, que el Estado había retomado desde hacía más de dos siglos, resulta demasiado pequeña a pesar de que los sans-culotte intentan hacer sitio. La propia abadía se transforma en prisión. En las celdas de los monjes, en las habitaciones, bajo la biblioteca se apiñan sospechosos o hijos, hijas, esposas, parientes de sospechosos o de personas sospechosas de ser amigas de sospechosos, entre los cuales, todas las mañanas, el tribunal revolucionario hace cortar algunas cabezas.
 Los monjes se dispersan, desaparecen; unos vegetan escondidos en algún agujero, los otros acogidos en alguna provincia lejana o emigrados; algunos sin duda han debido caer en manos de Sansón*. Para llorar la vieja gloria perdida, no queda nadie más que el valiente dom Poirier, quien a pesar de todo ha conseguido, para velar por sus queridos libros aun arriesgando a diario su cabeza, quedarse en calidad de guardián provisional de las colecciones de los monjes.
 El mencionado dom Poirier es un normando grande, grueso y fuerte, con una cara rubicunda bien plantada sobre unos hombros robustos a los que se enastan unos brazos sólidos. Cuando se quitó el hábito benedictino para convertirse en el ciudadano Poirier, se puso una ropa de gruesa tela negra que todavía huele a tragasantos, como dicen los sans-culotte del barrio, ex inquilinos de las casas de la Abadía convertidas ahora en bienes nacionales. De hecho, con su nueva ropa, el ciudadano Poirier tiene muy poco aspecto de sacristán de pueblo. Sea como fuere, su tez pigmentada, su cara decidida y sus enormes puños inspiran cierto respeto a sus desabridos vecinos, seccionarios y sans-culottes holgazanes que viven de las cuatro perras diarias de la nación en los edificios de los monjes.»

* Saga de verdugos de ese nombre. [N. del T.]

    [El texto pertenece a la edición en español de Trama Editorial, 2015, en traducción de Sonia Berger Bengoa, pp.117-121. ISBN: 978-84-941661-9-8.]