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miércoles, 20 de mayo de 2020

Obra filosófica.- Julien-Offray de La Mettrie (1709-1751)

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Tratado del alma
Reflexiones sobre la educación

   «Nadie se parece tanto a los niños como los discípulos de Amman, de modo que se los ha de tratar más o menos de la misma manera. Si se quiere imprimir demasiado movimiento en los músculos y demasiadas ideas o sensaciones en el cerebro de los sordos, la confusión se siembra en unos y otros. De igual modo, la memoria de un niño y el discernimiento que empieza a despuntar se fatigan cuando hacen demasiado esfuerzo. La debilidad de las fibras y de los espíritus exige un trato atento. Por consiguiente, es preciso: 1º, no anticiparse a la razón sino aprovechar el primer momento que se la ve aparecer, para fijar en el espíritu el sentido de las palabras aprendidas maquinalmente; 2º, seguir la pista a los progresos del alma, ver cómo se desarrolla la razón y, en definitiva, observar exactamente en qué grado debe uno parar, por así decir, el termómetro del pequeño juicio de los niños, con el fin de proporcionar a su esfera, que aumenta sucesivamente, la extensión de los conocimientos con el que se debe embellecerlo y fortalecerlo, no haciendo trabajar al espíritu, ni demasiado, ni demasiado poco; y 3º, cerebros tan tiernos son como una cera blanda donde las impresiones no se pueden borrar, sin perder toda la sustancia que las ha recibido, de ahí las ideas falsas y las palabras carentes de sentido, pues los prejuicios piden a continuación una refundición, de la que pocos espíritus son susceptibles, y que en la edad turbulenta de las pasiones se vuelve casi imposible. Los que tienen la obligación de instruir a un niño, nunca deben imprimirle más que ideas tan evidentes, que no haya nada capaz de eclipsar su claridad. Pero, para ello es preciso que éstos las tengan, lo que es muy raro. Se enseña, como se ha sido enseñado, y de ahí esta propagación infinita de abusos y errores. La prevención para las primeras ideas es la fuente de todas estas enfermedades del espíritu. Se han adquirido maquinalmente, y sin estar alerta al respecto, al familiarizarse con ellas, se cree que estas nociones han nacido con nosotros. Un célebre abate amigo mío, metafísico por las buenas, creía que todos los hombres eran músicos natos, porque no se acordaba de haber aprendido las melodías con las que su nodriza lo adormecía. Todos los hombres cometen el mismo error, y como a todos se les ha dado las mismas ideas, si todos no hablaran más que francés, harían de su lengua el mismo fantasma que de sus ideas. ¡En qué caos, en qué laberinto de errores y prejuicios nos sume la mala educación! ¡Y qué gran entuerto permitir a los niños razonamientos sobre cosas de las que no tienen ideas, o de las que sólo tienen ideas confusas!

Un niño encontrado entre osos

obra filosofica. mettrie - Comprar Libros de filosofía en ... Un niño, de diez años de edad, fue encontrado en el año 1694 entre una manada de osos, en los bosques situados en los confines de Lituania y Rusia. Era horrible verlo, no tenía ni uso de razón, ni sabía hablar, y su voz al igual que todo él no tenían nada de humano, si no es la figura exterior del cuerpo. Andaba apoyándose sobre las manos y los pies como los cuadrúpedos. Separado de los osos parecía echarlos de menos, y la ansiedad y la inquietud se pintaron sobre su fisionomía cuando se halló en la sociedad de los hombres. Hubiérase dicho que era un prisionero (y él se creía como tal), que lo único que quería era huir, hasta que, habiendo aprendido a levantar sus manos contra un muro y, en fin, a mantenerse derecho apoyándose en los pies como un niño o un gatito, y habiéndose acostumbrado poco a poco a los alimentos de los hombres, terminó por domesticarse y empezó a proferir algunas palabras con una voz ronca, tal como he descrito. Cuando se le interrogaba acerca de su estado salvaje, acerca del tiempo que este estado había durado, no tenía más recuerdo al respecto, que el que nosotros tenemos de lo que ocurrió mientras estábamos en la cuna.
 Conor, el cual cuenta esta historia famosa en Polonia, mientras estaba en Varsovia en la corte de Jean Sobieski, entonces ocupando el trono, añade que el mismo rey, varios senadores y multitud de otros habitantes del país dignos de fe le aseguraron como un hecho cierto y del que nadie duda en Polonia, que los niños en ocasiones son amamantados por osas, como Rómulo y Remo lo fueron, según se dice, por una loba. Si un niño se encuentra en la puerta de su casa, o cerca de un seto, o abandonado por imprudencia en un campo, y pasa un oso hambriento por allí cerca, es devorado y despedazado en el acto. Pero si lo coge una osa que está criando, lo lleva junto a sus ositos, a los cuales cuida tanto como al propio niño, el cual, unos años después, a veces es descubierto y cogido por los cazadores.
 Conor cita una aventura parecida a aquélla de la que fue testigo, que aconteció en el mismo lugar (Varsovia) en 1669 y ante los ojos de M. Wanden, llamado Brende de Cleverskerk, embajador en Inglaterra en el año 1699. Describe este caso, tal como le fue contado fielmente por este embajador, en su tratado sobre el gobierno del reino de Polonia.
 He dicho que este pobre niño del que habla Conor, no gozaba de ninguna de las luces de la razón. La prueba es que ignoraba la miseria de su estado y que, en lugar de buscar el contacto con los hombres, huía de ellos y sólo deseaba volver con los osos. Así que, como hace observar juiciosamente nuestro historiador, este niño vivía maquinalmente y no pensaba más que un animal, ni que un niño recién nacido, ni que un hombre que duerme o en un estado aletargado o apoplético.»

  [El texto pertenece a la edición es español de Editora Nacional, 1983, en traducción de Menene Gras Balaguer. ISBN: 84-276-0625-7.]

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Una herencia incómoda. Genes, raza e historia humana.- Nicholas Wade (1942)


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3.-Orígenes de la naturaleza social humana
Cómo las sociedades cambian para adecuarse al ambiente

«La confianza y la agresión son dos componentes importantes del comportamiento social humano cuya genética subyacente ya ha sido explorada en cierta medida. Hay otros muchos aspectos del comportamiento social, como la avenencia hacia las normas, la disposición a castigar a los que transgredan las normas sociales o la expectativa de imparcialidad y reciprocidad, que con toda probabilidad tienen una base genética, aunque dicha base ha de descubrirse todavía.
 El hecho de que el comportamiento social humano esté modelado en cierta medida por los genes significa que puede evolucionar y que pueden surgir diferentes tipos de sociedad a medida que los comportamientos sociales subyacentes varían. Y a la inversa, cambios importantes en la sociedad humana, como la transición desde la caza y recolección hasta una vida sedentaria, estuvieron casi con toda seguridad acompañados por cambios evolutivos en el comportamiento social a medida que la gente se adaptaba a su nueva forma de vida. (Los términos adaptarse y adaptación se emplean aquí siempre en el sentido biológico de una respuesta evolutiva a las circunstancias de base genética.)
 Hay dos factores importantes a considerar en la aparición del cambio social. Uno es que una sociedad se desarrolla mediante cambios en sus instituciones, que son mezclas de cultura y de comportamiento social modelado genéticamente. El otro es que los genes y la cultura interactúan. Esto le puede parecer paradójico a quienquiera que considere que genes y cultura son dos ámbitos completamente separados. Pero apenas es sorprendente desde una perspectiva evolutiva, dado que el genoma está diseñado para responder al ambiente y un componente principal del ambiente humano es la sociedad y sus prácticas culturales.
 Los componentes funcionales de una sociedad son sus instituciones. Cualquier forma de comportamiento sobre la que exista acuerdo social, desde una danza tribal a un parlamento, puede considerarse una institución. Las instituciones reflejan tanto la cultura como la historia, pero sus componentes básicos son los comportamientos humanos. Resigamos hacia atrás la historia de una institución y, bajo gruesas capas de cultura, descubriremos que está edificada sobre comportamientos instintivos humanos. El imperio de la ley no existiría si las personas no tuvieran tendencias innatas a seguir normas y a castigar a los que las violan. No se podría hacer que los soldados cumplieran las órdenes si la disciplina del ejército no pudiera invocar comportamientos innatos de conformidad o avenencia, obediencia y disposición a matar en beneficio del propio grupo.
 Considérese, pues, la intrincada dinámica del sistema natural en el que los miembros de una sociedad se hallan encajados. Su motivación básica es su propia supervivencia y la de sus familias. A diferencia de las especies que sólo pueden interactuar directamente con su ambiente, las personas lo suelen hacer a través de su sociedad y de sus instituciones. Al responder a un cambio ambiental, una sociedad ajusta sus instituciones, y sus miembros se ajustan a las nuevas instituciones cambiando su cultura en el corto plazo y su comportamiento social en el largo plazo.
 Hace tiempo que los que consideran la mente como una página en blanco en la que sólo la cultura puede escribir, se han resistido a la idea de que el comportamiento humano tiene una base genética. La noción de la página en blanco ha sido particularmente atractiva para los marxistas, que quieren que el gobierno moldee al hombre socialista a su imagen deseada y que ven en la genética un impedimento al poder del estado. Académicos marxistas fueron los que encabezaron el ataque a Edward O. Wilson cuando éste propuso en su libro de 1975 Sociobiology que comportamientos sociales tales como la avenencia y la moralidad tenían una base genética. Wilson incluso sugirió que los genes podían tener alguna influencia "en las cualidades de comportamiento que subyacen a las variaciones entre culturas". Aunque su término sociobiología no es usado generalmente en la actualidad (psicología evolutiva es un término mucho menos polémico para prácticamente la misma cosa), la marea se ha vuelto en favor de las ideas de Wilson ahora que muchas facultades humanas parecen ser innatas. Desde el repertorio social de los bebés a los instintos morales discernibles a partir de los tests psicológicos, es evidente que la mente humana está hereditariamente predispuesta a actuar de determinadas maneras.
 El comportamiento social cambia porque, a lo largo de un período de generaciones, genes y cultura interaccionan. "Los genes tienen atraillada la cultura", escribe Wilson. "La traílla es muy larga pero inevitablemente se constreñirán valores de acuerdo con sus efectos sobre el acervo génico humano." Prácticas culturales dañinas pueden conducir a la extinción, pero las que son ventajosas crean presiones selectivas que pueden promover variantes genéticas específicas. Si una práctica cultural proporciona una ventaja de supervivencia significativa, los genes que permiten a una persona dedicarse a dicha práctica se harán más comunes.
 Esta interacción entre el genoma y la sociedad, conocida como evolución gen-cultura, ha sido probablemente una fuerza potente a la hora de modelar las sociedades humanas. Hasta el presente se ha documentado únicamente por cambios menores en la dieta, pero estos establecen el principio. El primer ejemplo es el de la tolerancia a la lactosa, la capacidad de digerir leche en estado adulto por medio de la enzima lactasa, que descompone la lactosa, el principal azúcar de la leche.
 En la mayoría de las poblaciones humanas, el gen de la lactasa se desactiva de forma permanente después del destete, con el fin de ahorrar la energía necesaria para producir la enzima lactasa. La lactosa, el azúcar metabolizado por la enzima lactasa, sólo se encuentra en la leche, de modo que cuando una persona ha terminado la lactancia materna, la lactasa no volverá a ser necesaria nunca más. Pero en poblaciones que aprendieron a domesticar ganado y a beber leche de vaca no elaborada, notablemente la Cultura de vasos de embudo que floreció en la Europa central septentrional hace entre 6.000 y 5.000 años, supuso una gran ventaja selectiva mantener activado el gen de la lactasa. Casi todas las personas holandesas y suecas en la actualidad son tolerantes a la lactosa, lo que significa que portan la mutación que mantiene el gen de la lactasa permanentemente activado. La mutación es progresivamente menos común en Europa a distancias crecientes de la región central de la antigua Cultura de vasos de embudo.
 Se han detectado tres mutaciones diferentes que tienen el mismo resultado en pueblos pastoralistas de África Oriental. La selección natural ha de operar en cualesquiera mutaciones que estén disponibles en una población y, evidentemente había disponibles diferentes mutaciones en los pueblos europeos y en varios pueblos africanos que se dedicaron a domesticar ganado y a beber su leche cruda. Las mutaciones que prolongaban la lactasa confirieron una enorme ventaja a sus poseedores, al permitirles que tuvieran diez veces más hijos supervivientes que los que carecían de la mutación.
 La tolerancia a la lactosa es un ejemplo fascinante de cómo una práctica cultural humana, en este caso criar ganado y beber leche cruda, puede tener un efecto retroactivo sobre el genoma humano.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Ariel, 2015, en traducción de Joan Domènec Ros. ISBN: 978-84-344-1925-4.]

jueves, 6 de septiembre de 2018

Incógnito. Las vidas secretas del cerebro.- David Eagleman (1971)


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4.-Lo que se puede pensar
El "umwelt": la estrecha rendija de nuestra vida

«De manera análoga a su percepción del mundo, su vida mental se construye para abarcar cierto territorio y queda restringida a él. Hay pensamientos que no puede tener. No puede abarcar el sextillón de estrellas de nuestro universo, ni imaginar un cubo de cinco dimensiones, ni sentirse atraído por una rana. Si estos ejemplos parecen obvios (¡Naturalmente que no puedo!) considérelos análogos a ver en rayos infrarrojos, a captar ondas de radio o a detectar el ácido butírico, tal como hacen las garrapatas. El "umwelt del pensamiento" es una fracción diminuta del "umgebung del pensamiento". Exploremos este territorio.
 La función de ese ordenador húmedo, el cerebro, es generar comportamientos que sean adecuados a las circunstancias ambientales. La evolución ha modelado cuidadosamente sus ojos, sus órganos internos, sus órganos sexuales, etc., y también el carácter de sus pensamientos y creencias. No sólo hemos desarrollado defensas inmunológicas especializadas contra los gérmenes, sino también una maquinaria nerviosa para resolver problemas especializados a los que ya se enfrentaron nuestros antepasados cazadores recolectores a lo largo del 99% de la historia evolutiva de nuestra especie. El campo de la psicología evolutiva explora por qué pensamos de una manera y no de otra. Mientras los neurocientíficos estudian las partes y piezas que componen el cerebro, los psicólogos evolutivos estudian el software que resuelve los problemas sociales. Desde este punto de vista, la estructura física del cerebro incorpora una serie de programas y los programas están ahí porque en el pasado han resuelto algún problema concreto. Basándose en sus consecuencias, se añaden a la especie nuevas características y se descartan otras.
 Charles Darwin predijo esta disciplina al final de El origen de las especies: "En un futuro lejano, veo el comienzo de investigaciones mucho más importantes. La psicología se basará en un nuevo cimiento: el de la necesaria adquisición de manera gradual de todas las capacidades y facultades mentales." En otras palabras, nuestra psique evoluciona, igual que los ojos, los pulgares y las alas.
 Pensemos en los bebés. Al nacer, los bebés no son una hoja en blanco, sino que heredan un abundante equipamiento para solventar problemas, y cuando muchos de ellos se les plantean, ya tienen la solución humana. Darwin fue el primero en conjeturar esta idea (también en El origen de las especies), y posteriormente la desarrolló William James en Principios de psicología. El concepto fue ignorado a lo largo de casi todo el siglo XX, pero resultó ser acertado. Los bebés, por indefensos que estén, aparecen en el mundo con programas nerviosos especializados para razonar acerca de los objetos, la causalidad física, los números, el mundo biológico, las creencias y motivaciones de otros individuos y las interacciones sociales. Por ejemplo, el cerebro de un recién nacido espera ver caras: incluso cuando tienen menos de diez minutos de vida, los bebés se vuelven hacia las formas que parecen caras, pero no cuando ven una versión confusa de ese patrón. A los dos meses y medio, un bebé expresará sorpresa si un objeto sólido parece atravesar otro objeto o si un objeto parece desaparecer como por arte de magia. Los bebés no tratan igual los objetos animados que los inanimados, pues asumen que los juguetes animados poseen estados (intenciones) internos que no pueden ver. También hacen suposiciones acerca de las intenciones de los adultos. Si un adulto intenta mostrar cómo hacer algo, el bebé lo imita. Pero si el adulto parece estropear la demostración (quizá exclamando un "¡Glups!"), el bebé no intenta imitar lo que ve, sino más bien lo que cree que el adulto intentaba hacer. En otras palabras, cuando los bebés ya tienen edad suficiente para ser puestos a prueba, llevan a cabo sus propias suposiciones acerca de cómo funciona el mundo.
 Así pues, aunque los niños aprenden por imitación lo que les rodea -remedando a sus padres, sus animales domésticos y la televisión-, no son hojas en blanco. Pensemos en el balbuceo. Los niños sordos balbucean del mismo modo que los niños que oyen, y los sonidos de los niños en los diferentes países son parecidos, aun cuando estén expuestos a idiomas radicalmente distintos. De manera que el balbuceo inicial se hereda en los humanos como un rasgo preprogramado.
 Otro ejemplo de preprogramación es el así denominado sistema de lectura de pensamientos: ese grupo de mecanismos mediante el cual nos servimos de la dirección y movimiento de los ojos de los demás para inferir lo que quieren, saben o creen. Por ejemplo, si alguien mira de repente sobre su hombro izquierdo, inmediatamente supondrá que algo interesante ocurre detrás de usted. Nuestro sistema de lectura de miradas ya está totalmente operativo en nuestros primeros meses. En casos como el autismo, este sistema puede verse afectado. Por otra parte, puede no verse perjudicado  aun cuando otros sistemas estén dañados, como un trastorno llamado síndrome de Williams, en el que la lectura de las miradas funciona bien, pero la cognición social es manifiestamente deficiente en otros aspectos.
 El software preprogramado puede sortear el exceso de opciones con que se topa el bebé y que podría suponer un problema en caso de que el cerebro fuera como una hoja en blanco. Un sistema que comenzara como una hoja en blanco sería incapaz de aprender las complejas reglas del mundo utilizando sólo la pobre entrada sensorial que reciben los bebés. Tendría que probarlo todo y fracasaría. Lo sabemos aunque sólo sea por la larga historia del fracaso de las redes nerviosas artificiales que arrancan de cero e intentan aprender la reglas del mundo.
 Nuestra preprogramación participa intensamente en el intercambio social: en la manera en que los humanos interactúan entre sí. La interacción social ha sido crítica para nuestra especie durante millones de años, a resultas de lo cual los programas sociales han quedado profundamente grabados en el circuito nervioso. Tal como lo ha expresado los psicólogos Leda Cosmides y John Tooby: "El latido del corazón es universal porque el órgano que lo genera es igual en todas partes. Ésta es también la explicación más básica de la universalidad del intercambio social." En otras palabras, el cerebro, al igual que el corazón, no precisa una cultura especial para expresar comportamiento social: el programa ya viene incorporado en el hardware.»
 
 [El fragmento pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 2013, en traducción de Damià Alou. ISBN: 978-84-339-6351-2.]