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martes, 16 de agosto de 2016

"El rey Lear".- William Shakespeare (1564-1616)

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 Acto primero. Escena primera.

 "Lear: Desvelaremos, entretanto, el más penoso de nuestros proyectos.
Traednos ese mapa. Sabed que hemos dividido
nuestro reino en tres partes; y que es nuestro propósito
firme librarnos en nuestra vejez de toda carga y toda obligación
y confiarlas a más jóvenes brazos, mientras nos, aliviado,
nos arrastramos a la muerte. Vos, nuestro hijo de Cornwall
y también vos, nuestro no menos querido hijo de Albany,
es nuestra firme voluntad en esta hora dar anuncio a la dote
de mis tres hijas, como prevención de futuras disputas.
Los príncipes de Francia y de Borgoña,
rivales en el amor de nuestra hija más pequeña,
han prolongado en nuestra corte su visita amorosa,
y han de obtener una respuesta aquí. Decidnos, hijas mías,
cuando nos hemos despojado de nuestro poder,
de nuestras posesiones y las cargas de Estado,
quién nos ama más de vosotras, para que podamos
usar de una más grande generosidad
en quien los méritos con la Naturaleza rivalicen. Gonerill,
primogénita nuestra, hablad primero.
 Gonerill: Señor, os amo más de lo que las palabras pueden expresar
y más que a vista, espacio, libertad,
más, muchísimo más que lo estimado, lo precioso, lo raro,
no menos que la vida llena de dignidad, salud, belleza, honor,
tanto como jamás amó un hijo o un padre fuese amado;
un amor que empobrece el aliento y debilita el habla,
os amo más allá de la forma de decir "muchísimo".
 Cordelia: (Aparte.) ¿Qué ha de decir Cordelia? Ama y no digas nada.
 Lear: De todos estos confines, de esta línea a aquella,
llenos de espesos bosques y campiñas,
de ríos caudalosos y praderas extensas
os proclamo señora. Y que así sea para los descendientes
de Albany y de vos. ¿Qué dice nuestra segunda hija,
nuestra querida Regan, desposada con Cornwall?
 Regan: Estoy hecha con los mismos metales que mi hermana
y en su medida me valoro. Mi corazón veraz
siente cómo ella expresa mi contrato de amor,
pero de modo leve: me declaro enemiga
de todos los placeres que, en precioso conjunto,
poseen los sentidos;
tan sólo encuentro la felicidad
en el amor a Vuestra Alteza.
 Cordelia: (Aparte.) ¡Pobre Cordelia, entonces!
Aunque no, ya que segura estoy de que mi amor
sobrepasa mi lengua.
 Lear: Para vos y los vuestros en herencia
quede por siempre este amplio tercio de nuestro hermoso reino,
no inferior en espacio, ni en valor, ni en provecho
al concedido a Gonerill. Y ahora, gozo nuestro,
nuestra última hija y más pequeña, cuyo amor juvenil
enfrenta, interesados, los pastos de Borgoña
y las vides de Francia, ¿qué haréis para obtener
un tercio más valioso que el de vuestras hermanas?
¿Qué tenéis que decir?
 Cordelia: Nada, my lord.
 Lear: ¿Nada?
 Cordelia: Nada.
 Lear: Nada obtendréis de nada. Hablad de nuevo.
 Cordelia: Infeliz como soy, no consigo elevar
mi corazón hasta mis labios. Conforme a nuestro vínculo
os amo, Majestad, no más, no menos.
 Lear: ¿Cómo, Cordelia? Cuidad lo que decís,
o arriesgaréis vuestra fortuna.
 Cordelia: Mi señor,
vos me habéis engendrado y criado y amado
y en la misma medida os correspondo,
os obedezco y amo y, sobre todo, os honro.
¿Por qué se desposaron mis hermanas cuando dicen
que os aman sólo a vos? Si tomara marido
el señor cuya mano asumiese mi emblema llevaría con él
la mitad de mi amor, y deber y cuidados.
Cierto es que nunca me desposaré, como mis dos hermanas,
para poder amar solamente a mi padre.
 Lear: ¿Es eso lo que dice vuestro corazón?
 Cordelia: Sí, mi señor.
 Lear: ¿Tan joven y tan dura?
 Cordelia: Tan joven, mi señor, y tan sincera.
 Lear: ¡Que la sinceridad sea, pues, vuestra dote!"

viernes, 29 de julio de 2016

"El valle de Josafat".- Eugenio D'Ors (1881-1954)


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 "Miguel Ángel

 De los tres Hermanos Crúcicles, Shakespeare representa el punto difícil de equilibrio entre la fuerza y la armonía. Miguel Ángel es ya más fuerte que armonioso. Beethoven, más desigual todavía: Beethoven llega a ser, algunas veces, inferior a sí mismo.
 Por esto, Miguel Ángel no tiene la alegría de Shakespeare. Creación impetuosa todavía, pero aún no creación sana. En Shakespeare, la abundancia sigue el dictado de la preferencia. La abundancia de Miguel Ángel (que es la Sixtina) es toda ella contra voluntad; es una fecundidad no electiva, sino forzada por el destino.
 Shakespeare es prolífico como un patriarca de Oriente, entre sus esposas escogidas. Miguel Ángel como un toro semental bajo la vara del mayoral de la vacada. 
 (Miguel Ángel, semental trágico, en la vacada de Jehová).

Kepler

 La antigüedad sabia había delirado en dos grandes amores: amó demasiado el triángulo y amó demasiado la circunferencia.
 Cuando por la revolución de la Física en el Renacimiento se destruyeron tantas viejas concepciones, la imagen representativa del Universo quedó durante un tiempo convertida en un montón de ruinas. Resulta difícil para nosotros, hombres de hoy, imaginar la consternación, el efecto de anarquía que habían de producir en los espíritus revelaciones como las de Copérnico. -¡Ni círculo ni  triángulo...! -Pues qué, ¿la irregularidad, la incomprensibilidad, la irracionalidad del mundo?
 Aquí tiene lugar la aparición y la lección de Kepler. Después de Sócrates, acaso es Kepler el máximo Patrono de la doctrina de la Ironía, del Sistema del Juicio, de la filosofía del Hombre que trabaja y que juega. Kepler es aquel que dice: -La regularidad demasiado sencilla de los antiguos, no, pero, de todos modos, una cierta regularidad; una rígida simetría, no; pero sí una más elástica y flexible armonía; círculos pitagóricos, no; pero sí graciosas elipses.
 ¡Oh, quien fuese un nuevo Kepler ante las ruinas del intelectualismo en el pensamiento contemporáneo! ¡Quién pudiese restaurar la regularidad perdida, ensanchando su campo y haciéndolo más complejo y más móvil! No principio de razón suficiente, sino principio de función exigida; no principio de contradicción, sino principio de jerarquía; no razón enterca sino inteligencia viviente. Ni Pitágoras ni Protágoras: Sócrates. Ni Descartes ni Boeme: Kepler.

San José

 Comprenderlo todo, para perdonarlo todo.
 Todavía esta tolerancia de intelectual es demasiado poco. Hay que llegar a una generosidad más eminente.
 Hay que llegar a una generosidad que lo perdona todo,  a pesar de que sólo lo comprende a medias.
 Esta generosidad se llama Pueblo. También se llama San José.

Guillermo Tell

 A ojos de la vulgaridad romántica, Guillermo Tell, tal como nos lo presenta Schiller, hará siempre un efecto un poco disminuido. El público, al verle aparecer en escena, quisiera que plantease inmediatamente la revolución. Resulta duro esperar durante cinco actos, la caída y muerte del tirano.
 No todo el mundo es capaz de comprender el heroísmo que existe en cargarse de razón.  


Fidias

 El filósofo había escrito a la entrada de su Academia: "No entre quien no sea geómetra".
 Pero yo sé un secreto. Bajo este rótulo había otro con letras más pequeñas, tan pequeñas, que para todos quedaron inadvertidas. Este segundo rótulo decía: "Ni tampoco quien sea demasiado geómetra".
 Así también en la entrada del templo purísimo donde Fidias es adorado.
 No puede acercarse el miserable descalzo, que ha ido por el mundo sin las sandalias de la filosofía y trae huella, mancha y tara del polvo de los caminos.
 Pero tampoco el pedante que no es bastante humilde para descalzarse píamente las sandalias".

sábado, 4 de abril de 2015

"Hamlet".- William Shakespeare (1564-1616)

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"Acto I, Escena III
 
 Laertes: Pero allí viene mi padre; y, pues la ocasión es oportuna, me despediré de él otra vez. Su bendición repetida será un nuevo consuelo para mí.
 Polonio: ¿Aún estás aquí? ¡Qué pereza! A bordo, a bordo; el viento impele ya por la popa las velas, y a ti solo aguardan. Recibe mi bendición y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos. No publiques con facilidad lo que pienses, ni ejecutes cosa bien premeditada primero. Debes ser afable, pero no vulgar en el trato. Une a tu alma, con vínculos de acero, los amigos que adoptaste después de examinada su conducta, pero no acaricies con mano pródiga a los que acaban de salir del cascarón y aún están sin plumas. Huye siempre de mezclarte en disputas pero, una vez metido en ellas, obra de manera que tu contrario huya de ti. Presta el oído a todos y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás pero reserva tu propia opinión. Sea tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan, pero no afectado en su hechura; rico, no extravagante; porque el traje dice por lo común quién es el sujeto, y los caballeros y principales señores franceses tienen el gusto muy delicado en esta materia. Procura no dar ni pedir prestado a nadie, porque el que presta suele perder a un tiempo el dinero y el amigo, y el que se acostumbra a pedir prestado falta al espíritu de economía y buen orden que nos es tan útil. Pero, sobre todo, usa de ingenuidad contigo mismo y así no podrás ser falso con los demás, consecuencia tan precisa como que la noche suceda al día. Adiós, y él permita que mi bendición haga fructificar en ti estos consejos.
[…]
 
Acto III, Escena I   
 
 Hamlet: Ser o no ser: he aquí el problema. ¿Cuál es más digna acción del ánimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponer los brazos a este torrente de calamidades y darles fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. No más. Y con un sueño las aflicciones se acaban y los dolores sin número, patrimonio de nuestra débil naturaleza… Éste es un término que deberíamos solicitar con ansia. Morir es dormir… y tal vez soñar. He aquí el gran obstáculo; porque al considerar qué sueños pueden desarrollarse en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este despojo mortal, se siente un motivo harto poderoso para detenerse. Ésta es la consideración que hace nuestra infelicidad tan larga, haciéndonos amar la vida. ¿Quién, si esto no fuese, aguantaría la lentitud de los tribunales, la insolencia de los empleados, las tropelías qye recibe el pacífico, el mérito con que se ven agraciados los hombres más indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los soberbios, cuando el que todo esto sufre pudiera evitárselo y procurarse la quietud con sólo un puñal? ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta, si no fuese porque el temor de que existe alguna cosa más allá  de la muerte (país desconocido, de cuyos límites ningún caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir los males que nos cercan, antes de ir a buscar otros de que no tenemos seguro conocimiento? Esta previsión nos hace a todos cobardes; así, la natural tintura del valor se debilita con los barnices pálidos de la prudencia. Las empresas de mayor importancia, por esta sola consideración, mudan camino, no se ejecutan, y se reducen a designios vanos. Pero… ¿qué veo? ¡La hermosa Ofelia! Graciosa niña, espero que mis defectos no serán olvidados en tus oraciones”.