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viernes, 23 de diciembre de 2016

"Las metamorfosis".- Publio Ovidio Nasón (43 a.C. - 17 d. C.)


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 Libro duodécimo

«I. Argumento: Príamo, creyendo muerto a su hijo Esaco, manda celebrar sus exequias, a las cuales únicamente falta Paris, su hermano, que había marchado a Grecia.

 Príamo, que ignoraba la transformación de su hijo Esaco, lloraba su muerte, mientras que Héctor y los otros hermanos de ese infortunado príncipe le levantaban una tumba con su nombre inscrito en ella. Paris fue el único de los hijos de Príamo que no asistió a esta ceremonia. Éste es el mismo Paris que, por el rapto de Helena, proporcionó a su patria una sangrienta guerra. Toda la Grecia, conjurada, tomó las armas en favor de Menelao, esposo de esa princesa. Se reunieron mil embarcaciones y la afrenta hubiera sido bien pronto vengada si los vientos contrarios no hubieran impedido a la flota salir del puerto de Aulis. Cuando los griegos ofrecían en la orilla del mar un sacrificio a Júpiter, vieron a una serpiente que, subida a una llanura próxima al altar, devoró nueve pajarillos que estaban en su nido. Todos los que vieron este prodigio quedaron extrañados pero Calcas, que leía en el porvenir, les habló así: "Regocijaos, griegos; la ciudad de Troya será destruida, pero nos costará largos y penosos trabajos. Estos nueve pájaros que la serpiente acaba de devorar me anuncian que el sitio de esta ciudad durará nueve años." Durante este discurso, la serpiente, que estaba enroscada alrededor de un tronco, fue transmutada en árbol.
 Los vientos, siempre contrarios, impedían la salida de la flota y se temía que Neptuno favorecía a la ciudad de Troya, a la que él mismo levantó sus murallas. Calcas pensaba de otra manera; sabía que para salir del puerto de Aulis era preciso sacrificar a una virgen, para aplacar a Diana, irritada contra Agamenón. Así que el interés de lo público triunfó sobre el cariño paternal y los sentimientos de rey se impusieron a los de padre. Los pastores, deshechos en llanto, condujeron a Ifigenia al altar. Diana, apaciguada por esta sumisión, raptó entre una nube al altar y los sacrificadores, y puso en lugar de la princesa una serpiente, que fue inmolada. Después de este sacrificio, la mar se tranquilizó y un viento favorable condujo en poco tiempo la flota griega a las playas de Troya.
 El centro del Universo es un lugar igualmente alejado del cielo, de la tierra y del mar, y que sirve de límite a estos tres imperios. Se descubre desde este punto todo lo que pasa en el mundo y se oye todo lo que se dice. En este lugar habita la Fama sobre una torre rodeada de mil avenidas. El techo está horadado por todas partes; no se encuentra en ella ninguna puerta y permanece abierta día y noche. Las murallas están hechas de un metal sonoro, que repite todo lo que por el mundo se dice. Aunque el reposo y el silencio sean desconocidos en este lugar, jamás se oyen grandes gritos; solamente un ruido sordo y confuso, que semeja al del mar lejano o al que hacen las nubes después del relámpago. Los pórticos de este palacio están siempre llenos de una gran multitud que va y viene sin cesar; se oyen  mil comentarios, tan pronto verdaderos como falsos. Allí reina la tonta credulidad, el error, una falsa alegría, el temor de alarmas sin fundamento, la sedición y los murmullos misteriosos de autores desconocidos. La Fama, que es de aquel lugar la soberana, ve todo lo que en el cielo, mar y tierra sucede y examina todo con inquieta curiosidad.
 Como la Fama ya había prevenido a los troyanos que los griegos venían a atacarlos con una poderosa flota, no se sorprendieron de su llegada. En el primer combate que se libró perdió la vida Protesilao; la muerte de este ilustre griego hizo concebir ideas de venganza que serían satisfechas sobre Héctor. Esta primera batalla costó mucha sangre a los griegos y la pérdida de valientes capitanes. Las pérdidas de los troyanos fueron también considerables. El promontorio de Sigeo estaba tinto en sangre. En el calor del combate, Cione, que debía el ser a Neptuno, mató por su propia mano a numerosos griegos. Aquiles, subido en su carro, se abre paso a través de las legiones. Arrasa todo lo que encuentra a merced y se encuentra con unos enemigos tan invencibles como Héctor y Cione. Excita con sus gritos a los caballos, se acerca a Cione y blandiendo su pica con aire amenazador, le dirigió estas palabras: "Quienquiera que seáis, joven temerario, tendréis, al morir, el consuelo de haber sido vencido por Aquiles." Esto decía y al mismo tiempo le arrojó su lanza; el golpe no hizo blanco y Cione, que quedó ileso, replicóle: "Hijo de Tetis, parecéis sorprendido de que vuestra lanza no haya maltratado mi cuerpo. Cese vuestra extrañeza; este casco que llevo sobre mi cabeza y esta malla me sirven más que de adorno. Despojado de mis armas no soy menos invulnerable. Es glorioso, no os lo niego, tener por madre a una Nereida; pero lo es infinitamente más tener por padre al dueño de Nereo, de sus hijas y el soberano de los mares." Así hablaba Cione cuando lanzó su pica contra Aquiles con tanta furia que atravesó los nueve primeros cueros y no se paró hasta el décimo. Aquiles, después de arrancarla, dirigió a su enemigo otro segundo golpe tan desafortunado como el primero; en seguida, un tercero, que no tuvo mejor éxito. Furioso como un toro, Aquiles miró la punta de su lanza para ver si seguía el hierro en ella.»

domingo, 25 de enero de 2015

"Cuentos de Canterbury".- Geoffrey Chaucer (1343-1400)

  

"Examina asimismo si se conforma a razón el consejo de los que propugnan pronta venganza. Bien conoces que no, porque la razón y la ley exigen que nadie se vengue de nadie, sino que apele al juez competente y vea si tiene derecho a desquite, ya riguroso o temprano, como disponga la ley. Igualmente considera si tu poder y fuerza pueden cumplir tu propósito y el de tus aconsejadores. En verdad puedes decir que no, pues hablando en puridad no se pueden hacer otras cosas que las legalmente ejecutables. Y así, legalmente no te debes tomarte la venganza por tu mano y, por lo tanto, tu poder no te permite cumplir tu proyecto.
 Y ahora veamos el tercer punto, que Tulio llama consecuencia. Tú estimas tu venganza como un resultado de lo sucedido pero de ella se dimanarían otras venganzas, peligros, guerras y males innúmeros que, por ahora, no vemos.
 El cuarto punto llámalo Tulio engendramiento. El agravio sufrido se ha engendrado en el odio de tus enemigos, y en tu venganza se engendraría otra venganza y muchas turbaciones y empobrecimientos, según dijimos.
 Pasando, señor, al punto que Tulio llama causas, has de comprender que el agravio sufrido por ti obedece a causas que denominan los sabios oriens y efficiens, causa longinqua y causa propinqua, esto es, causa lejana y causa próxima. La causa lejana es Dios omnipotente, causa de todas las cosas. La causa próxima fueron tus enemigos. La causa ocasional fue el odio. La material las cinco heridas de tu hija. La formal es el modo de obrar, esto es que tus enemigos vinieron con escalas y franquearon las ventanas. La causa final consistió en querer matar a tu hija, lo que si no sucedió no se debió a falta de voluntad en ellos.
 Pero, hablando de la causa remota, y tocando al punto de cuál fue el fin con que vinieron, o a lo que al final de todo esto podrá ocurrirnos, yo no puedo juzgar sino mediante conjeturas y presunciones. Desde luego, paréceme que todo abocará a un mal fin, porque el Libro de los Decretos dice que "rara vez muy difícilmente concluirá bien lo que comenzó mal".
 Si me preguntaren, señor, por qué ha consentido Dios que se perpetrase contra ti esa villanía, no sabría qué responder, pues ya dice el Apóstol: "Muy profundos son los juicios y la sabiduría de Dios y ningún hombre puede comprenderlos ni escudriñarlos debidamente". Pero, ateniéndose a determinadas suposiciones, paréceme que Dios, que es justo y recto, debe haber permitido este lance por razonada y equitativa causa.
 Tu nombre de Melibeo significa libador de miel. En efecto, has libado tanta dulce miel de riquezas temporales y mundanos honores y delicias que estas como embriagado y has olvidado a Jesucristo, tu Creador, no haciéndole la honra y acatamiento que debías. Tampoco te cuidaste de las palabras de Ovidio, que dice: "Bajo la miel de los bienes corporales se esconde el veneno que mata el alma". Y señala Salomón: "Si hallas miel, come la necesaria, pues si comieres sin tasa la vomitarás y te verás menesteroso y pobre".
 Quizá Cristo, en su venganza, haya desviado de ti su faz y oídos misericordiosos, consintiendo que seas castigado de la manera que pecaste. Porque has ofendido a Cristo, nuestro Señor, dejando que los tres enemigos del género humano, mundo, demonio y carne, penetrarán en tu corazón por las ventanas de tu cuerpo y no defendiéndote lo bastante contra sus acometidas y tentaciones. O sea, que los pecados morales han entrado en tu corazón por tus cinco sentidos. Y semejantemente Cristo, nuestro Señor, ha querido y autorizado que tus tres enemigos entraran en tu casa por las ventanas e hirieran a tu hija del modo que sabemos".

jueves, 15 de enero de 2015

"Arte de amar".- Ovidio (43 aC.- 17 dC.)

    

"El medio más seguro y más corriente de engañar es el de invocar la amistad; medio que no por quedar impune deja de ser un crimen. [...]
 Voy a indicarte la justa medida que debes observar cuando bebas. Que tu espíritu y tus pies guarden constantemente el equilibrio. Evita sobre todo las querellas que engendran los alcoholes, en las que los puños y las palabrotas salen a relucir enseguida. No imites a Euritión, que murió tontamente por haber bebido demasiado. La mesa y el vino no deben inspirar más que una dulce alegría. Si tienes buena voz, canta; si tus miembros son flexibles, baila; no ocultes ninguna de tus habilidades; el caso es mostrarte agradable e ingenioso. La embriaguez verdadera produce disgustos, pero la falsa puede serte de gran utilidad. Aunque tu lengua balbucee torpes palabras, todos creerán que se debe al exceso de tus libaciones. Desea mil felicidades a tu amada y al que tiene la dicha de compartir su cama, aun cuando en lo más recóndito de tu alma profieras contra este último mil insultos y maldiciones. Cuando los convidados se retiren de las mesas, encontrarás el momento propicio para acercarte a ella; ábrete paso entre la turba, colócate como sin querer a tu lado. Este es el momento de hablarla; desecha, pues, cualquier estúpido reparo. Venus y la Fortuna se complacen en favorecer únicamente al audaz. No cuentes conmigo para que te enseñe los recursos de la elocuencia amorosa; tú empieza, que después ya acudirán a tus labios las frases espontáneas y felices. Tienes que representar el papel de un amante y por tanto tus palabras han de quemar con el mismo fuego que a ti te devora; te son lícitos todos los argumentos para persuadirla de tu pasión; y ella se convencerá fácilmente, porque no hay mujer, por fea que sea, que no se crea atractiva y digna de todos los amores. ¡Cuántas veces el que finge un amor que no siente acaba queriendo de veras! [...]
 Importa que haya dioses; como importa creer en ellos, para poner sobre sus altares el incienso, el vino y las mentiras. No yacen los dioses en un reposo indolente muy semejante al sueño; mientras seáis inocentes, ellos tendrán puestos sus ojos en vosotros. Devolvedles el depósito que se os ha confiado; acatad las leyes, aborreced el engaño y que vuestras manos puedan levantarse siempre al cielo limpias de sangre. [...] Engañad a los que os engañen".