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sábado, 2 de noviembre de 2019

La vida difícil.- Andrés Carranque de Ríos (1902-1936)

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Segundas escenas
IV.- He aquí un millonario
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«-Me explicaré. Su enorme personalidad, don Fermín, merece ser destacada de manera definitiva y, con este motivo, un grupo de asturianos se ha reunido para tomar el acuerdo de que el homenaje debe encabezarlo la revista Asturias, ya que ella representa todo lo que supone en la región un esfuerzo y un valor.
-¡Hijo mío! -interrumpió el millonario-; yo no soy nada. Yo ya estoy retirado...
 -¿Qué dice usted? -aquí el periodista eligió un acento admirativo-. ¿Don Fermín Gutiérrez, retirado? ¿Don Fermín Gutiérrez? Usted, quiera o no quiera, es una honra de Asturias. Digo más: es la representación más genuina de lo que es capaz la voluntad del genio asturiano. El nombre de Fermín Gutiérrez es pronunciado por cientos de niños y niñas en los colegios fundados por usted. Toda la región se dispone a pagar modestamente el enorme esfuerzo hecho por usted en Asturias.
 El millonario movió la cabeza, mientras en su cara rojiza se esbozaba un gesto ambiguo. A Julio lo miró de reojo, torcidamente.
 -Mi director -explicó el periodista- me ha hablado mucho de usted. Me ha relatado su vida y he sido asombrado. ¡Es para escribir una novela!
 -Vamos; eso no tiene ninguna importancia -comentó el millonario-. Es la vida, hijos míos, la que hace que uno llegue a ser algo.
 -Exacto, don Fermín. Pues bien: nosotros vamos a hacer unas páginas para la revista describiendo su vida de ahora encerrado en este palacio y dedicado a los libros -esto era pura suposición- y a la felicidad del hogar. Traeremos un fotógrafo -continuó el periodista, como si ya pisara terreno firme-; en nuestra revista salen muy bien las "fotos".
 En el rostro del millonario parecía que no sentaban mal aquellas proposiciones. Sus manos anchas de antiguo trabajador jugueteaban con un botón de su chaqueta gris.
 -Si a usted le parece buena esta idea -el periodista mostrábase incansable-, se pueden hacer dos fotografías en las que será conveniente que aparezca usted rodeado de su familia. Tenemos noticia de la extraordinaria belleza de su hija -el millonario sonrió halagado-. Una fotografía de su hija será puesta en una plana; en otra plana aparecerá usted al lado de su hija y de su yerno. En las demás fotografías habrá detalles de su palacio, como su biblioteca, su mesa de trabajo, o lo que usted nos indique como cosa interesante para nuestra información.
 El periodista descansó y tragó aire. Miró a Julio para demostrarle su buena escuela y dijo al millonario:
 -Nuestro director dedica la portada de la revista a los hombres más destacados de Asturias. Las grandes personalidades desfilan en esas portadas y usted, como es natural, ocupará ese sitio.
 -Pero, hijos míos, os vuelvo a repetir que yo no hago otra cosa que estar metidito en casa. Hablad de mi hija y de mi yerno. Él es un gran pintor.
 -Permítame -contestó el periodista-; tenemos el propósito de relatar en nuestra información lo referente a su hija y a su yerno; pero lo referente a usted nos es imprescindible, porque usted es el eje de nuestro reportaje. La tirada de la revista corresponde a veinte mil ejemplares -el periodista había aumentado quince mil-. Veinte mil revistas que se leen en toda España y en América. ¿Comprende usted, don Fermín, la necesidad de que aparezca en la revista lo más representativo de Asturias?
 -Bien... Bien... -silabeó el millonario en un tono blando-. Haced lo que gustéis.
 -Para la portada -sugirió triunfante el periodista- necesitamos una buena fotografía de usted en donde aparezca enseñando una condecoración. Si usted tiene una banda o cordón, mucho mejor. Eso se destacará más.
 -Por ahí debe de tener mi hija lo que ustedes desean.
 -Perfectamente, don Fermín. Y ahora vamos con los últimos detalles de nuestra información. Usted no ignora que la cuestión de publicaciones está muy mal en España -aquí el millonario empezó a prestar gran interés-. Tan mal que las revistas apenas sí pueden sostenerse. Es decir -el periodista sentíase agotado y quiso terminar-: usted ofrenda generosamente mil doscientas pesetas, tarifa para cuatro páginas y la portada, y la revista podrá seguir siendo una demostración de que Asturias honra a España y a los españoles.
 En menos de diez segundos se rehízo el millonario de su anterior entusiasmo. Meneó tres veces la blanca cabeza, se tocó el botón de la chaqueta y lanzó un suspiro. Fueron diez segundos en que los cuadros, los cortinajes y los muebles imperiales masticaron de aquel silencio inoportuno.
 -Pero, hijos míos -¡siempre la misma coletilla!-, creo que no merece la pena que hagáis la información. Ya os dije que no me gusta figurar y que prefiero este recogimiento a que suene mi nombre en la prensa. Otros habrá que os aguarden con interés. Yo ya no estoy para estos trotes.
 En la cara del periodista llegó a pintarse la perplejidad. Julio miraba al millonario con una risita de asco. El espectáculo de los tres era deplorable.
 -Nosotros creíamos -el tono del periodista sonaba a triste- que aceptaría usted nuestras proposiciones.
 -No..., no puede ser. Pero vuestra visita me ha sido muy agradable -dijo el millonario con una amabilidad dudosa-. En fin, siento mucho no poder atenderos como hubiera sido mi gusto. Dispensadme un momento, vuelvo en seguida.
 Fermín Gutiérrez salió del salón con un proyecto desconocido para Julio y el periodista. Éste miró profundamente el grueso alfombrado.
 -¡Qué extraño! -exclamó débilmente.
 El millonario regresó con una mano elevada hasta el pecho como si sostuviera un objeto.
 -Tomad -dijo colocándose en medio de los dos-; están hechos en mis fábricas de Cuba.
 Y Fermín Gutiérrez entregó dos puritos del tamaño de un dedo índice.
 El periodista dio unas gracias muy endebles, Julio prefirió callar.
 Los dos estrecharon una mano resbaladiza y salieron sin hacer apenas ruido, deseosos de ver la calle inmediatamente.»

     [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra (Grupo Anaya), 2005. ISBN: 84-376-2253-0]

martes, 23 de julio de 2019

Últimas noticias sobre el periodismo.- Furio Colombo (1931)


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El periodismo fotográfico

«La relación entre  fotógrafo e historia, mientras la historia se desarrolla -o sea el trabajo de cualquier corresponsal gráfico, tanto para los acontecimientos alegres, cómicos o costumbristas, como para los dramáticos-, es muy diferente. El reportero gráfico dispone para cada situación de una sola imagen, como alguien que sólo pudiera pronunciar una única frase.
 Se dirá que ante la secuencia de acontecimientos el reportero gráfico puede disparar tantas fotos como sea capaz. Es cierto, pero sólo una captará el momento que establece la diferencia, que cambia y altera todo lo que sabemos de ese hecho. Y todo lo que habríamos sabido sin esa imagen única.
 Por este motivo es justo prestar atención a las "bellas" fotografías de actualidad. Son bellas las imágenes que atraviesan ese único momento de cambio, ese instante en el que algo se transforma y roza una vida. Y tal vez aquí se encuentre el vínculo tan frecuente entre "belleza" y tragedia, la razón de que tantas fotografías no sean alegres ni de entretenimiento o adorno. Es fatal que la fuerza intensa y limitada del reportero gráfico se concentre en el punto de viraje de la realidad, ese único instante, frecuentemente terrible, en el que se decide algo en el destino de alguien.
 Puede decirse que el reportero gráfico no tiene elección: debe privilegiar el daño a la vida porque nada establece tanta diferencia en la vida como el daño. Debe detener la mirada en el punto en que la integridad física y la dignidad de alguien es violada porque la infinita vulnerabilidad de los seres humanos es una obsesión común y no puede dejar de ser la obsesión del fotógrafo. Sin embargo, como decíamos, el fotógrafo no tiene elección. Tras algunas secuencias, capta el momento en que la vulnerabilidad se manifiesta por completo. Fatalmente, la imagen que después nosotros, a distancia, llamamos "bella", es "terrible". Pero es justo que quien la mira se dé cuenta de que la elección del mal no es caprichosa, de que no es cierto que se fotografíen las tragedias porque impresionan y que en el lenguaje sin escrúpulos de los servicios fotográficos lo "bello" y lo "terrible" coincidan. Es cierto, por el contrario, que lo "terrible" nos parece "bello" no sólo porque nos viene servido por la técnica extraordinaria de alguien que ve de modo perfecto en el único instante en que ocurre y consigue no bajar la mirada, sino también porque ese alguien no puede dejar de mirar. O él o nadie. O la imagen "bella" y "terrible" o el silencio que todos los perseguidores desean. Pero además existe la otra respuesta, desde el punto de vista del mundo. Planteemos esta pregunta: si elimináramos todas las imágenes trágicas, ¿qué tipo de operación provocaríamos? ¿Resignación? ¿Tranquilidad? ¿Mayor equilibrio? ¿Una visión más mojigata del mundo?
 Temo que se trataría de una operación imposible y por este motivo no creo en los predicadores de la crónica rosa. Es legítimo imaginar un mundo sin esas imágenes mortales y trabajar en su favor. Sin embargo, pintarlo así para enmascarar la realidad no es una operación posible, por muy indeseable que la realidad pueda aparecer.
 Planteemos la pregunta de otra manera. ¿Es posible suprimir las imágenes trágicas sin alterar la crónica del mundo? Yo creo que la respuesta es no. Creo que las imágenes demuestran el peso de las tragedias que seguimos arrastrando, sin resolverlas, de década en década.
 Así pues, ¿qué es el reportero gráfico? ¿Un testigo, un participante, un juez? Este discurso tiene dos aspectos. Uno está ligado al extraño papel de las comunicaciones de masas, a la circulación instantánea de las informaciones y sobre todo de las noticias visuales. El otro se concentra en la especial función profesional de alguien que, independientemente del país de origen e incluso de la propia identidad, se propone como "diferente" de las partes cuyo conflicto es representado en la imagen, y se autoproclama como un punto de referencia que debería ser garantía para los actores de la tensión a los ojos del mundo. La historia del periodismo fotográfico puede iluminar sobre la formación de esta misión anómala.
 Es una presencia que ya comienza a darse a principios de siglo. Pero el estorbo de los instrumentos y de los procesos de revelado convierte en relativamente imposibles los recorridos arriesgados. Y, sin embargo, desde el comienzo (pensemos en los retratos de Atget por los caminos de Francia) se perfila la vocación: una ligera intrusión en la que no existe participación en el acontecimiento, o por lo menos no existe hasta que el acontecimiento se convierte en fotografía (sólo entonces es evidente la presencia añadida e imprevista del testigo).
 Es también una presencia que, de acuerdo con lo previsto por los códigos de todos los tipos de experimentación e investigación social, no debe alterar el acontecimiento. La fotografía viene así como anillo al dedo, en este sentido es algo que cambia las restantes cosas con un trauma mínimo, muchas veces ni siquiera observado, y cuando lo es, tan separada de todos que, aparentemente, esa presencia no establece ninguna diferencia.
 Entre las dos guerras la fotografía o instrumento del reportaje de acción (deporte, la vida, los acontecimientos, pero sobre todo el conflicto) se expande con una velocidad que llega a ser incluso mayor que la creciente simplificación de los materiales (cámaras fotográficas, películas, técnicas de reproducción y revelado).
 Hay un aspecto especial del fenómeno que conviene intentar explicar: la conjunción instantánea del talento artístico -a veces de nivel muy alto- con un oficio duro y arriesgado. Es cierto que durante muchos años esta extraña simbiosis se traduce (como nunca había ocurrido antes, como ocurrirá muy pocas veces a continuación) en el reportaje periodístico, especialmente el de "primera línea". La existencia de los nombres de Dos Passos, de Hemingway, de Malraux en las primeras páginas de los diarios, con la inscripción "enviado especial" , es la gran novedad de aquellos años.»
 
     [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 1997, en traducción de Joaquín Jordá. ISBN: 84-339-0538-4.]