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martes, 4 de agosto de 2020

Historia de Daroca.- José Beltrán Roche (1882-1965)

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Capítulo XV: El milagro de los Corporales (continuación)

  «Después de la batalla referida en el capítulo anterior, los vencedores ocuparon el resto del día en enterrar los numerosísimos cadáveres que habían quedado en el campo y en recoger el inmenso botín que dejaron los moros fugitivos.
 Luego, reunido el Consejo de guerra, dispuso se mandara fabricar una caja de plata, que aun se conserva, donde se pudieron colocar decentemente los Santos Corporales y consignó al capitán Vicente Belbis, por otro nombre Zeyt Abuzeyt, para que fuese a Monpeller a comunicar a D. Jaime el Milagro y la victoria.
 Al tratar sobre la posesión de la inestimable joya de los Corporales, se promovió acalorada disputa, pues todos pretendían tener derecho a su posesión. Don Berenguer de Entenza manifestaba que este tesoro quedase en Valencia por el justificado motivo de haber sucedido el prodigio en este territorio y por ser Valencia cabeza de aquel reino. Los de Teruel aducían más derechos, porque su capital, como más vecina a los enemigos, había padecido más daños, había sufrido más choques, había derramado más sangre e impedido que los moros invadiesen los pueblos del reino.
 Los de Calatayud pretendían que fuese la gloria para sí, en atención a ser la mayor y más rica de las tres ciudades, haber dado para la conquista más soldados y haber gastado más caudales.
 Los de Daroca exponían que aquel tesoro debía corresponderles, porque ellos fueron los primeros que tremolaron las banderas de las Ocas sobre la Puerta de Serranos de Valencia, y por ser mosén Mateo Martínez, hijo de Daroca, el que celebró la misa, el que consagró las seis Formas, el que enarboló este sagrado estandarte de nuestra fe en la última batalla, de que resultó la más completa victoria.
 Viendo Berenguer de Entenza que la contienda tomaba cada vez mayores proporciones y que los ánimos se exaltaban demasiado, propuso que se echasen suertes sobre quién había de ser el dueño de tan rica joya, ya que el día en que esto sucedía, se celebraba la festividad de San Matías, que fue elegido para ser Apóstol.
 Todos aceptaron esta proposición, y puesta por obra, se echaron suertes por tres veces y las tres cayeron a Daroca. Esto no obstante, algunos capitanes quedaron descontentos, sospechando que hubo o pudo haber arte o engaño en lo que sin duda fue designio del cielo. El caso es que se agriaron las discusiones, hasta que por fin se convino en que se trajese una mulilla blanca cogida en el campo enemigo, que no había llevado carga ni pisado jamás tierra de cristianos, y cargando sobre su lomo los Corporales, se la dejase andar libremente y el lugar donde se parase, se tuviese sin disputa por morada del Santísimo Misterio elegida por el Cielo. Los capitanes no se opusieron a esta determinación.
 Colocados los Corporales en una caja o arqueta de plata, liada con cordones de seda, que aun se conservan, cabalgó el sacerdote llevándola consigo con grande reverencia, dejando a la mulilla caminar a su arbitrio. […] Durante el trayecto, al pasar por los pueblos, se verificaron algunos prodigios que aumentaban el fervor y entusiasmo religioso de los acompañantes, y muchas gentes salían con sus párrocos, llevando Cruz alzada, y engrosaban las filas de aquella procesión extraordinaria. […]
historia de daroca / rvdo. p. josé beltrán * ed - Comprar en ... Cruzando de largo por Teruel, llegó después de 50 leguas de jornada a las cercanías de Daroca. todos los vecinos de la ciudad, con su Clero, autoridades y muchísimos habitantes de las próximas aldeas, salieron a esperarlo. […] Llegó, por fin, a las puertas de la ciudad con todo el acompañamiento de su triunfo, del mismo modo que entró un día en Jerusalén, y desviándose un poco hacia el camino de Calatayud, la blanca mulilla se detuvo en un pobre albergue, que entonces era Hospital de San Marcos, después convento de Trinitarios y hoy Hospital municipal y Colegio de Santa, y doblando las rodillas en tierra, cayó muerta por voluntad divina el día 7 de marzo de 1239, dejando en esta venturosa ciudad la arquilla de los Sagrados Corporales. La mulilla fue enterrada en el atrio de la iglesia, y encima de la puerta hay un bajo relieve en piedra, bastante bien tallado, que representa la llegada del Santísimo Misterio. […]

 Capítulo XVI: El milagro de los Corporales (continuación)

 El año 1261, la ciudad de Daroca y el Cabildo enviaron dos síndicos, cuyos nombres no se citan, uno de cada parte, a informar a S.S. Urbano IV del Milagro de los Corporales, de los principales detalles del mismo y de la innumerable multitud de gentes que de todas partes venían a adorarlo, las cuales no cabiendo en la iglesia ni en sus plazas, hubo necesidad de construir una torreta de piedra fuera de los muros, en donde desde aquellos tiempos hasta ahora se muestra y adora en el día del Corpus con solemnidad extraordinaria. Fueron introductores de los dos síndicos ante el Papa los gloriosos doctores San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, quienes informaron sobre tan portentoso milagro al Pontífice e inclinaron su ánimo para decretar la solemnísima fiesta del Corpus. Conmovido el Papa por la relación del milagro, concedió innumerables privilegios e indulgencias, que sus sucesores aumentaron y confirmaron, en especial la Bula que concedió en 1397 Benedicto XIII, el cual, siendo Cardenal y Legado apostólico, ofició y mostró el Santísimo Misterio a los fieles, como ya se ha dicho, y regaló magníficos presentes.
 San Vicente Ferrer vino el año 1414, predicó en la Torreta el día del Corpus y convirtió 110 judíos. De tal manera se extendió por todas partes la fama de este Milagro que de las más remotas tierras venían numerosos peregrinos a adorarlo. La peregrinación más notable fue la del año 1444.»

  [El texto pertenece a la edición en español de la Institución Fernando el Católico de Zaragoza, 1998. ISBN: 84-7820-417-2.]

viernes, 1 de febrero de 2019

Arte y arquitectura en España (500-1250).- Joaquin Yarza (1936-2016)


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Capítulo 8: El pleno románico (1075-1150)

«En definitiva, a partir del reinado de Alfonso VI en los reinos occidentales y por los mismos años en Navarra y Aragón, la afluencia de francos en todos los campos y estamentos produjo cambios importantes en la situación general que tendrán repercusiones profundas en el terreno artístico. Además no se puede olvidar un hecho de enorme resonancia. La Edad Media conoció, como bien es sabido, una verdadera veneración a las reliquias. Y ahora, en este momento de impulso expansivo, se organizarán grandes vías de peregrinación hacia varios santuarios donde se guardaban o se suponía que se guardaban, porque las gentes medievales fueron escasamente críticas con estos asuntos, los cuerpos de algunos santos importantes. En el Finis terrae de Galicia el supuesto sepulcro del Apóstol Santiago el Mayor empezó a ser visitado, al menos desde el siglo X, por peregrinos ultramontanos. El nuevo desarrollo de los caminos, las comunicaciones, la apertura de Hispania, favorecieron la organización del Camino de Santiago. A esto no fue ajena la orden de Cluny. La vía se convirtió en arteria de intensa vida y ayudó al desarrollo de las ciudades que atravesó. Por ella circularon los peregrinos, los comerciantes, los grupos de canteros, los juglares. Ayudó a conferir a la Europa occidental esa cierta unidad cristiana buscada por el papado y Cluny, que en el plano artístico se manifestó en lo que se llama románico.
 La llegada de los contingentes de tropas francesas y la consistente debilidad de las "taifas" permitió un aumento del territorio cristiano a costa de los musulmanes. Así cayó una ciudad básica y mística, Toledo (1085), la capital del añorado reino visigodo. Su caída, aparte el sentido simbólico, hizo posible la progresiva repoblación de las villas del norte, tales como Ávila. El reino aragonés, enfrentado a la punta musulmana que suponía la "taifa" de Zaragoza, será más modesto momentáneamente en sus aspiraciones, pero al fin, a partir especialmente del belicoso aunque no muy hábil Alfonso I el Batallador, aumentará sus fronteras también. Pero la debilidad de las "taifas" les llevó a tomar una dolorosa decisión: llamar a los almorávides del norte de África en su ayuda. Es el comienzo de las invasiones africanas (almorávides y almohades) que hicieron sufrir a las pequeñas y refinadas cortes de las "taifas" humillaciones hasta su desaparición, y que detuvieron el avance cristiano y aun pusieron a ratos en peligro parte de las ventajas alcanzadas.
 Cuando se habla en el terreno artístico de estos tiempos se alude al predominio del monasterio sobre la catedral. Quizás una vez más estemos ante este deseo de simplificar y de buscar el contraste con el gótico que se califica de arte de las catedrales. Referido a algunos lugares, el predominio del monasterio es claro, y Cluny es un ejemplo fácilmente destacable, como en general se puede decir que sucede en Francia, pese a tantas excepciones como se quiera. En los reinos hispanos la situación parece que lo propiciaba, pero el resultado no es el que cabía esperar. Sabemos de la escasez de ciudades que merezcan este nombre. En rápida reseña habría que nombrar quizá a Barcelona, en desarrollo entonces, dentro de la Marca. En los reinos occidentales, León ya puede calificarse de tal desde el siglo X y la segunda mitad del XI, igual que en el siguiente verá aumentar su población. Sin dejar de conservar el viejo recinto amurallado, un nuevo barrio o arrabal ocupa el lugar donde antes se hacía el mercado que en parte está ocupado por los comerciantes ultramontanos o judíos. Es la situación de otros lugares. De un recinto fortificado se pasa con un aumento de población a habitar el extramuros, en arrabales que acaban incorporándose a la ciudad mayor. Toledo es otra de las escasas urbes, pero su especial carácter de gran importancia en todos los terrenos no vale la pena señalarse aquí, porque sustancialmente es musulmana.  De las supuestas nuevas ciudades como Ávila poco cabe decir. Noticias árabes de mediados del siglo hablan de ella menos como de una ciudad que como de un conjunto de aldeas relativamente separadas. Cuando ya avanzado el siglo se cierren sus magníficas murallas, este carácter primero se impondrá y quedarán barrios enteros muy importantes fuera. Las grandes iglesias de San Vicente, comenzada a fines del siglo XI, o la posterior de San Pedro, igual que la menor de San Andrés, quedan al exterior. Y son, con la catedral, los edificios más notables del tiempo.
 Con León y Toledo, Santiago de Compostela será la mayor población con una personalidad específica en relación con el desarrollo del Camino de peregrinación.
 Pero pese a esta realidad, lo cierto es que una buena parte de las construcciones más importantes de fines del siglo XI y primera mitad del siguiente se ubica en estas escasas agrupaciones urbanas. En Jaca, pese a su pequeñez, en Pamplona, en menor medida, en León y Compostela se levantan los edificios más notables. En todos los casos será la catedral este edificio nuevo, salvo en León, en que es la colegiata de San Isidoro, favorecida siempre por la monarquía reinante. La multiplicidad de reinos ha favorecido esta paradójica situación, aparte Compostela. Al tiempo que el hecho de que los monasterios, a pesar de aumentar su patrimonio, no llegan en la mayor parte de los casos a alcanzar la dimensión de los ultramontanos. Porque, si bien es cierto que el románico de entonces en nuestros reinos tiene un gran interés, en general, salvo la catedral de Compostela, nunca se podrá hablar de grandes edificios. Ni San Isidoro, ni aun la catedral de Jaca y menos Arlanza, Santa Cruz de la Serós, San Pere de Ponts, Mondoñedo, Vilabertrán, etc., poseerán iglesias que en su tamaño sean ni aproximadamente comparables  a las grandes francesas, inglesas, imperiales o italianas. Hasta el punto de que aquí se ha hablado erróneamente, en textos incluso, de la modestia del románico en general y del carácter popular de muchas de sus manifestaciones.»
 
     [El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Cátedra, 1994. ISBN: 84-376-0200-9.]