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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Solal.- Albert Cohen (1895-1981)

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Tercera parte
XXIX

  «Una hora después, llegaba casi el alba. Aude, de rodillas, guardaba objetos en una maleta. Solal abrió la puerta. Ella alzó la cabeza y reanudó su quehacer. Admiró él lo bien que doblaba sus vestidos y se sintió incomprensiblemente feliz. Era una sensación total contra la que se veía incapaz de luchar.
 -Son maletas. -Tan sencilla e inútil afirmación lo colmaba de placer-. ¿Está usted preparando las maletas?
 Aude se quitó los alfileres que tenía en la boca.
 -Sí.
 -¿Se va usted de viaje?
 -Por supuesto.
 -Aude, no ha sabido usted ver a esas gentes tal como son. Tal como son en realidad.
 -Es posible.
 -Es un gran pueblo. Sólo que entre ellos, los hay infelices y trastornados por los dolores.
 Aude acabó de cerrar la maleta con energía. A continuación se levantó, fue hacia él, le tomó los brazos. Solal se sintió empequeñecido.
 -O ellos o yo. Elige. Si se quedan ellos aquí, no me quedo yo. Échalos. Tú no eres igual que ellos.
 -Soy completamente igual que ellos. No has sabido verlos, a los auténticos, a los de mente privilegiada, a los que estaban mezclados con los otros anoche. Aunque los otros tienen también su lado bueno pues son los hijos y los padres de los príncipes en humanidad. Son el más magnífico estiércol. Y luego todos, los auténticos y los demás, son excesivos, ardientes. Compréndelo de una vez. Un pueblo poeta. Un pueblo excesivo. Entre nosotros, los grotescos lo son en grado extremo. Los avaros, en grado extremo. Los pródigos, que son mucho más numerosos, en grado extremo. Los magníficos en grado extremo. El pueblo extremo. El viejo pueblo genial, coronado de desdicha, de real ciencia y de desencanto. El viejo pueblo loco que camina solo en la tempestad portando su arpa que suena a través del negro huracán de los siglos e inmortalmente su delirio de grandeza y de persecución.
 Se envalentonó, refulgió en remota primavera.
 -Pertenezco a la raza más hermosa del mundo, la más noble, la más soñadora, la más fuerte, la más dulce. Mírame y sabrás que digo la verdad. No has entendido que anoche estabas en una ciudad santa y loca e irremediable de humanidad. El puñado de estrafalarios, de descorteses juegan un gran papel para vosotros, los deformes no te han dejado ver a los santos, a los hijos del más grande, más grande, más grande pueblo de la tierra. Algunos sí, se dedican al dinero. Hacen con más pasión, con más poesía, lo mismo que los hombres de todas las razas. ¡Como si los hombres de todas las demás razas detestasen el dinero! Y además los Plateros de nuestra raza se dedican a este metal en virtud de un móvil santo: vivir, resistir, durar. Para que el pueblo dure, para que el hijo viva, para que venga el Mesías. Es nuestra fortaleza el dinero, para nosotros pobres proscritos, pobres errantes. Y además, junto a unos pocos de los nuestros que saben manejarlo magistralmente, ¡cuántos soñadores, poetas, menesterosos, desinteresados, tiítos, ingenuos que jamás supieron desenvolverse, perdidos en el mundo de la materia! Y hay otros que desde hoy mismo brillan con belleza sobrehumana. Sobrehumana -repitió desafiante-. Hay grandes naciones. Nosotros somos la más grande. Soy la más grande. En verdad, en verdad te lo digo, soy la más grande nación, yo Solal. Sonríe, sí, y búrlate de mí y búrlate de nosotros. -Pausa-. Os hemos dado a Dios. Os hemos dado el libro más hermoso. Os hemos dado al hombre más digno de amor. Os hemos dado al sabio más grande. Y a tantos otros. Y a mí, entre otros. A mí el de más adelante. Y veréis cuántas magnificencias y días de sol os daremos. Aguardad un poco y veréis. Pero ya he hablado bastante de eso -dijo bajando la vista.
 -Sol, no eches a perder tu vida por ellos. ¿Qué tenéis en común tú y esa gente? Tú eres noble y guapo, no eres como esas larvas. Amado, echa a esa gente.
 -¿Y si me quedo con ellos, sólo con ellos, abajo siempre? ¿Si dejo de ser ministro y soy larva para siempre?
 -Me he acercado a ellos con tan buena voluntad. No me esperaba una cosa así. No puedo. No quiero ver, no quiero oír a esos seres que vienen a felicitarme por mi supuesta conversión o a desearme florecientes negocios. -Lo observó con maldad-. Quiero vivir en mi casa, con mi marido, y no con esos tipejos insoportables.
Resultado de imagen de solal anagrama  Reinó un largo silencio. A Solal se le escapaban las lágrimas. ¡Dos mil años de sufrimientos valientemente soportados y tal era el resultado! Un pueblo que no había querido traicionar. Que había preferido la hoguera a la renuncia. Y que aún hoy prefería las persecuciones a la renuncia. Que prefería la vergüenza a la renuncia. Que prefería las matanzas, la ignominia. Durante la Edad Media, todos los que prefirieron la muerte a la apostasía. En Carentan, en Blois, en Bray, en Nuremberg, en Verdun, en Worms, en Francfort, en Oppenheim, en Maguncia, en Burgos, en Barcelona, en Toledo, en Trento y en otras ciudades, todos aquellos valientes que no quisieron renegar de su Dios, que prendieron fuego a sus casas y se arrojaron a las llamas, con sus hijos en brazos y entonando salmos. Aquellos héroes, aquellos humillados por amar a su Dios, aquellos grandes nostálgicos de Dios, aquellos fanáticos errantes a través de los siglos. Ese pueblo apasionado y fuerte que había atravesado la historia como una espada y marcado la tierra con su impronta real y con su Dios. Ese pueblo sublime de esperanza a través de los desiertos hacia Canaán y en las cautividades en tantas tierras extranjeras. Ese pueblo que había plantado cara, en su santa aldea, en Roma, y hecho temblar al más poderoso de los imperios. Ese pueblo del Espíritu. Ese pueblo del mañana eterno.
 ¡Y todo aquello, para la mujer a quien amaba, tipejos insoportables y larvas! Era el primer golpe asestado a su mutuo amor. Ella se alejaba de él. Comprendía que no podía ser de otro modo. Movió la cabeza, contempló su destino. Vaciló, bajó la vista. Un impulso de locura se insinuaba en él.
 Esgrimiendo una sonrisa sanguinolenta, se acercó a ella, le desgarró el vestido y las demás telas. Admiró la fuerza y el nervio de aquel cuerpo. Aude se acercó a la cama, arrancó una manta y cubrió su desnudez.
 -¡Cobarde! -dijo, temblando de indignación.
 ¡Claro, lo sabía mejor que ella! Aunque no, no era cobarde. Era desgraciado y no sabía lo que hacía. ¿O quizá quería castigarse y proporcionar a Aude un auténtico motivo para despreciarlo? Ah, ¿por qué había elegido amar a ésa? La arrojó sobre la cama. Pero contuvo su deseo y retrocedió.
 -Para que no te vayas -rio burlón-, te dejaremos como Dios te trajo al mundo y te encerraremos. Vendré a buscarte luego y saldremos con las larvas hacia Jerusalén.
 Tiró la maleta y las ropas de su mujer a la habitación contigua, advirtiendo con euforia que se perdía. Sonrió exquisitamente y se inclinó.
 -Hasta pronto, estimada doña Solal. La semana que viene en Jerusalén. Te has casado con una larva. Peor para ti. ¡Judía, amiga mía!
 Cerró la puerta con doble vuelta de llave y se fue. Sentía vergüenza.»
 
   [El texto pertenece a la edición en español de Editorial Anagrama, 1988, en traducción de Javier Albiñana, pp. 247-250. ISBN: 84-339-3130.]
 

martes, 16 de junio de 2020

101 dilemas éticos.- Martin Cohen (1964)

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Dilemas antisociales
Dilema 19: Contra e-Ville

  «Lorenzo y Lina odiaban a la empresa e-Ville en cualquiera de sus múltiples manifestaciones comerciales: productos alimenticios e-Ville, maderas e-Ville y, por supuesto, automóviles e-Ville. La odiaban tanto que, de hecho, se habían unido a una nebulosa organización, llamada PATEO, cuyo objetivo era organizar la resistencia contra las grandes empresas en general, y contra e-Ville en particular.
 Durante un curso especial de fin de semana, destinado a la formación de los activistas de PATEO, habían aprendido muchas cosas sobre el enemigo: la empresa e-Ville era, literalmente, inmensa. Había tomado su nombre de los fundadores de la empresa, la familia De Ville, y el prefijo "e-" era un añadido reciente para darle un toque más acorde con la era de Internet. (También PATEO significaba algo, aunque nadie parecía saber a ciencia cierta el qué. Lorenzo pensaba que debía ser algo así como "Paremos la Agresión contra la Tierra", y alguna otra cosa más, mientras que a Lina lo mejor que se le ocurría era: "Plataforma Antiglobalización Transnacional de Ecologistas Organizados"). El caso es que e-Ville era una empresa que operaba desde los Estados Unidos (aunque su sede, a efectos fiscales, la tenía fijada en una remota isla del pacífico), con una facturación superior al PIB de cualquier país de África o Sudamérica, excepción hecha de Brasil y Sudáfrica, si bien a esta última ya estaba a punto de superarla. Tenía infinidad de tentáculos. Una de sus marcas punteras a escala mundial era "Maderas Auténticas", cuyos productos de lujo se comercializaban bajo la rúbrica "genuina madera de bosque tropical" y el eslogan: "Compre hoy, mañana quizás sea demasiado tarde". Su división en el ramo de la construcción, "Presas y carreteras e-Ville", participaba en varios proyectos mastodónticos que, según indicaban los propios folletos publicitarios de la empresa, llevaban aparejados "cambios ecológicos controlados" de gran alcance: modificaciones de cursos fluviales y obras de bisección de inmensos bosques vírgenes, mediante la aplicación de los últimos avances en técnicas de asfaltado. Luego estaba "Alimentos MG", su división en el ramo de la alimentación, cuyos envasados solían llevar impreso un reclamo publicitario garantizando que su contenido respondía a "lo último en alimentos mejorados científicamente", y en cuyos hipermercados, para gran indignación de Lorenzo, podía encontrarse una amplia gama de "carnes selváticas, exóticas y singulares", entre ellas, carnes de mono y canguro, garras de tigre y, de vez en cuando, carne de koala. A otros, lo que más les escandalizaba eran las latas de delfín, jocosamente promocionadas bajo el eslogan: "Como las de atún, pero más simpáticas".
 Durante aquel fin de semana, un adusto joven de barba desgreñada explicó a los activistas que las filiales de e-Ville en el Tercer Mundo estaban involucradas asimismo en una serie de "planes de formación de menores en el entorno laboral", en virtud de los cuales una persona adulta endeudada firmaba un acuerdo con la empresa por el que se comprometía a que sus hijos realizaran un trabajo no remunerado en las fábricas de e-Ville hasta que la deuda quedara saldada. Todo esto era de dominio público, según constató Lorenzo, pero a nadie parecía importarle en lo más mínimo. A PATEO le correspondía cambiar este estado de cosas mediante campañas pacíficas de desobediencia ciudadana.
 Lo primero que hizo PATEO fue organizar una gigantesca marcha "por la justicia mundial", coincidiendo con una reunión de los accionistas de e-Ville en Nueva York. Lina y otros compañeros se disfrazaron de flores, como símbolo de la desaparición de hábitats y especies que llevaban aparejados algunos de los proyectos en los que estaba involucrada e-Ville, sobre todo los relacionados con "Alimentos MG". La convocatoria fue todo un éxito y hasta la policía de Nueva York felicitó a los organizadores por haber sido capaces de llevarla a cabo sin crear grandes trastornos en la ciudad. Pero los líderes de PATEO quedaron muy decepcionados con la repercusión que tuvo en la prensa, pues, en lugar de mostrar fotos de la interminable manifestación, o de la sentada que habían protagonizado las flores humanas frente a las "Torres e-Ville", se limitaron a publicar un suelto en el que e-Ville declaraba con altanería que la protesta de los manifestantes respondía a "motivaciones políticas" y que no cederían ante aquel intento de restringir la libertad de elección de los consumidores y de frenar el progreso.
101 dilemas éticos (El Libro De Bolsillo - Filosofía): Amazon.es ... La próxima vez -en eso todos en PATEO estaban de acuerdo- habría que hacer mejor las cosas. Ya habían probado las manifestaciones y la desobediencia civil; ahora había que pasar al desorden civil.
 El dilema que se les planteaba a Lorenzo y a Lina era si esta opción no entraba en contradicción con sus convicciones pacifistas. Pero, como les hicieron notar algunos de sus compañeros, mucho peor era la violencia que en aquel mismo momento estaba ejerciendo e-Ville.
 ¿Responder a un mal con otro, es algo intrínsecamente "inmoral"?

Dilema 20: Pateando

  La siguiente junta de accionistas de e-Ville tuvo lugar en Londres y, a su conclusión, la policía británica no halló razón alguna para elogiar a los organizadores de las protestas. A lo largo de todo el día se produjeron escaramuzas entre las fuerzas de orden público y grupos de activistas de PATEO, que, tras cubrirse con pasamontañas, se desgajaron del grueso de la manifestación y se dedicaron a llenar de pintadas los locales del grupo e-Ville, llegando incluso a hacer añicos algunas lunas. La propia Lina pudo ver cómo varios empleados de la sede central (o quizás fuera gente que pasaba por ahí, no había forma de saberlo) se acurrucaban aterrorizados ante la embestida de los manifestantes y no pudo menos de sentir lástima por alguno de ellos. Lorenzo, por su parte, se quedó muy alarmado al ver cómo lanzaban piedras contra los caballos de la policía; una alarma que se convirtió en abatimiento cuando luego se enteró de que, de resultas de la acción contra los almacenes centrales de "Maderas e-Ville", su director general había fallecido de un ataque al corazón. Sin embargo, como dijeron posteriormente sus compañeros, en ningún momento se había pretendido hacer daño a nadie. (Ellos no tenían la culpa de lo que le hubiera pasado a la gente que se había metido por medio).
 Pero, en principio -eso al menos sigue pensando Lorenzo-, una protesta se descalifica a sí misma desde el momento en que causa daños a personas o a los animales. Desde su punto de vista, el principio de la no-violencia y el rechazo a todo lo que suponga causar algún daño personal han de aplicarse tanto a PATEO como a e-Ville.
-Si uno cree en la no-violencia, tiene que estar convencido de que, aunque la violencia que se trata de combatir sea "mayor", adoptar una postura violenta sólo sirve para empeorar las cosas. Si no actuáramos así, perderíamos nuestra superioridad moral, ¿no crees? ¿Acaso no era eso lo que defendía Gandhi? Tú mismo debes encarnar el cambio que deseas para el mundo -eso es lo que le dice Lorenzo a Lina, un poco más tarde.
 Lo que hay que hacer, sin lugar a dudas, es seguir con las campañas pacíficas y esperar a que el propio peso de la opinión pública acabe por obligar a e-Ville a cambiar, porque, al fin y al cabo, su propia existencia depende de los consumidores, insiste Lorenzo. Pero Lina no está de acuerdo. El tema hace que Lina y Lorenzo acaben rompiendo.
 "¿Se puede saber de parte de quién estás?", le chilla Lina y, acto seguido, tira por la ventana que Lorenzo tiene a su espalda la caja donde éste guarda los panfletos viejos.»

   [El texto pertenece a la edición en español de Alianza Editorial, 2005, en traducción de Borja García Bercero. ISBN: 84-206-5839-1.]

domingo, 5 de junio de 2016

"Bella del Señor".- Albert Cohen (1895-1981)


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Primera parte. XXVIII

 "Les rogó que se sentasen e informó de que el orden del día sólo incluía un asunto, introducido a petición del secretario general y formulado por el propio Sir John, a saber, "acción a favor de los objetivos e ideales de la Sociedad de Naciones".
 Ninguno de los directores sabía en qué debía consistir tal acción, ni tampoco, por supuesto, Sir John, quien esperaba que lo informasen sus subordinados de lo que él quería. Todos, empero, hablaron por los codos, uno tras otro, ya que la regla suprema era no dejarse apabullar nunca, parecer siempre competente, guardarse muy mucho de confesar que uno no comprendía o no sabía.
 Chapucearon, pues, atrevidamente, con garbo, sin acabar de enterarse muy bien de qué se trataba. Al tiempo que sus colegas, hartos de cualquier exposición larga y ajena, garabateaban dibujitos geométricos en sus libretas de notas y los perfeccionaban melancólicamente, van Vries declaró durante diez minutos que resultaba indispensable preparar un plan de acción, no sólo sistemático sino incluso concreto. A continuación intervino Benedetti para desarrollar dos puntos que declaró fundamentales, a saber, primo, que, en su humilde opinión, más que un plan de acción era menester adoptar un programa de acción, un programa, el matiz era, a su juicio, capital, al menos así lo estimaba; y, secundo, que el programa de acción debía concebirse como proyecto específico, no tenía reparos en decirlo, específico.
 Los demás directores asintieron, reconociendo todos la absoluta necesidad de un proyecto específico. Gustaban mucho los proyectos específicos en la Secretaría. No terminaba de saberse qué añadía la palabra "específico" al término "proyecto", pero un proyecto específico resultaba mucho más serio y concreto que un simple  proyecto. De hecho, nadie sabía la diferencia existente entre un proyecto y un proyecto específico, ni se le había ocurrido nunca a nadie plantearse el sentido y utilidad de tan cotizado adjetivo. [...]
 Tomando a su vez la palabra, Basset, director de la sección cultural, señaló que se debería actuar en estrecha colaboración con las organizaciones graciosamente interesadas. ¡Pero poniendo las cartas boca arriba!, interrumpió Maxwell, director de la sección de planes y relaciones, ¡y dejando bien claro desde un principio que la Secretaría impondría su criterio sobre el proyecto específico! ¡Pero ojo!, exclamó Johnson, ¡habría motivos para ser prudentes y actuar de pleno acuerdo con los Estados Miembros! A tal efecto, resultaba indispensable mandar un cuestionario a los distintos gobiernos, dado que el proyecto específico de programa de acción únicamente había de redactarse en base a sus respuestas. Orlando estimó que lo mejor sería entrar en relación con los distintos ministerios de Educación nacional, con vistas a la elaboración de un programa de conferencias escolares acerca de los objetivos e ideales de la Sociedad de Naciones.
 Volviendo a la carga, Basset, [...] sostuvo que "el proyecto específico debería incluir un programa de acción no sólo sistemático y concreto sino también coordinado, resultando indispensable un especialísimo esfuerzo de coordinación, por una parte, entre las distintas secciones de la Secretaría y, por otra, entre la Secretaría y las distintas instituciones intergubernamentales, al objeto de poner remedio a conflictos, problemas de competencia y dobles asientos, siendo además objetivo final del proyecto específico en cuestión, tras acuerdo de los distintos gobiernos interesados, la creación, en la Secretaría, de una sección de promoción de los objetivos e ideales de la Sociedad de Naciones". [...]
 Deseosos de brillar ante el jefe silencioso, aquellos caballeros se entregaban de lleno, e improvisaron con entusiasmo, evocando en el extraño lenguaje de la Secretaría "las situaciones por explorar", "el consenso general que se debía lograr sobre el reparto de responsabilidades, tanto de orden organizativo como operativo", "los distintos modos de abordar el problema", "las puestas a punto de instituciones especializadas", "las facilidades que habían de solicitarse a los gobiernos apelando  su espíritu cooperativo", "las experiencias pasadas que justificaban sobradamente la urgente necesidad de una acción concreta", "las dificultades prácticamente inexistentes", "los alentadores discursos recientemente oídos en el Consejo"... Y así sucesivamente, todo ello salpicado de propuestas confusas y contradictorias, meticulosamente anotadas por la taquígrafa, que no comprendía nada porque era inteligente.
 De súbito, se hizo un silencio. Habían organizado tal embrollo que ya nadie sabía ni por dónde iban ni lo que se había decidido. Salvó la situación Maxwell, al proponer la clásica solución de pereza, a saber, "la constitución de un grupo de trabajo que sondease la situación y presentase a una comisión ad hoc, formada posteriormente e integrada por los delegados de los gobiernos, un anteproyecto específico de proposiciones concretas, que constituirían las grandes líneas de un programa a largo plazo de acción sistemática y coordinada en pro de los objetivos e ideales de la Sociedad de Naciones".