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lunes, 10 de julio de 2017

"La Divina Comedia".- Dante Alighieri (1265-1321)

 
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Infierno
Canto III (Vestíbulo, Indiferentes)

«Por mí se va a la ciudad doliente,
por mí se va al eternal dolor,
por mí se va con la perdida gente.
Fue la justicia quien movió a mi autor.
El divino poder se unió al crearme
con el sumo saber y el primo amor.
En edad sólo puede aventajarme
lo eterno, mas eternamente duro.
Perded toda esperanza al traspasarme.

Estas palabras de color oscuro
vi escritas en lo alto de una puerta.
Dije: "Maestro, su sentido es duro".
Y él respondió como persona alerta:
"Es bueno que el temor sea aquí dejado
y aquí la cobardía quede muerta.
Al lugar que te dije hemos llegado
donde verás las gentes dolorosas
que sin el bien del alma se han quedado".
Tomó mi mano y con sus animosas
miradas y su voz me conforté
y él me introdujo en las secretas cosas.
Llantos, suspiros y ayes escuché
resonando en el aire sin estrellas
y por eso a llorar allí empecé.
Distintas lenguas, hórridas querellas,
palabras de dolor, de airado acento,
voces altas y roncas, y con ellas
un manotear, formaban un violento
tumulto, en aquel céfiro manchado,
como de arena que levanta el viento.
Yo, que de horror sentíame embargado,
dije: "Maestro, ¿cuál es ese ruido?
¿Qué gente, qué dolor la ha golpeado?"
Y él a mí: "De las almas que han vivido
de modo que ni el bien ni el mal hicieron
brota este triste y mísero alarido.
Con la compaña, aquí, se confundieron
de ángeles ni rebeldes ni leales
a Dios: que de sí mismos solo fueron.
Ciérranseles las puertas celestiales
y el infierno, pues gloria habrían dado,
aunque poca, a las almas criminales".
Y yo: "Maestro, ¿qué les ha causado
tan gran dolor y llanto así de fuerte?"
Respondió: "Lo diré en breve dictado:
no tienen la esperanza de su muerte
y esa vida tan ciega y tan rastrera
envidiosos los torna de otra suerte.
Su fama el mundo ya no considera;
la piedad, la justicia, los desdeña;
no hablemos, mira y sigue tu carrera".
Y yo, al mirar de nuevo, vi una enseña
que daba raudas vueltas; yo diría
que, indigna de reposo, así se empeña.
Tan enorme pandilla la seguía
que yo jamás hubiese presumido
que jamás tanta gente muerto había.
Después que algunos hube conocido,
reconocía a su sombra y paré mientes
en quien la gran renuncia ha cometido.
Al punto comprendí que aquellas gentes
componían la secta de malvados
a Dios y a sus contrarios repelentes.
Estos nunca vivientes desgraciados
iban desnudos, y los azuzaban
avispas y moscones obstinados.
El rostro con su sangre les surcaban
y caía a sus pies, mezclada al llanto,
do molestos gusanos la chupaban.
Yo más allá miraba mientras tanto
y vi gente a la orilla de un gran río,
dije entonces: "¿Por qué se obstina tanto
y en virtud de qué ley, ese gentío
en ir al otro lado, cual se advierte
entre la escasa luz, maestro mío?"
Y él a mí: "Contestado habrás de verte
cuando del Aqueronte en la ribera
hayas, al par que yo, de detenerte".
Temiendo que mi voz molesta fuera,
abatí avergonzado la mirada
y, hasta llegar al río, mudo era.»

lunes, 24 de agosto de 2015

"La vida nueva".- Dante Alighieri (1265-1321)

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XV
 "Aquí cualquiera persona digna de que se le aclaren las dudas podría dudar de lo que digo acerca de Amor, tratándolo como si fuera una cosa en sí, y no sólo sustancia inteligente, sino como si fuese sustancia corpórea. Lo cual, a decir verdad, es falso, pues Amor no existe por sí mismo como sustancia, sino que es un accidente en la sustancia. Que yo hablo de él como si fuera cuerpo y, más aún, como si fuera hombre, despréndese de tres cosas que digo de él. Primeramente, digo que le vi venir de lejos; pero como venir implica movimiento local, y como, según el filósofo, sólo el cuerpo es localmente móvil, se deduce que considero a Amor como cuerpo. También digo de él que reía y hasta que hablaba, lo cual- especialmente la risa- parece propio del hombre: por tanto, es evidente que lo considero personificado.
 Para aclarar estas cosas, según creo oportuno, conviene considerar que antiguamente no había cantores de amor en lengua vulgar, sino que los cantores eran ciertos poetas de lengua latina; los asuntos amorosos no los trataban poetas vulgares, sino poetas cultos; y me refiero a entre nosotros, pues quizá en otras partes, como en Grecia, suceda aún lo que sucedía. No ha muchos años que surgieron los primeros poetas vulgares (hablar en rima en vulgar equivale a hablar en verso en latín, según cierta proporción). Y señal de que hace poco tiempo es que si buscamos en lengua de oc o en lengua de , no encontraremos escrito nada más allá de ciento cincuenta años a esta parte. Por cierto que la causa de que algunos burdos poetas lograsen nombradía de bien decir es que fueron los primeros que compusieron en lengua de . Y lo que movió al primero de todos ellos a versificar en lengua de fue el deseo de que entendiera sus decires una mujer a quien se le hacían de difícil entendimiento los versos latinos. Cito el detalle contra quienes riman sobre materia no amorosa, siendo así que tal guisa de expresarse fue inventada para decirles de Amor.
 Por ende, como los poetas tienen más licencia en el lenguaje que los prosadores, y como quienes hablan en rima no son sino poetas vulgares, justo y razonable es que se les conceda mayor licencia en el lenguaje que a los demás que se expresan en vulgar; así es que toda figura o recurso retóricos que se concedan a los poetas deben concederse a los rimadores. Si, pues, vemos que los poetas han hablado de las cosas inanimadas como si tuvieran sentidos y razón y han hecho que hablaran entre sí (y ello no sólo con cosas verdaderas, sino con cosas falsas, pues de cosas que no existen han dicho que hablan del mismo modo que han dicho que hablan de muchos accidentes cual si fueran sustancias y hombres), justo es que el rimador haga lo mismo, pero no sin razón alguna, sino razonadamente, de manera que sea posible explicarlo en prosa.
 Que los poetas han hablado como se ha dicho se demuestra con Virgilio, quien- en el primer canto de la Eneida- dice que Juno, diosa enemiga de los troyanos, habló así a Eolo, señor de los vientos: Aeole, namque tibo, a la que Eolo repuso: Tuus, o regina, quid optes explorare labor; mihi jussa capessere fas est. El mismo poeta, en el tercer acto de la Eneida, hace que la cosa inanimada hable con la cosa animada, donde dice: Multum, Roma,tamen, debes civilibus armis. Horacio hace que el hombre hable con su misma ciencia como con otra persona. Y no solamente son palabras de Horacio, sino que éste, casi repitiendo las del buen Homero, dice en su Arte poética: Dic mihi. Musa virum. Ovidio, al principio del libro llamado Remedio de amor, hace que Amor hable como un ser humano donde dice: Bella mihi, video, bella parantur, ait.
 Todo esto pueden tenerlo en cuenta quienes duden en alguna parte de este mi opúsculo. Y para que no tergiverse las cosas ninguna persona obtusa, debo añadir que ni los poetas hablaron así sin sentido ni los rimadores deben hablar sin poner sentido en lo que digan, pues gran vergüenza sería para quien rimase con figuras y recursos retóricos que, al pedirle que desnudase sus palabras de tal vestidura, para que fueran entendidas rectamente, no supiese hacerlo.
 Mi primer amigo y yo conocemos a algunos de los que riman tan neciamente".