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martes, 8 de mayo de 2018

Geografía (Hispania y Galia).- Estrabón (64 a.C. - 24 d.C.)


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Libro III
3.-Las costas este y norte. Etnias que las ocupan

«5.-Ártabros y montañeses.- Los que viven más alejados son lo ártabros, en las proximidades del cabo que llaman Nerio, que separa los flancos occidental y norte. En sus cercanías viven celtas, emparentados con los de las orillas del Anas. Dicen que en una ocasión en que hicieron allí una campaña militar, éstos junto con los túrdulos, se sublevaron tras pasar el río Limea, y que luego de la revuelta, como sobreviniera la pérdida de su jefe, permanecieron en el lugar dispersos; y por esto es por lo que el río sería llamado Olvido. Tienen los ártabros numerosas ciudades agrupadas en el golfo que los navegantes que tienen relación con estos lugares denominan Puerto de los Ártabros. Hoy día se llama arrotrebas a los ártabros.
 Son alrededor de treinta las tribus que se reparten el territorio entre el Tago y los ártabros, pero a pesar de ser próspera la región por sus frutos, pastos y abundancia de oro, plata y metales análogos, la mayoría de ellos pasaban la vida apartados de la tierra, en piraterías y en continua guerra entre sí y contra sus vecinos de la otra orilla del Tago, hasta que los pacificaron los romanos, haciéndolos bajar al llano y convirtiendo en aldeas la mayor parte de sus ciudades, aunque también asociándose a algunas como colonos en mejores condiciones. Fueron los montañeses los que originaron esta anarquía, como es natural; pues al habitar una tierra mísera, y tener además poca, estaban ansiosos de lo ajeno. Los demás, al tener que defenderse, quedaron por fuerza en la situación de no poder dedicarse a sus propias tareas, de modo que también ellos guerreaban en vez de cultivar la tierra. Y sucedía que la tierra, descuidada, quedaba estéril de sus bienes naturales y era habitada por bandidos.
 6.-Los lusitanos.- Dicen de los lusitanos que son hábiles en las emboscadas y exploraciones, vivos, llevan armamento ligero y son expertos en las maniobras. Tienen un escudo pequeño de dos pies de diámetro, cóncavo por delante y sujeto con correas porque no lleva abrazadera ni asas, y portan además un puñal o un cuchillo. La mayoría viste cotas de lino; son raros lo que las usan de mallas y cascos de tres penachos, y los demás, cascos de nervios. Los de a pie llevan grebas y varios venablos cada uno. Algunos usan también lanzas, cuyas puntas son de bronce. Se dice que algunos de los que habitan en las inmediaciones del río Durio siguen un modo de vida lacónico, que utilizan dos veces al día los alipterios, toman baños del vapor que se desprende de piedras candentes, se bañan en agua fría y hacen una sola comida al día, con limpieza y sobriedad. Los lusitanos son dados a los sacrificios y examinan las entrañas sin  separarlas del cuerpo; se fijan, además, en las venas del costado y adivinan palpando. Hacen también predicciones por las entrañas de sus cautivos de guerra, a los que cubren con sayos. Luego, cuando son heridos por el arúspice en las entrañas, adivinan en primer lugar por la forma en que caen. Cortan las manos de los prisioneros y consagran las diestras.
 7.-Montañeses del Norte.- Todos los montañeses son austeros, beben normalmente agua, duermen en el suelo y dejan que el cabello les llegue muy abajo, como mujeres, pero luchan ciñéndose la frente como una banda. Comen principalmente chivos, y sacrifican a Ares un chivo, cautivos de guerra y caballos. Hacen también hecatombes de cada especie al modo griego, como dice Píndaro: de todo sacrificar cien. Realizan también competiciones gimnásticas, de hoplitas e hípicas, con pugilato, carrera, escaramuza y combate en formación. Los montañeses, durante dos tercios del año, se alimentan de bellotas de encina, dejándolas secar, triturándolas y luego moliéndolas y fabricando con ellas un pan que se conserva un tiempo. Conocen también la cerveza. El vino lo beben en raras ocasiones, pero el que tienen lo consumen pronto en festines con los parientes. Usan mantequilla en vez de aceite. Comen sentados en bancos construidos contra el muro y se sientan en orden a la edad y el rango. Los manjares se pasan en círculo y a la hora de la bebida danzan en corro al son de flauta y trompeta, pero también dando saltos y agachándose, y en Bastetania danzan también las mujeres junto con los hombres cogiéndose de las manos.
 Todos los hombres visten de negro, sayos la mayoría, con los que se acuestan también sobre jergones de paja. Utilizan vasos de madera, igual que los celtas. Las mujeres van con vestidos y trajes floreados. En vez de moneda, unos (...) y los que viven muy al interior se sirven del trueque de mercancías o cortan una lasca de plata y la dan. A los condenados a muerte los despeñan y a los parricidas los lapidan más allá de las montañas o de los ríos. Se casan igual que los griegos. A los enfermos, como antiguamente los egipcios, los exponen en los caminos para que los que la han pasado les den consejos sobre su enfermedad. Para las subidas del mar y los pantanos usaban, hasta la época de Bruto, embarcaciones de cuero, pero hoy día incluso las talladas a partir de un solo tronco son ya raras. Su sal es púrpura, pero blanca una vez molida. Éste, como he expuesto, es el género de vida de los montañeses y me refiero a los que jalonan el flanco norte de Iberia: calaicos, astures y cántabros hasta llegar a los vascones y el Pirene; pues el modo de vida de todos ellos es semejante. Pero temo dar demasiados nombres, rehuyendo lo fastidioso de su transcripción, a no ser que a alguien le agrade oír hablar de los pleutauros, bardietas, alotriges y otros nombres peores y más ininteligibles que éstos.
 8.-La paz romana.- Pero su ferocidad y salvajismo no se deben sólo al andar guerreando, sino también a lo apartado de su situación; pues tanto la travesía por mar como los caminos para llegar hasta ellos son largos y debido a la dificultad en las comunicaciones han perdido la sociabilidad y los sentimientos humanitarios. Actualmente padecen en menor medida esto gracias a la paz y la presencia de los romanos, pero los que gozan menos de esta situación son más duros y brutales. Y por otra parte, existiendo como existe en algunos pueblos una miseria derivada de los lugares y montañas donde viven, es natural que se acentúe tan extraño carácter; pero ahora, como dije, han dejado todos de luchar: pues con los que aún persistían en los bandidajes, los cántabros y sus vecinos, terminó el César Augusto, y los coniacos, y los que viven junto a las fuentes del Íber, los plentuisos, en vez de saquear a los aliados de los romanos, luchan ahora a favor de éstos. Y Tiberio, sucesor de aquél, apostando un cuerpo de tres legiones en estos lugares por indicación de César Augusto, no sólo los ha pacificado, sino que incluso ha civilizado ya a alguno de ellos.»
 
 [El extracto pertenece a la edición en español de Editorial Planeta DeAgostini, en traducción de Mª José Meana. ISBN: 84-395-3743-3.]
 

domingo, 3 de abril de 2016

"Historia de la decadencia y ruina del Imperio Romano".- Edward Gibbon (1737-1794)


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Capítulo XXXVI

 "Las hazañas de Teodorico (año 456) luego patentizaron al mundo que no había degenerado de las virtudes guerreras de sus antepasados. Después del establecimiento de los godos en Aquitania y el tránsito de los vándalos al África, los suevos, que habían fundado su reino en Galicia, aspiraron a la conquista de España, y estaban amenazando con el total exterminio de los romanos en la España entera. Los naturales de las provincias de Cartagena y Tarragona, acosados con aquella invasión, acudieron representando sus padecimientos y sus zozobras. Pasó el conde Fronton, en nombre del emperador Avito, con ofertas ventajosas de paz y alianza, y aun interpuso Teodorico su mediación poderosa, declarando que a menos de que su cuñado se retirase inmediatamente, tendría que armarse por la causa de la justicia y de Roma. "Dile", contestó el altanero Requiario, "que menosprecio al par su amistad y sus armas; tanto que voy a probar si me espera debajo de los muros de su Tolosa". El reto precisó a Teodorico a precaver los denodados intentos de su enemigo: tramonta el Pirineo acaudillando sus visigodos, acompáñanle francos y borgoñones, y aunque se profesaba sirviente fino de Avito, pactó reservadamente para sí y sus sucesores la posesión absoluta de las conquistas españolas. Estrelláronse ambos ejércitos, o más bien las naciones, a las orillas del río Órbigo, a cuatro leguas de Astorga, y parecía que la victoria decisiva de los godos había exterminado por algún tiempo el nombre y el reino de los suevos. Adelantóse Teodorico desde el campo de batalla hasta Braga, su capital, que conservaba todavía rastros grandiosos de un antiguo comercio y predicamento. No mancilló su entrada con sangre, y los godos respetaron la castidad de sus cautivas y con especialidad las vírgenes consagradas; pero los más del clero y vecindario quedaron esclavos, y allanáronse iglesias y altares en el saqueo general. Huyó el desventurado rey suevo a un puerto del Océano; pero la tenacidad de los vientos le atajó la salida; entregáronlo a su competidor implacable, y Requiario, que ni merecía ni esperaba indulto, recibió con varonil entereza el hachazo que probablemente descargara en igual caso. Tras este sangriento sacrificio, hijo de la política o del encono, Teodorico se internó con sus armas victoriosas hasta Mérida, el pueblo principal de Lusitania, sin hallar más resistencia que la milagrosa de Santa Eulalia; mas quedó atajado en tan próspera carrera y retraído de España antes que pudiese providenciar el afianzamiento de sus conquistas. En su retirada hacia el Pirineo, se fue vengando con el país de todo su malogro, manifestándose en el saqueo de Palencia y Astorga aliado tan leal como enemigo inhumano. Mientras el rey de los visigodos estaba peleando y venciendo en nombre de Avito, había fenecido aquel reinado; y tanto el blasón como el interés de Teodorico quedaron ajados con el fracaso de un amigo a quien había sentado en el trono del Imperio occidental.
 El empeño del senado y del pueblo recabó del emperador Avito el avecindarse en Roma y aceptar el consulado para el año inmediato (año 456, oct. 16). El primero de enero, su yerno Sidonio Apolinar entonó sus alabanzas en un panegírico de seiscientos vsrsos; pero aquella composición, aunque galardonada con su estatua de bronce, escasea al parecer de numen y de verdad. El poeta, si cabe desdorar así ese dictado sacrosanto, abulta los merecimientos del soberano y padre, y su profecía de un reinado largo y glorioso quedó luego desmentida con los acaecimientos. Avito, por la época en que la dignidad imperial estaba reducida a una preeminencia de afán y peligro, se frustró en el regalo de la afeminación italiana: no amainaba con la edad su propensión amorosa, y se le tilda de haber escarnecido torpe y vilmente a los maridos cuyas mujeres había seducido o atropellado. Mas no trataban los romanos ni de disculpar sus yerros, ni de respetar sus prendas, pues cada porción del Imperio se iba extrañando más y más de las otras, y el extranjero galo no merecía más que odio y menosprecio".