Capítulo VII.- La economía como forma de asistencia técnica
7.- Importancia de los principios fundamentales
«Hice notar anteriormente la importancia del conocimiento de algunos principios simples, pero fundamentales, de la economía. Son dos las razones en las que se funda mi insistencia sobre este asunto, pero me gustaría antes resaltar una característica de la economía que puede servir para prevenir determinadas objeciones a lo que sigue.
Esta característica es la de que en economía el progreso va a menudo seguido de una importante recaída, de una nueva aceptación de errores ya demostrados. Este fenómeno ha sido notado por los economistas tan dispares, en cuanto a perspectiva e intereses, como D.H. Robertson, el profesor Milton Friedman y el señor G.D.N. Worswick. Dicha característica revela una dificultad en la utilización de la economía como forma de asistencia técnica. En tecnología o en una materia técnica los especialistas se basan en ideas y métodos acordados y establecidos de antemano y avanzan a partir de estas bases establecidas. Esta condición se da mucho menos en economía, incluso a nivel elemental.
La primera razón para insistir en los elementos simples de la economía es el error que cometen a menudo los economistas al valorar las dificultades de los profanos (incluso si son inteligentes, cultos y experimentados) para el manejo de ideas y conceptos económicos. Generalmente los que no son economistas, los políticos y gobernantes en particular, encuentran a menudo difícil considerar la oferta, la demanda y el precio como una relación funcional, o reconocer o admitir el concepto de las alternativas sacrificadas, o recordar la consideración conexa de que, debido a que el problema económico es un problema de asignación y no de prioridades, el significado económico de una unidad de un bien depende más del número que de la clase. A menudo también pasan por alto la aplicabilidad de distinciones tales como la que existe entre rentas de escasez, por un lado, y beneficios monopolísticos, por otro.
Estas dificultades explican en parte el carácter artificioso de la economía elemental que, si bien no presenta serias pretensiones intelectuales, escapa muchas veces a los profanos que tratan de abordarla, de modo parecido a como una pastilla de jabón, al caer en la bañera, se escurre entre los dedos de la persona que trata de cogerla.
La segunda razón, y mucho más preocupante, que justifica la necesidad de subrayar la importancia de los enunciados aparentemente trillados y elementales de la economía reside en el hecho de que en los últimos veinte años los propios economistas han ignorado a menudo dichos enunciados. Este descuido es particularmente notable en la literatura sobre el desarrollo, especialmente en las obras sobre asistencia técnica, que abundan en ejemplos de olvido de las simples relaciones de la economía elemental (7).
No obstante, un reconocimiento firme de que los recursos son limitados y de que sus usos tienen que ser valorados en términos de alternativas sacrificadas es quizá la idea más fundamental en economía. Su omisión afecta al fondo de la ciencia económica como doctrina sistemática. En general se lee más acerca de necesidades, demandas y ofertas (casi con un lenguaje militar, y un lenguaje militar pasado de moda), que acerca de la oferta y demanda como función de los costes, precios y rentas.»
(7) Para mencionar uno de los muchos ejemplos: en un bien conocido informe del Banco Mundial sobre Nigeria figura una larga discusión sobre los factores que influyen en el output agrícola de dicho país. Los factores enunciados comprenden las condiciones climáticas, el suministro de agua, las enfermedades de las plantas, los métodos de cultivo y la investigación agrícola. No se menciona el precio recibido por el productor.
[El texto pertenece a la edición en español de Ediciones Orbis, 1983, en traducción de Paolo Donatelli, Graziella Costa y José García-Durán, pp. 401-404. ISBN: 84-7530-431-1.]
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