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jueves, 15 de diciembre de 2016

"El discreto".- Baltasar Gracián (1601-1658)

 
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  VIII.- A buen entendedor (Diálogo entre el doctor Juan Francisco Andrés y el autor)

 «Doctor: Dicen que, al buen entendedor, pocas palabras.
 Autor: Yo diría que, a pocas palabras, buen entendedor. Y no sólo a palabras, al semblante, que es la puerta del alma, sobrescrito del corazón. Aun le ve apuntar al mismo callar, que tal vez exprime más para un entendido que una prolijidad para un necio.
 Doctor: Las verdades que más nos importan vienen siempre a medio decir.
 Autor: Así es, pero recíbanse del advertido a todo entender.
 Doctor: Eso le valió a nuestro Anfión aragonés, cuando, perseguido de los proprios, halló amparo, y aun aplauso, en los coronados delfines extraños.
 Autor: Tan poderosa es una harmonía, y más de tan suaves consonancias como fueron las de aquel prodigioso ingenio.
 Doctor: Califícase ya el decir verdades con nombre de "necedades".
 Autor: Y aun por no parecer niño o necio, ninguno la quiere decir, con que no se usa. Solas quedan en el mundo algunas reliquias della, y aun esas se descubren, como misterios, con ceremonia y recato.
 Doctor: Con los príncipes siempre se les brujulea.
 Autor: Pero discurran ellos, que va en ello el perderse o el ganarse.
 Doctor: Es la verdad una doncella tan vergonzosa cuan hermosa, y por eso anda siempre atapada.
 Autor: Descúbranla los príncipes con galantería, que han de tener mucho de adivinos de verdades y de zahoríes de desengaños. Cuanto más entre dientes se les dicen, es dárselas mascadas para que mejor se digieran y entren en provecho. Es ya político el desengaño: anda de ordinario entre dos luces, o para retirarse a las tinieblas de la lisonja si topa con la necedad, o salir a la luz de la verdad si topa con la cordura.
 Doctor: ¡Que es de ver, en una encendida competencia, la detención de un recatado y la atención de un advertido! Aquél apunta, éste discurre, y más en desengaños.
 Autor: Sí, que se ha de ajustar la inteligencia a las materias: en las favorables, tirante siempre la credulidad; en las odiosas, dar la rienda, y aun picarla. Lo que la lisonja se adelante, en el que dice, la sagacidad lo desande en el que oye, que siempre fue la mitad menos lo real de lo imaginado.
 Doctor: En materias odiosas, yo discurriría al contrario, pues en un ligero amago, en un levísimo ceño, se le descubre al entendido mucho campo que correr.
 Autor: Y que correrse tal vez. Y entienda que es mucho más lo que se le calla en lo poco que se le dice. Va el cuerdo en los puntos vidriosos con gran tiento; y cuanto la materia es más liviana, da pasos de plomo en el apuntar, con lengua de pluma en el pasar.
 Doctor: Muy dificultoso es darse uno por entendido en puntos de censura y de desengaño, porque se cree mal aquello que no se desea. No es menester mucha elocuencia para persuadirnos lo que nos está bien, y toda la de Demóstenes no basta para lo que nos está mal.
 Autor: Poco es ya el entender, menester es a veces adivinar, que hay hombres que sellan el corazón y se les podrecen las cosas en el pecho.
 Doctor: Hacer entonces lo que el diestro físico, que toma el pulso en el mismo aliento; así el entendido metafísico, en el aire de la boca, ha de penetrar el interior.
 Autor: El saber nunca daña.
 Doctor: Pero tal vez da pena. Y así como previene la cordura el qué dirán, la sagacidad ha de observar el qué dijeron. Saltea insidiosa esfinge el camino de la vida, y el que no es entendido es perdido. Enigma es, y dificultoso, esto del conocerse un hombre; sólo un Edipo discurre, y aun ese con soplos auxiliares.
 Autor: No hay cosa más fácil que el conocimiento ajeno.
 Doctor: Ni más dificultosa que el propio.
 Autor: No hay simple que no sea malicioso.
 Doctor: Y que, siendo sencillo para sus faltas, no sea doblado para las ajenas.
 Autor: Las motas percibe en los ojos del vecino.
 Doctor: Y las vigas no divisa en los propios.
 Autor: El primer paso del saber es saberse.
 Doctor: Ni puede ser entendido el que no es entendedor. Pero ese aforismo de conocerse a sí mismo presto es dicho y tarde hecho.
 Autor: Por encargarlo, fue uno contado entre los siete sabios.
 Doctor: Por cumplirlo, ninguno hasta hoy. Cuanto más saben algunos de los otros, de sí saben menos, y el necio más sabe de la casa ajena que de la suya; que ya hasta los refranes andan al revés. Discurren mucho algunos en lo que nada les importa, y nada en lo que mucho les convendría.»

viernes, 17 de octubre de 2014

"Oráculo manual y arte de prudencia". Baltasar Gracián (1601-1658)


  "105.-No cansar. Suele ser pesado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es lisonjera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran quinta esencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras veces entendido, no tanto en lo material de la disposición cuanto en lo formal del discurso. Hay hombres que sirven más de embarazo que adorno del universo, alhajas perdidas que todos las desvían. Excuse el discreto el embarazar, y mecho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor desazonar a uno de ellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dice presto.
  [...] 114.-Nunca competir.- Toda pretensión con oposición daña el crédito. La competencia tira luego a desdorar, por deslucir. Son pocos los que hacen buena guerra, descubre la emulación los defectos que olvidó la cortesía. Vivieron muchos acreditados mientras no tuvieron émulos. El calor de la contrariedad aviva o resucita las infamias muertas, desentierra hediondeces pasadas y antepasadas. Comiénzase la competencia con manifiesto de desdoros, ayudándose de cuanto puede y no debe; y aunque a veces, y las más, no sean armas de provecho las ofensas, hace de ellas vil satisfacción a su venganza, y sacude esta con tal aire, que hace saltar a los desaires el polvo del olvido. Siempre fue pacífica la benevolencia y benévola la reputación.
  [...] 129.-Nunca quejarse.- La queja siempre trae descrédito. Más sirve de ejemplar de atrevimiento a la pasión que de consuelo a la compasión. Abre el paso a quien la oye para lo mismo, y es la noticia del agravio del primero disculpa del segundo. Dan pie algunos con sus quejas de las ofensiones pasadas a las venideras, y pretendiendo remedio o consuelo, solicitan la complacencia, y aun el desprecio. Mejor política es celebrar obligaciones de unos para que sean empeños de otros, y el repetir favores de los ausentes es solicitar los de los presentes, es vender crédito de unos a otros. Y el varón atento nunca publique ni desaires ni defectos, sí estimaciones, que sirven para tener amigos y de contener enemigos.
  [...] 154.-No ser fácil.- Ni en creer, ni en querer. Conócese la madurez en la espera de la credulidad: es muy ordinario el mentir, sea extraordinario el creer. El que ligeramente se movió hállase después corrido; pero no se ha de dar a entender la duda de la fe ajena, que pasa de descortesía a agravio, porque se le trata al que contesta de engañador o engañado. Y aun no es ése el mayor inconveniente, cuanto que el no creer es indicio del mentir; porque el mentiroso tiene dos males, que ni cree ni es creído. La suspensión del juicio es cuerda en el que oye, y remítase de fe al autor aquel que dice: "También es especie de imprudencia la facilidad en el querer"; que, si se miente con la palabra, también con las cosas, y es más pernicioso este engaño por la obra.
  [...] 174.-No vivir a prisa.- El saber repartir las cosas es saberlas gozar. A muchos les sobra la vida y se les acaba la felicidad. Malogran los contentos, que no los gozan, y querrían después volver atrás, cuando se hallan tan adelante. Postillones del vivir, que a más del común correr del tiempo, añaden ellos su atropellamiento genial. Querrían devorar en un día lo que apenas podrían digerir en toda la vida: viven adelantados en las felicidades, cómense los años por venir y, como van con tanta prisa, acaban presto con todo. Aun en el querer saber ha de haber modo para no saber las cosas mal sabidas. Son más los días que las dichas: en el gozar, a espacio; en el obrar, a prisa. Las hazañas bien están, hechas; los contentos, mal, acabados".